VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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EL RECHAZO DEL SACRIFICIO DE CAÍN COMO PREFIGURACIÓN DE LA DESAPROBACIÓN DE LOS HEREJES


San Ambrosio
Obispo de Milán
EL RECHAZO DEL SACRIFICIO DE CAÍN
COMO PREFIGURACIÓN DE LA DESAPROBACIÓN DE LOS HEREJES

1. Yo deseo acuñar la moneda para pagar mi deuda, pero no encuentro a mis acreedores de ayer. Quizá han pensado que nos íbamos a turbar por una reunión imprevista, pero la fe verdadera nunca se turba.

2. Así, mientras aquellos vienen, dirijamos nuestra atención a esos agricultores, que eran el tema propuesto. Ambos ofrecen un sacrificio al Señor: uno de ellos, Caín, de los frutos de la tierra, y el otro, Abel, de las primicias de sus ovejas. No encuentro nada que reprender en el género de los dones, y sin embargo Caín supo que sus dones eran desagradables y el Señor le dijo: Si rectamente ofreces y sin embargo no divides rectamente, entonces pecaste.

3. ¿Dónde está por tanto el crimen, dónde la culpa? No en la ofrenda del don, sino en el afecto de la ofrenda. Hay algunos, es cierto, que consideran que el «rectamente» se entiende en este sentido: uno había seleccionado lo que ofrecía, y el otro ofrecía lo peor que tenía. Pero no es tan pobre nuestro sentido espiritual, de modo que consideremos que el Señor buscaba el sacrificio corporal y no el espiritual. Y por eso, añade: ¡Deja de ofrecer!, que significa que es más tolerable abstenerse de ofrecer dones, que ofrecer dones con un interés no inspirado por la fe. Pues el que no sabe dividir, no sabe juzgar; el espiritual, sin embargo, juzga todas las cosas. Y así Abraham dividió el sacrificio que ofrecía.

4. Abel supo también dividir, ya que ofreció un sacrificio de las primicias de sus ovejas, enseñando que no iban a agradar a Dios los dones de la tierra, que habían degenerado en un pecador, sino esos dones en los cuales brillara la gracia del divino misterio. Así, pues, profetizó que nosotros habíamos de ser redimidos de la culpa por la pasión del Señor, sobre el cual está escrito: He aquí el Cordero de Dios, he aquí el que quita el pecado del mundo. Por eso ofreció también el sacrificio de las primicias, para señalar al primogénito. Manifestó, por tanto, que nosotros seríamos el sacrificio verdadero hecho a Dios; nosotros, de quienes dice el profeta: Ofreced al Señor los hijos de los carneros. Y con razón es aprobada por el juicio de Dios la sentencia 5. que yo considero decretada en general para todos los que están fuera de la Iglesia. Pues distingo aquí la figura de muchos pueblos, a los cuales abarca la divina sentencia, y cuyos dones rechazó ya entonces en Caín.

 6. Esta sentencia está decretada en general para todos los impíos. Así, si ofrece el judío, que separa de Dios Padre al hijo de la Virgen María, se le dice: Si rectamente ofreces, y sin embargo no divides rectamente, entonces pecaste. ¡Deja de ofrecer!

7. Si ofrece un eunomiano, que partiendo de la fuente de la impiedad de Arrio se desliza en la rebosante ciénaga de su perfidia, y declara que hay que entender la generación de Cristo, la cual supera todas las cosas, a partir de tradiciones filosóficas, cuando, sin embargo, 'una es la razón de las cosas creadas y otra la potencia de los secretos divinos', también a él mismo se le dice: Si rectamente ofreces y sin embargo no divides rectamente entonces pecaste. ¡Deja de ofrecer!

8. Esto se le dice al sabeliano, que confunde al Padre y al Hijo. Se le dice esto al marcionita, que considera que uno es el Dios del Nuevo y otro el del Antiguo Testamento. Se le dice esto al maniqueo y al valentiniano, que no creyeron que Cristo asumiera la verdad de la carne humana. Pablo de Samosata y Basílides se incluyen también entre los destinatarios de esta sentencia.

9. Igualmente por la autoridad de la misma sentencia, son condenados los que han negado la divinidad del Espíritu Santo. De hecho, algunos de los arrianos son judíos, y algunos de los judíos son arrianos, porque, como aquellos separan del Padre al Hijo, así también estos separan de Dios Padre y de Dios Hijo al Espíritu.

