VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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LA INFIDELIDAD, LA APOSTASÍA, LA HEREJÍA, LA DUDA VOLUNTARIA Y LA IGNORANCIA

Mons. Jean-Joseph Gaume

¿Cuáles son los pecados opuestos a la fe?

Los pecados opuestos a la fe, es decir, los que impiden ó rompen la unión de nuestro espíritu con el segundo Adán, son: la infidelidad, la apostasía, la herejía, la duda voluntaria y la ignorancia.

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PIEDRA ANGULAR DE LA IGLESIA

Mons. Gaume

Vemos que todos los Apóstoles recibieron, como san Pedro, la misma misión de predicar el Evangelio, de fundar iglesias por toda la tierra y de gobernarlas; pero de aquí no se sigue que todas las cátedras episcopales que fundaron debiesen ser el centro de la unidad católica como la de san Pedro, pues no fueron establecidos como él la piedra angular de la Iglesia. Así es que el poder de los Obispos, sucesores de los Apóstoles, y establecidos por el mismo Espíritu Santo para regir la Iglesia, reconoce límites, mientras que el del Sumo Pontífice se extiende á aquellos que tienen poder sobre los demás; У tiene derecho, mediante una causa legítima, de deponer á un Obispo de su sede.

Catecismo de Perseverancia Tomo III Lección XXIII

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FUERA DE LA IGLESIA NO HAY SALVACION; NADA MAS VERDADERO QUE ESTA MÁXIMA; NADA MAS CARITATIVO QUE PROFESARLA

Mons. Gaume


Según la definición que de la Iglesia hemos dado, fácil es distinguir los que pertenecen a esta santa sociedad de los que no pertenecen a ella. Para ser miembro de la Iglesia se requiere :


1º Estar bautizado; así es que los infieles y los judíos no pertenecen á la Iglesia, porque no están bautizados;

2º es preciso creer cuanto la Iglesia nos enseña; así los herejes, es decir, los que permanecen obstinados en un error condenado por la Iglesia, y los que se niegan á creer lo que la misma ha decidido como artículo de fe, no pertenecen á la Iglesia, pues carecen de fe.

3º. Es preciso obedecer al Sumo Pontífice y á los pastores legítimos; así los cismáticos, es decir, los que se separan o se niegan á reconocer la suprema autoridad de nuestro Santo Padre el Papa sobre la Iglesia universal, no pertenecen á la Iglesia, pues desconocen la autoridad legítima.

4º Es preciso permanecer en la Iglesia; así los apóstatas, es decir, los que renuncian exteriormente á la fe católica, después de haberla profesado, para abrazar la infidelidad, el Mahometismo, por ejemplo, no pertenecen á la Iglesia, pues no permanecen en su seno.

5º Es preciso no hacerse excluir de la Iglesia; así los excomulgados, es decir, los que la Iglesia separa de su cuerpo, cesan de pertenecerle mientras están en excomunión, pues son como miembros cortados.


¿Se sigue de aquí que todos los miembros de la Iglesia sean justos y sanos, de modo que no se pueda ser al mismo tiempo pecador é hijo de la Iglesia? De ninguna manera. Según comparación del mismo Salvador, la Iglesia de la tierra es una era en que la paja está mezclada con el buen grano; una red en la que se reúnen peces buenos y malos, mientras se aguarda la separación que se hará el día del juicio final; de modo que por gran pecador que sea un católico, pertenece al cuerpo de la Iglesia, en tanto que no ha sido separado de él por la excomunión. Mas ¡ay! parécese á una rama muerta, la que, si bien está unida al árbol, no recibe alimento alguno, y no tiene parte en la savia ni en el jugo que se comunican desde la raíz á las ramas vivas: existe sin embargo una considerable diferencia, que deja una esperanza consoladora á los más grandes criminales, y es que al paso que una rama muerta no puede ya revivir, un miembro de la Iglesia muerto por el pecado puede recobrar la vida, y recibir de nuevo las influencias de la divina virtud que Jesucristo derrama en los justos, como la cabeza en los miembros 1. ¡Cuánto debe ser, pues, nuestro temor por los pecados que llevan consigo la excomunión! ¡Cuánto debemos compadecer á los desgraciados que no pertenecen á la Iglesia! ¡ Cuánto debemos orar y trabajar para hacerles entrar en su seno! Son más dignos de lástima que los hombres que al sobrevenir el diluvio no pudieron entrar en el arca. En efecto, fuera de la Iglesia no hay salvación; nada más verdadero que esta máxima; nada más caritativo que profesarla.

