S.S. PÍO XII
Condenación de la falsa «Ética de Situación»
Exhortación papal
«Soyez les bienvenues»
a las participantes en el congreso de la Federación Mundial de Mujeres Jóvenes Católicas,
Acta Apostolicæ Sedis, Vol. XXXXIV (1952), N.º 7-8, págs. 413 - 419.
Bienvenida y Contexto
Bienvenidas seáis, amadas hijas de la Federación Mundial de las Juventudes Femeninas Católicas. Os saludamos con el mismo placer, con la misma alegría y con el mismo afecto con que hace cinco años os recibimos en Castelgandolfo con ocasión de la gran Asamblea Internacional de las Mujeres Católicas.
Los estímulos y sabias directivas que os proporcionó aquel Congreso, lo mismo que las palabras que Nos os dirigimos entonces (Discorsi e Radiomessaggi 9, 221-223), no han quedado, en verdad, sin fruto. Conocemos los esfuerzos que en este intervalo habéis desarrollado para realizar los objetivos precisos de los cuales teníais clara visión.
Esto también nos lo prueba la Memoria impresa que, con motivo de preparar este Congreso, nos habéis hecho llegar: La foi des jeunes. Problème de notre temps. Sus páginas tienen el peso de un grueso volumen, y Nos las hemos examinado con gran atención, porque resume y sintetiza las enseñanzas de numerosas y variadas encuestas sobre el estado de la fe en la juventud católica de Europa, siendo altamente instructivas sus conclusiones.
El Fenómeno de la Nueva Concepción Moral
De muchas de las cuestiones tocadas en ella, Nos mismo hemos tratarlo en nuestra alocución del 11 de septiembre de 1947, a la que asistíais vosotras, y en muchas otras alocuciones de antes y después.
Hoy querríamos aprovechar la oportunidad que nos ofrece esta reunión con vosotras para decir lo que pensarnos acerca de cierto fenómeno que se manifiesta algo por todas partes en la vida de la fe de los católicos y que afecta un poco a todos, pero particularmente a la juventud y a sus educadores, del que se encuentran huellas en diversos lugares de vuestra Memoria, como cuando decís: «Confundiendo el cristianismo con un código de preceptos y prohibiciones, los jóvenes tienen la impresión de ahogarse en ese clima de moral imperativa, y no es urca ínfima minoría la que echa por la borda el embarazoso fardo» (p. 10).
Fenómeno este al que podríamos llamar una nueva concepción de la vida moral, pues se trata de una tendencia que se manifiesta en el campo de la moralidad. Ahora bien: en las verdades de la fe se fundan los principios de la moralidad, y vosotras sabéis bien cuán capital importancia tiene para la conservación y el desarrollo de la fe el que la conciencia de la joven se forme cuanto antes y se desarrolle según las justas y sanas normas morales. Por ello, la nueva concepción de la moralidad cristiana toca muy directamente al problema de la fe de los jóvenes.
Nos hemos hablado ya de la nueva moral en nuestro radiomensaje del 23 de marzo último a los educadores cristianos. Y lo que hoy vamos a tratar no es sólo una continuación de lo que entonces dijimos: Nos queremos descubrir los profundos orígenes de esta concepción. Se la podría calificar de existencialismo ético, de actualismo ético, de individualismo ético, entendidos en el sentido restrictivo que vamos a explicar y tal como se les encuentra en lo que con otro nombre se ha llamado Situationsethik (moral de situación).
La «Moral de Situación»: Su Signo Distintivo
El signo distintivo de esta moral es que no se basa en manera alguna sobre las leyes morales universales, como —por ejemplo— los diez mandamientos, sino sobre las condiciones o circunstancias reales y concretas en las que ha de obrar y según las cuales la conciencia individual tiene que juzgar y elegir.
Tal estado de cosas es único y vale una vez para cada acción humana. Luego la decisión de la conciencia —afirman los defensores de esta ética— no puede ser imperada por las ideas, principios y leyes universales.
