VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
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IDEAS DE LAMENNAIS CONDENADAS POR GREGORIO XVI, SON RESCATADAS POR MONTINI Y ACEPTADAS UNIVERSALMENTE

"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande

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Félicité Robert Lamennais
Seducido por Satanás
El 25 de junio de 1834, El Papa Gregorio XVI publicó la encíclica Singulari nos, condenando directamente la obra y las posturas de Lamennais. Inmediatamente después de recibir esta condena, Lamennais, otrora Ultramontano devenido a Liberal, colgó los hábitos de forma irreversible, dejando de ejercer como Sacerdote para el resto de sus días.



Viene aquí muy a propósito el recuerdo de la profunda sabiduría contenida en la Encíclica del Papa (Gregorio XVI "Mirari Vos" "Singulari Nos") contra las doctrinas de Lamennais. Pretendía dicho escritor que la tolerancia universal, la libertad absoluta de cultos, es el estado normal y legítimo de las sociedades, del cual es imposible separarse sin atentar a los derechos del hombre y del ciudadano.

Impugnando Lamennais la citada Encíclica, se empeñó en presentarla como fundadora de nuevas doctrinas, como un ataque dirigido contra la libertad de los pueblos. No, el Papa no asentó en la citada Encíclica otras doctrinas que las profesadas hasta aquí por la Iglesia, y aun podría decirse que las profesadas por todo gobierno en punto a tolerancia. Ningún gobierno puede sostenerse si se le niega el derecho de reprimir las doctrinas peligrosas al orden social, ora se cubran con el manto filosófico, ora se disfracen con el velo de la religión. No se ataca tampoco por esto la libertad del hombre, porque la única libertad digna de este título es la libertad conforme a razón.

El Papa no ha dicho que los gobiernos no pudiesen tolerar en ciertos casos diferentes religiones; pero no ha permitido que se asentase como principio que la tolerancia absoluta fuese una obligación de todos los gobiernos.
Esta última proposición es contraria a las sanas doctrinas religiosas, a la razón, a la práctica de todos los gobiernos en todos tiempos y países, al buen sentido de la humanidad. Nada han podido en contra todo el talento y la elocuencia del malogrado escritor, y el Papa alcanzó un asentimiento más solemne de todos los hombres sensatos de cualesquiera creencias, desde que el genio obscureció su frente con la obstinación, desde que su mano empuñó decididamente el arma innoble del sofisma. ¡Malogrado genio que conserva apenas una sombra de sí mismo, que ha plegado las hermosas alas con que surcaba el azul de los cielos y revolotea cual ave siniestra sobre las aguas impuras de un lago solitario!


P. Jaime Balmes
El protestantismo comparado con el Catolicismo
Tomo II

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Conciliábulo Vaticano II
Dignitatis humanae

2. Este Concilio Vaticano  II declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.

Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre, y enriquecidos por tanto con una responsabilidad personal, están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa. Por consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza. Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que NO cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.
[...]
4. La libertad o inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las comunidades religiosas.


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S.S. Gregorio XVI
Singulari nos

Sobre Condenación del libro "Paroles d'un croyant" de Lamennais


1. Una satisfacción

   Un singular gozo nos depararon los ilustres testimonios de fe, obediencia y piedad que nos llegaban de todos los lugares donde se recibió nuestra carta encíclica, dada el día 15 de agosto del año 1832, en la que expusimos según la obligación de Nuestro oficio, a la universal grey católica, la doctrina sana y única que es lícito seguir en lo referente a los capítulos allí propuestos. Aumentaron el gozo nuestro las declaraciones publicadas acerca del mismo por algunos de los que habían aprobado aquellas ideas y opiniones falsas de las que nos dolíamos, y que incautos se habían manifestado sus propulsores y defensores. Conocíamos, ciertamente, que todavía no estaba suprimido aquel mal, que abiertamente se proponían en excitar contra las cosas sagradas y también las civiles unos imprudentísimos libelos, dispersos entre el vulgo, y ciertas tenebrosas maquinaciones, que por lo mismo gravemente reprobamos en la carta enviada en el mes de octubre a nuestro Venerable Hermano el Obispo de Rennes. Y lo mismo que causaba esta tristeza fue para nosotros, que estábamos ansiosos y sobremanera solícitos de este asunto, causa de verdadera satisfacción y gozo al confirmarnos ampliamente en una declaración que nos envió el día 10 de diciembre del año pasado que seguiría única y absolutamente la doctrina enseñada en nuestra carta encíclica y que no escribiría ni apozaría nada ajeno a ella. Abrimos, por lo tanto, las entrañas de nuestro paternal amor al hijo en quien debíamos confiar de que, movido por nuestros avisos, publicaría cada vez más elocuentes testimonios por los que fehacientemente constase que se había sometido a nuestro juicio no sólo de palabra, sino también por los hechos.

