VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠

¿SEGÚN KURT KOCH DIOS SOLO CONDENA A LOS QUE RENIEGAN DEL CONCILIÁBULO VATICANO II Y SALVA A TODOS LOS INFIELES, PAGANOS, CISMÁTICOS Y HEREJES CON IGNORANCIA VENCIBLE?

"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande


Kurt Koch
Cardenal de la Ramera del Apocalipsis


Creo que resulta difícil incluso desde una perspectiva teológica, porque la fórmula «extra ecclesiam nulla salus» (fuera de la Iglesia no hay salvación) se aplica naturalmente a los católicos convencidos de que la Iglesia Católica señala el camino a la salvación eterna. Pero ya contamos con la convicción fundamental, basada en la Sagrada Escritura y también en la tradición, de que Dios desea la salvación de todas las personas y que, además, encuentra otros caminos para que quienes nunca se han alineado con el Evangelio de Jesucristo alcancen la salvación.

Si la Sociedad (FSSPX) ahora prácticamente condena al infierno a todo aquel que no pertenece a la Iglesia Católica, entonces no sé cómo se puede justificar esta convicción fundamental de la Sagrada Escritura: que Dios quiere que todos se salven. Y el peligro, por supuesto, es que el juicio teológico se anteponga a la voluntad divina, lo cual considero teológicamente muy problemático.


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S.S. San Pelagio II
Dilectionis vestrae
Año 585

"No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino la pena de falta de fidelidad; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo."


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S.S.Inocencio III
EIUS EXEMPLO

"Creemos de corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, NO LA DE LOS HEREJES, sino la santa Iglesia Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse"

"De corde credimus et ore confitemur unam ecclesiam, non haereticorum, sed sanctam Romanam catholicam et apostolicam, extra quam neminem salvari credimus."


Enchiridion Symbolorum de Denzinger 423 DZ-H 792

 
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S.S.Bonifacio VIII 
1302
Bula Unam Sanctam

Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos
que someterse al Romano Pontífice
es de toda necesidad
para la salvación
de toda humana criatura."

Un Dios, una fe, una autoridad espiritual

La Iglesia , pues, que es una y única, tiene un sólio cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor al mismo Pedro: “Apacienta a mis ovejas” ( Jn 21,17), “Mis ovejas”, dijo: y de modo general, no estás o aquellas en particular: por lo que se entiende que se las encomendó todas. Sí, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendadas a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que  “hay un solo rebaño y un solo pastor” ( Jn 10,16).

Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes divina, por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquél mismo a quien confeso, y por ello fue piedra, cuando dijo el Señor al mismo Pedro: “Cuanto ligares”etc..( Mt 16,19). Quienquiera, pues a este poder así ordenado por Dios “resista, a la ordenación de Dios resiste”  (Rom. 13,2), a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios , cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que en los principios, sino “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” Génesis 1,1.

Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura.


Pontífice Bonifacio VIII,
Bula unam sanctam
del 18 de noviembre de 1.302

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S.S Eugenio IV
Concilio de Florencia
Cantate Domino
4 de febrero de 1442

La Iglesia Católica firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo paganos, sino también judíos y herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno «que está aparejado para el diablo y sus ángeles» [Mt 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. «Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica


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S.S. León XII
Ubi primum
5 de mayo de 1824

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. 


(León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

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S.S.Pío IX
Singulari quidem
17 de marzo de 1856


Que así como no hay más, que un solo Dios, un solo Cristo, y un solo Espíritu Santo, así tampoco no hay más, que una sola verdad divinamente revelada, una sola fé divina, principio de la salud del hombre, y fundamento de toda justificación, la fé, de que vive el justo, y sin la cual es imposible agradar a Dios, ni pertenecer a la sociedad de sus hijos; una sola Iglesia verdadera y santa, la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, una sola Cátedra fundada sobre Pedro por la palabra del Señor, Cátedra, fuera de la cual no puede hallarse ni la verdadera fé, ni la salud eterna, pues el que no tiene por madre a la Iglesia no puede tener por padre a Dios, y es en vano lisonjearse de pertenecer a la Iglesia, cuando se ha dejado la Cátedra de Pedro, que es el cimiento sobre el cual está fundada aquella. 

