VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠

LA SANTA IRA DE SAN JUDAS CONTRA LAS NUEVAS SECTAS HERÉTICAS DE SIMÓN DE SAMARIA, EBIÓN Y CERINTO


28 de octubre del Año del Señor
SAN SIMÓN y SAN JUDAS, 
Apóstoles

La herejía había nacido ya; es contemporánea del Evangelio.
Apenas ha sido sembrado el campo del Padre de familia, vese crecer la cizaña al lado del buen grano. Cristo acaba de subir al Cielo, aún no han empezado a dispersarse los Apóstoles, y ya Simón de Samaria recogía las palabras de Jesús para formar sus teorías de la triple manifestación de Dios. Al Mago siguen Ebión y Cerinto. Son los gnósticos, los hombres de la ciencia, herederos de las ideas de Platón, que intentan armonizar con la revelación evangélica; enemigos más o menos embozados de la moral natural y despreciadores de la ley escrita, contraria, según ellos dicen, a la única fuerza salvadora, que es la gracia.

Judas se deja arrastrar por una santa ira al hablar "de estos hombres impíos, que cambian la gracia de nuestro Dios en lujuria y niegan a Jesucristo, único Señor y Dominador". 



Fr. Francisco Pérez de Urbel OSB
Año Cristiano
***

CARDENALES ELECTORES DE URBANO VI DICEN QUE LA ELECCIÓN FUE LIBRE Y POR EL ESPÍRITU SANTO


Historia de los Soberanos Pontífices Romanos
 Alexis-François Artaud de Montor
(1772-1849) 


En 7 de abril, estos diez y seis cardenales se habian reunido en cónclave. Un caporione (gefe de cuartel) de los banderesi, que gobernaban las divisiones municipales de Roma, se presentó para hablar á los cardenales de parte de los romanos, espresando á los electores sagrados que los habitantes de la ciudad querian un Papa romano. Les recordó que, antes de la muerte de Gregorio, los cardenales por sí mismos habian decidido seria así, para que el pontífice no saliese mas de Roma, á la cual dicha partida sumergiria en la ruina y desolacion. El cardenal de Glandeve contestó escogerian un hombre digno y propio para gobernar bien á la Iglesia, y el caporione se despidió de ellos añadiendo: «Quiera Dios que nos lo deis romano! de lo contrario os arrepentireis.» Apenas hubo salido cuando eligieron por unanimidad al arzobispo de Bari, al cual habian pensado ya elegir antes de reunirse en cónclave. Esta eleccion, enteramente libre y exenta de violencias, solo era obra del Espíritu Santo. Estos son los términos con que los diez y seis electores escribieron á los demás cardenales que habian quedado en Aviñon; se lee esta carta en el autor de la vida de los papas de Aviñon, pág. 331.




***



Vitae paparum avenionensium
Etienne Baluze
(galicanista)
 1630-1718

CARTA DE LOS 16 CARDENALES ELECTORES DE URBANO VI A LOS CARDENALES QUE QUEDARON EN AVIÑÓN

Reverendísimos Padres y Señores: Puesto que con frecuencia —más aún, la mayoría de las veces y sobre todo en los asuntos arduos— la loquacidad de los rumores oscurece la verdad con ciertos colores adulterados, por ello hemos cuidado de intimaros mediante la presente verídica escritura lo que en estos días se ha ejecutado en la Iglesia Romana, de la cual sois junto con nosotros honorables miembros y sublimes columnas, para que si algunos os contaren o escribieren la cosa de otro modo no les creáis, y vuestras mentes, clarificadas por esta nuestra insinuación, descansen en el tranquilo y sereno litoral de la verdad.

Tengan pues sabido vuestras Paternidades que habiendo nuestro Señor y Padre de santa y feliz memoria el Papa Gregorio XI ingresado el día 27 del pasado mes de marzo al camino de toda carne, y —según confiamos en la copiosísima piedad de Dios— siendo llamado a los premios tras sus trabajos, según en otra ocasión os escribimos; y celebradas las exequias de tan gran Padre con todo debido honor y reverencia, como era de derecho y costumbre; el día sexto del presente mes de abril decretamos entrar, según las sanciones apostólicas, al cónclave del palacio apostólico donde el prefato Señor nuestro falleció, si bien por ciertas causas juzgamos oportuno diferir dicho nuestro ingreso para el día inmediatamente siguiente.

En dicho día, a saber, el séptimo de este mes, invocada primeramente la gracia del Espíritu Santo, entramos al prefato cónclave para tratar de la elección y sustitución del futuro pontífice. Al día siguiente también, ilustrados —según piadosamente creemos— por los rayos del Lucero que no conoce ocaso, cerca de aquella hora del día en que el Espíritu Paráclito descendió sobre los corazones de los santos discípulos dirigimos nuestros votos libre y unánimemente hacia la persona del reverendo en Cristo padre, el señor Bartolomé, arzobispo de Bari, varón ciertamente conspicuo por la claridad de sus grandes méritos y refulgente por la lámpara de sus múltiples virtudes, llamándole concordemente a la atalaya de la celsitud apostólica; y anunciando esta nuestra convocación o elección a la presencia de la altísima multitud del pueblo cristiano.