2. Un nuevo dolor.

   Pero, lo que apenas parece creíble, aquel a quien habíamos recibido con tan benigno afecto, olvidando nuestra indulgencia, muy pronto flaqueó en su propósito y aquélla buena esperanza que habíamos alentado de percibir algún fruto, quedó frustrada apenas conocimos el libro escrito en francés, pequeño en volumen pero grande en maldad, cuyo título es: "Paroles d'un croyant", que fue entregado por él a la imprenta no hace mucho, ocultando ciertamente el nombre, pero haciéndolo del dominio público con claras manifestaciones.

3. Su doctrina.

   Nos horrorizamos abiertamente, Venerables Hermanos, apenas conocimos por una primera lectura, la ceguedad del miserable autor y en qué género de ciencia se explayaba que no es según Dios, sino según el criterio del mundo. Puesto que, contra la palabra dada solemnemente en aquélla declaración suya, se propuso atacar y destruir con capciosísimas envolturas en palabras y ficciones la doctrina católica, que según la autoridad confiada a nuestra Humildad definimos en nuestra carta arriba mencionada, tanto acerca de la debida sujeción al poder, como acerca de la necesidad de apartar de los pueblos el mortal contagio del indiferentismo y asimismo de la necesidad de poner freno a la licencia que cunde en las opiniones y en las palabras. Y por último acerca de la condenación de la omnímoda libertad de conciencia y de la terribilísima conspiración de las sociedades  o de los secuaces de cualquiera de las falsas religiones, reunidos para la destrucción de la cosa sagrada y pública.

   Rehuye, ciertamente nuestro ánimo, leer aquellas cosas con las que en esa misma obra el autor se esfuerza por romper cualquier vínculo de fidelidad y sujeción hacia los Príncipes, paseando por todas partes la tea de la rebelión con la que se producirá la destrucción del orden público, el desprecio de los magistrados, la destrucción de las leyes, arrancando por la fuerza todos los elementos de la potestad sacra y civil. De aquí con nueva e inicua invención presenta con portentosa calumnia la potestad de los Príncipes como contraria a la ley divina, y hasta como obra del pecado y poder de Satanás. Con las mismas calificaciones torpes como a los príncipes, difama a los que presiden las cosas sagradas, por medio del pacto de criminales maquinaciones contra los derechos de los pueblos con que sueña están unidos entre sí. No contento con un atrevimiento tan grande, propugna todavía la omnímoda libertad de opiniones, palabras y conciencias, y desea que todo suceda próspera y felizmente a los soldados de la causa que habrán de luchar, para libertarla de la tiranía, como él dice, y convoca con furioso entusiasmo a reuniones y sociedades en todo el universo, urgiéndoles con vehementes instancias a realizar tan nefastas determinaciones, de manera que también en este aspecto veamos desacatados nuestros avisos y prescripciones.

4. Con la verdad, la mentira.

   Sería fatigoso reseñar aquí todas las cosas que se acumulan en este pésimo engendro de impiedad y de audacia para perturbar todas las cosas divinas y humanas, pero sobre todo excita la indignación y es absolutamente intolerable para la Religión que el autor use las divinas prescripciones para defender tamaños errores y hacerlos aceptables a los incautos y que él mismo, para desligar a los pueblos de la ley de obediencia, como si fuese enviado e inspirado por Dios, después que hubiese comenzado en el nombre sacratísimo de la augusta Trinidad, cite a cada paso las sagradas escrituras y, para inculcar estos depravados desvaríos, violenta astuta y audazmente las palabras de las Escrituras, que son las palabras de Dios, de manera que más confiadamente, como decía San Bernardo: "Difunda en lugar de luz tinieblas, y en lugar de miel, o mejor, conjuntamente con la miel, suministre veneno, haciendo un nuevo evangelio para los pueblos, poniendo otro fundamento fuera de Aquel que ya está puesto".

   Pero Aquel que nos puso de vigía en Israel para que demos aviso de los errores a aquellos que Jesús, autor y consumador de la fe, encomendó a nuestro cuidado, nos prohíbe pasar en silencio la gran ruina que trae consigo esta doctrina.

