VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

MAGISTERIO, DEL CUARTO MANDAMIENTO, OBLIGACIONES DEL ESTADO Y DE LOS CIUDADANOS

 

DEL CUARTO MANDAMIENTO
 La autoridad y la obediencia en general 

a) LA AUTORIDAD NO ES ÚNICAMENTE LA SUMA DE LAS FUERZAS MATERIALES o del número: 1760; sino un derecho dado por Dios: 1849, 1851; como principio del orden: 2207, 1851, 1858, 1866. Su fin es el bien común de la vida presente: 1841, 2203, 2208 s, en las cosas humanas (no divinas): 1866. La autoridad civil en sí misma inmediatamente dada por Dios: 1856 s, 1868, 1934; no tiene su origen en un pacto: 1856, y está también en el pecador: 595, 597, 656. Le es lícito librarse del dominio exterior, salvando siempre la justicia: 1876, 1936.

 FORMA 

1) Forma política. El gobierno político es exigido por la ley natural: 1855 s, 1866, 1868; pero su forma puede ser diversa 1855, 1871 s, 1886, 1934, 2221, y después de haber escogido: una forma determinada puede mudarse en otra: 1933.

2) Forma social. El recto orden del Estado exige que, rechazados el individualismo y la lucha de clases, haya en la sociedad diversidad de órdenes: 2267; que los negocios y cuidados de poca importancia sean dejados a las asociaciones inferiores: 2266, y el Estado se ingiera en ellos tan sólo de modo subsidiario: 2266. Debe definir el recto uso de la propiedad cuando la necesidad lo exija: 1938 c, 2256, y defender y guardar siempre la justicia social: 2277. El principio de no intervención», es reprobado por la Iglesia: 1762.

 OBLIGACIONES DEL ESTADO 

1) Con relación a la religión. Debe promover la verdadera religión: 1615, 1688 ss, 1757, 1777 ss, 2197; sin que por esto pueda obligar a abrazar la religión católica a quien no quiera: 1875. Debe impedir la libertad inmoderada de pensar y de publicar tales ideas: 1868, 1876, 1932; salva siempre la tolerancia de una moderada libertad debida a causas justas: 1932. Igual- mente no puede proclamar la libertad de cultos como si fuere de ley natural: 1777 ss, 1874 1932; aunque tal libertad de cultos puede tolerarse pacientemente, según los usos y costumbres, cuando así lo exija la necesidad, para obtener un gran bien o impedir algún mal: 1874.

2) Con relación a los ciudadanos. El Estado ha de reconocer el derecho de los ciudadanos a vivir según las normas de la razón y de la conciencia: 2278; el derecho de propiedad privada: 2256; de la herencia: 2256; de asociarse: 1938 d, 2268; aunque no en sociedades que maquinen clandestinamente contra el Estado: 1860. Ha de respetar y defender los derechos del individuo: 1877, 1938 a, 2277; incluso de los fetos: 2244, y de la prole: 2209; por ejemplo, en lo que se refiere al derecho de contraer matrimonio: 2245, 2252. Ha de respetar y defender. los derechos naturales de la familia: 1877, 1938 a, 2277, no puede circunscribir el número de hijos: 2226. Ha de respetar los derechos de la Iglesia: 1719 ss, 2208 ss, 2278. No se ingiera sin necesidad en los asuntos privados de los particulares: 1877, 1938 a, o de los municipios: 1877; o de las asociaciones: 2266 ss.

3) Con relación a otros Estados. Debe observar los pactos estipulados con otras naciones: 2281.

 OBLIGACIONES DE LOS CIUDADANOS 

La patria ha de ser amada: 1936 a. La nación debe ser defendida por los ciudadanos: 1936 a; aun con la pérdida de la vida: 1936 a. Se han de pagar los tributos justos: 1938 c, 2256. Cada uno según sus posibilidades debe contribuir al bien común del municipio: 1882, y del Estado, especialmente aceptando cargos públicos: 1883 ss, 1935, y los escritores, escribiendo: 1887. Deben cumplirse las leyes justas: 1763, 1841, 1876. La sedición o rebeldía es ilícita: 1763, 1850, 1868, 1878, 2278. No es lícito violar los juramentos o cometer crímenes por amor a la patria: 1764; ni violar las leyes de la Iglesia: 1936 b. Es, en cambio, lícito según las circunstancias, coaligarse para resistir al abuso del poder: 1936 b, 2278.



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SANTORAL COMPLETO


El Santoral ha cumplido el ciclo anual en el Blog
No se publicarán más entradas al respecto.

Completo aquí:
*Nota: El Blog lo muestra en orden descendente.

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¿LA «GUERRA TOTAL» MODERNA, LA GUERRA A B C EN PARTICULAR, ESTÁ MORALMENTE PERMITIDA EN PRINCIPIO?

S.S.Pío XII
Discurso a la VIII Asamblea de la Asociación Médica Mundial
30 de septiembre de 1954

¿La «guerra total» moderna, la guerra A B C en particular, está moralmente permitida en principio? No puede quedar duda alguna, en particular a causa de los horrores y de los inmensos sufrimientos provocados por la guerra moderna, de que desencadenarla sin justo motivo (es decir, sin que ella sea impuesta por una injusticia evidente y extremadamente grave, inevitable de otra manera) constituye un delito digno de las sanciones nacionales e internacionales más severas. No se puede plantear la cuestión de la licitud de la guerra atómica, química y bacteriológica sino en el caso en que se la juzgue indispensable para defenderse de las condiciones indicadas. Y aun entonces es necesario por todos los medios evitarla mediante acuerdos internacionales o al menos fijar a su utilización límites suficientemente claros y estrechos para que sus efectos queden reducidos a las exigencias estrictas de la defensa. Cuando la puesta en marcha de este medio entraña una extensión tal del mal que escapa seguramente al control del hombre, su utilización debe rechazarse como inmoral. En este caso no se trataría ya de «defensa» contra la injusticia y de «salvaguarda» necesaria de posesiones legítimas, sino de pura y simple aniquilación de toda la vida humana dentro de su radio de acción, y esto no está permitido por título alguno.