No hay pues, ni puede haber pecado mayor ni ignominia más vergonzosa, que el sublevarse contra Jesucristo, desgarrar las entrañas de la Iglesia, fundada y comprada con su sangre, y conculcar la caridad evangélica, combatiendo con furor impío la unión y concordia del pueblo de Dios.




La Iglesia declara abiertamente que la única esperanza de salud para el hombre está colocado en la fé cristiana, la cual enseña la verdad, disipa las tinieblas de la ignorancia con el resplandor de su luz, y obra la caridad; y que esta esperanza está puesta en la Iglesia Católica, que conservando el verdadero culto, es el refugio sólido de esta fé, y el templo único de Dios, fuera del cual nadie, a menos que no le excuse una ignorancia invencible, puede tener esperanza de vida y salvación eterna. 



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Suprema haec sacra
SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO
 8 de agosto de 1949

Dios, en su infinita misericordia, ha querido que, tratándose de aquellos medios de salvación que se ordenan al fin último del hombre, no por intrínseca necesidad, sino sólo por institución divina, los efectos saludables puedan también obtenerse en ciertas circunstancias cuando tales medios se han puesto sólo de deseo o de voto. Esto lo vemos claramente establecido en el Concilio de Trento, tanto respecto del sacramento del bautismo como de la penitencia (Denzinger, nn. 797, 807).

Lo mismo, en su escala, debe afirmarse de la Iglesia, en cuanto constituye un auxilio general para salvarse. Por tanto, para que una persona obtenga su eterna salvación, no siempre se requiere que esté de hecho incorporada a la Iglesia como miembro, sino que es necesario que por lo menos se haya unido a ella por el deseo o voto.

Sin embargo, este voto no se precisa siempre que sea explícito, como en los catecúmenos; sino que cuando una persona se encuentra en ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, así llamado porque se incluye en aquella buena disposición del alma por la cual una persona desea que su voluntad se conforme con la de Dios.

Estas cosas están claramente dichas en aquella carta dogmática publicada por el Soberano Pontífice Papa Pío XII, en 29 de junio de 1943, sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo» (AAS., vol. 35, an. 1943, p. 193 ss.) Porque en esta carta el Soberano Pontífice distingue claramente entre los que están actualmente incorporados en la Iglesia como miembros y los que sólo se han unido a ella por el deseo.

Hablando de los miembros que integran aquí en la tierra el Cuerpo Místico, el mismo augusto Pontífice dice: Realmente sólo deben incluírse como miembros de la Iglesia aquellos que han sido bautizados y profesan la verdadera fe y que no fueron tan desgraciados como para separarse por sí mismos de la unidad del Cuerpo Místico o para ser excluídos por la autoridad legítima a causa de faltas graves cometidas.»

Hacia la última parte de esta misma carta encíclica, cuando con el mayor afecto invita a la unidad a aquellos que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica se refiere a los que «están adheridos al cuerpo Místico del Redentor mediante cierto inconsciente anhelo y deseo». Y a estos tales de forma alguna los excluye de la salvación eterna, pero por otro lado afirma que se encuentran en unas condiciones «en las que no pueden estar ciertos de salvarse», ya que «aún permanecen privados de aquellos abundantes dones y auxilios celestiales de que sólo se goza en la Iglesia católica» (AAS., loc. cit., 243).

Con estas sabias palabras reprueba tanto a aquellos que excluyen de la salvación eterna a todos los unidos a la Iglesia sólo por el deseo implícito y a quienes afirman con falsedad que los hombres pueden salvarse igual en todas las religiones (cf. Papa Pío IX: Alocución «Singulari quadam», Denzinger, nn. 1.641 y ss.; asimismo, Papa Pío IX en la carta encíclica «Quanto conficiamur moerore», v. Denzinger, n. 1.677).




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CAMBIEMOS Y ADAPTEMOS EL PRIMADO Y LA MONARQUÍA DE LA IGLESIA AL GUSTO DE LOS CISMÁTICOS EN POS DEL ECUMENISMO CONCILIAR

"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande

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Cardenal Joseph Ratzinger
ULTERIOR IIIº JEFE SUPREMO DE LA RAMERA CONCILIAR DEL VATICANO II
Principios de la Teología Católica
1982


Ciertamente, nadie que se proclame fiel a la teología católica puede simplemente declarar nula y sin valor la doctrina del primado, especialmente si busca comprender las objeciones y evalúa con una mente abierta el peso relativo de lo que puede determinarse históricamente. Tampoco es posible, por otra parte, que considere como la única forma posible y, por consiguiente, como vinculante para todos los cristianos, la forma que este primado ha tomado en los siglos diecinueve y veinte. Los gestos simbólicos del Papa Pablo VI y, en particular, su arrodillamiento ante el representante del Patriarca Ecuménico fueron un intento de expresar precisamente esto y, mediante tales signos, de señalar el camino para salir del callejón sin salida histórico.