Por lo demás, el día noveno de este mes, el mismo señor electo, sublimado sobre el trono de la dignidad apostólica ante una copiosa turba de fieles, se constituyó el nombre de Urbano VI. Y en el día de ayer, en que Jesucristo Sumo Pontífice reparó nuestra vida resucitando, según es costumbre en la Iglesia Romana, fue magnifica y solemnemente coronado con el reino pontifical en la basílica del príncipe de los apóstoles de la Urbe, con ingente júbilo y alegría del innumerable pueblo cristiano.

Las cuales cosas os las anunciamos por tanto para que, así como el óbito del memorado señor Gregorio os propinó un cáliz de amargura y tristeza, así también de la concesión del presente padre, hecha para nosotros y para vosotros, asumáis un espíritu de gozo y exultación. En Aquel, pues, de quien nuestro señor hace las veces en la tierra, mantenemos la firme esperanza y confianza de que bajo su feliz régimen el estado de la Romana y universal Iglesia reflorecerá, y la fe ortodoxa recibirá un feliz y deseado incremento. Que nuestro Salvador Jesucristo os haga perseverar largo tiempo y felizmente en su servicio según vuestros deseos. Dada en Roma, el día 19 del dicho mes de abril, bajo los sellos de nosotros, Pedro, obispo de Porto; Guillermo, presbítero del título de San Esteban en Monte Celio; y Jacobo, diácono cardenal de San Giorgio en Velabro, que ocupan el lugar de prioratos en los órdenes antedichos, etc.

Reverendissimi Patres et Domini, Quia plerumque, primo utplurimum, presertim in rebus arduis, fame loquacitas veritatem quibusdam coloribus adulterinis obnubilat, ideo quid hiis diebus in romana Ecclesia, cujus honorabilia membra et sublimes columpne pariter nobiscum existitis, gestum sit, vobis presenti scriptione veridica curavimus intimare; ut et hiis qui vobis rem aliter narraverunt seu scripserunt non credatis, et mentes vestre, hac nostra insinuatione clarificate, in tranquillo et sereno veritatis littore conquiescant.

Vestris igitur paternitatibus innotescat quod sancte felicisque recordationis domino et patre nostro Gregorio papa XJ, die xxvij mensis martii nuper elapsi, viam universe carnis ingresso et, sicut de largissima Dei pietate confidimus, post labores ad premia evocato, sicut alias vobis scripsimus, tantique patris, prout erat juris et moris, cum debitis honore et reverentia exequiis celebratis, die sexta presentis mensis aprilis conclave palatii apostolici, ubi prefatus dominus noster obierat, juxta sanziones apostolicas decrevimus introire, sed certis ex causis ad id nostrum ducentibus animum hujusmodi nostrum introitum ad diem immediate sequentem duximus deferendum.

Qua quidem die, videlicet septima hujus mensis, primitus gratia Sancti Spiritus invocata, conclave prefatum intravimus, de electione et substitutione futuri pontificis tractaturi. Sequenti quoque die, luciferi nescientis occasum, ut pie credimus, radiis illustrata, circa illam diei horam qua Spiritus paraclitus in sanctorum discipulorum corda descendit, ad personam reverendi in Christo patris domini Bartholomei, archiepiscopi Barrensis, viri utique magnorum meritorum claritate conspicui et multiplicium virtutum lampade refulgentis, libere et unanimiter direximus vota nostra, eum ad celsitudinis apostolice speculam concorditer evocantes, et hanc nostram evocationem seu electionem in conspectu maxime christiane plebis multitudinis nuntiantes.

Ceterum die nona hujus mensis idem dominus electus coram turba fidelium copiosa super thronum dignitatis apostolice sublimatus sibi Urbani VJ nomen constituit; ac die hesterna, qua Christus Jhesus, summus pontifex, vitam nostram resurgendo reparavit, sicut in romana Ecclesia consuetudinis est, in basilica principis apostolorum de Urbe, cum ingenti tripudio et letitia innumerabilis populi christiani, pontificali regno magnifice et sollempniter extitit coronatus.

Que quidem vobis ideo nuntiamus, ut sicut obitus memorati domini Gregorii vobis amaritudinis et tristitie calicem propinavit, sic de presentis patris concessione nobis et vobis facta gaudii et exultationis spiritum assumatis. In illo enim, cujus vices dominus noster gerit in terris, firmam spem fiduciamque tenemus quod sub ejus felici regimine status romane ac universalis Ecclesie reflorebit, et orthodoxa fides felix optatumque suscipiet incrementum. Salvator noster Jhesus Christus diu et feliciter in suo servitio vos perseverare faciat juxta vota. Datum Rome, die xviij dicti mensis aprilis, sub sigillis nostrum Petri, Portuensis episcopi, Guillelmi, tituli Sancti Stephani in Celiomonte presbiteri, et Jacobi, Sancti Georgii ad Velum aureum dyaconi cardinalium, hic prioritatis locum obtinentium in ordinibus antedictis, etc.



