VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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MEDIADORA DE LA DIVINA GRACIA QUE EJERCE DELANTE DEL TRONO DE DIOS

 S.S.León XIII
Iucunda semper
8 de septiembre de 1894
Sobre el Santo Rosario

La confianza del recurso que nosotros tenemos en María está basada en la grandeza del oficio de Mediadora de la divina gracia que ejerce continuamente en nuestro favor delante del trono de Dios...

Quod Mariae praesidium orando quaerimus, hoc sane, tamquam in fundamento, in muñere nititur conciliandae nobis divinae gratiae, quo ipsa continenter fungitur apud Deum


DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA, MEDIANERA DE LAS GRACIAS (DENZINGER 1978A)

San Pío X
De la Bienaventurada Virgen María,
medianera de las gracias

ASS36(1903−4)453s.
[De la Encíclica Ad diem, de 2 de febrero de 1904]
DZ 1978 a 

Por esta comunión de dolores y de voluntad entre María y Cristo, «mereció» ella «ser dignísimamente hecha reparadora del orbe perdido», y por tanto dispensadora de todos los dones que nos ganó Jesús con su muerte y su sangre... Puesto que aventaja a todos en santidad y en unión con Cristo y fué asociada por Cristo a la obra de la salvación humana, de congruo, como dicen, nos merece lo que Cristo mereció de condigno y es la ministra principal de la concesión de las gracias.

Notas:

EADMER, monje, De excellentia Virginis Mariae, 9 [PL 159, 573]. Cf. lo que afirma

Benedicto xv
en las Letras Apost. Inter sodalicia, de 22 mar. 1918 [ASS 10 (1919) 182] «De tal modo juntamente con su Hijo paciente y muriente padeció y casi murió; de tal modo, por la salvación de los hombres, abdicó de los derechos maternos sobre su hijo, y le inmoló, en cuanto de ella dependía, para aplacar la justicia de Dios, que puede con razón decirse que ella redimió al género humano juntamente con Cristo»;

así como lo que dice Pío XI en las Letras Apost. Explorata res, de 2 feb. 1923 [ASS 15 (1923) 104]: «La Virgen dolorosa participó juntamente con Cristo en la obra de la redención».

La S. C. del Santo Oficio (Sección de Indulgencias) en el Decreto Sunt quos amor, de 26 jun. 1913 [AAS 5 (1913) 364] alaba la costumbre de añadir al nombre de Jesús el nombre «de su madre, corredentora nuestra, la bienaventurada María»;

cf. también la oración indulgenciada por el Santo Oficio en que se llama a la Bienaventurada Virgen María «corredentora del género humanos» [22 en. 1914; ASS 6 (1914) p. 108].


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MEDIADORA PARA CON DIOS A LA INMACULADA REINA DE LOS CIELOS

S.S.León XIII
INSCRUTABILI DEI CONSILIO
21-IV-1878

"Nos profundamente os exhortamos, Venerables Hermanos, a que excitéis con este objeto los fervientes deseos de los fieles, poniendo como mediadora para con Dios a la Inmaculada Reina de los cielos" 


PODEROSÍSIMA MEDIADORA

S.S.Pío IX

Ineffabilis Deus
Dogma de la Inmaculada Concepción
 8 de diciembre de 1854

"Poderosísima mediadora y conciliadora de todo el orbe ante su Unigénito Hijo..."
"ac totius terrarum orbis potentissima apud Unigenitum Filium suum mediatrix, et conciliatrix,.."
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AYUDA PODEROSA Y MEDIADORA DE GRACIAS

S.S.Pío XII
AUSPICIA QUAEDAM
1-V-1948

Que Ella nos consiga, puesto que es nuestra Madre benignísima, y en todos los peligros se nos ha mostrado siempre ayuda poderosa y mediadora de gracias, nos consiga, decimos, que también en las graves necesidades que nos angustian, se encuentre una justa solución a las disputas y que una paz, segura y libre, resplandezca finalmente para la Iglesia y para todas las naciones.


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¿NO FUE ELLA CONSTITUIDA EN MEDIADORA DE TODAS LAS GRACIAS DE SANTIFICACIÓN?

S.S.Pío XII

SEDES SAPIENTIA
31-V-1956

¿No fue Ella constituida en mediadora de todas las gracias de santificación?



CONSTITUCION APOSTOLICA “SEDES SAPIENTIA” 

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LOS PAPAS Y LA SANTÍSIMA VIRGEN MEDIADORA

Benedicto XIV, en la bula Gloriosae Dominae, de 27 de septiembre de 1848, dice: La Virgen María «es como un río del cielo por donde pasa y llega hasta el abismo de las miserias humanas el torrente de todos los dones y de todas las gracias.»

Pío VII, en un documento de 1806 ampliando los privilegios de los Servitas, llama a la Virgen María «Madre nuestra amantísima y dispensadora de todas las gracias.»


Pío IX expresa La misma idea en varios documentos de su pontificado, y aún en la misma bula Ineffabilis en que declaró dogma de fe el misterio de la Concepción Inmaculada de María; pero principalmente en su encíclica Ubi primum de 11 de febrero de 1849, donde dice: «Muy bien sabéis, Venerables Hermanos, que toda la razón de nuestra confianza está puesta en la Santísima, Virgen, puesto que Dios puso en María la plenitud de todo bien, para que conozcamos que, si hay en nosotros algo de esperanza, algo de gracia, algo de salvación, es lo que de Ella rebosa... Tal es la voluntad de Aquel que quiso que nosotros lo tuviéramos todo por María.»