Aunque no nos es dado detener el vuelo de la historia, ni cambiar el curso de los siglos, podemos decir, no obstante, que lo que fue posible durante mil años no es imposible para los cristianos de hoy. Después de todo, el cardenal Humberto de Silva Candida, en la misma bula en la que excomulgó al patriarca Miguel Cerulario y así inauguró el cisma entre Oriente y Occidente, designó al emperador y al pueblo de Constantinopla como "muy cristianos y ortodoxos", aunque su concepto del primado romano era ciertamente mucho menos diferente del de Cerulario que del, digamos, del Concilio Vaticano Primero.

En otras palabras, Roma no debe exigir de Oriente, con respecto a la doctrina del primado, más de lo que había sido formulado y se vivió en el primer milenio. 

Cuando el patriarca Atenágoras, el 25 de julio de 1967, con ocasión de la visita del Papa al Fanar, lo designó como el sucesor de San Pedro, como el más estimado entre nosotros, como aquel que preside en la caridad, este gran líder de la Iglesia estaba expresando el contenido esencial de la doctrina del primado tal como se conocía en el primer milenio. Roma no necesita pedir más. 

La reunión podría tener lugar en este contexto si, por una parte, Oriente dejara de oponerse como heréticos a los desarrollos que tuvieron lugar en Occidente en el segundo milenio y aceptara a la Iglesia Católica como legítima y ortodoxa en la forma que había adquirido en el curso de ese desarrollo, mientras que, por otra parte, Occidente reconociera a la Iglesia de Oriente como ortodoxa y legítima en la forma que siempre ha tenido.

[...]

Una palabra final: el dinamismo del acontecimiento afecta incluso al lenguaje. La referencia a los hermanos apóstoles Pedro y Andrés gana mayor importancia en el diálogo no solo como un medio para yuxtaponer a las Iglesias de la vieja y la nueva Roma como Iglesias hermanas, sino también para enfatizar la cercanía especial de las funciones de los dos obispos que son los sucesores del "primer corifeo" y del "primer llamado". 

Hasta donde soy capaz de determinar, fue el metropolitano Atenágoras de Tiatira quien, el 28 de diciembre de 1963, justo antes de la significativa visita del Papa a Tierra Santa, habló por primera vez de los dos apóstoles en términos del presente y, al hacerlo, se dirigió al Papa como el "primer obispo de la Iglesia entre iguales". 

Melitón de Heliópolis dio un paso más allá después de que la prohibición hubiera sido levantada. Se dirigió al Papa con estas palabras: "Usted, el primer obispo de la cristiandad, y su hermano, el segundo en rango, el obispo de Constantinopla, pueden por primera vez en largos siglos, debido al santo acontecimiento de este día, dirigirse a la humanidad con una sola voz y un solo corazón para proclamarles las buenas nuevas de la Navidad: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a las personas que él ama". 

El propio patriarca Atenágoras habló con mayor fuerza aún cuando saludó al Papa en el Fanar: "Contra toda expectativa, el obispo de Roma está entre nosotros, el primero entre nosotros en honor, 'el que preside en el amor' (Ignacio de Antioquía, epístola 'Ad Romanos', PG 5, col. 801, prólogo)". Está claro que, al decir esto, el patriarca no abandonó las pretensiones de las Iglesias orientales ni reconoció el primado de Occidente. Más bien, expuso claramente lo que Oriente entendía como el orden, el rango y el título de los obispos iguales en la Iglesia; y valdría la pena que consideráramos si esta confesión arcaica, que nada tiene que ver con el "primado de jurisdicción" sino que confiesa un primado de "honor" (τιμή) y ágape, no podría ser reconocida como una fórmula que refleja adecuadamente la posición que Roma ocupa en la Iglesia; el "santo coraje" requiere que la prudencia se combine con la "audacia": "El reino de Dios sufre violencia"



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S.S. San Pío X
Ex quo 

"Con no menor falsedad se introduce la persuasión de que la Iglesia Católica no fue en los primeros siglos mando de uno solo, es decir, monarquía...."



