VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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¿LIBERTAD RELIGIOSA? HÁBLENNOS CLARO: DIGAN DE UNA VEZ LIBERTAD IRRELIGIOSA

Mons. Pedro Cirilo Uriz y Labayru
Obispo de Pamplona
Pastoral del 8 de diciembre de 1868

Cuando oímos, amados hermanos, esas voces perdidas, por supuesto, en el vacío, que proclaman libertad religiosa, libertad de cultos, la Iglesia libre en el Estado libre, y otras de este jaez, se nos figura, o que los hombres se han vuelto niños, o que han perdido el uso de la razón.

Tal es la falta de sentido, la carencia de verdad práctica que se nota a la sola luz natural. En el campo de la ciencia ya nadie sostiene esos desatinos que encierran tantas contradicciones como palabras; pero entre el vulgo de las inteligencias comunes, ¿a quién persuadirán que es realizable la libertad religiosa?

¿Qué es religión? Es una virtud por la cual los hombres, mirando a Dios como principio de todas las cosas, le tributan el culto que le es debido. 

¿Y quién se atreverá a sostener que es uno libre de ejecutar u omitir lo que tiene un deber de practicar, o que es uno libre de hacer de un modo lo mismo que de otro? ¿Puede darse mayor contradicción que la que encierran estas dos palabras: libertad religiosa? Háblennos claro: digan de una vez libertad irreligiosa, y nos entenderemos. Esto se concibe muy bien, y resulta sinónimo de licencia, de inmoralidad.


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Conciliábulo Vaticano II
Dignitatis humanae

2. Este Concilio Vaticano  II declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.

Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre, y enriquecidos por tanto con una responsabilidad personal, están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa. Por consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza. Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que NO cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.
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4. La libertad o inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las comunidades religiosas.


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LIBERTAD DE CULTO E INDIFERENTISMO

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LIBERTAD DE NO PROFESAR CULTO ALGUNO, Y EN UNA PALABRA, EL LIBERTINAJE

Mons. Pedro Cirilo Uriz y Labayru
Obispo de Pamplona
Pastoral del 13 de febrero de 1865

Con estos principios de puro naturalismo pugnan los perversos por arrancar todo móvil religioso del Gobierno de los Estados, hacer ateos al Estado y al Gobierno, suprimir todo lazo de unión, respeto y protección para la Religión católica, y establecer, por último, que es su bello ideal, la libertad de cultos, libertad de perdición, como la apellida el Padre Santo, libertad de no profesar culto alguno, y en una palabra, el libertinaje.

Así se va a parar al comunismo y al socialismo, hasta volver por fin a llamar a Dios, como les sucedió a fines del pasado siglo a los franceses, cuando ebrios de iniquidad y de sangre temblaron ellos mismos al verse tan solos sobre el cadáver de una sociedad, a la que únicamente podía resucitar la virtud de Aquel que resucitó a Lázaro a los cuatro días de su muerte.

Su Santidad, reprueba directamente en su Encíclica todas esas teorías absurdas levantadas sobre hechos abusivos, sobre verdaderos delitos: teorías sofísticas de escuelas racionalistas con que se intenta santificar el mal, trastornando todas las nociones de la justicia. 


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