VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

EL LIBRO DE LA JOVEN (V)



LAS PRINCIPALES VIRTUDES
DE LA JOVEN



§ II —De la piedad.


La piedad es útil para todas las cosas. (Ep. I a Timoteo, IV, 8)


31. La piedad.—Es la virtud reina de la doncella cristiana. Es la aureola que debe ceñir sus sienes. Es la corona de majestad que debe enguirnaldar su rostro. La piedad es el perfume de un corazón creyente. Es la flor más primorosa de la virtud. Es la belleza del alma que encanta, atrae y fascina. Es la íntima unión con Dios.

32. «Es el amor»...«La piedad cristiana no es esa virtud seca y estoica de los antiguos, no es tampoco ese sentimiento austero y frío de ciertas almas más rígidas que la ley... No, es un sentimiento lleno de dulzura, que suaviza al hombre, lo alimenta de amor, lo sacia de ternura divina, y lo une a Dios con lazos más dulces, más fuertes que todos los que pueden expresarse en las lenguas humanas.

La piedad es el amor, el amor más verdadero, más fuerte, más penetrante que existe sobre la tierra. El amor, dice San Agustín, es un peso que arrastra..., es la fuerza que mueve a los seres inteligentes» (1).

33. Una bella definición.—La piedad «es un sentimiento interior, un sentimiento amoroso, un movimiento de la inteligencia y del corazón que nos une a Dios, que perfecciona toda nuestra naturaleza, y nos da una facilidad maravillosa para cumplir con alegría y prontitud todos los deberes de la vida cristiana y social» (2).

Tales palabras nos permiten adivinar las proyecciones asombrosas de esa virtud que después de haber llenado el interior del alma se desborda al exterior como un torrente de luz...

34. «Nos une a Dios».La piedad une a Dios con hilos tan suaves como de seda, tan dorados como hebras de luz. Uno de esos hilos es la oración mental. La oración mental, es según Santa Teresa, "una comunicación íntima y amistosa entre Dios y el alma, sin cansarse de expresarse su amor mutuamente». Es lo que llamamos la meditación. La meditación diaria ha de ser la fragua que enciende el fuego del amor divino en el alma. La oración vocal es otro de esos hilos suaves y dorados. Es una conversación oral con Dios, durante la cual se diría que el corazón palpita sobre los labios.

35. La oración es necesaria.La oración es tan necesaria al alma como el sol al mundo físico. «Hay siempre vientos abrasadores que pasan sobre el alma y la secan. La oración es el rocío que la refrigera. Sois un viajero que busca la patria: no andéis con la cabeza baja: es preciso alzar los ojos para reconocer el camino » (3). Quien no reza diariamente, en especial por la mañana y por la noche, olvida el camino hacia lo alto, cierra su alma a las comunicaciones divinas, y se envuelve en tinieblas como en un sudario. «Un huerto sin agua no será un jardín de flores, sino un erial inculto; una fragua sin fuego no es una oficina donde se trabajan los metales, es un rincón lleno de tizna y de basura; una nave sin timón no es la reina de los mares, sino un juguete más de las olas; y un alma sin oración es todo esto juntamente: erial inculto, rincón de basura, juguete de las olas» (4).

36. «Con alegría y prontitud».—He subrayado al propósito esas palabras de la definición: cumplir con alegría y prontitud... Pues la piedad no es huraña y dejada, sino alegre y diligente, no aleja y disgusta, sino que atrae y cautiva. Es el rayo de sol que abrillanta cuanto toca. Es la gota de rocío que juguetea sobre la corola de la flor y resbala en el cáliz para convertirse en néctar. La piedad es como ambrosía—ese legendario manjar de los dioses. «Dios—dice San Agustín—da todos los días magníficos espectáculos a las almas interiores, y no hay nada más bello que esas fiestas». Esa alegría interior trasciende a lo exterior y se comunica... Por esto se dice que la piedad alegre ejerce un verdadero apostolado para el bien.

37. «Todos los deberes»....—También he subrayado esas otras palabras: todos los deberes de la vida cristiana y social; pues la piedad no tiene por teatro sólo el templo o el hogar, sino también el mundo. Ella irradia su benéfica luz sobre todos los deberes de la vida, del mismo modo que el sol alumbra todos los ámbitos de la tierra. Ella abraza todos los momentos del día, e informa todos los actos privados y públicos de la vida. Sobre cada cosa va pasando su luz esplendorosa. Ella preside en especial todos los trabajos. Según esto, escribía San Jerónimo: «Mientras vuestras manos trabajan, que vuestra alma piense en Dios; las manos y los ojos sobre vuestra obra, y vuestro corazón en el cielo».

38. Un programa de vida. Oración y meditación.No es, pues, la piedad un mero formulario de prácticas exteriores. No, es el alma del alma. Es la unción divina derramada sobre todas las cosas. Esta unción, por cierto, se ha de manifestar en especial en las prácticas religiosas. He aquí un admirable plan de vida espiritual que daba el ilustre Monseñor Landriot a las damas de Reims. «¿Cuáles son los ejercicios religiosos que pueden entrar cada día en el plan de vida de una mujer piadosa?