Discurso a Ia VIII Asamblea de Ia Asociación Médica Mundial, 30 de septiembre de 1954.
En «Ecclesia», 14 (1954), n.° 692. p. 429 b-430 a. 
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RELACIONADO

MORALIDAD DE LA GUERRA EN NUESTROS DÍAS
Y EN LO PORVENIR
PELAYO DE ZAMAYÓN, O. F. M. 
Revista Española de Derecho Canónico. 1955 volumen 2, n.º 1. Páginas 42-79

Audio
00:00:21 1. Actualidad y gravedad del tema 00:03:24 2. Síntesis de la doctrina católica sobre la guerra. 00:09:55 3. Evolución de la guerra a lo largo de tos siglos. 00:13:24 4. Carácter de la guerra actual: universal y totalitaria. 00:15:54 5. Objeciones contra la doctrina tradicional. 00:20:07 6. Opinión pacifista de varios doctores católicos. 00:24:03 7. Refutación de las objeciones y de la opinión pacifista: Defensa de la doctrina tradicional tanto para la guerra defensiva como para la ofensiva. 00:31:48 8. La sociedad natural de todos los hombres y de todos los Estados. 00:37:00 9. Errores modernos. 00:41:02 10. Nuevas armas: por ellas cambia profundamente la guerra. 00:57:14 11. El peligro de otra guerra mundial. 01:01:20 12. Problema nuevo: su solución.


PDF

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¡OJALÁ HUBIESE SIDO LEGO DE ALGUNA RELIGIÓN Y NO REY!


S.M. Felipe II

Estando para morir Felipe II, rey de España, hizo llamar á su hijo, y despojándose de los yes- tidos reales, le hizo mirar su pecho roído de gusanos, y después le dijo: Hijo mío, mira de qué modo morimos, y cual es el fin de las grandezas humanas. Después mando que le suspendieran sobre el pecho una cruz de madera y se dispuso para morir; y luego volviéndose a su hijo, le añadió: He querido, hijo mío, que te hallases presente á este acto, para que veas de qué modo trata el mundo al fin de su vida, aun á los monarcas. Y murió diciendo: ¡Ojalá hubiese sido lego de alguna religión y no rey! Así hablan á la hora de la muerte hasta los grandes de la tierra á quienes suelen llamar los hombres, los árbitros del mundo. Pero & de qué sirven entonces estos deseos y sus- piros, sino para aumentar la pena y los remordimientos a los amadores del mundo, cuando se acaba el drama de la vida?


San Alfonso María de Ligorio
Dominica Sexta después de Pentecostés

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EL MIEDO AL PAPA (Mons. Gaume) (XVIII y final)

Mons. Gaume
Conclusión


Lo que Moisés dijo a los israelitas después de promulgada la ley; lo que el profeta Ezequiel les repitió en medio de las pruebas del cautiverio, hoy debemos decirle al mundo:

“Hoy pongo por testigos al cielo y a la tierra; He puesto ante vuestros ojos la vida y la muerte, la bendición y la maldición. Así que elegid la vida." (Deuteronomio, XXX, 19)

“...Abjurad de vuestros prejuicios; Haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Y por qué habéis de morir, casa de Israel?" (Ezec, XX, 31)


Amar al Papa, obedecer al Papa, devolverle al Papa su autoridad tutelar: en eso consiste la vida.


Tener miedo del Papa, distanciarse del Papa, desobedecer al Papa, luchar contra el Papa, abandonar al Papa: he ahí la muerte.


Ni las revueltas del orgullo, ni los sofismas de la impiedad, ni las sutilezas de la diplomacia, ni las combinaciones de políticas, ni los expedientes de los legisladores encontrarán un saludable término medio entre los dos términos de esta despiadada alternativa:
LA VIDA CON EL PAPA, O LA MUERTE SIN EL PAPA.


Por tanto, permanece firme, íntegra e invencible, la verdad establecida en este folleto, a saber, QUE DE TODOS LOS PRESTIGIOS SATÁNICOS, EL MÁS ABSURDO Y MÁS FUNESTO DEL MUNDO ACTUAL, ES EL MIEDO AL PAPA.

FIN
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ERRORES DEL MAESTRO ECKHART CONDENADOS POR S.S. JUAN XXII

Errores de Eckhart
Condenados
Constitución In agro dominico

S.S. Juan XXII
de 27 de marzo de 1329

https://archive.org/details/el-magisterio-de-la-iglesia-denzinger/page/178/mode/1up

... Nos Juan XXII... expresamente condenamos y reprobamos los quince primeros artículos y los dos últimos como heréticos y los otros once citados como mal sonantes, temerarios, sospechosos de herejía, y no menos cualesquiera libros u opúsculos del mismo Eckhart que contengan los antedichos artículos o alguno de ellos.

  • Dz 501 (1) Interrogado alguna vez por qué Dios no hizo el mundo antes, respondió que Dios no pudo hacer antes el mundo, porque nada puede obrar antes de ser; de ahí que tan pronto como fué Dios, al punto creó el mundo.

  • Dz 502 (2) Asimismo, puede concederse que el mundo fué ab aeterno.

  • Dz 503 (3) Asimismo, juntamente y de una vez, cuando Dios fué, cuando engendró a su Hijo Dios, coeterno y coigual consigo en todo, creó también el mundo.

  • Dz 504 (4) Asimismo, en toda obra, aun mala, y digo mala tanto de pena como de culpa, se manifiesta y brilla por igual la gloria de Dios.

  • Dz 505 (5) Asimismo, el que vitupera a otro, por el vituperio mismo, por el pecado de vituperio, alaba a Dios y cuanto más vitupera y más gravemente peca, más alaba a Dios.

  • Dz 506 (6) Asimismo, blasfemando uno a Dios mismo, alaba a Dios.

  • Dz 507 (7) Asimismo, el que pide esto o lo otro, pide un mal y pide mal, porque pide la negación del bien y la negación de Dios y ora que Dios se niegue a sí mismo.

  • Dz 508 (8) Los que no pretenden las cosas, ni los honores, ni la utilidad, ni la devoción interna, ni la santidad, ni el premio, ni el reino de los cielos, sino que en todas estas cosas han renunciado aun lo que es propio, ésos son los hombres en que es Dios honrado.

  • Dz 509 (9) Yo he pensado poco ha si quería yo recibir o desear algo de Dios: yo quiero deliberar muy bien sobre eso, porque donde yo estuviera recibiendo de Dios, allí estaría yo debajo de El, como un criado o esclavo y El como un Señor dando, y no debemos estar así en la vida eterna.

  • Dz 510 (10) Nosotros nos transformamos totalmente en Dios y nos convertimos en El. De modo semejante a como en el sacramento el pan se convierte en cuerpo de Cristo; de tal manera me convierto yo en El, que El mismo me hace ser una sola cosa suya, no cosa semejante: por el Dios vivo es verdad que allí no hay distinción alguna.

  • Dz 511 (11) Cuanto Dios Padre dió a su Hijo unigénito en la naturaleza humana, todo eso me lo dió a mí; aquí no exceptúo nada, ni la unión ni la santidad, sino que todo me lo dió a mí como a El.

