3, 3, 4. — Y Policarpo, que no sólo fué instruído por los Apóstoles, y conversó con muchos de los que vieron al Señor, sino que por los Apóstoles fué constituído obispo en Asia, en la iglesia que está en Esmirna, a quien también vimos nosotros en nuestra primera edad (pues vivió mucho y muy anciano gloriosísima y nobilísimamente sufriendo el martirio, salió de esta vida), siempre enseñó estas cosas que había aprendido de los Apóstoles, las cuales entregó a la Iglesia, y son las únicas verdaderas. De ellas dan testimonio todas las iglesias que están en Asia, y los que hasta hoy han sucedido a Policarpo. H. 2, 12; MG. 7, 851.
Ib., 3, 4, 1. — Existiendo, pues, tan grandes pruebas, no conviene buscar más entre otros la verdad, que es tan fácil tomar de la Iglesia, pues los Apóstoles, como el rico en su depósito, encerraron abundantemente en ella todo lo que se refiere a la verdad, para que todo el que quiera tome de ella la bebida de vida. Esta es, pues, la puerta de la vida, todos los otros son salteadores y ladrones. Por lo cual conviene ciertamente guardarse de ellos; y las cosas que son de la Iglesia recogerlas con suma diligencia, adhiriéndonos a la tradición de la verdad. ¿Pues qué? Y si la disputa fuese de una pequeña cuestión no convendría acudir a las iglesias más antiguas en las que vivieron los Apóstoles, y de ellas tomar para la cuestión presente lo que es cierto y manifiesto? Más aún, si ni los Apóstoles nos hubieran dejado escritos, ¿no convendría seguir el orden de la tradición que dejaron a los que confiaban las iglesias? H. 2, 15; MG. 7, 855.
Ib., 4, 33, 8. — La verdadera gnosis es la doctrina de los Apóstoles y el antiguo estado de la Iglesia en todo el mundo y el carácter del cuerpo de Cristo, conforme a las sucesiones de los obispos, a los cuales los Apóstoles confiaron la Iglesia, que se encuentra en los diferentes sitios; la completa transmisión de las Escrituras que ha llegado a nosotros sin ficción, bien guardada, sin haber recibido aumento ni disminución; lección sin falsedad, exposición legítima conforme a las Escrituras, y diligente y sin peligro y sin blasfemia; y el principal oficio de la caridad, que es más preciosa que la sabiduría, más gloriosa que la profecía, y por encima de los demás carismas. H. 2, 262; MG. 7, 1077.
Ib., 5, 20, 1. — Pues todos estos (herejes) son muy posteriores a los obispos, a quienes los Apóstoles confiaron las iglesias... Tienen, pues, necesidad... de andar, extraviados, por uno y otro camino. Pero la senda de los que pertenecen a la Iglesia rodeando el mundo entero, puesto que tiene la firme tradición de los Apóstoles, nos hace ver que es una y la misma la fe de todos. H. 2, 377; MG. 7, 1177.