5. Reprobación y condenación.

   Por lo cual, después de haber oído a algunos Venerables Hermanos Nuestros, cardenales de la Santa Romana Iglesia, por nuestra propia determinación, de ciencia cierta y con la plenitud de la potestad apostólica reprobamos, condenamos y queremos y decretamos que por reprobado y condenado se tenga perpetuamente el mencionado libro cuyo título es: "Paroles d'un croyant", por el cual, abusando impíamente de la palabra de Dios, son corrompidos los pueblos para que disuelvan los vínculos de todo orden público, quebranten ambas autoridades, susciten, pronuncien y fortalezcan las sediciones, tumultos y rebeliones en los imperios, libro que contiene por lo tanto proposiciones respectivamente falsas, calumniosas, temerarias, inducentes a la anarquía, contrarias a la palabra de Dios, impías, escandalosas, erróneas y ya condenadas por la Iglesia sobre todo contra los valdenses, wiclefitas, husitas, y otros géneros similares de herejes.

   Será, pues, ahora propio de vosotros, Venerables Hermanos, secundar con todo el esfuerzo que reclame urgentemente la salud e incolumnidad de la cosa sagrada y civil, para que no sea tanto más pernicioso este escrito, engendrado en el anonimato para el mal, cuanto más se halague el insensato apetito de novedad; y ocultamente, como un cáncer, se desliza adentrándose en los pueblos. Sea preocupación vuestra la de urgir la sana doctrina en tan importante asunto y descubrir la astucia de los innovadores, vigilando muy atentamente en la custodia de la ley cristiana, para que florezcan y prosperen felizmente el amor a la religión, la piedad en las obras y la paz pública. Esperamos confiadamente de vuestra fe y de vuestra intensa soliciitud por el bien común, que con la ayuda de Aquel que es el Padre de las luces nos podamos regocijar (para usar las palabras de San Cipriano) de que haya sido entendido y reprimido el error, y que por haber sido conocido y descubierto haya quedado vencido.

   Por otra parte, ¡es digno de lágrimas adónde vayan a parar los desvaríos de la humana razón apenas alguien se prende de las novedades y se empeñe, contra el aviso del Apóstol, en gustarlas más de lo que conviene gustar y, confiando demasiado en sí mismo, piense buscar la verdad fuera de la Iglesia Católica, en la cual se encuentra limpia aún del más leve polvo de error, y la cual por lo mismo se llama y es la columna y el fundamento de la verdad! Bien entendéis, Venerables Hermanos, que Nosotros también hablamos aquí de aquel falaz sistema filosófico enteramente reprochable y no introducido al principio como tal, en el cual, por el vil y desenfrenado afán de novedades, la verdad no se busca donde ciertamente está, y, menospreciando las santas y apostólicas tradiciones, se aprenden otras doctrinas vacías, fútiles, inciertas y no aprobadas por la Iglesia en las cuales piensan falsamente hombres vanísimos que se apoya y sustenta la verdad.

6. Exhortación final.

   Mientras, pues, según el cuidado y la solicitud que Nos fueron impuestas por Dios de conocer, discernir y custodiar la santa doctrina, os escribimos estas cosas, lloramos la muy dolorosa herida que fuera infligida a nuestro corazón por el error de nuestro hijo, y en la gran aflicción que, por eso mismo, nos entristece, no nos queda ninguna esperanza de consuelo, mientras no vuelva al camino de la justicia. Elevemos pues juntos los ojos y las manos a Aquel que es guía de la sabiduría y enmendador de los sabios, y roguémosle con abundantes preces, para que dándole un corazón dócil y un ánimo esforzado mediante los cuales oiga la voz del Padre amantísimo y afligidísimo y haga volver cuanto antes a la causa de él, la alegría a la Iglesia, a vuestro orden episcopal, a la Santa Sede y a Nuestra Humildad. Nosotros ciertamente tendremos por fausto y feliz en día en que Nos sea posible estrechar contra Nuestro pecho paternal a este hijo vuelto en sí, con cuyo ejemplo grandemente esperamos que se arrepientan los demás que, siguiéndolo, fueran inducidos en el error, de manera que sea uno solo en todos el común sentir en la doctrina, uno solo el razonamiento en las determinaciones, una sola la concordia de las acciones y aficiones, una la incolumnidad de la cosa pública y sagrada. Requerimos y esperamos de vuestra pastoral solicitud, que pidáis a Dios un tan gran bien con piadosas súplicas. Impetrando el divino auxilio sobre esta empresa, os impartimos a vosotros y a vuestra grey la Bendición Apostólica, prenda de su protección.

Dado en Roma, junto a San Pedro el 25 de Junio del año 1834, de Nuestro Pontificado el año cuarto. Gregorio XVI.

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LA DISCORIDA RELIGIOSA Y POR CONSIGUIENTE LA GUERRA CIVIL

S.M. Felipe II

...la situación política de España con respecto al extranjero, pues que, teniendo la monarquía española tantos enemigos y rivales, temíase con fundamento que éstos se valdrían de la herejía para introducir en nuestra patria la discordia religiosa y, por consiguiente, la guerra civil.
Esto hacía naturalmente que Felipe II se mostrase desconfiado y suspicaz y que, combinándose en su espíritu el odio a la herejía y el deseo de la propia conservación, se manifestase severo e inexorable con todo lo que pudiese alterar en sus dominios la pureza de la fe católica.