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NUESTRO PREDECESOR DE FELIZ MEMORIA URBANO VI

GREGORIO VII DECLARA FALSAS LAS ORDENACIONES NO CANÓNICAS Y SIN CONSENTIMIENTO


P. Prospero Fagnani Boni
Jus Canonicum
sive Commentaria absolutissima in V. Libros Decretalium



35 Lo cual insinuó antes que nadie Inocencio ibi nu. 4., diciendo que el prelado intruso no puede dar a sus súbditos, a quienes les ha sido dado como prelado por intrusión, conferir sacramentos; como si dijera: no confiere la ejecución, no porque esté suspendido, sino porque no puede conferir la ejecución a sus súbditos. Por consiguiente, no favoreciendo a los intrusos que carecen de título aparente la reputación común, ni el título putativo que no proviene de un superior legítimo, se sigue que no solo pueden, sino que deben ceder el obispado sin obtener la licencia del Sumo Pontífice; sobre todo porque entre ellos y la Iglesia no se ha contratado un matrimonio espiritual. Por lo cual no se necesita la autoridad del superior, cuando no se trata de la disolución de vínculo alguno, sino que simplemente se renuncia a una posesión injusta. Y así sostienen aquí Tancredo, Juan, la Glosa, Juan Andrés, Butrio, Cardinalis y Baldo, citados antes en el caso precedente.

Y en favor de esta postura es texto claro el cap. Ordinationes, 1. quaest. 1., donde las ordenaciones o elecciones que no se hacen por común consentimiento según las sanciones canónicas, y no son aprobadas por aquellos a quienes pertenece la consagración, son juzgadas falsas por Gregorio VII; porque quienes son ordenados así, no entran por la puerta (esto es, por Cristo), sino que, como la misma Verdad atestigua, son ladrones y salteadores.

35 [...] quod ipsum insinuante cum Innoc. ibi nu. 4. dicens praelatum intrusum non posse subditis, quibus per intrusionem datus est Praelatus, conferre sacramenta, ac si conferat, executionem non conferre ; non quia sit suspensus, sed quia non sua subditis executionem conferre non potest. Cum igitur sic intrusis titulo colorato carentibus non suffragetur communis reputatio, nec titulus putativus, qui non provenit à legitimo superiore ; hinc sequitur ut non solum possint, sed etiam debeant cedere episcopatui, non obtenta à Summo pontifice licentia, praesertim quia inter eos, & ecclesiam non est contractum spirituale conjugium. Unde non est opus superioris authoritate, cum non agatur de dissolutione alicujus vinculi, sed tantum injuste possessioni renuncietur. 

Et ita tenent hic Tancredus, Joan. glos. Jo. Andr. Butr. Cardinal. & Baldus superius citati in casu praecedenti. et pro hac sententia est textus clarus in cap. Ordinationes, 1. quaest. 1. ubi ordinationes, sen electiones, quae non communi consensu secundum canonicas sanctiones fiunt, & ab ijs, ad quos consecratio pertinet, non comprobantur, à Gregorio VII. falsae judicantur; quoniam qui taliter ordinantur, non per ostium, id est per Christum intrant, sed ut ipsa veritas testatur, fures sunt, & latrones.

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PARA LA VÁLIDA ADMINISTRACIÓN DE LAS ÓRDENES, ADEMÁS DEL PODER DE ORDEN, SE REQUIERE TAMBIÉN UN PODER DE JURISDICCIÓN
P. CORRADO BAISI 1935 

¿CONSTA DE VERAS QUE SIEMPRE HA SIDO RECONOCIDA LA “VALIDEZ ILÍCITA”?
TEÓLOGOS Y SUMOS PONTÍFICES
DICEN QUE NO


JOANNES MORINUS 
Y LA CONSTITUCIÓN SACRAMENTUM ORDINIS 
DE S.S.PÍO XII

NO DECIMOS QUE USTEDES HAYAN PERDIDO
LA POTESTAD DE ORDEN,
DECIMOS QUE JAMÁS LA RECIBIERON

***

SANTAS NUNILA Y ALODIA

Santas Nunila y Alodia
(† 851)
22 de octubre del Año del Señor


Uno de los momentos más emocionantes de la historia de España es aquel en que el espíritu cristiano se agita en convulsiones heroicas, a punto de ser sofocado por la absorción creciente del islamismo. Los doctores de Córdoba, Eulogio y Álvaro sobre todo, han despertado entre sus correligionarios el entusiasmo por lo antiguo y lo tradicional. Es una generosa tendencia tradicionalista, un noble ardimiento orientado hacia la resurrección de las antiguas glorias, lo mismo literarias que religiosas, una magnífica exaltación en defensa del pasado contra la invasión y el dominio de un mundo de ideas exóticas, importado por los invasores. En esta actitud no había intenciones violentas ni revolucionarias, pero su misma valentía debía traer necesariamente, primero, la suspicacia de los emires, y luego, la persecución declarada. La persecución estalló en 851, bajo el gobierno de Abderramán II. Fué Córdoba la que dió entonces el mayor número de mártires; pero no faltaron tampoco ilustres confesores de la fe en las regiones más apartadas de la capital.

Tales fueron las dos vírgenes Nunila y Alodia, “bellas rosas —dice Eulogio— que florecieron entre las espinas”, cuyo aroma perdura hasta nuestros días en las montañas de Huesca. Habían nacido en el seno de una familia poderosa, en un pueblo cercano al Pirineo. Su madre era cristiana y su padre musulmán. Hijas de un matrimonio mixto, estaban condenadas por la ley a seguir la secta de Mahoma. Debían ser musulmanas, si no querían perder la vida; pero su madre las educó tan cristianamente, que no sólo se decidieron a ser cristianas, sino también vírgenes de Cristo.