Denzinger 2147 a

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S.S.Pío IX
Concilio Vaticano
1870

Si alguno, pues, dijere que el bienaventurado apóstol Pedro no fue constituido por CRISTO nuestro Señor príncipe de los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante, ó que el mismo Pedro no recibió directa é inmediatamente de JESUCRISTO nuestro Señor, mas que un primado de honor y no de propia y verdadera jurisdiccion; sea anatema.

Si quis igitur dixerit, beatum Petrum apostolum non esse à CHRISTO Domino constitutum Apostolorum omnium principem et totius Ecclesiæ militantis visibile caput; vel eumdem honoris tantum, non autem veræ propriæque jurisdictionis primatum ab eodem Domino nostro JESUCHRISTO directe et immediate accepisse; anathema sit.




Denzinger 1823

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EL LIBERALISMO CATÓLICO NIEGA QUE EL PODER PUEDA SER CRISTIANO

Louis Veuillot
L'Illusion Libérale
1806

El liberalismo católico niega que el poder pueda ser cristiano; yo niego que pueda dejar de serlo impunemente, y que nosotros podamos impunemente dispensarnos de hacer todo lo que la religión manda y aprueba para mantenerlo cristiano u obligarlo a serlo.

El poder no cristiano, aunque no tenga ninguna otra religión, es el mal, es el diablo, es la teocracia al revés. Si nos vemos obligados a sufrir esta desgracia y esta vergüenza, la desgracia y la vergüenza serán aún mayores para el mundo que para nosotros. Nosotros saldremos de ello por la gracia de Dios, y solo nosotros podremos sacar al mundo de ello. Pero provocar, fabricar con nuestras manos un gobierno ateo por principio, dar la consagración a esta cosa absurda y vil, sería una traición hacia el género humano. La humanidad nos pediría cuentas de ello ante Dios. Nos acusaría de haber apagado la lámpara, de haber sido los cómplices de las tinieblas donde habitaba la muerte.



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"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande

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BerGOGlio
 Vº Líder Supremo de la Ramera del Apocalipsis


"La convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del Estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia de la dimensión religiosa en la sociedad, favoreciendo sus expresiones más concretas. "

En el discurso en el encuentro con la clase dirigente del Brasil
27 de julio de 2013 

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BerGOGlio

“los Estados deben ser seculares, los Estados confesionales acaban mal. Son contra la historia”

Entrevista en el Diario "La Croix"
16 de mayo de 2016

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    ¿QUÉ DICE LA SANTA MADRE IGLESIA CATÓLICA, APOSTÓLICA Y ROMANA?

S.S.Gregorio XVI

Mirari vos
15 de agosto de 1832

Tampoco podríamos predecir mejores tiempos para la Religión y el gobierno como resultado de las promesas de aquellos que desean separar la Iglesia del Estado y romper la mutua concordia del poder civil con el sacerdocio. Porque consta sin duda que es temida por los desvergonzados amantes de la libertad aquella concordia que siempre fue venturosa y saludable para lo sagrado y lo civil.

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S.S.Pío IX
Syllabus
complectens praecipuos nostrae aetatis errores
8 de diciembre de 1864

PROPOSICIÓN CONDENADA
Es bien que la Iglesia sea separada del Estado 
y el Estado de la Iglesia.
(Alocución Acerbissimum, 27 septiembre 1852)



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Encíclica Dogmática
Quanta cura
8 de diciembre de 1864

No faltan hombres que, aplicando a la sociedad civil el impío y absurdo principio del naturalismo, como le llaman, se atreven a enseñar que el mejor orden de la sociedad pública y el progreso civil demandan imperiosamente que la sociedad humana se constituya y se gobierne sin tener en cuenta la religión, como si no existiese, o por lo menos, sin hacer ninguna diferencia entre la verdadera religión y las falsas.

Además, contradiciendo la doctrina de la Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, no dejan de afirmar que el mejor gobierno es aquel en el que no se reconoce al poder la obligación de reprimir con la sanción de penas a los violadores de la religión católica, a no ser que la tranquilidad pública lo exija.