10. También a Novato y a Donato, y a todos los que desearon ardientemente escindir el cuerpo de la Iglesia, uno a uno se les dice: Si rectamente ofreces y sin embargo no divides rectamente, entonces pecaste. Pues la Iglesia es el sacrificio que se ofrece a Dios, y a la cual Pablo dijo: Os exhorto, hermanos, por la misericordia de Dios a presentar vuestros cuerpos como hostia viva y santa a Dios. Dividieron mal el sacrificio, por tanto, al lacerar a los miembros de la Iglesia.





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DEL PAPA FLUYE LOS DERECHOS DE LA VENERABLE COMUNIÓN DE TODOS

San Ambrosio

"Tu clemencia imploró a la cabeza de todo el mundo romano, la Iglesia Romana y esa fe sacrosanta de los apóstoles, que no permitiera ser perturbada: 
porque de ella fluyen los derechos de la venerable comunión para todos"
(San Ambrosius, ep.11; Migne, PL 16, 946).


"de ella (la Iglesia Romana) proceden todos los derechos de la venerable comunión" y, entre los derechos de la venerable comunión eclesiástica, se encuentra también la autoridad episcopal.
P. Dino Staffa

S. Ambrogio scrisse nel 381, in nome del Concilio di Aquileia, agl'Imperatori Graziano, Valentiniano e Teodosio, che «da essa (Chiesa Romana) provengono a tutti i diritti della venerabile comunione » e, fra i diritti della venerabile comunione ecclesiastica, è anche l'autorità episcopale.

 "Totius orbis Romani caput Romanam ecclesiam, atque illam sacrosanctam apostolorum fidem, ne turbari sineret obsecranda fuit clementia vestra: inde enim in omnes vene- randae communionis iura dimanant" 
(S. AMBROSIUS, ep. 11; MIGNE, PL 16, 946).



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A LOS PRÍNCIPES PERTENECE EL GOBIERNO DEL ESTADO, A LA IGLESIA PERTENECE EL GOBIERNO DE LA RELIGIÓN


Niceto Alonso Perujo
Enciso (La Rioja), III.1841 – Valencia, 1890. Presbítero, doctor en Teología y en Derecho Canónico, canónigo en varios cabildos, profesor y rector de Seminario, apologeta y polifacético escritor.
Lecciones sobre el syllabus


El Salvador que da a la Iglesia un poder tan ilimitado, distingue cuidadosamente este poder del poder civil, al cual nos manda pagar el tributo y obedecer: Dad a Dios lo que es de Dios, y al César lo que es del César. Confiesa que este poder de los príncipes, les ha sido también dado por Dios, y honra a sus representantes, aunque inicuos, pero en las cosas de su misión divina, obra sin contar con su permiso y con entera independencia de ellos. A los príncipes pertenece el gobierno del Estado, a la Iglesia pertenece el gobierno de la Religión.

No hay en el Evangelio una sola palabra que autorice ó favorezca la intervención de los príncipes en las cosas eclesiásticas. 

Al contrario, lejos de llamar a los príncipes al gobierno de la Iglesia, predice que serán sus perseguidores: exhorta a sus discípulos a armarse de valor para sufrir las persecuciones y a regocijarse de ser maltratados por su amor.-Así lo entendieron y enseñaron los Apóstoles: San Pablo recomendaba a los Obispos que mirasen por sí mismos y por toda la grey, en la cual, el Espíritu Santo, (no los príncipes), os ha puesto por Obispos para gobernar la Iglesia de Dios.

Y si aconteciese que los gobiernos temporales mandasen alguna cosa contraria a esta santa independencia, enseñan que es preciso obedecer a Dios antes que a los hombres. 

Los Hechos de los Apóstoles, historia de la naciente Iglesia, interpretación práctica que los mismos Apóstoles hicieron de las doctrinas de su divino Maestro, atestiguan en todas sus páginas que aquellos obraron con dicha independencia, persuadidos de su propia autoridad. Predican sin consentimiento y aun contra la voluntad de los gobiernos temporales, enseñan y definen las doctrinas, arreglan la disciplina, administran los bienes y cosas eclesiásticas, instituyen los ministros, juzgan las diferencias, trasmiten a sus sucesores la autoridad que han recibido, y al mismo tiempo, nótese bien esto, mandan la obediencia a los poderes civiles, se someten a ellos, y en caso necesario, como hizo San Pablo, apelan a su autoridad.

En lo sucesivo, gloriándose la Iglesia de que los cristianos eran los súbditos más fieles del Estado, los defensores más leales del imperio, jamás toleró, sin embargo, ninguna intervención de los príncipes en los asuntos eclesiásticos. El Estado, es cierto que pretendió desde el principio invadir el terreno de la Iglesia, desde que se constituyó en su protector, pero los Santos Obispos que la gobernaban, resistieron, con celo apostólico y libertad cristiana, todo género de invasiones, recordando a los príncipes que no tenían ningún derecho sobre la Iglesia, y que se contuviesen en los límites de su propia potestad. Y si alguno más osado o temerario, abusaba de su poder a pesar de las amonestaciones, bien pronto le alcanzaban las censuras de la Iglesia. 