P. Jaime Balmes
El protestantismo comparado con el Catolicismo
Tomo II


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PERO NO ESTÁ EN LAS SAGRADAS ESCRITURAS

Yves Congar O.P.
Liberal Teologastro del Conciliábulo V.II

"Colaboré en los últimos párrafos  (Dignitatis humanae), que me dejan menos satisfecho. El objetivo era mostrar que el tema de la libertad religiosa ya aparecía en la Escritura. Pero no está ahí."

"J’ai collaboré aux derniers paragraphes – lesquels me laissent moins satisfait. Il s’agissait de montrer que le thème de la liberté religieuse apparaissait déjà dans l’Écriture. Or il n’y est pas"

Yves Congar O.P. interrogé par Éric Vatré, dans La Droite du Père, Enquête sur la Tradition catholique aujourd’hui, Paris, Trédaniel, 1994, p. 118
https://www.ebay.fr/itm/393615112365

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RELACIONADO

TEXTOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CONTRA LA PLURALIDAD Y LIBERTAD DE CULTOS

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PORQUE NO SE GOCE EL DEMONIO DE QUE LOS ENEMIGOS DEL EVANGELIO Y CRUZ DE CRISTO TOMEN UN NOMBRE CONTRARIO A SUS OBRAS

San Ignacio de Loyola
AL P. PEDRO CANISIO
Roma, 13 agosto 1554

Quien no se guardase de llamar a los herejes evangélicos, convendría pagase alguna multa, porque no se goce el demonio de que los enemigos del Evangelio y cruz de Cristo tomen un nombre contrario a sus obras; y a los herejes se los ha de llamar por su nombre, para que dé horror hasta nombrar a los que son tales, y cubren el veneno mortal con el velo de un nombre de salud.


ERRORES CONDENADOS INFALIBLEMENTE

S.S. Pío IX
Syllabus
ERRORES CONDENADOS


XV. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera.
(Letras Apostólicas Multiplices inter, 10 junio 1851)
(Alocución Maxima quidem, 9 junio 1862)

XVI. En el culto de cualquiera religión pueden los hombres hallar el camino de la salud eterna y conseguir la eterna salvación.
(Encíclica Qui pluribus, 9 noviembre 1846)
(Alocución Ubi primum, 17 diciembre 1847)
(Encíclica Singulari quidem, 17 Marzo 1856)

XVII. Es bien por lo menos esperar la eterna salvación de todos aquellos que no están en la verdadera Iglesia de Cristo.
(Alocución Singulari quadam, 9 diciembre 1854)
(Encíclica Quanto conficiamur 17 agosto 1863)

XVIII. El protestantismo no es más que una forma diversa de la misma verdadera Religión cristiana, en la cual, lo mismo que en la Iglesia, es posible agradar a Dios.
(Encíclica Noscitis et Nobiscum 8 diciembre 1849)

LXXVII. En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos.
(Alocución Nemo vestrum, 26 julio 1855)

LXXVIII. De aquí que laudablemente se ha establecido por la ley en algunos países católicos, que a los extranjeros que vayan allí, les sea lícito tener público ejercicio del culto propio de cada uno.
(Alocución Acerbissimum, 27 septiembre 1852)

LXXIX. Es sin duda falso que la libertad civil de cualquiera culto, y lo mismo la amplia facultad concedida a todos de manifestar abiertamente y en público cualesquiera opiniones y pensamientos, conduzca a corromper más fácilmente las costumbres y los ánimos, y a propagar la peste del indiferentismo.
(Alocución Nunquam fore, 15 diciembre 1856)

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PARA LA SECTA MONTINIANA NO HAY HEREJES NI CISMÁTICOS; POR ESO SU LITURGIA OMITE PEDIR QUE ABANDONEN LA HEREJÍA Y EL CISMA

 "Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."

Constantino el Grande


Anibale Bugnini
L'Osservatore Romano
Marzo 19, 1965



“ La 7ª oración [del novus ordo del Viernes Santo] lleva el título: 'Por la unidad de los cristianos'. Ya no se usa el término paria 'herejes' y 'cismáticos', sino 'todos los hermanos que creen en Cristo...'