La fe cristiana basa sus exigencias morales en el conocimiento de las verdades esenciales y de sus relaciones; así lo hace San Pablo en la carta a los Romanos (Rom 1, 19-21) para la religión en cuanto tal, ya sea ésta la cristiana, ya la anterior al cristianismo: a partir de la creación, dice el Apóstol, el hombre entrevé y palpa de algún modo al Creador, su poder eterno y su divinidad, y esto con una evidencia tal que él se sabe y se siente obligado a reconocer a Dios y a darle algún culto, de manera que desdeñar este cultivo o pervertirlo en la idolatría es gravemente culpable, para todos y en todos los tiempos.
Crítica a la Ética de Situación
Esto no es, de ningún modo, lo que afirma la ética de que Nos hablamos. Ella no niega, sin más, los conceptos y los principios morales generales (aunque a veces se acerque mucho a semejante negación), sino que los desplaza del centro al último confín.
Puede suceder que la decisión de la conciencia muchas veces esté de acuerdo con ellos. Pero no son, por decirlo así, una colección de premisas, de las que la conciencia saca las consecuencias lógicas en el caso particular, el caso de una vez. ¡De ningún modo!
En el centro se encuentra el bien, que es preciso cumplir o conservar en su valor real y concreto; por ejemplo, en el campo de la fe, la relación personal que nos liga a Dios. Si la conciencia seriamente formada estableciera que el abandono de la fe católica y la adhesión a otra «confesión» lleva más cerca de Dios, este paso se encontraría justificado, aun cuando generalmente se le califica de defección en la fe.
O también, en el campo de la moralidad, la donación de sí —corporal o espiritual— entre jóvenes. Aquí la conciencia seriamente formada establecería que por razón de la sincera inclinación mutua están permitidas las intimidades de cuerpo y de sentidos, y éstas, aunque admisibles solamente entre esposos, resultarían permitidas.
La conciencia abierta de hoy decidiría así, porque ella deduce de la jerarquía de los valores el principio de que los valores de la personalidad, por ser los más altos, podrían servirse de los valores inferiores del cuerpo y de los sentidos o bien descartarlos, según lo sugiera cada situación. Se ha pretendo con insistencia que, precisamente según ese principio, en materia de derechos de los esposos sería necesario, en caso de conflicto, dejar a la conciencia seria y recta de los cónyuges, según las exigencias de las situaciones concretas, la facultad de impedir directamente la realización de los valores biológicos, en favor de los valores de la personalidad.
Los juicios de una conciencia de esta naturaleza, por muy contrarios que a primera vista parezcan a los preceptos divinos, valdrían, sin embargo, delante de Dios; porque, se dice, la conciencia sincera, seriamente formada, es más importante delante de Dios mismo que el precepto y que la ley. Y, por ello, tal decisión es activa y productiva, no pasiva y receptiva de la decisión de la ley, escrita por Dios en el corazón de cada uno, y menos todavía de la del Decálogo, que el dedo de Dios ha escrito en tablas de piedra, dejando a la autoridad humana el promulgarlo y el conservarlo.
La «Moral Nueva» como Individualismo
La ética nueva (adaptada a las circunstancias), dicen sus autores, es eminentemente individual. En la determinación de la conciencia, cada hombre en particular se encuentra directamente con Dios y ante El se decide, sin intervención de ninguna ley, de ninguna autoridad, de ninguna comunidad, de ningún culto o confesión, en nada y de ninguna manera.
AQUÍ SÓLO EXISTE EL YO DEL HOMBRE Y EL YO DE DIOS PERSONAL; NO DEL DIOS DE LA LEY, DEL DIOS PADRE, CON QUIEN EL HOMBRE DEBE UNIRSE CON AMOR FILIAL. Vista así, la decisión de la conciencia es, por lo tanto, un riesgo personal, según el conocimiento y la valoración propios, con plena sinceridad ante Dios.
