VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

PECADOS OPUESTOS A LA CARIDAD (Santo Tomás de Aquino)


PECADOS OPUESTOS A LA CARIDAD
(Santo Tomás de Aquino)

Los pecados que se oponen a la virtud de la caridad son los siguientes, según el Doctor Angélico (II-II, 34,-43):


1) EL ODIO, que, si se refiere a Dios, es un gravísimo pecado, el mayor de cuantos se pueden cometer; y, si se refiere al prójimo, es también el que lleva consigo mayor desorden interior, aunque no sea el que perjudique más al prójimo. Este último suele proceder de la envidia (34,1-6);


2) LA ACIDIA (tedio o pereza espiritual, que se opone al gozo del bien divino procedente de la caridad), que es pecado capital, y proviene del gusto depravado de los hombres, que no encuentran placer en Dios y consideran las cosas que a El se refieren como cosa triste, sombría y melancólica. Sus vicios derivados son la malicia, el rencor, la pusilanimidad, la desesperación, la torpeza o indolencia para observar los mandamientos y la divagación de la mente hacia las cosas ilícitas (35,1-4);


3) LA ENVIDIA (que se opone al gozo espiritual por el bien del prójimo) es un feo pecado que contrista al alma por el bien del prójimo, no porque nos amenace con ello algún mal, sino porque disminuye nuestra propia gloria y excelencia. Es de suyo pecado mortal contra la caridad, que nos manda alegrarnos del bien del prójimo, siendo veniales únicamente los primeros movimientos indeliberados de la sensibilidad o los que recaen sobre cosas insignificantes (parvedad de materia). De ella proceden, como vicio capital que es, el odio, la murmuración (casi siempre procede de la envidia), la difamación, el gozo en las adversidades del prójimo y la tristeza en su prosperidad (36,1-4);


4) LA DISCORDIA, que se opone a la paz y concordia por la disensión de voluntades en lo tocante al bien de Dios o del prójimo (37,1-2);


5) LA CONTIENDA O PORFÍA, que se opone a la paz con las palabras (discusión o altercado), y es pecado cuando se hace por espíritu de contradicción, se perjudica al prójimo o a la verdad o se defiende esta última en tonos altaneros y con palabras mortificantes (38,1-2);


6) EL CISMA, LA GUERRA, LA RIÑA Y LA SEDICIÓN, que se oponen a la paz con las obras; el cisma, apartando de la unidad en la fe y sembrando la división en lo religioso (grandísimo pecado) (39,1-4); la guerra entre naciones o pueblos, que, cuando es injusta, es, además, un gravísimo pecado contra la caridad por los innumerables daños y trastornos que lleva consigo, aunque puede ser lícita en determinadas condiciones (40,1-4); la riña, especie de guerra entre particulares, que procede casi siempre de la ira, y que de suyo es falta grave en el que la provoca sin legítimo mandato de la autoridad pública (41,1-2). Tiene su máximo exponente en el duelo (riña o desafío previamente pactado a base de armas mortíferas), que es castigado por la Iglesia con la pena de excomunión, que alcanza a los protagonistas y todos sus cómplices y espectadores voluntarios (01.2351); y la sedición, que consiste en formar bandos o partidos en el seno de una nación con objeto de conspirar o de promover algaradas o tumultos, ya sea de unos contra otros o contra la autoridad y el poder legítimo (42,1 -2);


7) EL ESCÁNDALO, que muchas veces se opone a la justicia, pero que ante todo es un grave pecado contra la caridad (como diametralmente opuesto a la beneficencia), y que consiste en decir o hacer algo menos recto, que le da al prójimo ocasión de una ruina espiritual (43,1-8).

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