Los estudiosos pretenden esclarecer las fuentes bíblicas y litúrgicas de las que se derivan o inspiran los nuevos textos, tarea que los Grupos de Estudio del Consilium lograron con gran esfuerzo. Y digamos que a menudo el trabajo se llevó a cabo con temor y temblor, sacrificando términos y conceptos tan queridos, que ahora forman parte de una larga tradición familiar. ¿Cómo no lamentar que la Madre Iglesia —Santa, Católica y Apostólica— se dignara a revocar la séptima oración? Y, sin embargo, es el amor a las almas y el deseo de ayudar en todo lo posible en el camino hacia la unión de los hermanos separados, eliminando cualquier obstáculo o dificultad, lo que ha impulsado a la Iglesia a realizar incluso estos dolorosos sacrificios.

" L'orazione 7° reca il titolo; 'Per l'unità del cristiani'. Non si paria pi ù di 'eretici' e 'scismatici', ma di 'tutti i fratelli che credondo in Cristo'...

Gli studiosi penseranno e mettere in luce le fonti bibliche e liturgiche da cui derivano o alle quali si inspirano i nuovi testi, elaborati col cesello dai Gruppi di studio del 'Consilium' E diacomo pure che non di rado lavore è proceduto 'cum timore et tremore' nel dover sacrificare expressioni e concetti tantocari, e ormai per longa consuetudine familiari. ¿Come non rimpiangere per esempio 'ad sanctam matrem Ecclesiam catolicam atque apostolicam revocare dignetur' della settima orazione? E tuttavia l'amore delle anime e il desiderio di agevolare in ogni modo il cammino dell'unione ai fratelli separati, rimovendo ogni pietra che possa constituyene pur lontamente un inciampo o motivo di desagio, hanno indoto la Chiesa anche a quiesti penosi sacrifici.



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Misal Montiniano
Conciliábulo Vaticano II

Oremos también por todos los hermanos que creen en Cristo, para que Dios nuestro Señor se digne congregar y custodiar en la única Iglesia a quienes procuran vivir en la verdad.


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Misal Romano
Concilio de Trento

Oremos también por los herejes y cismáticos, para que nuestro Dios y Señor los saque de todos sus errores, y se digne atraerlos al seno de la santa madre Iglesia católica y apostólica.

Oremus et pro haereticis et schismaticis: ut Deus et Dominus noster eruat eos ab erroribus universis; et ad sanctam matrem Ecclesiam Catholicam atque Apostolicam revocare dignetur.



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¿SEGÚN KURT KOCH DIOS SOLO CONDENA A LOS QUE RENIEGAN DEL CONCILIÁBULO VATICANO II Y SALVA A TODOS LOS INFIELES, PAGANOS, CISMÁTICOS Y HEREJES CON IGNORANCIA VENCIBLE?

"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande


Kurt Koch
Cardenal de la Ramera del Apocalipsis


Creo que resulta difícil incluso desde una perspectiva teológica, porque la fórmula «extra ecclesiam nulla salus» (fuera de la Iglesia no hay salvación) se aplica naturalmente a los católicos convencidos de que la Iglesia Católica señala el camino a la salvación eterna. Pero ya contamos con la convicción fundamental, basada en la Sagrada Escritura y también en la tradición, de que Dios desea la salvación de todas las personas y que, además, encuentra otros caminos para que quienes nunca se han alineado con el Evangelio de Jesucristo alcancen la salvación.

Si la Sociedad (FSSPX) ahora prácticamente condena al infierno a todo aquel que no pertenece a la Iglesia Católica, entonces no sé cómo se puede justificar esta convicción fundamental de la Sagrada Escritura: que Dios quiere que todos se salven. Y el peligro, por supuesto, es que el juicio teológico se anteponga a la voluntad divina, lo cual considero teológicamente muy problemático.


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S.S. San Pelagio II
Dilectionis vestrae
Año 585

"No pueden permanecer con Dios los que no quisieron estar unánimes en la Iglesia. Aun cuando ardieren entregados a las llamas de la hoguera; aun cuando arrojados a las fieras den su vida, no será aquélla la corona de la fe, sino la pena de falta de fidelidad; ni muerte gloriosa, sino perdición desesperada. Ese tal puede ser muerto; coronado, no puede serlo."


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S.S.Inocencio III
EIUS EXEMPLO

"Creemos de corazón y profesamos con nuestros labios una sola Iglesia, NO LA DE LOS HEREJES, sino la santa Iglesia Romana, Católica y Apostólica, fuera de la cual creemos que nadie puede salvarse"

"De corde credimus et ore confitemur unam ecclesiam, non haereticorum, sed sanctam Romanam catholicam et apostolicam, extra quam neminem salvari credimus."


Enchiridion Symbolorum de Denzinger 423 DZ-H 792

 
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S.S.Bonifacio VIII 
1302
Bula Unam Sanctam

Declaramos, decimos, definimos y pronunciamos
que someterse al Romano Pontífice
es de toda necesidad
para la salvación
de toda humana criatura."