Su padre, que era un hombre tolerante, les dejaba hacer su voluntad; pero murió cuando estaban en la flor de la edad, y su madre les dió un padrastro, un padrastro que era celoso musulmán y espiaba los pasos de las niñas. Ya no podían ir al templo de los cristianos; y en casa, en vez de practicar las piadosas costumbres de su religión, tenían que acomodarse a los usos del Islam, rezar la oración prescrita cuando el almuédano gritaba desde la torre, hacer todos los viernes la purificación legal, ayunar cuando llegaba el mes santo del Ramadán, y empezar todos los días con la ablución litúrgica que la tradición alcoránica impone a los musulmanes.

Disimularon algún tiempo cuanto pudieron, hasta que en casa se habló de casamiento. Su padrastro había buscado para ellas dos jóvenes moros de los más distinguidos de la tierra. Era el momento de plantarse valientemente, y ellas no dudaron en cumplir con su deber:

—Somos cristianas —dijeron—, y además de cristianas, esposas de Jesucristo.

Fueron inútiles las razones y las amenazas. Los golpes llenaban de cicatrices su cuerpo, pero no hacían mella en su alma. Entonces el mahometano cogió a las dos muchachas y las llevó al tribunal del cadí de Huesca:

—Juez —le dijo—, aquí tienes a estas dos hijas de mi mujer, que, educadas en el Islam, han sido pervertidas por los cristianos.

Este juez se llamaba Abensomail. No era hombre sanguinario, y quiso hacer todo lo posible para no aplicar la ley del Alcorán.

—¿Es verdad lo que dice vuestro padre? —preguntó a las jóvenes.

—No llaméis nuestro padre a ese impío —respondió Nunila, que era la mayor—. Todo cuanto ha dicho es mentira, pues desde nuestra infancia no hemos adorado a otro Dios que a Cristo.

Esta defensa no era suficiente ante la ley: la hija de un musulmán debía ser musulmana, o de lo contrario, morir. Pero Abensomail, compadecido de la juventud y la belleza de las dos muchachas, hizo cuanto pudo por salvarlas. Para convencerlas, les habló de la dulzura de la vida, de la envidiable posición que se les preparaba, de la dicha que podrían gozar mostrándose algo más sensatas y condescendientes. A estas razones contestó Nunila con un bello discurso, que nos ha conservado su biógrafo, San Eulogio de Córdoba:

—Oh, cadí —fueron sus palabras—; no te empeñes en apartar del culto de Dios a dos vírgenes que por su gracia han llegado a conocer que no hay riqueza alguna fuera de Cristo, ni hay felicidad sino en la religión cristiana, por la cual viven los justos, y los santos triunfaron de los reinos. Con Cristo está la vida, y sin Él la muerte; permanecer a su lado y vivir en Él es la verdadera alegría; separarse de Él, la perdición eterna. En cuanto a nosotras, tenemos el propósito de no abandonarle; le hemos consagrado la santidad de nuestro cuerpo, y esperamos ser admitidas en su tálamo nupcial. Las ventajas de esas cosas perecederas que nos propones, las despreciamos, porque sabemos que todo es vanidad bajo el sol. Ni nos acobardan los suplicios, que terminan pronto; y por lo que se refiere a la muerte con que nos amenazas, la recibiremos muy contentas, sabiendo que ella nos abre las puertas del Cielo y nos lleva a los brazos de Cristo.

Abensomail, encantado por la gracia de la doncella, la dejó decir cuanto quiso. Repugnábales tener que segar aquellas hermosas cabezas, y haciendo un último esfuerzo, puso a las dos muchachas en casa de unas devotas mujeres musulmanas, creyendo que llegarían a hacerlas cambiar de parecer. Algunos días después las llamaba de nuevo a su presencia y les decía:

—¿Cuál es vuestra última resolución?

—La misma de siempre —respondió Nunila—; somos cristianas y debemos cumplir con nuestro deber; cumplir vos con el vuestro.

El cadí ordenó al verdugo:

—Toma la espada y acabemos de una vez.

Entonces se vió un espectáculo admirable.

—Extiende el cuello —dijo a Nunila el ejecutor.

Así lo hizo la virgen, mientras decía a la más pequeña:

—Haz, hermana, lo que yo hiciere.

—No temas que obre de otra manera —respondió Alodia.

Después Nunila saltó al medio con alegría, echó mano a su cabellera, la pasó alrededor de su rostro, y dijo al verdugo:

—Hiere con rapidez.

Levantó él la espada y la dejó caer, pero con tan mala suerte, que vino a dar en la mandíbula y dejó la cabeza colgando. El cuerpo de la mártir se desplomó, estremeciéndose con los últimos espasmos de la muerte. Alodia se acercó a él para extender con decoro el vestido, y aún pudo recoger la postrer mirada de aquellos ojos queridos. Después, impaciente de sufrir, extendió también ella su cabeza; pero se oyó la voz del juez que decía:

—Un instante, joven, puede salvarte. Aún estás a tiempo; no seas tan loca como tu hermana.

—No, no —respondió la virgen con decisión—; yo también quiero morir. La espada… pronto. No quiero vivir sola.

Al decir estas palabras, vió cruzar el aire una paloma blanca. Pensó que era el alma de Nunila, y añadió:

—Aguárdame, hermana; sólo un momento.

Después, sujetando el vestido con el velo en torno de las piernas y cubriendo la faz con los cabellos, se arrodilló junto al cuerpo de su hermana y ofreció al verdugo la cabeza.