«El Apóstol, escribía Tertuliano, nos enseña que debemos honrar y obedecer al príncipe, cuando manda sobre negocios seculares que le pertenecen, pero no cuando intenta mezclarse en las cosas eclesiásticas.»


«Al príncipe secular, decía Orígenes, pertenecen las cosas políticas y los censos; a Dios en sus ministros todo lo relativo a la virtud y a la religión... »


Apenas el emperador Constantino intentó extender su autoridad a los asuntos eclesiásticos, los Obispos, siempre fieles a sus leyes, le resistieron en esta parte con la mayor firmeza. «No os mezcléis en las cosas eclesiásticas, le escribía el grande Osio de Córdoba, ni nos deis preceptos sobre estas materias, sino antes bien recibidlos de nosotros. A vos confió Dios el imperio, a nosotros las cosas eclesiásticas.»


«Provea tu clemencia, le escribía también San Hilario, que todos los jueces que pones al frente de las provincias, a los cuales solo pertenece el cuidado y gobierno de los negocios públicos, se guarden de intervenir en la disciplina de la religión, y no presuman conocer las causas de los clérigos.»


«¿Cuándo se ha oído tal cosa? exclamaba el valeroso S. Atanasio; ¿Cuándo un decreto de la Iglesia ha recibido su autoridad del emperador, o los decretos de éste han tenido fuerza en la Iglesia... Al saber que Constancio llama a sí las causas de la Iglesia y preside él mismo los juicios, ¿quién, viéndole mandar a los Obispos, no creerá que ha entrado la abominación de desolación en el lugar santo? »



El Papa S. Félix III amonestaba al emperador Zenon, que por su propio interés no pretendiese intervenir en los asuntos religiosos: «Nada hay más útil a los príncipes, que dejar á la Iglesia que haga uso de sus leyes. Conviene mucho a sus intereses, según la constitución divina, que tratándose de las cosas de Dios, sometan su voluntad real a los sacerdotes de Cristo, y no presuman anteponerla... han de seguir la regla de la Iglesia, y no dar a ésta leyes humanas por las cuales deba regirse .»



Lo mismo repetía S. Gelasio al emperador Anastasio en una carta mezclada de severidad y dulzura: «El gobierno del mundo, príncipe augusto, se halla fundado sobre estas dos bases: el poder sagrado de los pontífices, y la autoridad real... Bien sabéis, hijo clementísimo, que si bien sois superiores en dignidad a los demás hombres, debéis doblar la cabeza a los prelados eclesiásticos en lo que atañe á la salvación. En el órden político los Obispos obedecen vuestras leyes y reconocen vuestro imperio; y por lo mismo debéis vos obedecer con todo afecto a los ministros sagrados, a quienes Dios ha confiado la dispensación de sus adorables misterios .»


«El buen emperador está en la Iglesia y no sobre ella,» exclama S. Ambrosio.


«Si el emperador es católico, es hijo, y no prelado de la Iglesia,» dice un canon que Nicolás I recordaba al emperador Miguel .

LA SOCIEDAD FUNDADA POR CRISTO PUEDE SER ATACADA, PERO NO VENCIDA


...«la palabra de Dios permanece para siempre» (1 Pet. 1, 25). La sociedad fundada por Cristo puede ser atacada, pero no vencida, porque obtiene su fuerza no de los hombres, sino de Dios. Más aún, no hay duda de que ha de ser martirizada en los siglos por persecuciones, oposiciones, calumnias, como sucedió a su divino Fundador, según la profecía: «Si a mi me han perseguido, también a vosotros os perseguirán» (Jo. 15, 20); pero es igualmente cierto que ella, al final, como Cristo nuestro Redentor triunfó, alcanzará una pacífica victoria sobre todos sus enemigos. Confiad, pues; permaneced fuertes y constantes. 


Os exhortamos aún con las palabras de San Ignacio, aunque estemos seguros de que no tenéis necesidad de exhortaciones: «Permaneced fieles a Aquel por el que combatís Ninguno de vosotros se haga desertor. Vuestro bautismo sea como un arma; la fe, como un yelmo; la caridad, como una lanza; la paciencia, como una completa armadura. Vuestras obras sean vuestros tesoros a fin de que merezcáis una digna merced» (San Ignacio, «Ad Pol.» VI, 2; P. G., V, 723-726). 