  • Dz 512 (12) Cuanto dice la Sagrada Escritura acerca de Cristo, todo eso se verifica también en todo hombre bueno y divino.

  • Dz 513 (13) Cuanto es propio de la divina naturaleza, todo eso es propio del hombre justo y divino. Por ello, ese hombre obra cuanto Dios obra y junto con Dios creó el cielo y la tierra y es engendrador del Verbo eterno y, sin tal hombre, no sabría Dios hacer nada.

  • Dz 514 (14) El hombre bueno debe de tal modo conformar su voluntad con la voluntad divina, que quiera cuanto Dios quiera; y como Dios quiere que yo peque de algún modo, yo no querría no haber cometido los pecados, y esta es la verdadera penitencia.

  • Dz 515 (15) Si un hombre hubiere cometido mil pecados mortales, si tal hombre está rectamente dispuesto, no debiera querer no haberlos cometido.

  • Dz 516 (16) Dios propiamente no manda el acto exterior.

  • Dz 517 (17) El acto exterior no es propiamente bueno y divino, ni es Dios propiamente quien lo obra y lo pare.

  • Dz 518 (18) Llevamos frutos no de actos exteriores que no nos hacen buenos, sino de actos interiores que obra y hace el Padre permaneciendo en nosotros.

  • Dz 519 (19) Dios ama a las almas y no la obra externa.

  • Dz 520 (20) El hombre bueno es Hijo unigénito de Dios.

  • Dz 521 (21) El hombre noble es aquel Hijo unigénito de Dios, a quien el Padre engendró eternamente.

  • Dz 522 (22) El Padre me engendra a mi su Hijo y el mismo Hijo. Cuanto Dios obra, es una sola cosa; luego me engendra a mí, Hijo suyo sin distinción alguna.

  • Dz 523 (23) Dios es uno solo de todos modos y según toda razón, de suerte que en El no es posible hallar muchedumbre alguna, ni en el entendimiento ni fuera del entendimiento; porque el que ve dos o ve distinción, no ve a Dios, porque Dios es uno solo, fuera del número y sobre el número, y no entra en el número con nadie. Síguese: luego ninguna distinción puede haber o entenderse en el mismo Dios.

  • Dz 524 (24) Toda distinción es ajena a Dios, lo mismo en la naturaleza que en las personas. Se prueba: porque la naturaleza misma es una sola y esta sola cosa; y cualquier persona es una sola y la misma una sola cosa que la naturaleza.

  • Dz 525 (25) Cuando se dice: Simón, ¿me amas más que éstos? (Jn 21,15 s), el sentido es: me: me amas más que a éstos (1), y está ciertamente bien, pero no perfectamente. Pues en lo primero y lo segundo, se da el más y el menos, el grado y el orden; pero en lo uno, no hay grado ni orden. Luego el que ama a Dios más que al prójimo, hace ciertamente bien, pero aún no perfectamente.

  • Dz 526 (26) Todas las criaturas son una pura nada: no digo que sean un poco o algo, sino que son una pura nada. 

  • Se le había además objetado a dicho Eckhart que había predicado otros dos artículos con estas palabras:

    Dz 527 (1) Algo hay en el alma que es increado e increable; si toda el alma fuera tal, sería increada e increable, y esto es el entendimiento.

    Dz 528 (2) Dios no es bueno, ni mejor, ni óptimo: Tan mal hablo cuando llamo a Dios bueno, como cuando digo lo blanco negro.

[De estos artículos dice luego la Bula:]

Dz 529 ... Nos ... expresamente condenamos y reprobamos los quince primeros artículos y los dos últimos como heréticos y los otros once citados como mal sonantes, temerarios, sospechosos de herejía, y no menos cualesquiera libros u opúsculos del mismo Eckhart que contengan los antedichos artículos o alguno de ellos.

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PARA SER LEGÍTIMA, DEBERÁ SER PROMOVIDA POR LA AUTORIDAD PÚBLICA


Niceto Alonso Perujo

Dios nos manda obedecer á los poderes legítimos; pero los que abusan de tal modo de su poder, han perdido su legitimidad: no tienen mas derecho que la fuerza, y se han convertido en tiránicos. 


Francisco Suárez  
&
Jaime Balmes y Urpiá


«Si un rey convierte en tiranía su poder legítimo, dice Suarez, y abusa de él para ruina manifiesta de la comunidad, el pueblo podrá usar de su derecho de legítima defensa, porque jamás se ha despojado de él.»

«Si el poder supremo, añade Balmes, abusa escandalosamente de sus facultades, si las extiende mas allá de los límites debidos, si conculca las leyes fundamentales, persigue la religión, corrompe la moral, ultraja el decoro público, menoscaba el honor de los ciudadanos, exige contribuciones ilegales y desmesuradas, viola el derecho de propiedad, enajena el patrimonio de la noción, desmembra las provincias, llevando sus pueblos á la ignominia y á la muerte, también en este caso prescribe el catolicismo obediencia? también veda resistir? también obliga á los súbditos á mantenerse quietos como corderos entregados á las garras de bestia feroz?... En tales extremos, gravísimos teólogos opinan que es lícita la resistencia... y la Iglesia no los ha condenado, y no los ha confundido, ni con los escritores sediciosos que tanto abundaron entre los protestantes, ni con los modernos revolucionarios, eternos perturbadores de toda sociedad.»

Contra esta doctrina suele hacerse una objeción tomada de la conducta de los primeros cristianos. «Estos, se dice, obedecieron á las autoridades constituidas, sin cuidar si eran legítimas ó no. En aquella época las usurpaciones eran frecuentes; el mismo trono del imperio se había fundado sobre la fuerza; los que le iban ocupando sucesivamente debían no pocas veces su elevación á la insurrección militar y al asesinato del antecesor. Sin embargo, no se vio que los cristianos entrasen nunca en la cuestión de legitimidad: respetaban el poder establecido, y cuando éste caía, se sometían sin murmurar al nuevo tirano que se apoderaba del imperio.» 
No puede negarse que este argumento es algo especioso, y que á primera vista presenta una dificultad muy grave; no obstante, bastarán pocas reflexiones para convencer de su extrema futilidad.