Así, con esta gracia campestre, con esta sencillez hogareña, dieron su vida las dos nobles heroínas de las montañas de Huesca. Algo más tarde, sus cuerpos, lirios convertidos en rosas, fueron trasladados al monasterio más famoso de Navarra, San Salvador de Leyre, y allí, en una arqueta de marfil, obra maestra del arte hispanoárabe, adornada de ciervos, leones y follajes, descansarán durante siglos. En las ruinas de la abadía desierta, a uno y otro lado de la puerta románica, admira todavía el turista las imágenes de las vírgenes intrépidas, que, envueltas en sus amplias cicladas, pisotean la cabeza de la bestia, que un día vencieron con su muerte.




Fr. Francisco Pérez de Urbel OSB

Año Cristiano
***

LOS JUDÍOS Y LOS SARRACENOS, QUIENES COMO IDÓLATRAS TIENEN Y RINDEN CULTO A DIOSES AJENOS

San Raniero de Pisa
Pantheologia

Contra esto obran los judíos y los sarracenos, quienes como idólatras tienen y rinden culto a dioses ajenos: Pues los judíos tienen al Anticristo; los sarracenos, en cambio (que ahora son llamados turcos), tienen a Mahoma: los judíos esperan que venga el Anticristo, su Mesías; los sarracenos (o turcos) creen que Mahoma, su profeta, ya ha venido.

Contra hoc faciunt Iudæi & Saraceni, qui ut idololatræ habent & colunt deos alienos: Nam Judæi habent Antichristum; Saraceni verò (qui nunc Turcæ dicuntur) Machometum: Judæi antichristum Messiam suum venire sperant; Saraceni (seu Turcæ) Machometum prophetam suum venisse credunt.




***

¿QUIÉN LOS HA ENVIADO? NADIE, SON LADRONES QUE NO HAN ENTRADO POR LA PUERTA DEL REDIL

 CONTRA
EL FALSO CLERO
SEDEVACANTISTA

APLÍQUESE LO MISMO
A LA SECTA LEFEBVRISTA
Y A LA MEGA SECTA CONCILIAR/LA GRAN BABILONIA

  • ¿QUÉ PAPA HA ELEGIDO A LOS CANDIDATOS SEDEVACANTISTAS AL EPISCOPADO?
    NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA ACREDITADO LA CAPACIDAD AL EPISCOPADO DEL CANDIDATO SEDEVACANTISTA?
    NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA CONSAGRADO AL EPISCOPADO A LOS CANDIDATOS SEDEVACANTISTAS?
    NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA CONFIRMADO A LOS FALSOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS? 
    NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA TRANSMITIDO LA JURISDICCIÓN ORDINARIA A LOS FALSOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS? 
     NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA TRANSMITIDO LA APOSTOLICIDAD A LOS FALSOS OBISPOS SEDEVACANTISTAS? 
     NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA ENVIADO A LOS SEDEVACANTISTAS?
    NINGUNO.
  • ¿QUÉ PAPA HA DADO PERMISO A LOS SEDEVACANTISTAS, EN LA VIUDEDAD DE LA SANTA MADRE IGLESIA, CON LA SEDE APOSTÓLICA VACANTE, DE CAMBIAR LA DISCIPLINA Y LEYES A SU ARBITRIO, Y DE USURPAR LOS PODERES Y JURISDICCIÓN DEL PAPA, SI ESTÁ EXPRESAMENTE CONDENADO BAJO INVALIDEZ EN UNA CONSTITUCIÓN APOSTÓLICA EX CÁTEDRA, LA CONSTITUCIÓN VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS?
    NINGUNO.
  • ¿A QUÉ PAPA ESTÁN SOMETIDOS LOS "OBISPOS" SEDEVACANTISTAS SI ESTÁN EN DESOBEDIENCIA CONTUMAZ A LOS MANDATOS Y AUTORIDAD DE S.S.PÍO XII?
    A NINGUNO, SE SOMETEN AL NON SERVIAM DISFRAZADOS DE FALSA TRADICIÓN Y FALSA PIEDAD.


Canon 147

p.1 Un oficio eclesiástico no puede obtenerse válidamente sin atribución canónica 
(Concilio Constantinopolitano IV, acto X, can. 12)

p.2 Por 'disposición canónica' se entiende la concesión de un oficio eclesiástico, hecha por la autoridad eclesiástica competente, de acuerdo con las reglas del santo cánones.
(Charitas, Cum pro pastorali, Acerbissimum, Etsi multa, Quod nunquam, etc)

Canon 953
 “La consagración de los obispos está reservada al Romano Pontífice, de tal manera que no se permite a ningún obispo consagrar como obispo a nadie a menos que primero hubiera tenido la certeza de tener un mandato del Papa.”
(Super Soliditate, Alias, In postrem, Trans Oceanum, Mystici Corporis Christi, Ad Sinarum Gentem, Apostolorum Principis Sepulcrum.)