Nada mas verdadero, pues Nuestro Señor Jesucristo compara el reino de los cielos, que es la Iglesia, a un rey que celebra las bodas de su hijo, y que viendo que los convidados se niegan a asistir a ellas, se irrita y jura que ninguno de los que había convidado gustará de los manjares de su mesa ; así pues, los que rechazan la gracia ofrecida por el Salvador no pueden pretender reinar con él en el cielo ; los que no entran en la Iglesia a la que son llamados, son extraños a Jesucristo. Por otra parte el Hijo de Dios dijo a los Apóstoles: Predicad el Evangelio a toda criatura; el que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. Luego Nuestro Señor Jesucristo quiso, con la voluntad más formal, que todos los hombres creyesen el Evangelio, y en la Iglesia, de la cual se hacen miembros por el Bautismo. En efecto, si, como es indudable, todos los hombres están obligados a abrazar la religión cristiana, también todos lo están a entrar en la Iglesia de Jesucristo; y la razón es porque la Iglesia sólo fue establecida a causa de la Religión.

Ahora bien, quien quiere el fin, quiere los medios: luego

1º Nuestro Señor Jesucristo, que quiere que todos consigan su salvación por la Religión, debe querer necesariamente que todos formen parte de la sociedad que él mismo fundó para conservar y enseñar aquella Religión;

2º estando obligados todos los hombres a abrazar la religión de Jesucristo, lo están por este mismo hecho a usar el medio que Nuestro Señor estableció para llegar al verdadero conocimiento de la Religión, y a tributar a Dios un culto legítimo;

3º la Iglesia es una sociedad necesaria a la cual todos estamos obligados a pertenecer, en virtud de derecho natural y divino, y por consiguiente el que a sabiendas y voluntariamente permanece fuera de su seno, no puede esperar la salvación. Las puertas de la vida eterna, dice el Salvador, no se abrirán sino para los que hayan guardado los mandamientos; el que haya conocido el mandamiento y se haya negado a cumplirlo será condenado.


Herederos de la doctrina del Salvador y de los Apóstoles, los santos Padres profesan altamente la misma verdad. «El que no tenga a la Iglesia por madre, dice san Cipriano, no tendrá a Dios por padre. Si alguno pudo librarse de las aguas del diluvio sin estar en el área, el que haya vivido fuera de la Iglesia podrá también librarse de la condenación eterna. »

«Nadie consigue la salvación, dice san Agustin, si no tiene a Jesucristo por jefe; y nadie tendrá a Jesucristo por jefe, si no pertenece a su cuerpo, que es la Iglesia. »

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Nada más caritativo por parte de los Católicos que profesar esta máxima. Efectivamente, convencidos hasta la efusión de su sangre de que existe una Religión verdadera y obligatoria, como también una sociedad encargada de conservarla y de explicarla; convencidos de que esta Religión es la religión católica, de que esta sociedad es la Iglesia romana, ¿pueden hacer un acto más grande de caridad, que decir a los hombres: Entrad en esta sociedad, a fin de conocer y de practicar la única Religión que puede haceros dichosos en este mundo y en el otro; tened cuidado, lo que os decimos que hagáis es indispensable, fuera de la Iglesia no hay salvación? Repetir, pues, esta máxima, publicarla por todas partes, ¿será, como pretenden algunos, mostrar crueldad hacia los hombres? ¿no es, por el contrario, prestarles el mayor de los servicios? ¿Era cruel Noé cuando, al construir su arca, decía a los pecadores para convertirlos Fuera del arca no hay salvación? ¿Carece de caridad Nuestro Señor Jesucristo cuando dice que el que no entre en la Iglesia por la fe y por el Bautismo, será condenado? ¿Carece de caridad el médico cuando dice al enfermo : Si no tomáis tal precaución, es imposible curaros? Sé que debe ser incendiada vuestra casa para que perezcáis vos y vuestra familia entre las llamas; más conozco también el único medio de burlar los proyectos de los malhechores y os digo: Tened cuidado; a menos de hacer lo que os indico, moriréis; ¿soy acaso culpable de crueldad al daros este aviso? ¿no os hago, por el contrario, un señalado servicio?

Catecismo de Perseverancia Tomo III Lección XXIII

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LA SALVACIÓN DE LOS NO-CATÓLICOS
CARTA DE LA SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO AL ARZOBISPO DE BOSTON (MASSACHUSETTS, USA), DE FECHA 8 DE AGOSTO DE 1949.

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SU PALABRA SERÁ SIEMPRE EL ORÁCULO DE LA VERDAD

Mons. Gaume

De que san Pedro es el vicario de Nuestro Señor Jesucristo en la tierra se deduce primeramente que la Iglesia de Roma es, como la reconocen todos los siglos, la madre y maestra de todas las demás iglesias; en seguida, que los Pontífices romanos, sucesores de San Pedro, han recibido como él plena y entera autoridad para gobernar, enseñar y regir la Iglesia universal. Tal es la doctrina unánime de los siglos cristianos.