Si ha de ser legítima y prudente la insurrección contra un poder ilegítimo, es necesario que los que acometen la empresa de derribarle, estén seguros de su ilegitimidad, se propongan sustituirle un poder legítimo, y cuenten además con probabilidad de buen éxito. En no mediando estas condiciones, la sublevación carece de objeto, es un estéril desahogo, es una venganza impotente, que lejos de acarrear á la sociedad ningún beneficio, solo produce derramamiento de sangre, exasperación del poder atacado, y por consiguiente mayor opresión y tiranía. En la época á que nos referimos, no existía por lo común ninguna de las condiciones expresadas; y por tanto, el único partido que podían tomar los hombres de bien era resignarse tranquilamente á las calamitosas circunstancias de su tiempo, y elevar sus oraciones al cielo para que se compadeciese de la tierra... El hombre, por ser cristiano, no deja de ser ciudadano, de ser hombre, de tener sus derechos, y de obrar muy bien cuando en los límites de la razón y de la justicia se lanza á defenderlos con intrépida osadía.»

Mas antes de llegar á tal extremo, han debido agotarse todos los medios pacíficos. Después de agotados éstos inútilmente, aun entonces la resistencia activa, para ser legítima, deberá ser promovida por la autoridad pública.


Lecciones sobre el Syllabus
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CONMEMORACIÓN DE SAN PABLO, Apóstol



30 de Junio del Año del Señor
CONMEMORACIÓN DE SAN PABLO,
Apóstol

He peleado el buen combate, he terminado la carrera,
he guardado la fe. No me queda sino esperar
la corona de justicia que me está reservada,
y que el Señor, justo Juez, me dará en el gran día,
a mí y a todos los que aman su venida.
(2 Timoteo 4, 7-8).

¿Quién podría enumerar los trabajos emprendidos por San Pablo, los peligros que ha afrontado, los países que ha recorrido, los pueblos que ha conquistado para la verdad? Nada asusta a su flaqueza: sabe que todo lo puede en Aquél que lo conforta; nada detiene ni cansa a su celo; sabe que tendrá la eternidad para descansar; nada calma la sed que tiene de sufrir: sabe que los sufrimientos de aquí abajo nada son comparados con el peso de eterna gloria que será su recompensa en el cielo.


ORACIÓN

Haced, os lo suplicamos, Señor, que la intercesión del bienaventurado Roberto, abad, nos haga agradables a Vuestra Majestad, a fin de que obtengamos por sus oraciones las gracias que no podemos esperar de nuestros méritos.


MEDITACIÓN NUESTRAS BUENAS OBRAS
NOS SIGUEN AL OTRO MUNDO

I. Tener fervor en el servicio de Dios, es hacer todo lo que Dios nos pide con ardor, con prontitud y con alegría. Un hombre fervoroso vuela allí donde le llama el deber. Busca grandes ocasiones de dar a Dios pruebas de su amor; no desprecia las pequeñas; nada le parece difícil, por nada tiene lo que ya ha hecho, arde en deseos de hacer algo más heroico en lo por venir para la gloria de Jesucristo. ¿ Te hallas en estas disposiciones? Estuviste en ellas, ¿por qué no has perseverado? Vuelve lo antes posible a ese primer estado de fervor del que te relajaste.

II. Un hombre fervoroso resiste generosamente a todas las tentaciones; un hombre tibio y flojo sucumbe en ellas. Nada cuesta a un cristiano que está animado de este hermoso fuego: todo incomoda a un cristiano frío, todo le parece difícil e insoportable. El hombre fervoroso está siempre feliz y siempre contento, porque Dios derrama en su alma consolaciones celestiales para recompensarlo por los placeres del mundo que le sacrifica; el cristiano flojo y tibio no goza de los consuelos del Cielo, porque no es lo suficientemente fiel a Dios como para merecerlos.

III. El medio para encender el fervor en tu corazón es, en primer lugar, servir a Dios cada día como si cada día comenzases a servirle; es olvidar el poco bien qué ya hayas hecho, es considerarte como un servidor inútil. Compara lo que has hecho por Dios con lo que Jesucristo ha hecho por ti. En segundo lugar, cada día sirve a Dios como si fuese el último de tu vida. ¿Qué harías ahora si estuvieras seguro de morir mañana?

Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo I, Patron Saints Index.

LA CONFESIÓN DE SAN PEDRO (Meditación)


LA CONFESIÓN DE SAN PEDRO
L'Évangile médité et distribué pour tous les jours de l'année, 
suivant la concorde des quatre Évangélistes, 
Bonaventure Girardeaux
4ème edition, tome troisième, Metz, 1801

*Nota: Comentario anterior al Concilio Vaticano


PRIMER PUNTO.
Como fue hecha dicha confesión.

1º Lo que la precede es la oración. Jesús entonces partió de Betsaida con sus Discípulos, para ir a las aldeas vecinas de Cesarea de Filipo; y en el camino, mientras oraba en particular, teniendo consigo a sus discípulos, los interrogó. Después que Jesús despidió al ciego curado, continuó su viaje con sus Apóstoles, recorriendo los pueblos y aldeas hasta los alrededores de Cesarea de Filipo, ciudad situada al norte de Palestina, hacia las fuentes del Jordán, y distinta de Cesarea de Palestina, ubicada en el Mar Mediterráneo. Cuando se acercó a este lugar, se retiró a un lugar remoto, entonces solo se llevó consigo a sus Apóstoles; incluso se separó de ellos para entrar en oración. La gente que se les había unido en el camino le estaban esperando en el campo, y los Discípulos, más cerca de Él, le observaban en silencio mientras oraba. Cuando J. C. quiso elegir sus apóstoles, comenzó orando. En esta circunstancia, donde quiere designar al jefe de sus Apóstoles y su Vicario en la tierra, nuevamente comienza orando. Fue en la oración que Jesús formó el plano de su iglesia, y de todo el orden jerárquico que allí se estableció; era de esto que hablaba con su Padre, fue por esta amada Iglesia por la que oró y de la cual se ocupó hasta haberla adquirido por el derramamiento de su Sangre; también es mediante la oración que esta Esposa santa se une a su Esposo celestial; es a través de la oración que ella se vuelve fértil, y que nos da la vida y el alimento, y que nos enriquece con todos sus tesoros. Hijos de la oración, ¿qué ardor tenemos para rezar ?