Estas dos cosas, la intención recta y la respuesta sincera, son lo que Dios considera; la acción no le importa. Por ello, la respuesta puede ser la de cambiar la fe católica por otros principios, la de divorciarse, la de interrumpir la gestación, la de rehusar la obediencia a la autoridad competente en la familia, en la Iglesia, en el Estado; y así, en otras cosas.
Todo esto correspondería perfectamente a la condición de mayoría de edad del hombre y, en el orden cristiano, a la relación de filiación, que, según la enseñanza de Cristo, nos hace rezar Padre nuestro...
Esta visión personal ahorra al hombre tener que medir en cada momento si la decisión que se ha de tomar corresponde a los artículos de la ley o a los cánones de normas y reglas abstractas; ella le preserva de la hipocresía de una fidelidad farisaica a las leyes; ella le preserva tanto del escrúpulo patológico como de la ligereza o de la falta de conciencia, porque hace recaer personalmente sobre el cristiano la responsabilidad total ante Dios. ASÍ HABLAN LOS QUE PREDICAN LA MORAL NUEVA.
Incompatibilidad con los Principios Católicos
Expuesta así la ética nueva, SE HALLA TAN FUERA DE LA LEY Y DE LOS PRINCIPIOS CATÓLICOS, QUE HASTA UN NIÑO QUE SEPA SU CATECISMO LO VERÁ Y SE DARÁ CUENTA Y LO PERCIBIRÁ.
Por lo tanto, no es difícil advertir cómo el nuevo sistema moral se deriva del existencialismo, que, o hace abstracción de Dios, o simplemente LO NIEGA, Y EN TODO CASO ABANDONA AL HOMBRE A SÍ MISMO. Tal vez sean las condiciones presentes las que hayan inducido a intentar el trasplantar esta moral nueva al terreno católico, para hacer más llevaderas a los fieles las dificultades de la vida cristiana.
De hecho, a millones de ellos se les exigen hoy —en un grado extraordinario— FIRMEZA, PACIENCIA, CONSTANCIA Y ESPÍRITU DE SACRIFICIO SI QUIEREN PERMANECER ÍNTEGROS EN SU FE, bien sea BAJO LA RESERVA DE LA FORTUNA o bien bajo las seducciones de un ambiente que pone a su alcance todo aquello que forma la aspiración y el deseo de su corazón apasionado. PERO SEMEJANTE TENTATIVA NUNCA JAMÁS PODRÁ TENER ÉXITO.
Las Obligaciones Fundamentales de la Ley Moral
Se preguntará de qué modo puede LA LEY MORAL, QUE ES UNIVERSAL, bastar e incluso ser obligatoria en un caso particular, el cual, en su situación concreta, es siempre único y de una vez.
ELLA LO PUEDE Y ELLA LO HACE, porque, precisamente DEBIDO A SU UNIVERSALIDAD, LA LEY MORAL COMPRENDE NECESARIA E INTENCIONALMENTE TODOS LOS CASOS PARTICULARES, EN LOS QUE SE VERIFICAN SUS CONCEPTOS. Y en estos casos, muy numerosos, ella lo HACE CON UNA LÓGICA TAN CONCLUYENTE, que aun la conciencia del simple fiel percibe inmediatamente y con plena certeza la decisión que se debe tornar.
Esto VALE ESPECIALMENTE PARA LAS OBLIGACIONES NEGATIVAS DE LA LEY MORAL, PARA LAS QUE EXIGEN UN NO HACER UN DEJAR DE LADO. Pero no para éstas solas. Las obligaciones fundamentales de la ley moral están basadas en la esencia, en la naturaleza del hombre y en sus relaciones esenciales, y VALEN, POR CONSIGUIENTE, EN TODAS PARTES DONDE SE ENCUENTRE EL HOMBRE.