Un Dios, una fe, una autoridad espiritual

La Iglesia , pues, que es una y única, tiene un sólio cuerpo, una sola cabeza, no dos, como un monstruo, es decir, Cristo y el Vicario de Cristo, Pedro y su sucesor, puesto que dice el Señor al mismo Pedro: “Apacienta a mis ovejas” ( Jn 21,17), “Mis ovejas”, dijo: y de modo general, no estás o aquellas en particular: por lo que se entiende que se las encomendó todas. Sí, pues, los griegos u otros dicen no haber sido encomendadas a Pedro y a sus sucesores, menester es que confiesen no ser de las ovejas de Cristo, puesto que dice el Señor en Juan que  “hay un solo rebaño y un solo pastor” ( Jn 10,16).

Ahora bien, esta potestad, aunque se ha dado a un hombre y se ejerce por un hombre, no es humana, sino antes divina, por boca divina dada a Pedro, y a él y a sus sucesores confirmada en Aquél mismo a quien confeso, y por ello fue piedra, cuando dijo el Señor al mismo Pedro: “Cuanto ligares”etc..( Mt 16,19). Quienquiera, pues a este poder así ordenado por Dios “resista, a la ordenación de Dios resiste”  (Rom. 13,2), a no ser que, como Maniqueo, imagine que hay dos principios , cosa que juzgamos falsa y herética, pues atestigua Moisés no que en los principios, sino “en el principio creó Dios el cielo y la tierra” Génesis 1,1.

Ahora bien, someterse al Romano Pontífice, lo declaramos, lo decimos, definimos y pronunciamos como de toda necesidad de salvación para toda humana criatura.


Pontífice Bonifacio VIII,
Bula unam sanctam
del 18 de noviembre de 1.302

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S.S Eugenio IV
Concilio de Florencia
Cantate Domino
4 de febrero de 1442

La Iglesia Católica firmemente cree, profesa y predica que nadie que no esté dentro de la Iglesia católica, no sólo paganos, sino también judíos y herejes y cismáticos, puede hacerse partícipe de la vida eterna, sino que irá al fuego eterno «que está aparejado para el diablo y sus ángeles» [Mt 25, 41], a no ser que antes de su muerte se uniere con ella; y que es de tanto precio la unidad en el cuerpo de la Iglesia, que sólo a quienes en él permanecen les aprovechan para su salvación los sacramentos y producen premios eternos los ayunos, limosnas y demás oficios de piedad y ejercicios de la milicia cristiana. «Y que nadie, por más limosnas que hiciere, aun cuando derramare su sangre por el nombre de Cristo, puede salvarse, si no permaneciere en el seno y unidad de la Iglesia católica


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S.S. León XII
Ubi primum
5 de mayo de 1824

Es imposible que el Dios verdadero, que es la Verdad misma, el mejor, el más sabio proveedor y el premiador de los buenos, apruebe todas las sectas que profesan enseñanzas falsas que a menudo son inconsistentes y contradictorias entre sí, y otorgue premios eternos a sus miembros […] porque por la fe divina confesamos un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo. […] Por eso confesamos que no hay salvación fuera de la Iglesia. 


(León XII. Encíclica Ubi primum, n. 14, 5 de mayo de 1824)

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S.S.Pío IX
Singulari quidem
17 de marzo de 1856


Que así como no hay más, que un solo Dios, un solo Cristo, y un solo Espíritu Santo, así tampoco no hay más, que una sola verdad divinamente revelada, una sola fé divina, principio de la salud del hombre, y fundamento de toda justificación, la fé, de que vive el justo, y sin la cual es imposible agradar a Dios, ni pertenecer a la sociedad de sus hijos; una sola Iglesia verdadera y santa, la Iglesia Católica, Apostólica, Romana, una sola Cátedra fundada sobre Pedro por la palabra del Señor, Cátedra, fuera de la cual no puede hallarse ni la verdadera fé, ni la salud eterna, pues el que no tiene por madre a la Iglesia no puede tener por padre a Dios, y es en vano lisonjearse de pertenecer a la Iglesia, cuando se ha dejado la Cátedra de Pedro, que es el cimiento sobre el cual está fundada aquella. 

No hay pues, ni puede haber pecado mayor ni ignominia más vergonzosa, que el sublevarse contra Jesucristo, desgarrar las entrañas de la Iglesia, fundada y comprada con su sangre, y conculcar la caridad evangélica, combatiendo con furor impío la unión y concordia del pueblo de Dios.




La Iglesia declara abiertamente que la única esperanza de salud para el hombre está colocado en la fé cristiana, la cual enseña la verdad, disipa las tinieblas de la ignorancia con el resplandor de su luz, y obra la caridad; y que esta esperanza está puesta en la Iglesia Católica, que conservando el verdadero culto, es el refugio sólido de esta fé, y el templo único de Dios, fuera del cual nadie, a menos que no le excuse una ignorancia invencible, puede tener esperanza de vida y salvación eterna. 



