VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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EXCOMUNIÓN DE ISABEL I DE INGLATERRA

Regnans in Excelsis
Excomunión de Isabel I de Inglaterra
Papa San Pío V 
1570

Pío Obispo, siervo de los siervos de Dios, en memoria perpetua del hecho.

El que reina en lo alto, a quien se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, ha encomendado a uno solo en la tierra, a Pedro, el primero de los apóstoles, y a su sucesor, el Papa de Roma, la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, fuera de la cual no hay salvación, para que sean gobernados por él con plenitud de poder. A él solo lo ha puesto por gobernante sobre todos los pueblos y reinos, para arrancar, destruir, esparcir, dispersar, plantar y edificar, a fin de preservar a su pueblo fiel (unido con el cinturón de la caridad) en la unidad del Espíritu y presentarlo seguro e inmaculado a su Salvador.

En obediencia a este deber, Nos (que por la bondad de Dios estamos llamados al gobierno de la Iglesia) no escatimamos esfuerzos y trabajamos con todas nuestras fuerzas para que la unidad y la religión católica (que su Autor, para prueba de la fe de sus hijos y corrección nuestra, permitió que se afligiera con tan grandes dolores) se conserven íntegras. Pero el número de los impíos ha crecido tanto en poder que no queda lugar en el mundo que no hayan tratado de corromper con sus más perversas doctrinas; y entre otras, ha ayudado a esto Isabel, la pretendida reina de Inglaterra y sierva del crimen, en la que como en un santuario han encontrado refugio los más perniciosos de todos. Esta misma mujer, habiéndose apoderado de la corona y usurpado monstruosamente el lugar de cabeza suprema de la Iglesia en toda Inglaterra para reunir la autoridad y jurisdicción principales que le corresponden, ha reducido una vez más a este mismo reino, que ya había sido restaurado a la fe católica y a los buenos frutos, a una ruina miserable.

Prohibiendo con mano dura el uso de la verdadera religión, que después de su anterior derrocamiento por Enrique VIII (un desertor de ella), María, la legítima reina de célebre memoria, había restaurado con la ayuda de esta Sede, ha seguido y abrazado los errores de los herejes. Ha eliminado el Consejo real, compuesto por la nobleza de Inglaterra, y lo ha llenado de hombres oscuros, siendo herejes; ha oprimido a los seguidores de la fe católica; ha instituido falsos predicadores y ministros de la impiedad; ha abolido el sacrificio de la misa, las oraciones, los ayunos, la elección de las carnes, el celibato y las ceremonias católicas; y ha ordenado que se propusieran en todo el reino libros de contenido manifiestamente herético y que los ritos e instituciones impíos según el gobierno de Calvino, celebrados y observados por ella, también sean observados por sus súbditos. Ella se ha atrevido a expulsar a los obispos, rectores de iglesias y otros sacerdotes católicos de sus iglesias y beneficios, a otorgar estas y otras cosas eclesiásticas a los herejes y a determinar causas espirituales; ha prohibido a los prelados, al clero y al pueblo reconocer a la Iglesia de Roma u obedecer sus preceptos y sanciones canónicas; ha obligado a la mayoría de ellos a aceptar sus leyes perversas, a abjurar de la autoridad y obediencia del Papa de Roma y a aceptarla, bajo juramento, como su única señora en asuntos temporales y espirituales; ha impuesto penas y castigos a quienes no accedieron a esto y los ha exigido a quienes perseveraron en la unidad de la fe y la obediencia mencionada; ha arrojado a los prelados y párrocos católicos a la prisión donde muchos, agotados por largo languidecer y dolor, han terminado miserablemente sus vidas. Todo esto importa y es manifiesto y notorio entre todas las naciones; Están tan bien probados por el testimonio contundente de muchos hombres que no queda lugar para excusas, defensas o evasiones.

Nos, viendo que las impiedades y los crímenes se multiplican uno tras otro, la persecución de los fieles y las aflicciones de la religión cada día se hacen más severas bajo la guía y por la actividad de la dicha Isabel, y reconociendo que su mente es tan fija y resuelta que no sólo ha despreciado las piadosas oraciones y amonestaciones con las que los príncipes católicos han tratado de curarla y convertirla, sino que ni siquiera ha permitido que los nuncios enviados a ella en este asunto por esta Sede crucen a Inglaterra, nos vemos obligados por la necesidad a tomar contra ella las armas de la justicia, aunque no podemos dejar de lamentar el tener que volvernos contra alguien cuyos antepasados ​​han merecido tanto de la comunidad cristiana. Por lo tanto, apoyándonos en la autoridad de Aquel cuyo placer fue colocarnos (aunque incapaces de soportar tal carga) en este supremo asiento de justicia, Nos, en la plenitud de nuestro poder apostólico, declaramos que la susodicha Isabel es hereje y favorecedora de herejes, y que sus partidarios en los asuntos antes mencionados han incurrido en la sentencia de excomunión y han sido separados de la unidad del cuerpo de Cristo.