Como consecuencia de esta idea absolutamente falsa del gobierno social, no temen favorecer esa opinión errónea, la más fatal para la Iglesia Católica y para la salvación de las almas, y que nuestro predecesor de feliz memoria, GREGORIO XVI, llamaba "delirio", a saber: que la libertad de conciencia y de cultos es un derecho libre de cada hombre, que debe ser proclamado y garantizado en toda sociedad bien constituida, y que los ciudadanos tengan libertad omnímoda de manifestar alta y públicamente sus opiniones, cualesquiera que sean, de palabra, por escrito o de otro modo, sin que la autoridad eclesiástica o civil puedan limitar una libertad tan funesta.

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S.S.San Pío X
Vehementer Nos
11 de febrero de 1906

Falsa teoría de la separación de la Iglesia y el Estado. 
Que sea necesario separar al Estado de la Iglesia es una tesis absolutamente falsa y un error pernicioso, porque, basada en el principio de que el Estado no debe reconocer culto religioso alguno, es gravemente injuriosa a Dios, fundador y conservador de las sociedades humanas, al cual debemos tributar culto público y social.

S.S.León XIII
Libertas praestantissimum 

La justicia y la razón prohíben, por tanto, el ateísmo del Estado, o, lo que equivaldría al ateísmo, el indiferentismo del Estado en materia religiosa, y la igualdad jurídica indiscriminada de todas las religiones.

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S.S.León XIII
Inmortale Dei

EL ESTADO TIENE LA ESTRICTA OBLIGACIÓN DE ADMITIR EL CULTO DIVINO EN LA FORMA CON QUE EL MISMO DIOS HA QUERIDO QUE SE LE VENERE.

«Constituido sobre estos principios, es evidente que el Estado tiene el deber de cumplir por medio del culto público las numerosas e importantes obligaciones que lo unen a Dios.

La razón natural, que manda a cada hombre dar culto a Dios piadosa y santamente, porque de El dependemos, y porque, habiendo salido de El a El hemos de volver, impone la misma obligación a la sociedad civil. 

Los hombres no están menos sujetos al poder de Dios cuando viven unidos en sociedad que cuando vi ven aislados. La sociedad, por su parte, no está menos obligada que los particulares a dar gracias a Dios, a quien debe su existencia, su conservación y la innumerable abundancia de sus bienes. Por esta razón, así como no es lícito a nadie descuidar los propios deberes para con Dios, el mayor de los cuales es cada abrazar con el corazón y con las obras la religión, no la que uno prefiera, sino la que Dios manda y consta por argumentos ciertos e irrevocables como única y verdadera, de la misma manera
los Estados no pueden obrar, sin incurrir en pecado, como si Dios no existiese, ni rechazar la religión como cosa extraña o inútil, ni pueden, por último, elegir indiferentemente una religión entre tantas. Todo lo contrario. El Estado tiene la estricta obligación de admitir el culto divino en la forma con que el mismo Dios ha querido que se le venere. Es, por tanto, obligación grave de las autoridades honrar el santo nombre de Dios. Entre sus principales obligaciones deben colocar la obligación de favorecer la religión, defenderla con eficacia, ponerla bajo el amparo de las leyes, no legislar nada que sea contrario a la incolumidad de aquélla. 

Obligación debida por los gobernantes también a sus ciudadanos. Porque todos los hombres hemos nacido sido criados para alcanzar un fin último y supremo, al que debemos referir todos nuestros propósitos, y que está colocado en el cielo, más allá de la frágil brevedad de esta vida. 

Si, pues. de este sumo bien depende la felicidad perfecta y total de los hombres, la consecuencia es clara: la consecución de este bien importa tanto a cada uno de los ciudadanos que no hay ni puede haber otro asunto más importante. 

Por tanto, es necesario que el Estado, establecido para el bien de todos, al asegurar la prosperidad pública, proceda de tal forma que, lejos de crear obstáculos, dé todas las facilidades posibles a los ciudadanos para el logro de aquel bien sumo e inconmutable que, naturalmente, desean. La primera y principal de todas ellas consiste en procurar una inviolable y santa observancia de la religión, cuyos deberes unen al hombre con Dios.