Después de la oración de la mañana desearía que una mujer piadosa hiciera algunos instantes de meditación, aunque no fuera sino por un cuarto de hora. . Un cuarto de hora pasado así en la presencia del Señor, da otro tinte a las horas del día, las ilumina con una luz divina, fija la vista de los objetos, comunica, al alma una consistencia vigorosa y una inmovilidad divina en medio de la instabilidad continua de las cosas humanas.

¿Sabéis lo que hacen todas las mañanas los habitantes de las orillas del mar, sobre todo en los calores del estío? Los que tienen costumbre de madrugar, desde la salida abren todas las ventanas de sus aposentos. Una brisa fresca y vivificante se introduce en ellos, arroja los pesados vapores de la noche, renueva el aire interior y prepara una provisión de frescura para el resto del día; después cierran las puertas y se previenen así contra los ardores del sol. Abrid pues todas las mañanas las ventanas de vuestra alma: dejad penetrar este ambiente, esta brisa universal de las almas, que circula por todas partes; dejad a la gracia, dejad a ese espíritu de amor entrar en vosotras y renovar, por decirlo así. la sangre de vuestra alma; y, cuando llegue el calor del día, tendréis en el interior vuestra provisión de frescura y de fuerza para soportarlo todo..."

39. La Misa y la Comunión.«Cuando podáis, señoras, asistid en la semana al santo sacrificio de la misa. Ya lo sabéis, la misa es el memorial de la Pasión, es el más augusto de bs sacrificios y la más solemne de las oraciones. Os habréis hecho una dulce obligación en acompañar a Nuestro Señor al Calvario: pues bien, nuestro buen Maestro repite todos los días de un modo místico esa ascensión de amor. Id pues con Él: recibiréis algunas gotas de su sangre divina, y este será el mejor bálsamo para las heridas del alma y del corazón, que se renuevan con tanta frecuencia en la vida.

Entonces, aunque no comulguéis sacramentalmente, desead recibir al divino Salvador, su espíritu, sus virtudes, su amor; haréis vuestras todas las propiedades bienaventuradas de la sangre de Jesucristo, y cuando volváis a entrar en vuestro interior, se habrá verificado en él una especie de transfiguración divina; todo el mundo lo notará: seréis dulces, humildes, pacientes, buenas y afectuosas; pero tendréis un modo de practicar estas virtudes que no pertenecerá a la tierra, habrá algo humanamente divino, seréis la imagen de Jesucristo; este es el efecto que debería producir siempre en vosotras la asistencia al santo sacrificio.


40. Lectura espiritual«En el curso del día, señoras, quisiera que tuvieseis algunos refrigerios: son convenientes en los calores del estío, y el alma tiene más necesidad de ellos que el cuerpo. A cierta hora del día,—que será determinada por vuestro género de vida, y también algunas veces por las circunstancias.— haced una corta lectura espiritual; tened un libro escogido como los de San Francisco de Sales, la Imitación, u otra obra según vuestro gusto, y cuyo autor sea a la vez piadoso e instruido: estas dos condiciones son necesarias; abridle y leed algunas frases, después consideradlas. Haced como aquellos que tienen el gusto delicado, gustadlas, atraed su perfume al interior, alimentaos de esta sustancia penetrante... Reservad algunos instantes en el día al recuerdo de la bienaventurada Virgen María, rezad el rosario, o si no podéis, una o dos decenas. Pero decidlas con el corazón, y que esta invocación a María, no caiga de vuestros labios gota a gota como el agua salobre que cae de un canal medio seco; ¡que sea la expresión de un sentimiento verdadero!...

41. Otras practicas.«¿Tenéis aún algunos momentos de que disponer durante el día? ¿estáis cerca de alguna iglesia? ¿tenéis algún dolor en el alma, alguna inquietud, alguna pena moral? Id a recitar una oración al pie de los santos altares. No conozco mejor cordial: nada alivia tan poderosamente y con tan enérgica prontitud. Haced un haz de todas las penas, de todos los dolores de la vida, de todas las incertidumbres que oprimen el corazón, depositadlas a los pies de Nuestro Señor; después no os ocupéis más de ellas; Dios proveerá.

Si no podéis visitar el templo material, tened siempre en vuestro corazón un altar preparado; que vuestro amor sea el incienso. En el corazón de Santa Teresa era donde Nuestro Señor daba ordinariamente cita a esta gran santa.

Que todo termine por el culto interior, por la adoración en espíritu y en verdad, por la reforma de todo el ser interior. Esta será la mejor respuesta a los que nos reprochan de ahogar el espíritu religioso bajo formas exteriores: no, esto no es la religión de Cristo: ella busca ante todo las almas, las eleva continuamente de las formas al culto invisible, al culto del amor...» (5)

De este modo la piedad llega a ser el alma del alma.


(1) Landriot, La Mujer piadosa, Conf. XV. 
(2) Landriot, La Mujer piadosa, Conf. XV. 
(3) Lamennais. 
(4) P. Valencina. 
(5) La Mujer piadosa. Conf. XIII.


Continuará...

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