2º Lo que da lugar a esta confesión es una conversación privada. Una vez hubo terminado su oración, Jesús vino a buscar a sus discípulos, y caminando con ellos, con la gente siguiéndolos a un poco de distancia, comenzó a conversar con ellos y a preguntarles, diciéndoles: ¿Quién dicen las gentes que es el Hijo del hombre ? ¿Quién dicen que soy? Ah, ¡qué útiles y conmovedoras serían nuestras conversaciones, si no habláramos nada más que de Jesucristo, de sus misterios, de su doctrina y de los intereses de su gloria! Los Apóstoles le respondieron: Algunos dicen que eres Juan el Bautista, otros, Elías, otros, Jeremías y otros, uno de los antiguos profetas, que ha resucitado. ¡Pobre de mí! ¡Pues el espíritu del hombre es propenso al error, y naturalmente opuesto a las verdades de la salvación! ¿Cómo puede ser que entre este pueblo diligente en escuchar a J. C., y espectador de sus milagros, la opinión más común no fuera que Él era el Mesías que todos esperaban. ? Unos pocos, muy pocos en número, lo reconocieron; pero el gran numero prefiere ceder a todo tipo de quimeras y extravagancias, que reconocer a un Mesías que no es conforme a sus deseos. La humildad y la santidad de J. C., esto es lo que, aún hoy, impide que el mundo lo reconozca; pero dejemos que el mundo se pierda en sus sistemas y en sus quimeras, y nosotros busquemos la verdad en el cuerpo apostólico, escuchemos a su jefe, y nunca nos separemos de la Fe de los primeros pastores, pues únicamente esta Fe puede disipar nuestros errores y calmar nuestras inquietudes.

3.° Lo que la acompaña es una fe animada y reflexiva. Jesús entonces preguntó a sus Apóstoles: Y vosotros, ¿quién creéis que soy ? Simón-Pedro, tomando la palabra, dice: Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo, es decir, el Mesías. Esta confesión de San Pedro fue notable por la fe que la acompañó, y que merecía ser elogiada y recompensada por el Salvador. No era la primera vez que Jesús fue llamado el Hijo de Dios. Además del hecho de que los demonios comúnmente lo llamaban así, Natanael inicialmente le había dado ese nombre en un movimiento de admiración. Los apóstoles todos juntos, apenas regresados ​​de su miedo en el Mar de Tiberíades, también le había dado el mismo nombre. El día después de la primera multiplicación de los panes, después de las maravillas del Mar de Tiberíades y del país de Génésar, nuevamente San Pedro, penetrado por los acontecimientos que habían precedido, hizo en nombre de todos la misma confesión que hace aquí. Pero tal vez los sonidos de sorpresa, de alegría, de admiración, de miedo, que, en estas diferentes ocasiones, habían como extraído esta confesión, también habían reducido su valor. Aquí no hay nada de eso, pues los espíritus están en paz, y sólo la fe actúa. Me uno a este bendito ¡Apóstol, oh Jesús! y postrado a tus pies, te reconozco como el Mesías, el Cristo, el ungido de Dios, el Hijo de Dios, no por adopción, sino por naturaleza. Reconozco en ti la Palabra encarnada, la naturaleza divina y la naturaleza humana, subsistiendo en una sola persona, la segunda de la Santísima Trinidad. Reconozco que, dependiendo de tu naturaleza humana, eres verdaderamente hombre como yo, y según tu naturaleza divina, verdaderamente Dios, igual al Padre, y un solo Dios con el Padre y el Espíritu Santo. Te reconozco como mi rey, mi Salvador, mi mediador y mi Dios, en quien pongo toda mi esperanza, y a quien dedico todo mi amor. 

Continuará...

NO DEBE PONER EN CONCIENCIA ERRÓNEA A LOS SOLDADOS FORZADOS A COMBATIR; NI AÚN CUANDO LA GUERRA FUESE REPUTADA COMO INJUSTA


San Alfonso María de Ligorio
&
Giuseppe Frassinetti


Será caso muy raro que los soldados estén obligados a negarse a combatir, exponiéndose a ser fusilados, por el motivo de ser injusta la guerra emprendida por su gobierno. Generalísimamente hablando, los soldados que se ven obligados a combatir, son incapaces de juzgar de las razones por que una guerra pueda ser evidentemente injusta; además de las razones que están a la vista de todos, puede haber otras de que sólo puedan juzgar diplomáticos profundos; y así, generalísimamente hablando, puede quedar siempre una duda de la injusticia de la guerra, aunque comúnmente sea mirada como injusta. Tratándose, por otra parte, de provocar contra sí una sentencia de muerte, el soldado no estará nunca obligado a exponerse a ella, sino cuando evidentemente debiese reconocer que para evitarla tendría que hacer cosas prohibidas por la ley natural, y prohibidas absolutamente. Si, pues, esta teoría es general, deberá aplicarse a cualquiera guerra y contra cualquier soberano. Por lo que en la práctica inferiré de esto que el Confesor debe ser muy reservado en esta materia, y generalmente no debe poner en conciencia errónea a los soldados forzados a combatir; ni aún cuando la guerra fuese comúnmente reputada como injusta. Y esto por dos motivos: primero, porque el soldado no suele ser capaz de juzgar de la injusticia de la guerra, como hemos dicho: segundo, porque el soldado sólo piensa en su propio peligro, ni discute sobre la justicia ó injusticia. Él no sospecha siquiera estar obligado a hacerse fusilar cuando la guerra sea injusta, y por lo mismo está en completa buena fe; y si se le sacase de esta buena fe, generalísimamente hablando, no encontraría en él el heroísmo necesario para sufrir el martirio por el amor a la justicia violada en aquella guerra, en la que se ve forzado a combatir: y así, el aviso sería inútil por una parte, y por otra haría cometer un pecado más, que habría impedido la buena fe.


Compendio de la Teología Moral
de San Alfonso María de Ligorio por Giuseppe Frassinetti

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RECONOCEN EN LA VOZ DEL JEFE VISIBLE DE LA IGLESIA LA PALABRA MISMA DE DIOS



Cardenal Costantino Patrizi

Sí; los fieles que su muestran talos por las palabras y por las obras, reconocen en la voz del Jefe visible de la Iglesia la palabra misma de Dios, palabra a la que ningún poder de la tierra tiene derecho a poner un freno. Él tiene autoridad , para hablar a toda la Iglesia, y el que no le escucha declara él mismo que deja de pertenecer a la Iglesia, que no forma parte del rebaño de Jesucristo y que no tiene derecho por lo tanto a la herencia eterna del cielo.

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SANTOS PEDRO y PABLO, Apóstoles



29 de Junio del Año del Señor
SANTOS PEDRO y PABLO,
Apóstoles

A ti te daré las llaves del reino de los cielos;
todo lo que atares sobre la tierra,
será atado también en los cielos.
(Mateo, 16, 19).


San Pedro, el Príncipe de los Apóstoles, y San Pablo, el Doctor de las gentes, cimentaron con su sangre los cimientos de la Iglesia romana. San Pedro murió crucificado. A San Pablo se lo decapitó, el año 69. Los dos tuvieron la dicha de confirmar, con la efusión de su sangre, la doctrina que habían predicado con tanta elocuencia y confirmado con tantos milagros. Nerón, no te imagines haber triunfado: para siempre permanece la gloria del combate a favor de estos ilustres mártires, y muy pronto depondrán a tus sucesores de su trono; los césares abandonarán el Capitolio y cederán su lugar a los sucesores de San Pedro.