Canon 2370
El obispo que consagra a otro obispo sin mandato apostólico, contrariamente al can. 953 , sus asistentes, obispos o sacerdotes, y el obispo consagrado quedan automáticamente suspendidos hasta que la Sede Apostólica los haya dispensado.
(Alias, Charitas)

Canon 2372
Un suspenso 'a divinis' reservado a la Sede Apostólica, golpea así a quienes tienen la presunción de recibir las órdenes de un ministro excomulgado, suspendido o prohibido después de una sentencia declaratoria o condenatoria, o de un notorio apóstata, hereje o cismático. Los que hayan sido ordenados de buena fe por uno de ellos quedan privados del ejercicio del orden así recibido, hasta que estén exentos de esta prescripción.
(Etsi pastoralis, Apostolicae Sedis)

ACTASS. CONGREGATIONUM SUPREMA SACRA CONGREGATIO S. OFFICII
II DECRETUM DE CONSECRATIONE EPISCOPI SINE CANONICA PROVISIONE
“El obispo de cualquier rito y dignidad, que confiera la consagración episcopal a alguien sin haber recibido el nombramiento de la Sede Apostólica o sin por la misma hubiera sido expresamente confirmada, y también el que recibe dicha consagración, aunque uno y otros lo hagan coaccionados por miedo grave (canon 2229 § 3, 3°), incurren ipso facto en excomunión reservada de un modo especialísimo a la Sede Apostólica”

Canon 329
§2. El Romano Pontífice nombra libremente a los obispos.
(Liber Extra, Liber Sextus, Concilio de Trento, In postremo, Multiplices inter, Acerbissimum,  Nunquam fore, Syllabus, Levate,Sapienti consilio)

Canon 331
p.3 El juicio de idoneidad de un candidato (episcopal) está reservado únicamente a la Sede Apostólica.
(Duplicem)

Canon 293
§ 1. Los territorios que no han sido erigidos como diócesis son gobernados por Vicarios o Prefectos Apostólicos; todos ellos son nombrados exclusivamente por la Sede Apostólica.

§ 2. El Vicario y el Prefecto Apostólico toman posesión de su territorio, el primero mostrando las letras apostólicas, el segundo el decreto o las letras patentes de la Sagrada Congregación de Propaganda Fide, ya sea por sí mismo o a través de un procurador, a aquel que gobierna el territorio según la norma del canon 309.

Canon188  
Todos los cargos quedarán vacantes ipso facto por renuncia tácita:
4) Si un clérigo se ha apartado públicamente de la fe católica ".
(Cum ex apostolatus officio)

Canon 109
Los que son admitidos en la jerarquía eclesiástica, no lo son por el consentimiento o llamamiento del pueblo o de la potestad secular, sino que son constituidos en los grados de la potestad de orden por la sagrada ordenación; en el supremo Pontificado, por el mismo derecho divino, cumplida la condición de la elección legítima y de su aceptación; en los demás grados de la jurisdicción, por la misión canónica.

Canon 1328
A nadie le está permitido ejercer el ministerio de la predicación si no ha recibido misión del Superior legítimo que le otorgue facultad especial, o le confiera un oficio al cual por disposición de los sagrados cánones vaya anejo el cargo de predicar.

Concilio de Trento
Sesión XXIII (23) del Concilio de Trento, celebrada el 15 de julio de 1563.

CAN. VII. Si alguno dijere, que los Obispos no son superiores a los presbíteros; o que no tienen potestad de confirmar y ordenar; o que la que tienen es común a los presbíteros; o que las órdenes que confieren sin consentimiento o llamamiento del pueblo o potestad secular, son nulas; o que los que no han sido debidamente ordenados, ni enviados por potestad eclesiástica, ni canónica, sino que vienen de otra parte, son ministros legítimos de la predicación y Sacramentos; sea anatema.

CAN. VIII. Si alguno dijere, que los Obispos que son elevados a la dignidad episcopal por autoridad del Pontífice Romano, no son legítimos y verdaderos Obispos, sino una ficción humana; sea anatema.


LOS "OBISPOS" SEDEVACANTISTAS NO HAN SIDO ENVIADOS POR NINGÚN PAPA, NO HAN SIDO ENVIADOS POR DIOS, SON INTRUSOS, LOBOS QUE NO HAN ENTRADO POR LA PUERTA DEL REDIL, LADRONES DE OVEJAS DEL REBAÑO DE N.S.J.C., MIEMBROS DE LA ANOMIA DEL ÁNOMOS, MIEMBROS DE BABILONIA LA GRANDE.




APLÍQUESE LO MISMO
A LA SECTA LEFEBVRISTA
Y A LA MEGA SECTA CONCILIAR
LA GRAN BABILONIA
MADRE DEL
THUCISMO Y EL LEFEBVRISMO.



HEGEMONÍA Y SUJECIÓN ABSOLUTA AL ROMANO PONTÍFICE
SUJECIÓN ABSOLUTA A LA DISCIPLINA VIGENTE
DE LA CONSTITUCIÓN PARA LA SEDE VACANTE DE S.S. PÍO XII
"VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS"
CONTRA LOS USURPADORES

«LA OBEDIENCIA ES MEJOR QUE EL SACRIFICIO.»
SAMUEL XV, 22.

***
CONTRA EL FALSO CLERO SEDEVACANTISTA:

NO DECIMOS QUE USTEDES HAYAN PERDIDO
LA POTESTAD DE ORDEN,
DECIMOS QUE JAMÁS LA RECIBIERON

ES UN DOGMA QUE PARA SER PASTOR CATÓLICO ES NECESARIA LA MISIÓN CANÓNICA DADA POR EL PAPA


ETIQUETA INVÁLIDOS


LOS THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
NO TIENEN APOSTOLICIDAD

***

PROHIBIMOS ESTRICTAMENTE


S.S. Sixto V
Postquam
1586

"...prohibimos estrictamente que nadie sea asumido al honor del cardenalato a menos que haya sido previamente distinguido por el carácter clerical, haya estado establecido en las cuatro órdenes menores, lo haya ostentado durante al menos un año y haya llevado la tonsura clerical." 