También las bellísimas palabras de San Ambrosio Obispo os dan una segura esperanza y una fortaleza inconcusa: «Empuña el timón de la fe a fin de que las procelosas tempestades de este mundo no te turben. Es bien cierto que el mar es vasto e in- menso, pero no temas; porque El la fundó sobre los mares y la estableció sobre los rios» (Ps. 23, 2). No sin razón, pues, la Iglesia del Señor permanece inmóvil en medio de tantas olas, porque está fundada sobre la roca apostólica y persevera sobre su fundamento, inmóvil contra las furias del mar» (Mat. 16, 18). Es batida por las olas, pero no hundida; y si bien las oleadas de este mundo se quiebran y braman en su torno, ella tiene, empero, un puerto segurísimo para acoger a los navegan- tes fatigados» (S. Ambr., Ep. II; P. L., XVI, 917).



S.S.Pío XII «Meminisse iuvat»
AAS,VOL 50 P.449

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SERÁ DESTRUIDA



San Ambrosio
La potestad del que osare levantarse contra la Iglesia,
será destruida.


 

UBI ERGO PETRUS, IBI ECCLESIA


 "Non ibi Ecclesia, ubi non sit Petrus."

"Ubi Petrus ibi ecclesia; ubi ecclesiaibi
nulla mors sed vita aeterna."

"No hay Iglesia donde no está Pedro"
"Donde está Pedro, está la Iglesia; donde está la Iglesia, allí no hay muerte alguna sino vida eterna".

San Ambrosio

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OVEJAS Y CORDEROS

Según San Ambrosio y San Euquerio de León las ovejas de San Juan 21, son los Obispos, y los corderos los súbditos.

Después de haber comido, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón de Juan, ¿me amas más que éstos?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis corderos.» 

Vuelve a decirle por segunda vez: «Simón de Juan, ¿me amas?» Le dice él: «Sí, Señor, tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas.» 

Le dice por tercera vez: «Simón de Juan, ¿me quieres?» Se entristeció Pedro de que le preguntase por tercera vez: «¿Me quieres?» y le dijo: «Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero.» Le dice Jesús: «Apacienta mis ovejas. 


Cum ergo prandissent dicit Simoni Petro Jesus Simon Johannis diligis me plus his dicit ei etiam Domine tu scis quia amo te dicit ei pasce agnos meos 

dicit ei iterum Simon Johannis diligis me ait illi etiam Domine tu scis quia amo te dicit ei pasce agnos meos 

dicit ei tertio Simon Johannis amas me contristatus est Petrus quia dixit ei tertio amas me et dicit ei Domine tu omnia scis tu scis quia amo te dicit ei pasce oves meas"


San Juan 21,15-17




LA CULPA ES NUESTRA


"Dios golpea sin cesar las puertas de nuestro corazón. Siempre está deseoso de entrar. Si no penetra, la culpa es nuestra". 
San Ambrosio
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UNA DE LAS MARCAS MÁS SEGURAS PARA DISCERNIR A LOS CATÓLICOS DE LOS HEREJES, SIEMPRE HA SIDO SU COMUNIÓN CON LA SANTA SEDE APOSTÓLICA


Pero lo que hace aún más clara la estrecha obligación que tienen todos los cristianos de someterse a la NSP del Papa en materia de fe es que una de las marcas más seguras para discernir a los católicos de los herejes, siempre ha sido su comunión con la Santa Sede Apostólica; de modo que, como dijo San Ambrosio, informado al Concilio de Benevento, el que se desvincula de la Iglesia Romana debe ser verdaderamente considerado un hereje.

Y el muy ilustre Yves, obispo de Chartres, escribiendo a Richer, arzobispo de Sens, dice que contradecir los juicios y decretos de la Santa Sede Apostólica es incurrir en la infame nota de herejía.“Sedis Apostolicae judiciis et constitutionibus obviare plane est hereticae pravitatis notam incurrere. ( Ivo, Carnot, ep. , 81.)


https://books.google.es/books?id=X6vWz5n74TsC&printsec=frontcover&dq=DE+L%27OB%C3%89ISSANCE+ET+SOUMI#v=onepage&q&f=false

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LA IGLESIA DE PEDRO EN EL MOMENTO DE LA CONFLAGRACIÓN DEL MUNDO

 "La Iglesia de Pedro en el momento de la conflagración del mundo preservará a todos los que contiene; así como después del diluvio la paloma llevó el signo de la paz a Noé encerrado en el Arca, de la misma manera después del juicio Jesucristo dará a la Iglesia de Pedro la alegría de la paz eterna."

San Ambrosio

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