Y además (declaramos) que ella queda privada de su pretendido título a la mencionada corona y de todo señorío, dignidad y privilegio cualesquiera.

Y también (declaramos) que los nobles, súbditos y pueblo de dicho reino y todos los demás que de cualquier manera le hayan jurado juramentos, quedan absueltos para siempre de tal juramento y de cualquier deber que surja del señorío, la lealtad y la obediencia; y, por la autoridad de la presente, los absuelvemos y privamos a la misma Isabel de su pretendido título a la corona y de todos los demás asuntos antes mencionados. Ordenamos y demandamos a todos y cada uno de los nobles, súbditos, pueblos y otros antes mencionados que no se atrevan a obedecer sus órdenes, mandatos y leyes. A quienes actúen en contra, los incluimos en la misma sentencia de excomunión.

Porque, en verdad, puede resultar demasiado difícil llevar estos presentes a dondequiera que sea necesario, queremos que las copias hechas de mano de un notario público y selladas con el sello de un prelado de la Iglesia o de su corte tengan tanta fuerza y ​​confianza dentro y fuera de los procedimientos judiciales, en todos los lugares entre las naciones, como estos mismos presentes tendrían si fueran exhibidos o mostrados.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 25 de febrero de 1570, día de la Encarnación, en el año quinto de nuestro pontificado.


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S.S. SIXTO V, PAPA Nº 227

SIXTO V (1585-1590)
FELIX PERETTI

Hijo de una familia pobre, nació en un pequeño país cerca de Grottamare, en 1521. Era porquerizo cuando fue recogido por los frailes menores de Ascoli. Terminados los estudios, tomó el hábito franciscano y llegó a ser profesor de teología. Fue predicador elocuente; y habiendo sido enviado a Venecia para introducir reformas en el convento de los franciscanos, fue arrojado del Senado de la Serenísima por la severidad de sus actos. Se retiró a Roma, donde fue elegido cardenal por Pío V (1570). 

En 1585 sucedió a Gregorio XIII, habiendo sido elegido en el conclave porque nunca había intrigado por ascender al pontificado y era hombre de costumbres irreprensibles y firmes propósitos. 

Apenas elegido, el nuevo papa, que tomó el nombre de Sixto V, desplegó una batalladora actividad; ante todo desembarazó los Estados pontificios de los bandidos que los infestaban; indujo a Felipe II, rey de España, hacia el cual no sentía, ciertamente, una particular simpatía, a hacerse campeón del catolicismo y a tomar las armas contra los protestantes de Inglaterra y Francia. Excomulgó a Enrique III, como culpable del asesinato de Enrique de Guisa; mas cuando Enrique IV, aun protestante, fue hecho rey de Francia (1589), le trató con tal moderación que sorprendió a todos; quizás había adivinado en él a un hombre de genio destinado a grandes cosas. Renovó la excomunión de Pio V contra Isabel de Inglaterra, que había hecho decapitar a María Estuardo. 

Amigo de las artes, Sixto V hizo terminar la cúpula de la basílica de San Pedro, restaurar muchos monumentos y construir el magnífico acueducto del agua Marcia. Favoreció la agricultura, la industria de la seda ordenando plantaciones de moreras, estableció graneros, alentó el comercio e intentó desecar los pantanos de Orvieto y las Pontinas. Siguió con amor el movimiento científico de su tiempo. 

Se ocupó con verdadero celo en la reforma de las órdenes religiosas y organizó de manera definitiva las congregaciones romanas. Fijó el número de cardenales en setenta, divididos en tres órdenes: obispos, sacerdotes y diáconos. 

Cuando le sorprendió la muerte, estaba preparando una gran cruzada para arrojar a los turcos de Europa, libertar Palestina y conquistar Egipto. 

A pesar las importantes cantidades que invirtió para embellecer a Roma, depositó en el Castillo de Santángelo una enorme suma para ser utilizada sólo casos gravísimos indicados por él mismo.

Murió 27 de agosto de 1590. Amado y temido, admirado y denigrado, formáronse a su alrededor numerosas leyendas.