1.° Plena autoridad para gobernar. Todos los pastores particulares, es decir, todos los Obispos y todos los fieles deben respeto y obediencia al Pontífice romano; pues el poder soberano de que se halla revestido le ha sido conferido por el mismo Salvador. En efecto, habiendo confesado san Pedro la divinidad de su Maestro, Jesucristo le respondió: Y yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno no prevalecerán contra ella. Y a tí daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares sobre la tierra, atado será en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos. Por las puertas del infierno se entienden las potencias infernales, los cismas, las herejías, los escándalos; las llaves son el símbolo de la autoridad y del gobierno ; el poder de atar y desatar es el carácter de la magistratura. Todo esto ha sido dado sin restricción a san Pedro, y por consiguiente a los Pontífices romanos, sus sucesores; pues todo esto es necesario para asegurar la unidad, la solidez y la perpetuidad de la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

2. Plena autoridad para enseñar. San Pedro recibió de Nuestro Señor plena autoridad para enseñar a todos los pastores particulares y a todas las ovejas del redil. Establecido para confirmar a sus hermanos, su fe no claudicará nunca, su palabra será siempre el oráculo de la verdad. Esta magnífica prerrogativa se funda en las mismas palabras del Salvador: Apacienta mis corderos, dijo a Pedro, apacienta mis ovejas. En otra parte, hablando a sus Apóstoles del reino que les deja y en el cual se establecerán para juzgar á los fieles, se dirige particularmente a Pedro, y le dice: Simón, Simón, mira que Satanás os ha pedido para zarandearos como trigo; mas yo he rogado por ti, que no falte tu fe; y tú, una vez convertido, confirma a tus hermanos. -¿Cómo les confirmará, si fuese él falible en su fe?

Luego la plena autoridad para enseñar fue dada a san Pedro, y por consiguiente a los Pontífices romanos, sus sucesores, pues es indispensable para asegurar la unidad, la solidez y la perpetuidad de la Iglesia hasta el fin de los tiempos.

3.° Plena autoridad para regir la Iglesia. San Pedro recibió del mismo Jesucristo plena autoridad para regir la Iglesia, es decir, de atar y desatar, de hacer todas las leyes necesarias para el gobierno de la Iglesia, poder expresado por las palabras ya citadas.: Apacienta mis corderos, apacienta mis ovejas; todo lo que atares sobre la tierra, atado será en los cielos; y todo lo que desatares sobre la tierra, será también desatado en los cielos. Este poder de suprema jurisdicción es ejercido por Pedro, lo mismo que los demás, sin oposición alguna. ¿Qué observamos después de la ascensión de Jesucristo, Señor nuestro? Pedro aparece el primero en todo y por todo ; él es quien al frente del colegio apostólico toma la palabra, y hace elegir un apóstol en lugar de Judas; él quien predica primeramente y quien anuncia a los judíos la resurrección de Jesucristo, y si es el primero en convertir a los judíos, lo es también para recibir a los gentiles. Él es el enviado por el cielo para bautizar a Cornelio el centurión; él es el primero que confirma la fe con un milagro; él quien en el concilio de Jerusalén lleva la palabra y expone su opinión antes que todos; luego la plena autoridad para regir la Iglesia universal fue dada a san Pedro y por consiguiente a sus sucesores, los Pontífices romanos, pues es necesaria para asegurar la unidad, la solidez y la perpetuidad de la Iglesia hasta el fin de los tiempos. Todos los siglos cristianos han reconocido esta autoridad en los sucesores de Pedro todos los Padres de la Iglesia exaltan a porfía al Pontífice romano y le llaman jefe del Episcopado, del cual parte el luminoso rayo del gobierno; y a su sede, la sede de Roma, el principado de la cátedra apostólica, el principado principal, la fuente de unidad, la cátedra única, en la que únicamente todos guardan la unidad. Con estas palabras se expresan san Optato, san Agustín, san Cipriano, san Ireneo, san Próspero, san Avito, Teodoreto, el concilio de Calcedonia y otros, el África, las Galias, la Grecia, el Asia, el Oriente y el Occidente.


En virtud de este derecho soberano de gobernar, de enseñar y de regir la Iglesia de Dios, los Papas han presidido y confirmado los Concilios generales, y de aquí es que concilio alguno ha sido considerado como ecuménico, y por consiguiente infalible, a menos de ser presidido por el Sumo Pontífice en persona ó por sus legados, ó aprobado y confirmado por él mismo. Ningún otro obispo del mundo ha gozado, como el sucesor de san Pedro, del privilegio de hacerse representar en ellos por legados; y a contar desde el primer concilio general hasta nosotros, no hay uno solo en que no veamos señales de la primacía y de la jurisdicción universal de la Santa Sede. En virtud del mismo derecho las grandes causas así de costumbres como de disciplina han sido llevadas siempre, desde los primeros siglos, al tribunal de los Sumos Pontífices; los Papas han instituido. siempre a los Obispos, aprobada su elección, determinado su jurisdicción asignándoles la parte del aprisco que debían gobernar, de modo que los Obispos son verdaderos pastores solo porque están en comunión con el Pastor universal.