ORACIÓN

Oh Dios, que habéis consagrado este día con el martirio de vuestros Apóstoles San Pedro y San Pablo, haced que vuestra Iglesia sea fiel en la observancia de los preceptos de los que han sido los primeros ministros de la santa Religión que ella profesa. Por J. C. N. S. Amén.


MEDITACIÓN SOBRE SAN PEDRO Y SAN PABLO

I. San Pedro había sido testigo ocular de la mayoría de los milagros de Jesucristo, y, con todo, lo negó tres veces en la noche misma de su Pasión. ¡Cuánta es la fragilidad del hombre abandonado a su propia miseria! Humillémonos, trabajemos en nuestra salvación con temor y temblor. Pero no desesperemos: basta una sola mirada de Jesús para sacarnos del pecado. Lloremos, pues, a ejemplo de San Pedro, que derramaba un torrente continuo de lágrimas al solo recuerdo de su perfidia. ¡Que tus lágrimas sean como la sangre que brota de las heridas de tu corazón! (San Agustín).


II. San Pablo, de perseguidor de Jesucristo, llegó a ser el Apóstol de las gentes. ¿Qué somos nosotros? ¿Qué hemos hecho? Si nos hemos convertido como él, mantengámonos firmes en la virtud, y muramos antes que perder la gracia de Dios. Imitemos su paciencia en los sufrimientos, su celo por la salvación de las almas, su humildad, su amor por Jesucristo. Escuchemos lo que él nos dice: Sed mis imitadores como yo lo soy de Cristo.


III. Considera la honra que al presente reciben en la tierra estos dos Apóstoles. Los reyes, los emperadores y los Papas se consideran dichosos de poder prosternarse ante las sagradas cenizas de un pescador y de un artesano, porque la santidad los ha hecho omnipotentes en el cielo. Ambiciosos: ¿qué son los honores del mundo, comparados a éstos? Regocijémonos de que Dios haya honrado tanto a sus servidores. Pero si los santos son así honrados en la tierra, ¿qué honores no recibirán en el cielo? Humillémonos, imitemos sus ejemplos y compartiremos su gloria.

Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo I, Patron Saints Index.

EL LIBRO DE LA JOVEN (IV)

III.
LAS PRINCIPALES VIRTUDES
DE LA JOVEN


§ I.—De las Virtudes y de los buenos hábitos.
 
En el ejercicio de la virtud están armonizadas todas las facultades del hombre (Balmes).

21. Lo que es la virtud.—Cicerón dice que la palabra virtud viene de vir, varón (i), como para indicar que su esencia es la virilidad. San Agustín con su mirada de águila, abarca un horizonte más vasto, y describe la virtud como el arte de vivir bien y rectamente (2). Y en otra parte la llama, la hermosura interior del hombre. «La virtud—escribe a su vez Bossuet—es un hábito de vivir según la razón, y como la razón es la parte más noble del hombre, es preciso concluir que la virtud es el mayor bien que pueda existir en el hombre».

22. Nobleza y hermosura de la virtud.— La virtud es de linaje divino. «La principal nobleza es la de la virtud, que no necesita ascendientes, y que, si los buscara, los hallaría en el cielo» (3). Los mismos paganos reconocieron su noble origen. Sócrates, uno de los oráculos de la filosofía pagana, escribe: «Debemos procurar ser virtuosos y sabios, por ser la sabiduría y la virtud los dos únicos bienes positivos de la vida, puesto que uno y otro son igualmente eternos, como eterno es Dios de quien ambos proceden». Filón de Larisa, filósofo griego, escribe: «La virtud. no sólo es hermosa, sino que es la idea, la imagen de la hermosura misma de Dios». Todos sus caminos son bellos (4).

23. «El camino de la gloria».La virtud, según San Bernardo, es el camino de la gloria. Mas hay que añadir que este camino está erizado de espinas. «La senda de la virtud es muy estrecha, y el camino del vicio ancho y espacioso, y sus fines y paraderos son diferentes; porque el del vicio, dilatado y espacioso, acaba en muerte; y el de la virtud, angosto y trabajoso, acaba en vida, y no en vida que se acaba, sino en la que no tendrá fin", que como dice el gran poeta castellano, nuestro Garcilaso,

por estas asperezas se camina
de la inmortalidad al alto asiento
do nunca arriba quien de allí declina» (5).

La verdadera y sólida virtud estriba en el sacrificio. Y sólo en el terreno del sacrificio crecen las palmas del martirio o los laureles de la gloria.

24. Virtudes teologales y cardinales.— La virtud no es planta que crece sola, sin riego y sin cultivo.
Necesita frecuente cultivo para brotar, crecer y arraigar hondamente en el alma. Para esto uno de los medios más eficaces es la práctica constante de las virtudes cristianas. Todas estas son necesarias y recomendables, pero en especial las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad; y las cardinales: prudencia, justicia, fortaleza y templanza.

Son estas virtudes las columnas morales del templo de la santidad.

25. «La Ciudad de los elegidos».Las virtudes cristianas son como una ciudad inexpugnable, en la cual debe atrincherarse quien desea llegar a la perfección.

«Ellas son—dice Hugo de San Víctor—la ciudad de los elegidos, cuyas trincheras son el desprecio de las cosas de la tierra, cuyas murallas son la esperanza, las avanzadas son la paciencia, las torres la humildad, las fuentes son las lágrimas, los centinelas la prudencia, las armas la oración y los Sacramentos, las puertas la obediencia, el rey la caridad, y las tropas son la justicia, la templanza y la fuerza».

26. Dos fórmulas.—Debemos añadir que uno de los medios que facilitan la práctica de la virtud son los buenos hábitos.

Todos los principios sobre educación pueden resumirse en estas dos fórmulas:

Luchar contra las malas tendencias, y, preparado así el terreno, engendrar los buenos hábitos, que determinan una naturaleza mejor.

27. Las malas tendencias.—Hay en el hombre apetitos inferiores e instintos salvajes, que delatan cuanta parte tiene en él la animalidad...

Toda esa mala yerba pulula en el alma como la cizaña en los campos. Es menester estar siempre con la hoz en la mano, limpiando el terreno.

Es fuerza impedir que tales tendencias tomen cuerpo y se conviertan en hábitos malos, que son los peores tiranos del hombre.

Los hábitos malos son como el caparazón que aprisiona el caracol: se adhieren al hombre y le acompañan perpetuamente.