Su severidad y los impuestos con que gravó la ciudad, movió al pueblo a intentar derribar su estatua en el Capitolio, pero ello fue impedido por el Condestable Colonna y por el Nuncio Sforza.

Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945


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S.S. SAN PÍO V, PAPA Nº 225

SAN PÍO V
MIGUEL GHISLIERI (1566-1572)

Nació en Bosco, cerca de Alejandría, en 1504. Entró en la orden dominicana; en 1556 fue nombrado obispo y poco después cardenal, con el título de inquisidor general de los Estados Romanos. Elegido papa, defendió a la Iglesia contra tres enemigos: la herejía, las malas costumbres y el mahometismo.

Contra la herejía difundió la doctrina del Concilio Tridentino, haciendo compilar el Catecismo Romano; fomentó la cultura del clero; ayudó a Carlos VIII en la lucha contra los hugonotes; excomulgó a Isabel de Inglaterra y defendió, por medio de misioneros, a los indios de América contra los traficantes de carne humana.

Contra las malas costumbres, combatió el nepotismo; frenó el lujo; impuso una severa disciplina a los eclesiásticos, dando él mismo el ejemplo, llevando al trono pontificio la sencillez austera del religioso; combatió toda clase de escándalos velando para que fuesen impedidos los antiguos abusos.

Contra el mahometismo, después de haber tratado inútilmente de llevar a los príncipes cristianos a la guerra santa, unidas las flotas pontificia, veneciana y española, inflingió a los turcos la famosa derrota de Lepanto (7 de octubre de 1571), frenando por mucho tiempo su audacia. Quiso recordar la victoria con la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, que después, bajo el pontificado de Gregorio XIV, fue llamada la fiesta de Nuestra Señora del Rosario. Murió el 1 de mayo de 1572.

Papa de inagotable caridad, amigo de sabios y estudiosos, fundó en Pavía el Colegio Ghislieri para acoger a los estudiantes pobres. 

Fue beatificado por Clemente X en 1672, y canonizado por Clemente XI en 1712.

Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945


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Regnans in Excelsis
Excomulgación de Isabel I de Inglaterra
Papa San Pío V - 1570

Pío Obispo, siervo de los siervos de Dios, en memoria perpetua del hecho.

El que reina en lo alto, a quien se le ha dado todo poder en el cielo y en la tierra, ha encomendado a uno solo en la tierra, a Pedro, el primero de los apóstoles, y a su sucesor, el Papa de Roma, la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, fuera de la cual no hay salvación, para que sean gobernados por él con plenitud de poder. A él solo lo ha puesto por gobernante sobre todos los pueblos y reinos, para arrancar, destruir, esparcir, dispersar, plantar y edificar, a fin de preservar a su pueblo fiel (unido con el cinturón de la caridad) en la unidad del Espíritu y presentarlo seguro e inmaculado a su Salvador.

En obediencia a este deber, Nos (que por la bondad de Dios estamos llamados al gobierno de la Iglesia) no escatimamos esfuerzos y trabajamos con todas nuestras fuerzas para que la unidad y la religión católica (que su Autor, para prueba de la fe de sus hijos y corrección nuestra, permitió que se afligiera con tan grandes dolores) se conserven íntegras. Pero el número de los impíos ha crecido tanto en poder que no queda lugar en el mundo que no hayan tratado de corromper con sus más perversas doctrinas; y entre otras, ha ayudado a esto Isabel, la pretendida reina de Inglaterra y sierva del crimen, en la que como en un santuario han encontrado refugio los más perniciosos de todos. Esta misma mujer, habiéndose apoderado de la corona y usurpado monstruosamente el lugar de cabeza suprema de la Iglesia en toda Inglaterra para reunir la autoridad y jurisdicción principales que le corresponden, ha reducido una vez más a este mismo reino, que ya había sido restaurado a la fe católica y a los buenos frutos, a una ruina miserable.