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Suprema haec sacra
SAGRADA CONGREGACIÓN DEL SANTO OFICIO
 8 de agosto de 1949

Dios, en su infinita misericordia, ha querido que, tratándose de aquellos medios de salvación que se ordenan al fin último del hombre, no por intrínseca necesidad, sino sólo por institución divina, los efectos saludables puedan también obtenerse en ciertas circunstancias cuando tales medios se han puesto sólo de deseo o de voto. Esto lo vemos claramente establecido en el Concilio de Trento, tanto respecto del sacramento del bautismo como de la penitencia (Denzinger, nn. 797, 807).

Lo mismo, en su escala, debe afirmarse de la Iglesia, en cuanto constituye un auxilio general para salvarse. Por tanto, para que una persona obtenga su eterna salvación, no siempre se requiere que esté de hecho incorporada a la Iglesia como miembro, sino que es necesario que por lo menos se haya unido a ella por el deseo o voto.

Sin embargo, este voto no se precisa siempre que sea explícito, como en los catecúmenos; sino que cuando una persona se encuentra en ignorancia invencible, Dios acepta también un deseo implícito, así llamado porque se incluye en aquella buena disposición del alma por la cual una persona desea que su voluntad se conforme con la de Dios.

Estas cosas están claramente dichas en aquella carta dogmática publicada por el Soberano Pontífice Papa Pío XII, en 29 de junio de 1943, sobre el Cuerpo Místico de Jesucristo» (AAS., vol. 35, an. 1943, p. 193 ss.) Porque en esta carta el Soberano Pontífice distingue claramente entre los que están actualmente incorporados en la Iglesia como miembros y los que sólo se han unido a ella por el deseo.

Hablando de los miembros que integran aquí en la tierra el Cuerpo Místico, el mismo augusto Pontífice dice: Realmente sólo deben incluírse como miembros de la Iglesia aquellos que han sido bautizados y profesan la verdadera fe y que no fueron tan desgraciados como para separarse por sí mismos de la unidad del Cuerpo Místico o para ser excluídos por la autoridad legítima a causa de faltas graves cometidas.»

Hacia la última parte de esta misma carta encíclica, cuando con el mayor afecto invita a la unidad a aquellos que no pertenecen al cuerpo de la Iglesia católica se refiere a los que «están adheridos al cuerpo Místico del Redentor mediante cierto inconsciente anhelo y deseo». Y a estos tales de forma alguna los excluye de la salvación eterna, pero por otro lado afirma que se encuentran en unas condiciones «en las que no pueden estar ciertos de salvarse», ya que «aún permanecen privados de aquellos abundantes dones y auxilios celestiales de que sólo se goza en la Iglesia católica» (AAS., loc. cit., 243).

Con estas sabias palabras reprueba tanto a aquellos que excluyen de la salvación eterna a todos los unidos a la Iglesia sólo por el deseo implícito y a quienes afirman con falsedad que los hombres pueden salvarse igual en todas las religiones (cf. Papa Pío IX: Alocución «Singulari quadam», Denzinger, nn. 1.641 y ss.; asimismo, Papa Pío IX en la carta encíclica «Quanto conficiamur moerore», v. Denzinger, n. 1.677).




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CAMBIEMOS Y ADAPTEMOS EL PRIMADO Y LA MONARQUÍA DE LA IGLESIA AL GUSTO DE LOS CISMÁTICOS EN POS DEL ECUMENISMO CONCILIAR

"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande

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Cardenal Joseph Ratzinger
ULTERIOR IIIº JEFE SUPREMO DE LA RAMERA CONCILIAR DEL VATICANO II
Principios de la Teología Católica
1982


Ciertamente, nadie que se proclame fiel a la teología católica puede simplemente declarar nula y sin valor la doctrina del primado, especialmente si busca comprender las objeciones y evalúa con una mente abierta el peso relativo de lo que puede determinarse históricamente. Tampoco es posible, por otra parte, que considere como la única forma posible y, por consiguiente, como vinculante para todos los cristianos, la forma que este primado ha tomado en los siglos diecinueve y veinte. Los gestos simbólicos del Papa Pablo VI y, en particular, su arrodillamiento ante el representante del Patriarca Ecuménico fueron un intento de expresar precisamente esto y, mediante tales signos, de señalar el camino para salir del callejón sin salida histórico.