Catecismo de Perseverancia Tomo III Lección XXIII

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HAN CORTADO LA CADENA DE LA SUCESIÓN; NADIE LES HA ENVIADO


Mons. Gaume

El Sumo Pontífice y los Obispos son, pues, los sucesores de los Apóstoles; en ellos tienen su origen, y de ellos les viene el poder de predicar la doctrina de Jesucristo.
No sucede lo mismo entre los herejes, pues si bien en un principio el Evangelio fue predicado en su país por los Apóstoles ó por varones apostólicos, no pueden por esto pretenderse apostólicos: al separarse han cortado la cadena de la sucesión; nadie les ha enviado sino ellos mismos, «¿Quién sois? puede preguntar la Iglesia...



Catecismo de Perseverancia Tomo III

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LOS PAPAS HAN INSTITUIDO SIEMPRE A LOS OBISPOS, APROBADO SU ELECCIÓN, DETERMINADO SU JURISDICCIÓN

 Mons. Gaume

Los Papas han instituido siempre a los Obispos, aprobado su elección, determinado su jurisdicción asignándoles la parte del aprisco que debían gobernar, de modo que los Obispos son verdaderos pastores solo porque están en comunión con el Pastor universal.



Catecismo de Perseverancia Tomo III Lección XXIII

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LA IGLESIA VISIBLE SON LOS FIELES SOMETIDOS AL PAPA

Mons. Gaume

En la Iglesia hay una cosa que se ve y otra que no se ve; la primera es el cuerpo de la Iglesia, esto es, la sociedad exterior de todos los fieles sometidos al Padre Santo, y lo que se cree porque no se ve, es el origen divino de la Iglesia, el alma de la Iglesia, que es el Espíritu Santo, los dones, el poder, las prerrogativas, las virtudes de los Sacramentos de la Iglesia, las gracias que comunica a sus hijos, su estabilidad, su inmortalidad, su santidad, su fin sobrenatural; cosas todas que no pudiendo ser distinguidas con los ojos del cuerpo, son objeto de la fe. Así es como los Apóstoles veían en Nuestro Señor Jesucristo la humanidad; pero lo que creían porque no lo veían, era la divinidad que residía en él 1. Decimos además la Iglesia y no las iglesias, porque así como hay un solo Dios, del mismo modo no hay mas que una sola Iglesia, diseminada por toda la tierra 2.

Según la definición de los santos Padres, y de los Doctores, la Iglesia es la sociedad de todos los hombres que son bautizados y que hacen profesión de la fe y de la ley de Jesucristo, bajo la obediencia del Sumo Pontífice romano; ó en otros términos: la Iglesia es la sociedad de todos los fieles, gobernada por nuestro Santo Padre el Papa 3, o finalmente, la sociedad de todos los fieles reunidos por la profesión de una misma fe, por la participación en los mismos Sacramentos, y por la sumisión a nuestro santo Padre el Papa.

1 Nat. Alex. De Symb. pag. 310.

2 Erunt duo in carne una, non in duobus, nec in tribus. Propterea relin- quet homo patrem et matrem suam et adhaerebit uxori suae, certe non uxori- bus. Quod testimonium Paulus edisserens refert ad Christum et Ecclesiam, ut primus Adam in carne, secundus in Spiritu monogamus sit. Et una Eva mater cunctorum viventium, et una Ecclesia parens omnium Christianorum, sicut illam maledictus Lamech in duas divisit uxores, sic hane haeretici in plures lacerant Ecclesias, quae, iuxta Apocalypsim Ioannis, Sinagoga magis diaboli appellandae sunt, quam Christi conciliabula. (8. Hier. Epist. II ad Gerunc. c. 4).

3 Congregazione d'uomini, i quali si battezzano, e fanno professione della fede e legge di Christo, sotto l'ubbedienza del sommo Pontefice Romano. (Belar. Dottr. crist. 54).- Análogas á esta definicion son las siguientes de los Padres y de los teólogos: Ecclesia plebs sacerdoti adunata; pastori suo grex ad- haerens. (S. Cypr., Epist. LXIX ad Florent. Pupian.).-Ecclesia est populus Dei toto orbe terrarum diffusus. (S. Aug. De catech, rud, c. 3).-Ecclesia est catholicorum congregatio. (Nicol. I, Dist. 4 de consecrat.).-Ecclesia est con- gregatio fidelium. (S. Thom. passim). in imod mutuais esibit


Catecismo de Perseverancia Tomo III Lección XXIII

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