Prohibiendo con mano dura el uso de la verdadera religión, que después de su anterior derrocamiento por Enrique VIII (un desertor de ella), María, la legítima reina de célebre memoria, había restaurado con la ayuda de esta Sede, ha seguido y abrazado los errores de los herejes. Ha eliminado el Consejo real, compuesto por la nobleza de Inglaterra, y lo ha llenado de hombres oscuros, siendo herejes; ha oprimido a los seguidores de la fe católica; ha instituido falsos predicadores y ministros de la impiedad; ha abolido el sacrificio de la misa, las oraciones, los ayunos, la elección de las carnes, el celibato y las ceremonias católicas; y ha ordenado que se propusieran en todo el reino libros de contenido manifiestamente herético y que los ritos e instituciones impíos según el gobierno de Calvino, celebrados y observados por ella, también sean observados por sus súbditos. Ella se ha atrevido a expulsar a los obispos, rectores de iglesias y otros sacerdotes católicos de sus iglesias y beneficios, a otorgar estas y otras cosas eclesiásticas a los herejes y a determinar causas espirituales; ha prohibido a los prelados, al clero y al pueblo reconocer a la Iglesia de Roma u obedecer sus preceptos y sanciones canónicas; ha obligado a la mayoría de ellos a aceptar sus leyes perversas, a abjurar de la autoridad y obediencia del Papa de Roma y a aceptarla, bajo juramento, como su única señora en asuntos temporales y espirituales; ha impuesto penas y castigos a quienes no accedieron a esto y los ha exigido a quienes perseveraron en la unidad de la fe y la obediencia mencionada; ha arrojado a los prelados y párrocos católicos a la prisión donde muchos, agotados por largo languidecer y dolor, han terminado miserablemente sus vidas. Todo esto importa y es manifiesto y notorio entre todas las naciones; Están tan bien probados por el testimonio contundente de muchos hombres que no queda lugar para excusas, defensas o evasiones.

Nos, viendo que las impiedades y los crímenes se multiplican uno tras otro, la persecución de los fieles y las aflicciones de la religión cada día se hacen más severas bajo la guía y por la actividad de la dicha Isabel, y reconociendo que su mente es tan fija y resuelta que no sólo ha despreciado las piadosas oraciones y amonestaciones con las que los príncipes católicos han tratado de curarla y convertirla, sino que ni siquiera ha permitido que los nuncios enviados a ella en este asunto por esta Sede crucen a Inglaterra, nos vemos obligados por la necesidad a tomar contra ella las armas de la justicia, aunque no podemos dejar de lamentar el tener que volvernos contra alguien cuyos antepasados ​​han merecido tanto de la comunidad cristiana. Por lo tanto, apoyándonos en la autoridad de Aquel cuyo placer fue colocarnos (aunque incapaces de soportar tal carga) en este supremo asiento de justicia, Nos, en la plenitud de nuestro poder apostólico, declaramos que la susodicha Isabel es hereje y favorecedora de herejes, y que sus partidarios en los asuntos antes mencionados han incurrido en la sentencia de excomunión y han sido separados de la unidad del cuerpo de Cristo.

Y además (declaramos) que ella queda privada de su pretendido título a la mencionada corona y de todo señorío, dignidad y privilegio cualesquiera.

Y también (declaramos) que los nobles, súbditos y pueblo de dicho reino y todos los demás que de cualquier manera le hayan jurado juramentos, quedan absueltos para siempre de tal juramento y de cualquier deber que surja del señorío, la lealtad y la obediencia; y, por la autoridad de la presente, los absuelvemos y privamos a la misma Isabel de su pretendido título a la corona y de todos los demás asuntos antes mencionados. Ordenamos y demandamos a todos y cada uno de los nobles, súbditos, pueblos y otros antes mencionados que no se atrevan a obedecer sus órdenes, mandatos y leyes. A quienes actúen en contra, los incluimos en la misma sentencia de excomunión.

Porque, en verdad, puede resultar demasiado difícil llevar estos presentes a dondequiera que sea necesario, queremos que las copias hechas de mano de un notario público y selladas con el sello de un prelado de la Iglesia o de su corte tengan tanta fuerza y ​​confianza dentro y fuera de los procedimientos judiciales, en todos los lugares entre las naciones, como estos mismos presentes tendrían si fueran exhibidos o mostrados.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el día 25 de febrero de 1570, día de la Encarnación, en el año quinto de nuestro pontificado.

Pío PP.

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S.S.PÍO IV, PAPA Nº 224

PÍO IV (1559-1565)
JUAN ANGEL DE MÉDICIS

Nació en Milán, en 1499. Era hermano de Medeghino, duque de Mariñán, y fue elegido papa por aclamación el 26 de diciembre de 1559, después de dos meses y medio de cónclave. 

Había sido arzobispo de Ragusa bajo Paulo III, y legado pontificio bajo Julio III. 

Su bondad y dulzura, después de la impulsiva severidad de su predecesor, le granjearon una general estima, pudiendo así realizar obras insignes en la Iglesia. 