Aunque no nos es dado detener el vuelo de la historia, ni cambiar el curso de los siglos, podemos decir, no obstante, que lo que fue posible durante mil años no es imposible para los cristianos de hoy. Después de todo, el cardenal Humberto de Silva Candida, en la misma bula en la que excomulgó al patriarca Miguel Cerulario y así inauguró el cisma entre Oriente y Occidente, designó al emperador y al pueblo de Constantinopla como "muy cristianos y ortodoxos", aunque su concepto del primado romano era ciertamente mucho menos diferente del de Cerulario que del, digamos, del Concilio Vaticano Primero.

En otras palabras, Roma no debe exigir de Oriente, con respecto a la doctrina del primado, más de lo que había sido formulado y se vivió en el primer milenio. 

Cuando el patriarca Atenágoras, el 25 de julio de 1967, con ocasión de la visita del Papa al Fanar, lo designó como el sucesor de San Pedro, como el más estimado entre nosotros, como aquel que preside en la caridad, este gran líder de la Iglesia estaba expresando el contenido esencial de la doctrina del primado tal como se conocía en el primer milenio. Roma no necesita pedir más. 

La reunión podría tener lugar en este contexto si, por una parte, Oriente dejara de oponerse como heréticos a los desarrollos que tuvieron lugar en Occidente en el segundo milenio y aceptara a la Iglesia Católica como legítima y ortodoxa en la forma que había adquirido en el curso de ese desarrollo, mientras que, por otra parte, Occidente reconociera a la Iglesia de Oriente como ortodoxa y legítima en la forma que siempre ha tenido.

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Una palabra final: el dinamismo del acontecimiento afecta incluso al lenguaje. La referencia a los hermanos apóstoles Pedro y Andrés gana mayor importancia en el diálogo no solo como un medio para yuxtaponer a las Iglesias de la vieja y la nueva Roma como Iglesias hermanas, sino también para enfatizar la cercanía especial de las funciones de los dos obispos que son los sucesores del "primer corifeo" y del "primer llamado". 

Hasta donde soy capaz de determinar, fue el metropolitano Atenágoras de Tiatira quien, el 28 de diciembre de 1963, justo antes de la significativa visita del Papa a Tierra Santa, habló por primera vez de los dos apóstoles en términos del presente y, al hacerlo, se dirigió al Papa como el "primer obispo de la Iglesia entre iguales". 

Melitón de Heliópolis dio un paso más allá después de que la prohibición hubiera sido levantada. Se dirigió al Papa con estas palabras: "Usted, el primer obispo de la cristiandad, y su hermano, el segundo en rango, el obispo de Constantinopla, pueden por primera vez en largos siglos, debido al santo acontecimiento de este día, dirigirse a la humanidad con una sola voz y un solo corazón para proclamarles las buenas nuevas de la Navidad: Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a las personas que él ama". 

El propio patriarca Atenágoras habló con mayor fuerza aún cuando saludó al Papa en el Fanar: "Contra toda expectativa, el obispo de Roma está entre nosotros, el primero entre nosotros en honor, 'el que preside en el amor' (Ignacio de Antioquía, epístola 'Ad Romanos', PG 5, col. 801, prólogo)". Está claro que, al decir esto, el patriarca no abandonó las pretensiones de las Iglesias orientales ni reconoció el primado de Occidente. Más bien, expuso claramente lo que Oriente entendía como el orden, el rango y el título de los obispos iguales en la Iglesia; y valdría la pena que consideráramos si esta confesión arcaica, que nada tiene que ver con el "primado de jurisdicción" sino que confiesa un primado de "honor" (τιμή) y ágape, no podría ser reconocida como una fórmula que refleja adecuadamente la posición que Roma ocupa en la Iglesia; el "santo coraje" requiere que la prudencia se combine con la "audacia": "El reino de Dios sufre violencia"



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S.S. San Pío X
Ex quo 

"Con no menor falsedad se introduce la persuasión de que la Iglesia Católica no fue en los primeros siglos mando de uno solo, es decir, monarquía...."



Denzinger 2147 a

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S.S.Pío IX
Concilio Vaticano
1870

Si alguno, pues, dijere que el bienaventurado apóstol Pedro no fue constituido por CRISTO nuestro Señor príncipe de los Apóstoles y cabeza visible de toda la Iglesia militante, ó que el mismo Pedro no recibió directa é inmediatamente de JESUCRISTO nuestro Señor, mas que un primado de honor y no de propia y verdadera jurisdiccion; sea anatema.

Si quis igitur dixerit, beatum Petrum apostolum non esse à CHRISTO Domino constitutum Apostolorum omnium principem et totius Ecclesiæ militantis visibile caput; vel eumdem honoris tantum, non autem veræ propriæque jurisdictionis primatum ab eodem Domino nostro JESUCHRISTO directe et immediate accepisse; anathema sit.




Denzinger 1823

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