"...districte interdicimus, ne quis ullatenus ad Cardinalatus honorem assumi queat, nisi qui antea clericali charactere insignitus, et in quatuor minoribus ordinibus constitutus, per annum saltem habitum, et tonsuram gestaverit clericalem."

S.S.Benedicto XV
Código de Derecho Canónico
1917

232 § 1. Los Cardenales son elegidos libremente por el Romano Pontífice de cualquier parte del mundo, y han de ser varones, ordenados por lo menos de sacerdotes, que sobresalgan egregiamente por su doctrina, piedad y prudencia en la resolución de los asuntos.

232 § 1. Cardinales libere a Romano Pontifice ex toto terrarum orbe eliguntur, viri, saltem in ordine presbyteratus constituti, doctrina, pietate ac rerum agendarum prudentia egregie praestantes.

SOBRE EL EVANGELIO DE SAN LUCAS

Fr. Francisco Pérez de Urbel OSB
Año Cristiano
SAN LUCAS
(FRAGMENTO)

...Muchas veces, después de las predicaciones paulinas en Asia Menor, en Grecia y en Macedonia, había oído a las gentes preguntar: "¡Quién es este Jesús de que nos habla el predicador hebreo? ¿Dónde ha nacido? ¿Cuál es su vida, su doctrina, su muerte? ¿Por qué le llaman Salvador?"

A estas cuestiones se propuso responder Lucas en su Evangelio, y muy particularmente a la última. La idea de un hombre Salvador, extendida entonces en todo el Imperio romano, se encuentra en cada página del tercer evangelio. Él anuncia la salud universal, "la paz para todos los hombres". Al tejer la genealogía de Cristo, no se detiene en Abraham, como San Mateo, sino que llega hasta el padre del género humano, para dar a entender que todos tienen derecho a los beneficios de la salvación. Esto es lo que se llama el universalismo de San Lucas, idéntico al de su maestro San Pablo. Si ha de haber algún privilegio, se diría que es para los pecadores. Mateo y Marcos habían hablado de la bondad de Jesús para con los publicanos. Lucas es el que nos habla del perdón concedido a la pecadora, de la parábola del dracma perdido, del hijo pródigo, de la conversión de Zaqueo, del buen ladrón, y, ¡cosa aún más conmovedora!, él nos muestra la alegría profunda y exuberante del que perdona, el movimiento de las entrañas paternales, revelación maravillosa del corazón de Dios, que ha movido tantas almas al arrepentimiento.

Pero este evangelio de la misericordia, es también el de la penitencia, el de la oración, el de la pureza.

Él es el que nos ha conservado una de las más bellas plegarias del cristianismo: el Avemaría; el que nos muestra en toda su belleza la virginidad de la Madre de Dios; el que ha dado a la liturgia los hermosos cánticos del Magnificat, el Benedictus, el Nunc dimitis y el Gloria in excelsis Deo; el que ha pintado con rasgos sobrios y fuertes las figuras de mujeres que rodean a Jesús: María, Isabel, Ana la profetisa, la viuda de Naín, la pecadora que amó tanto; Juana, la que cuidaba del Salvador y sus discípulos; Marta la hospitalaria, María, la que se sentaba a los pies del Maestro escuchándole; las hijas de Jerusalén, que siguen al Crucificado cuando los hombres le abandonan...

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NO LA DE LOS HEREJES

LO QUE DICE LA RAMERA

P. Herbert Vorgrimler 
teologastro
Comentario sobre los documentos del Concilio Vaticano II


"La única Iglesia de Cristo está presente efectivamente en otras comunidades. El texto [unitatis redintegratio] no deja lugar a dudas de que los dones que se encuentran en las comunidades protestantes no son “virtudes naturales”, sino frutos de la fe cristiana y de la gracia."

"The one Church of Christ is effectively present in other communities. The text [unitatis redintegratio] leaves no doubt that the endowments which are found in Protestant communities are not “natural virtues” but the fruits of Christian faith and of grace."






LO QUE DICE LA ESPOSA

S.S. San Pelagio II
Dilectionis vestrae
Año 585

"No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino la pena de falta de fidelidad; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo."


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S.S.Inocencio III
EIUS EXEMPLO

"Creemos de corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, NO LA DE LOS HEREJES, sino la santa Iglesia Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse"

"De corde credimus et ore confitemur unam ecclesiam, non haereticorum, sed sanctam Romanam catholicam et apostolicam, extra quam neminem salvari credimus."


Enchiridion Symbolorum de Denzinger 423 DZ-H 792

 
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S.S.Bonifacio VIII 
1302
Bula Unam Sanctam

Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos
que someterse al Romano Pontífice
es de toda necesidad
para la salvación
de toda humana criatura."

Un Dios, una fe, una autoridad espiritual

La Iglesia , pues, que es una y única, tiene un sólio cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor al mismo Pedro: “Apacienta a mis ovejas” ( Jn 21,17), “Mis ovejas”, dijo: y de modo general, no estás o aquellas en particular: por lo que se entiende que se las encomendó todas. Sí, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendadas a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que  “hay un solo rebaño y un solo pastor” ( Jn 10,16).

Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes divina, por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquél mismo a quien confeso, y por ello fue piedra, cuando dijo el Señor al mismo Pedro: “Cuanto ligares”etc..( Mt 16,19). Quienquiera, pues a este poder así ordenado por Dios “resista, a la ordenación de Dios resiste”  (Rom. 13,2), a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios , cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que en los principios, sino “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” Génesis 1,1.

Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura.


Pontífice Bonifacio VIII,
Bula unam sanctam
del 18 de noviembre de 1.302

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S.S Eugenio IV
Concilio de Florencia
Cantate Domino
4 de febrero de 1442

La Iglesia Católica firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo paganos, sino también judíos y herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno «que está aparejado para el diablo y sus ángeles» [Mt 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. «Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica


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S.S. León XII
Ubi primum
5 de mayo de 1824

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. 


(León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

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S.S.Pío IX
Singulari quidem
17 de marzo de 1856


Que así como no hay más, que un solo Dios, un solo Cristo, y un solo Espíritu Santo, así tampoco no hay más, que una sola verdad divinamente revelada, una sola fé divina, principio de la salud del hombre, y fundamento de toda justificación, la fé, de que vive el justo, y sin la cual es imposible agradar a Dios, ni pertenecer a la sociedad de sus hijos; una sola Iglesia verdadera y santa, la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, una sola Cátedra fundada sobre Pedro por la palabra del Señor, Cátedra, fuera de la cual no puede hallarse ni la verdadera fé, ni la salud eterna, pues el que no tiene por madre a la Iglesia no puede tener por padre a Dios, y es en vano lisonjearse de pertenecer a la Iglesia, cuando se ha dejado la Cátedra de Pedro, que es el cimiento sobre el cual está fundada aquella. 

No hay pues, ni puede haber pecado mayor ni ignominia más vergonzosa, que el sublevarse contra Jesucristo, desgarrar las entrañas de la Iglesia, fundada y comprada con su sangre, y conculcar la caridad evangélica, combatiendo con furor impío la unión y concordia del pueblo de Dios.




La Iglesia declara abiertamente que la única esperanza de salud para el hombre está colocado en la fé cristiana, la cual enseña la verdad, disipa las tinieblas de la ignorancia con el resplandor de su luz, y obra la caridad; y que esta esperanza está puesta en la Iglesia Católica, que conservando el verdadero culto, es el refugio sólido de esta fé, y el templo único de Dios, fuera del cual nadie, a menos que no le excuse una ignorancia invencible, puede tener esperanza de vida y salvación eterna. 



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Suprema haec sacra
SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO
 8 de agosto de 1949

Dios, en su infinita misericordia, ha querido que, tratándose de aquellos medios de salvación que se ordenan al fin último del hombre, no por intrínseca necesidad, sino sólo por institución divina, los efectos saludables puedan también obtenerse en ciertas circunstancias cuando tales medios se han puesto sólo de deseo o de voto. Esto lo vemos claramente establecido en el Concilio de Trento, tanto respecto del sacramento del bautismo como de la penitencia (Denzinger, nn. 797, 807).

Lo mismo, en su escala, debe afirmarse de la Iglesia, en cuanto constituye un auxilio general para salvarse. Por tanto, para que una persona obtenga su eterna salvación, no siempre se requiere que esté de hecho incorporada a la Iglesia como miembro, sino que es necesario que por lo menos se haya unido a ella por el deseo o voto.

Sin embargo, este voto no se precisa siempre que sea explícito, como en los catecúmenos; sino que cuando una persona se encuentra en ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, así llamado porque se incluye en aquella buena disposición del alma por la cual una persona desea que su voluntad se conforme con la de Dios.

Estas cosas están claramente dichas en aquella carta dogmática publicada por el Soberano Pontífice Papa Pío XII, en 29 de junio de 1943, sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo» (AAS., vol. 35, an. 1943, p. 193 ss.) Porque en esta carta el Soberano Pontífice distingue claramente entre los que están actualmente incorporados en la Iglesia como miembros y los que sólo se han unido a ella por el deseo.

Hablando de los miembros que integran aquí en la tierra el Cuerpo Místico, el mismo augusto Pontífice dice: Realmente sólo deben incluírse como miembros de la Iglesia aquellos que han sido bautizados y profesan la verdadera fe y que no fueron tan desgraciados como para separarse por sí mismos de la unidad del Cuerpo Místico o para ser excluídos por la autoridad legítima a causa de faltas graves cometidas.»

Hacia la última parte de esta misma carta encíclica, cuando con el mayor afecto invita a la unidad a aquellos que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica se refiere a los que «están adheridos al cuerpo Místico del Redentor mediante cierto inconsciente anhelo y deseo». Y a estos tales de forma alguna los excluye de la salvación eterna, pero por otro lado afirma que se encuentran en unas condiciones «en las que no pueden estar ciertos de salvarse», ya que «aún permanecen privados de aquellos abundantes dones y auxilios celestiales de que sólo se goza en la Iglesia católica» (AAS., loc. cit., 243).

Con estas sabias palabras reprueba tanto a aquellos que excluyen de la salvación eterna a todos los unidos a la Iglesia sólo por el deseo implícito y a quienes afirman con falsedad que los hombres pueden salvarse igual en todas las religiones (cf. Papa Pío IX: Alocución «Singulari quadam», Denzinger, nn. 1.641 y ss.; asimismo, Papa Pío IX en la carta encíclica «Quanto conficiamur moerore», v. Denzinger, n. 1.677).




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