Todo hombre de juicio sincero y prudente ve con facilidad cuál es la religión verdadera.Multitud de argumentos eficaces, como son el cumplimiento real de las profecías, el gran de milagros, la rápida propagación de la fe aun en medio de poderes enemigos y de dificultades insuperables, el testimonio de los mártires y otros muchos parecidos, demuestran que la única religión verdadera es aquella que Jesucristo en persona instituyó y confió a su Iglesia para conservarla y propagarla por todo el mundo» 



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S.S.Pío XI
Quas primas
11 de diciembre de 1925

La peste de nuestra edad es el llamado laicismo, con sus errores y sus impíos intentos...

Además, para condenar y reparar de alguna manera esta pública apostasía, producida, con tanto daño de la sociedad, por el laicismo, ¿no parece que debe ayudar grandemente la celebración anual de la fiesta de Cristo Rey entre todas las gentes? En verdad: cuanto más se oprime con indigno silencio el nombre suavísimo de nuestro Redentor, en las reuniones internacionales y en los Parlamentos, tanto más alto hay que gritarlo y con mayor publicidad hay que afirmar los derechos de su real dignidad y potestad


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S.S.Pío XI
Dilectissima Nobis 
3 de junio de 1933
Apostolicae Sedis (vol. XXV, pp. 261-287)

La separación de la Iglesia y el Estado

Pero, volviendo a la deplorable ley referente a las Confesiones y Congregaciones religiosas, hemos visto con amargura de corazón que en ella, ya desde el principio, se declaró abiertamente que el Estado no tiene religión oficial, reafirmando así aquella separación del Estado y de la Iglesia, que desgraciadamente había sido sancionada en la nueva Constitución español

No nos detenemos ahora a repetir aquí cuán gravísimo error sea afirmar que es lícita y buena la separación en sí misma, especialmente en una nación que es católica en su casi totalidad. 

Para quien la penetra a fondo, la separación no es más que una funesta consecuencia del laicismo (como tantas veces lo hemos declarado, especialmente en la Encíclica Quas primas) , o sea de la apostasía de la sociedad moderna, que pretende alejarse de Dios y de la Iglesia. 

Mas si para cualquier pueblo, es sobre impía, absurda la pretensión de querer excluir de la vida pública a Dios Creador y Próvido Gobernador de la misma sociedad, de un modo particular repugna tal exclusión de Dios y de la Iglesia de la vida de la nación española, en la cual la Iglesia tuvo siempre y merecidamente la parte más importante y más benéficamente activa, en las leyes, en las escuelas y en todas las demás instituciones privadas y públicas. 

Pues si tal atentado redunda en daño irreparable a la conciencia cristiana del país, especialmente de la juventud, a la que se quiere educar sin religión, y de la familia, profanada en sus más sagrados principios, no menor es el daño que recae sobre la misma autoridad civil, la cual, perdido el apoyo que la recomienda y la sostiene en la conciencia de los pueblos, es decir faltando la persuasión de ser divinos su origen, su dependencia y su sanción, llega a perder junto con su más grande fuerza de obligación, el más alto título de acatamiento y respeto.

Que esos daños se sigan inevitablemente del régimen de separación lo atestiguan no pocas de aquellas mismas naciones que, después de haberlo introducido en su legislación, comprendieron bien pronto la necesidad de remediar el error, o bien modificando al menos en su interpretación y aplicación, las leyes persecutorias de la Iglesia, o bien procurando venir, a pesar de la separación, a una pacífica coexistencia y cooperación con la Iglesia.

Al contrario, los nuevos legisladores españoles, no cuidándose de estas lecciones de la historia, han adoptado una forma de separación hostil a la fe que profesa la inmensa mayoría de los ciudadanos, separación tanto más penosa e injusta, cuanto que se decreta en nombre de la libertad y se la hace llegar hasta la negación del derecho común y de aquella misma libertad, que se promete y se asegura a todos indistintamente. De ese modo se ha querido sujetar a la Iglesia y a sus ministros a medidas de excepción que tienden a ponerla a merced del poder civil.

https://archive.org/details/laiglesiaylaguer00cath/page/n13/mode/2up

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S.S.Pío XII
Summi Pontificatus 
20 de octubre de 1939