Hay, p. e., mujeres iracundas que no supieron libertarse en su juventud de la mala tendencia de la ira: ésta se convirtió en hábito, el hábito en segunda naturaleza, y ésta formó como un caparazón que aprisionó el alma y no la dejará libre hasta el borde de la tumba.

28. Los buenos hábitos.—Los hábitos se podrían llamar los reguladores de la vida, porque como la ruedecita del reloj, hacen marchar casi automáticamente nuestra existencia.

El hábito bueno se forma por la repetición continuada de un mismo acto. Tal acto costará mucho esfuerzo al principio, mas poco a poco se hará más fácil, por el poder receptivo que poseen nuestras facultades y nuestros sentidos; del mismo modo que por medio del ejercicio se hace más fácil la lectura, la escritura o cualquier arte.

Los hábitos buenos pues, capitalizados pacientemente, facilitan la virtud, aumentan nuestra energía, y libran a la voluntad de un esfuerzo continuado.

Y cuanto más numerosos sean los actos de la vida que el hábito bueno consiga regir, sin importunar la atención y sin requerir esfuerzo consciente, tanto mayor será nuestra libertad para vivir una vida inteligente, y tanto más fácil el camino de la perfección.

29. Una escuela de virtud.— Gran influjo ejerce sobre el hombre, y en especial sobre la juventud, el ejemplo de los Santos.

Estos son los verdaderos héroes del cristianismo, la flor de la humanidad, la quinta esencia del espíritu humano. La santidad es fruto de la virtud acrisolada, de hábitos santos, de grandeza moral.

La lectura diaria de la Vida de los Santos ha sido siempre una grande escuela de perfección.

30. Un ejemplo edificante.—Aquí va el ejemplo de una doncella, tierna por edad y grande por virtud.
Santa Cecilia, joven romana de rara hermosura, se consagró voluntariamente, en la primavera de la vida, a Jesucristo con el voto de virginidad. Conservaba la pureza de su alma por medio del retiro, la oración y la mortificación de los sentidos. Parecía un ángel bajo apariencias humanas.

Cultivaba la música, y cantaba al son del órgano: —¡Señor, guarda mi corazón y mi cuerpo inmaculado!

Leía y meditaba el santo Evangelio, y lo llevaba sobre su corazón como una preciosa reliquia de su celestial Esposo.

Se esmeraba en el servicio de Dios, y en la expansión de su alma decía:—Señor, tu sierva Cecilia desea servirte con la diligente asiduidad que emplea la abeja para formar el panal.

Y al hacer alguna obra buena solía exclamar:—Jesús, inspirador de castos consejos, recibe estas obras como fruto de la buena semilla que has sembrado en el corazón de Cecilia.

Hizo de Valeriano, joven pagano muy distinguido, a quien sus padres la habían prometido, un fervoroso cristiano. Lo mismo hizo con Tiburcio, hermano de Valeriano.

Apenas Almaquio, prefecto de Roma, supo la conversión de los dos nobles hermanos, los hizo prender, y como confesasen intrépidos la fe de Jesucristo, los entregó a los suplicios del martirio. Había llegado el turno de Cecilia. Ella distribuyó entre los pobres todos sus bienes, y dio su casa a la Iglesia (6).

Almaquio la condenó a ser quemada viva en el baño de la casa. Mas el fuego respetó ese cuerpo virginal. Entonces se dio orden de decapitarla. El verdugo le dio tres golpes con el hacha sin haber podido causarle más que una profunda herida, y avergonzado de su crueldad se escapó dejando a Cecilia medio muerta, bañada en su propia sangre. Así estuvo tres días agonizando, y murmurando plegarias, y ofreciendo a Dios el sacrificio de su vida.

Sus verdugos al ver tanta belleza, tanto candor y tanto heroísmo, se convirtieron a la fe, y exclamaban:—«Creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, y Dios verdadero; pues sólo un Dios ha podido obrar el prodigio de formar para sí una sierva tal como Cecilia» (7).

¿Quién, después de la lectura de página semejante, no siente en su alma las ansias del amor divino y el estímulo de la virtud?...

Hay páginas que aromatizan como el nardo y el jazmín.

(1) Ex viro virtus (Lib. de Offi.),
(2) De Civit, lib. IV, c.21.
(3) Núfiez de Arenas.
(4) Proverbios, III, 17.
(5) Cervantes.
(6) Su casa, consagrada en iglesia por San Urbano, bajo la advocación de Santa Cecilia, es aun hoy en día una de las iglesias más veneradas de Roma. Allí se ve el baño donde Cecilia debía ser quemada. En ella reunió más tarde el Papa Pascasio I los cuerpos de San Valeriano, San Tiburcio, de los papas y mártires San Urbano y San Lucio, y los restos de San Máximo. En ella se admira también una estatua de Cecilia en actitud de caer a tierra herida en la garganta; es una obra maestra de Bernini.
(7) V. Breviario romano.


Continuará...

SI ALGUNA VEZ SUCEDE QUE LOS GOBERNANTES EJERCEN EL PODER CON ABUSOS Y EXTRALIMITACIONES



S.S. León XIII
Quod apostolici muneris

...y así como en la Iglesia ha instituido variedad de grados jerárquicos y diversidad de ministerios, para que no todos fuesen apóstoles, ni todos doctores, ni todos pastores 9, así también ha determinado que en la sociedad civil haya distinción de órdenes diversos en dignidad, en derechos y en poder, para que el Estado, como la Iglesia, forme un solo cuerpo, compuesto de gran número de miembros, unos más altos que otros, pero todos necesarios entre sí y solícitos del bien común.

Pero a fin de que los regidores de los pueblos usen del poder que les ha sido conferido para edificación y no para destrucción, la Iglesia de Cristo amonesta oportunamente también a los príncipes con la severidad del juicio supremo que les amenaza. Tomando las palabras de la divina Sabiduría, grita a todos los gobernantes en nombre de Dios: Aplicad el oído los que imperáis sobre las muchedumbres y los que os engreís sobre la multitud de las naciones. Porque el poder os fue dado por el Señor, y la soberanía por el Altísimo, que examinará vuestras obras y escudriñará vuestros pensamientos... Terrible y repentina vendrá sobre vosotros, porque de los que mandan se ha de hacer severo juicio... Que el Señor de todos no teme de nadie, ni respetará la grandeza de ninguno; porque él ha hecho al pequeño y al grande, e igualmente cuida de todos. Pero a los poderosos amenaza poderosa inquisición 1 °. — Y, si alguna vez sucede que los gobernantes ejercen el poder con abusos y extralimitaciones, la doctrina católica no permite insurrecciones arbitrarias contra ellos, para evitar el peligro de que la tranquilidad del orden sufra una perturbación mayor y la sociedad reciba por esto un daño más grande. Y, si el exceso del gobernante llega al punto de no vislumbrarse otra esperanza de salvación, enseña que el remedio se ha de buscar con los méritos de la paciencia cristiana y con las fervientes oraciones a Dios. — Sin embargo, cuando las disposiciones arbitrarias del poder legislativo o del poder ejecutivo promulgan u ordenan algo contrario a la ley divina o a la ley natural, la dignidad del cristianismo, las obligaciones de la profesión cristiana y el mandato del Apóstol enseñan que hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

SAN IRENEO, Obispo y Mártir


28 de Junio del Año del Señor
SAN IRENEO,
Obispo y Mártir

Con sumo gusto sacrificaré todo y a mí mismo me
sacrificaré por la salvación de vuestras almas.
(2 Corintios, 12, 15).