León XIII, en su Encíclica Supremi apostolatus, de 1 de septiembre de 1883, dice: «Y creemos que nada puede conducir más eficazmente a este fin como hacernos propicia con la práctica de la religión y la piedad a la gran Madre de Dios, la Virgen María, que es la que puede alcanzarnos la paz y dispensarnos la gracia, colocada como está por su divino Hijo en la cúspide de la gloria y del poder, para ayudar con el socorro de su protección a los hombres que en medio de fatigas y peligros se encaminan a la Ciudad Eterna.»

En la Encíclica Octobri mense, de 22 de septiembre de 1891, dice: «Con toda verdad y propiedad puede afirmarse, que de aquel grandísimo tesoro de todas las gracias que trajo el Señor, puesto que gratia et veritas per Jesum Christum facta est, nada absolutamente nada se nos concede, según la voluntad de Dios, sino por María de suerte que a la manera que nadie puede llegar al Padre Supremo sino por el Hijo, casi del mismo modo nadie puede llegar a Cristo sino por la Madre,»

En la Encíclica Jucunda semper de 8 de septiembre de 1894 insiste en la misma idea diciendo: «El socorro que imploramos de María por nuestras oraciones tiene su fundamento en el oficio de mediadora de la divina gracia, que constantemente desempeña delante de Dios y en el supremo favor que obtiene por su dignidad y méritos, aventajando mucho en poder a todos los santos. Recuerda y hace suyas las palabras de San Bernardino de Siena, «Toda gracia que se comunica a este mundo llega por tres grados: pues de Dios a Cristo; de Cristo a la Virgen y de la Virgen a nosotros es dispensada con toda regularidad.» Y termina con estas palabras: «Venerables Hermanos; que el Dios que nos había reservado con toda su misericordiosa providencia tal Mediadora, y que ha querido que lo recibamos todo por María, se digne por medio de su poderosa intercesión atender a nuestros deseos y colmar nuestras esperanzas.»

Y en su Encíclica Adiutricem populi, de 5 de septiembre de 1895, añade: «Desde aquellas luminosas alturas, Ella comenzó a velar constantemente por la Iglesia y a otorgarnos su maternal protección; de tal modo que, después de haber sido cooperadora de la obra maravillosa de la redención humana, ha venido a ser la dispensadora de las gracias, frutos de su misma redención, habiendosela otorgado para ello un poder cuyos límites no pueden columbrarse.»

San Pío X escribía en su Encíclica Ad diem ilum de 2 de febrero de 1904: «La consecuencia de esta comunidad de sentimientos y sufrimientos entre María y Jesús, es que María mereció ser reparadora dignísima del orbe perdido, y por tanto, la dispensadora de todos los tesoros que Jesús nos conquistó con su muerte y con su sangre. Seguramente no se puede decir que la disposición de esos tesoros no sea un derecho propio y particular de Jesucristo, porque son el fruto conseguido con su muerte, y Él mismo es por naturaleza el Mediador entre Dios y los hombres. Sin embargo, por razón de esta sociedad de dolores y de angustias ya mencionadas, entre la Madre y el Hijo, se ha concedido a la augusta Virgen que sea poderosísima mediadora y conciliadora de todo el orbe ante su unigénito Hijo. La fuente es por lo tanto Jesucristo y de su plenitud recibimos todos... Pero María, como lo hace observar acertadamente San Bernardo, es acueducto, o si se quiere, el cuello por medio del cual el cuerpo se une a la cabeza, y la cabeza transmite a todo el cuerpo su eficacia y sus influencias.»

Benedicto XV escribía en sus Letras Apostólicas Inter Sodalitia, de 22 de marzo de 1918: «Y si por este motivo de la compasión de María con Cristo, las gracias que percibe el género humano del tesoro de la redención son distribuídas personalmente por la misma Virgen Dolorosa, claramente se deduce que de Ella se ha de esperar para los hombres el don de una santa muerte, ya que con esto se completa en cada uno eficaz y perpetuamente la obra de la redención humana.»

En carta al P. Becchi, director del Rosario Perpetuo en Italia, dice que «se dirige a Aquélla por cuyo medio plugo a Dios que nos llegasen todas las gracias.»

Pío XI llama a la Virgen Santísima «Mediadora de todas las gracias», en su Encíclica Charitate Christi compulsi, de 3 de mayo de 1932. En sus Letras Apostólicas de 2 de marzo de 1922 y en las de 14 de mayo de 1926, la llama Depositaria de todas las gracias divinas», «Divina depositaria de todas las gracias». Y en carta al Cardenal Schüster, de 15 de agosto de 1922, la llama "Administradora de todas las gracias celestiales».


Pío XII en la encíclica Mediator Dei escribe el 20 de noviembre del año 1947 «Ella nos enseña todas las virtudes, nos entrega su Hijo, y juntamente con El nos ofrece los auxilios que necesitamos, puesto que Dios «quiso que todo lo tuviésemos por María»"

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