Narra el sagrado Evangelio que, cuando Jesús fue crucificado, las tinieblas invadieron toda la superficie de la tierra (Mt 27,45); símbolo luctuoso de lo que ha sucedido, y sigue sucediendo, cuando la incredulidad religiosa, ciega y demasiado orgullosa de sí misma, excluye a Cristo de la vida moderna, y especialmente de la pública y, junto con la fe en Cristo, debilita también la fe en Dios. De aquí se sigue que todas las normas y principios morales según los cuales eran juzgadas en otros tiempos las acciones de la vida privada y de la vida pública, hayan caído en desuso, y se sigue también que donde el Estado se ajusta por completo a los prejuicios del llamado laicismo —fenómeno que cada día adquiere más rápidos progresos y obtiene mayores alabanzas— y donde el laicismo logra substraer al hombre, a la familia y al Estado del influjo benéfico y regenerador de Dios y de la Iglesia, aparezcan señales cada vez más evidentes y terribles de la corruptora falsedad del viejo paganismo. Cosa que sucede también en aquellas regiones en las que durante tantos siglos brillaron los fulgores de la civilización cristiana: las tinieblas se extendieron mientras crucificaban a Jesús (Brev. Rom., Viernes Santo, resp.4).



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Sagrada Congregación de Seminarios y de Universidades
 a los Obispos del Brasil 
7 de marzo de 1950
AAS, 42, 1950, 836

Otro error, igualmente condenado por la Iglesia, que debe ser evitado por el cristiano es el liberalismo. Este niega que la Iglesia, en razón de su más noble propósito y de su divina misión, tenga una supremacía natural con respecto al Estado. Admite y fomenta la separación entre los dos poderes, y niega a la Iglesia Católica poder indirecto sobre asuntos mixtos.
Establece que el Estado debe mostrarse indiferente en materia religiosa respecto de todos los creyentes; que debería concederse la misma libertad para la verdad y el error; que la Iglesia no tiene privilegios, favores ni derechos mayores que los concedidos a otras denominaciones religiosas, ni siquiera en los países católicos; que la Acción Católica no tiene derecho a intervenir en asuntos temporales y civiles, ni siquiera cuando estos afectan a los intereses supremos de la religión y a los propósitos propios de la Iglesia.

Ahora bien, hay que tener presente, hoy como en el pasado, que cuando las circunstancias lo aconsejen, se podrá ejercer la tolerancia hacia las religiones falsas y las doctrinas erróneas. Sin embargo, donde no existan tales circunstancias, deben mantenerse los derechos de la verdad y los hombres deben ser preservados del error.

El cristiano que habla de forma diferente traiciona su fe, da fuerza al indiferentismo y priva a sus conciudadanos del beneficio que les ofrece el culto y el amor a la verdad.



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Meminisse iuvat
14 de julio de 1958

"Piénsese que un Estado sin religión no puede tener,
en concreto, moral ni orden"



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A los marquisanos residentes en Roma
Basílica Vaticana 
Domingo 23 de marzo de 1958

Sean parte viva de la Iglesia vuestras ciudades. Hay en Italia quien se agita porque teme que el cristianismo quite a César lo que es del César. Como si dar a César lo que le pertenece no fuese una recomendación de Jesús; como si la legítima y sana laicidad del Estado* no fuese uno de los principios de la doctrina católica; como si no fuese tradición de la Iglesia el continuo esfuerzo por mantener distintos, pero también y siempre según los rectos principios, unidos los dos poderes; como si, por el contrario, la mezcla entre lo sagrado y lo profano no se hubiese dado ampliamente en la historia cuando una porción de fieles se separó de la Iglesia.

*Nota: El Papa no habla de laicismo, habla de una sana y legítima laicidad que debe estar hermanada con la unión sin mescolanzas de ambos Poderes; el Papa habla de una sana y legítima laicidad del Estado que se armoniza con la unión de ambos Poderes, y, por consiguiente, se distingue tanto de la Laicidad hostil con el Catolicismo (Estado Laicista), como de la Laicidad-neutral con el Catolicismo (Estado Laico).

Es un hecho que el panfleto herético Dignitatis Humanae del conciliábulo V.II rompe con esta "sana y legítima laicidad" (por más que pretendan citarla) y promueve para todo el Orbe, en el menor de los casos, el Estado Laico, realmente promoviendo el Estado Laicista, ya que la libertad de culto y el indiferentismo fue denominado como ateísmo por S.S.León XIII en Immortale Dei.



https://www.vatican.va/content/pius-xii/it/speeches/1958/documents/hf_p-xii_spe_19580323_marchigiani.html

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