De las relaciones esenciales entre el hombre y Dios, entre hombre y hombre, entre los cónyuges, entre padres e hijos resultan prohibiciones graves: el odio a Dios, la blasfemia, la idolatría, la defección de la verdadera fe, el homicidio, el adulterio, el robo, la defraudación del salario justo y las injustas maniobras de especulación. TODO ELLO ESTÁ GRAVEMENTE PROHIBIDO POR EL LEGISLADOR DIVINO. No hay motivo para dudar. CUALQUIERA QUE SEA LA SITUACIÓN DEL INDIVIDUO, NO HAY MÁS REMEDIO QUE OBEDECER.
Tres Consideraciones contra la Ética de Situación
Por lo demás, A LA ÉTICA DE SITUACIÓN OPONEMOS NOS TRES CONSIDERACIONES O MÁXIMAS:
La primera: Concedemos que Dios quiere ante todo y siempre la intención recta; pero ÉSTA NO BASTA. Él quiere, además, LA OBRA BUENA.
La segunda: NO ESTÁ PERMITIDO HACER EL MAL PARA QUE RESULTE UN BIEN (cf. Rom 3,8). Pero esta ética obra según el principio de que «el bien santifica los medios».
La tercera: Puede haber situaciones en las cuales el hombre debe SACRIFICARLO TODO, AUN LA MISMA VIDA, POR SALVAR SU ALMA. Los mártires como María Goretti o la madre de los Macabeos son los testigos más elocuentes de la verdad contra la nueva moral.
El Problema de la Formación de las Conciencias
La moral católica ha tratado siempre y ampliamente este problema de la formación de la propia conciencia con el examen previo de las circunstancias del caso que se ha de resolver. Bastará citar la exposición de Santo Tomás sobre la virtud cardinal de la prudencia. Su tratado revela un sentido en la actividad personal que contiene todo cuanto hay de justo en la ética según la situación, pero evitando sus desviaciones.
La educación cristiana de la conciencia está muy lejos de despreciar la personalidad. TODA SANA EDUCACIÓN TIENDE A HACER AL EDUCADOR MÁS INNECESARIO POCO A POCO Y AL EDUCANDO MÁS INDEPENDIENTE DENTRO DE LOS JUSTOS LÍMITES. El objetivo es el hombre «mayor», que tiene también el valor de su responsabilidad.
Jesucristo permanece como Señor y Maestro POR MEDIO DE SU IGLESIA. El cristiano debe asumir el grave cometido de hacer valer en su vida la verdad y la ley de Cristo. ESTO ES LA MORAL CATÓLICA; Y ELLA DEJA UN VASTO CAMPO LIBRE A LA INICIATIVA Y A LA RESPONSABILIDAD PERSONAL DEL CRISTIANO.
Conclusiones Finales
Los peligros para la fe de nuestra juventud son hoy extraordinariamente numerosos. Sin embargo, pocos son tan graves como los que LA MORAL NUEVA HACE CORRER A LA FE. Los extravíos a que conducen terminarían, con el tiempo, por corromper aun la fuente misma. Así muere la fe.
De todo lo que hemos dicho vamos a sacar dos conclusiones:
Primera: LA FE DE LA JUVENTUD DEBE SER UNA FE ORANTE. La juventud DEBE APRENDER A ORAR. SIN LA ORACIÓN NO ES POSIBLE PERMANECER FIEL A LA FE.
Segunda: LA JUVENTUD DEBE ESTAR ORGULLOSA DE SU FE Y ACEPTAR QUE LE CUESTE ALGO. HA DE ACOSTUMBRARSE A HACER SACRIFICOS POR SU FE Y A CAMINAR DELANTE DE DIOS EN RECTITUD DE CONCIENCIA.
Que la caridad de Dios, la gracia de Jesucristo y la participación del Espíritu Santo estén con todos ustedes. Con el más paternal afecto, les impartimos la Bendición Apostólica.
Dado en el Salón de Bendiciones,
viernes 18 de abril del año del Señor 1952,
decimocuarto año de su vigente y prevalente pontificado.
ROMA LOCUTA ✠ CAUSA FINITA
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