Su primer acto fue el de entregar a la justicia a los parientes de su predecesor, que eran acusados de extorsión y homicidio. Más el proceso no fue regular, ya que el abogado fiscal, Palentieri, que odiaba a los Carafa, había falsificado las actas del proceso. Pío V hizo revisar estas actas y rehabilitó la memoria de los principales condenados. 

Durante su pontificado se registraron graves acontecimientos; los desórdenes de los hugonotes en Francia, la persecución de Isabel en Inglaterra y la continua amenaza de los turcos. 

Pero lo que dió importancia al pontificado de Pío IV fue la nueva convocación y clausura del concilio de Trento. Este fue abierto nuevamente el 15 de enero de 1562, y fue cerrado el 14 de diciembre de 1563 después de nueve sesiones. Pío IV aprobó los decretos del concilio el 26 de enero de 1564 y puso luego en práctica las reformas empezando por Roma, siendo ayudado por su pariente Carlos Borromeo, a quien había elevado a la púrpura. 

Felipe II tuvo el honor de declarar leyes del reino los cánones del Concilio de Trento. 

Restableció las órdenes de Malta y de San Lázaro, puso freno al lujo y privilegios de los cardenales, fundó en Roma una imprenta, que confió a Pablo Manuzio, abrió nuevas calles, y fortificó y embelleció Ancona, Ostia y Civitavecchia. 

Favoreció las letras, cultivando un sano humanismo. Son célebres las Noches Vaticanas, que se celebraban bajo la presidencia de Borromeo y que reunían a sabios y literatos de aquel tiempo. 

Murió asistido por San Felipe Neri y San Carlos Borromeo, su pariente y principal consejero, el 9 de diciembre de 1565.

Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945

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S.S. PAULO IV, PAPA Nº 223

 PAULO IV (1555-1559)
JUAN PEDRO CARAFA

Nacido en Nápoles de una familia nobilísima, entró joven en la carrera eclesiástica y le fueron confiadas importantes misiones diplomáticas. En 1524 renunció a todo cargo o título para fundar, junto con san Cayetano, la orden de los Teatinos. En 1536 fue nombrado cardenal por Paulo III, y a la avanzada edad de 79 años fue elegido Papa. Sus precedentes austeros hacían esperar un Pontífice enérgico y fuerte. 

Contrario a la dominación española, tuvo un gran ideal, loable en sí mismo, pero que por su mala aplicación provocó grandes conflictos. Quiso unir en una fuerte alianza a todos los príncipes italianos para arrojar a los españoles; pero al no ser secundado, se dirigió a los franceses con el propósito de arrojar luego también a éstos: Italia para los italianos, he aquí su gran ideal. 

Pero dominado por su sobrino el cardenal Carlos Carafa, y por los demás parientes a quienes había confiado cargos militares en Roma, su política fue débil y vacilante, no recogiendo sino disgustos y enemistándose con todos los príncipes de su tiempo. 

Para conquistar el reino de Nápoles, Paulo IV se unió con el rey de Francia Enrique II. Este envió a Italia un ejército mandado por el duque de Guisa; pero el único resultado de esta expedición fue la devastación del reino de Nápoles, habiendo sido reclamado el duque para hacer frente a la invasión inglesa.

Entretanto, moría en Inglaterra María Tudor, a la que sucedió Isabel, que reanudó el cisma y la persecución de los católicos.

No fue más afortunado con la reforma de las costumbres; promulgó excelentes leyes y se esforzó por impedir los abusos; pero pocos le siguieron. 

Renovó los antiguos castigos contra la herejía y dió un notable desarrollo a la Inquisición, presidiéndola personalmente, y no tuvo consideraciones ni aun a los cardenales. 

El último año de su vida fue para él de profundo dolor. El duque de Guisa abrió los ojos al Pontífice sobre la escandalosa conducta de sus parientes a quienes tanto favorecía. Su reacción fue terrible. Les quitó el cargo y sueldo y los desterró de Roma, y ni en trance de muerte les admitió en su presencia.

Murió el 19 de agosto de 1559; el pueblo de Roma se sublevó indignado contra la memoria del papa y arrojó al Tiber la estatua que le habían erigido en el Capitolio.

Paulo estuvo lleno de ardiente celo, pero fue imprudentísimo; rígido consigo y con los demás, no conoció aquella justa medida que conviene a quien está tan elevado. 

La guerra contra los españoles le impidió dedicarse a la obra de la reforma y puso a Italia y a Roma en graves conflictos. 

Comprometió su buen nombre por haber favorecido más de lo justo a sus parientes.

Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945


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