San Ireneo es el apóstol de Lyon. Enviado a esta ciudad por San Policarpo, discípulo del Apóstol San Juan, predicó allí el Evangelio, y fue elegido para suceder al obispo San Fotino. Consagró toda su vida a combatir a los herejes. San Agustín y varios otros Padres de la Iglesia hablan con admiración de la santidad de su vida y de la excelencia de su doctrina. Fue martirizado en Lyon con gran parte de los habitantes de esta ciudad, en la persecución de Severo, hacia el año 203.


ORACIÓN

Oh Dios, que todos los años nos proporcionáis un nuevo motivo de gozo con la solemnidad de vuestro mártir y pontífice, el bienaventurado Ireneo, haced, en nuestra bondad, que honrando la nueva vida que ha recibido en el cielo, experimentemos aquí abajo los efectos de su protección. Por J. C. N. S.



MEDITACIÓN SOBRE LA VIDA
DE LOS PRIMEROS CRISTIANOS

I. Considera lo que han sufrido los primeros héroes del cristianismo, en la ciudad de Lyon principalmente. Se los atormenta, se les confiscan los bienes, se los destierra, se los hace morir, todo sacrifican para conservar la fe. Compara sus sufrimientos con los tuyos. ¿No eres hijo descaecido de padres tan gloriosos? Si el cristiano es cargado de oprobios, se gloría de ellos; si es acusado, no se defiende; interrogado, confiesa la verdad; condenado, da las gracias. (Tertuliano).

II. Tanta era su mutua caridad que ponían sus bienes en común, dividiéndolos por igual entre ricos y pobres. ¿Qué se ha hecho esta caridad, entre los cristianos de nuestros días? La fe con la caridad es la fe del cristiano; la fe sin la caridad es la fe del demonio. (San Agustín).

III. La devoción a la Santa Eucaristía era la fuente de la constancia que mostraban en los tormentos estos ilustres soldados de Jesucristo. El pensamiento de los sufrimientos de Jesucristo sostenía su valor. Nosotros somos los hijos de esos santos, tenemos la misma fe, los mismos sacramentos; tenemos, además, el ejemplo de sus virtudes: nos es fácil imitarlos. ¿De dónde proviene, pues, que sucumbamos tan a menudo? Escuchemos las advertencias que estos gloriosos mártires nos dan desde el cielo. Guardaos, dicen, de perder en el puerto la fe que hemos conservado en medio de las tempestades. (San Euquerio).

Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. - Tomo I, Patron Saints Index

EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE LOYOLA (XV) por Aloysius Bellecius SJ



LOS EJERCICIOS ESPIRITUALES DE SAN IGNACIO DE LOYOLA 
(Aloysius Bellecius SJ, Madrid, 1867). 

SEGUNDA MEDITACIÓN.
DEL FIN DEL HOMBRE RELIGIOSO.
(Final)


AFECTOS. 

I. Deberán practicarse los actos siguientes : 1.º de acción de gracias por el beneficio de la vocación religiosa que nos ha sido concedido ... , de nuestra vocación á una orden favorecida de tantas prerrogativas , con preferencia á una infinidad de otros que lo merecían mucho mejor ... , y á pesar de tantos pecados que preveía en nosotros : 2.° de dolor , por la transgresión de nuestras reglas , la violación de nuestros votos , la negligencia de nuestra perfección ; en una palabra , por la omisión de los deberes de un estado tan santo y por nuestra grande tibieza en trabajar en la salvación de los demás : 3.º de alabanza y de amor de esta admirable y divina Providencia , que apartándonos de innumerables peligros nos ha conducido al puerto de la religión , á pesar de infinitas dificultades , á pesar de nuestras propias resistencias , y que nos ha conservado en ella con una benevolencia tan paternal : 4.º de firme propósito de servir á Dios en adelante en el estado que hemos escogido ya , de la manera que Él disponga , esto es , en tal grado de virtud á que desea que lleguemos , y según se digne hacérnoslo conocer durante estos Ejercicios .


II. Sin embargo , se detendrá poco en estos cuatro primeros afectos , y se pondrá toda la atención y todo el fervor de que uno es capaz , en hacer un acto de indiferencia para todo lugar , todo empleo , todo estado de salud , bien que de una manera general , evitando particularizar demasiado el día de hoy en una materia tan difícil y tan opuesta á nuestro amor propio ; porque estando la voluntad todavía débil y flaca , no conviene avanzar sino con prudencia , y á medida que va adquiriendo en el curso de los Ejercicios con la gracia mayor fuerza , y que va armándose contra las dificultades de las resoluciones particulares .


III . Será preciso también dar un tiempo considerable á este acto de fe , por el cual creemos firmemente que todo lo que nos sucede por disposición de los superiores ó de otra manera , nos viene de Dios , y nos sucede para mayor bien nuestro ; que esos sucesos son por consiguiente los medios más propios para conducirnos á nuestro fin ; pues que aquel , que ha dicho : Este es mi cuerpo (1 ) , ha dicho igualmente : Quien á vosotros oye , á mí me oye (2) . Si creemos la primera verdad , ¿ por qué dudaremos de la segunda ?


Creamos , pues , con una fe sobrenatural los artículos siguientes : 1.º Dios lo sabe todo , y así sabe el lugar, el empleo , el grado de perfección , el estado de salud , que más nos conviene : 2. todo lo puede, y puede darnos aquel medio que entre todos nos es más provechoso : 3.º en fin , su corazón está abrasado de un amor infinito á nosotros ; Él nos dará, pues , lo que puede conducirnos mejor al fin á que nos ha llamado . Una fe viva de estas verdades nos hará abrazar eficazmente esta indiferencia , cuya necesidad hemos visto , y que pediremos por una ferviente oración al Padre de las luces .


(1) Math . , XXVI , 26 . 
( 2) Luc . , X , 16 .


Continuará...