ÍNDICE DE LIBROS PROHIBIDOS
INDEX LIBRORUM PROHIBITORUM
- LAS HORAS DE LA PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO CON UN TRATADO DE LA DIVINA VOLUNTAD.
- LA REINA DEL CIELO EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
- EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
CLEMENTE IX (1667-1669)
JULIO ROSPIGLIOSI
Natural de Pistoya, hijo de una familia nobilísima y cardenal de San Sixto, fue elegido papa a los 67 años, el 20 de junio de 1667.
Medió entre Luis XIV y Europa para que dieran fin a la guerra, insistiendo por la paz, que fue firmada en Aquisgrán, en 1668; asimismo ayudó a los venecianos contra los turcos que asediaban a Candía.
Recibió la sumisión de cuatro obispos franceses, obstinados en las cuestiones jansenistas, haciéndoles suscribir el formulario de Alejandro VII.
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
Esta unión y oportuna comunicación con la Santa Sede no proviene del deseo de unificar y centralizarlo todo, sino del derecho divino y de la naturaleza de la misma constitución de la Iglesia de Cristo.
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ALEJANDRO VII (1655-1667)
FABIO CHIGI
Fabio Chigi nació en Sena, en 1599. Fue elegido papa el 7 de abril de 1655, después de dos meses de conclave. Era de una devoción edificante; era sencillo en su vida, y en las diversas misiones que le fueron confiadas demostró gran discreción.
Al subir al trono pontificio recibió la abjuración del luteranismo de Cristina de Suecia, hija de Gustavo Adolfo, la cual renunció a la corona y fue a vivir en Roma. Alejandro anheló una fuerte alianza de todos los príncipes cristianos contra los turcos, pero ésta fracasó por la fraudulenta política de Luis XIV de Francia. Defendió al cardenal de Retz, arzobispo de París, encarcelado y luego desterrado por los desórdenes de la Fronda. Tuvo que sufrir mucho por los atropellos del embajador francés en Roma a propósito de las franquicias; se llegaron a romper las relaciones entre la Santa Sede y Francia, y al papa le fue quitado Aviñón y el condado Venosino. Entonces Alejandro VII, para evitar una guerra en Italia, amenazada por Luis XIV, tuvo que soportar la humillación del tratado de Pisa (1664).
Aprobó y explicó la condenación lanzada por Inocencio contra las proposiciones de Jansenio, proponiendo un formulario que había de ser aceptado por todos (1665).
Confirmó la doctrina de la Iglesia acerca de la Inmaculada Concepción de María.
Atendió a la reforma del clero, protegió las artes y las letras; entre las obras de embellecimiento de la ciudad se le debe el maravilloso pórtico delante de San Pedro, ideado por Bernini.
Menoscabó algo su buena fama el excesivo afán de exaltar a su familia.
Murió el 29 de mayo de 1667.
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
Vicente de la Fuente
El mismo San Agustín nos da el origen histórico del policultismo después del triunfo del Evangelio. Según San Agustín, Juliano el Apóstata es el primer librecultista, y, a la verdad, los partidarios de ese error no deben lisonjearse de su noble alcurnia. Manifiesta las malas tendencias de aquel primer librecultista, y a la libertad de cultos, que concedió, la designa con las gráficas palabras de libertad de perdicion. Hélas aquí tomadas de la epístola CLXVI, ya citada: Julianus desertor Christi et inimicus HERETICIS LIBERTATEM PERDITIONIS permissit, et tunc Basilicas hæreticis reddidit quando templa dæmoniis, eo modò putans christianum nomen posse perire de terris si unitati Ecclesiæ, de qua lapsus fuerat, invideret, et SACRILEGAS DISCUSSIONES LIBERAS esse permitteret.
Noble romano, fue auditor de la Rota, nuncio de Nápoles y datario de legaciones en España y Francia. Elegido pontífice, a pesar del veto que Francia le había puesto en 1644, publicó una bula contra los cardenales que no residían en los Estados pontificios, acusando también al cardenal Mazarino, que se defendió denunciando la bula al Parlamento y amenazando a Aviñón.
Hubo entre él y el duque de Parma una desavenencia por la elección del obispo de Castro, e Inocencio X despojó al duque de aquel principado. Fue asesinado el obispo elegido por el papa, y éste hizo incendiar la ciudad. Favoreció la expedición del duque de Guisa a Nápoles, pero el cardenal Mazarino la hizo fracasar.
Luego el pontífice protestó, aunque en vano (1648), contra cláusulas del tratado de Westfalia, que al reconocer el protestantismo lo ponía al nivel del catolicismo, legalizaba las usurpaciones de los príncipes alemanes en perjuicio de la Iglesia, e iniciaba así la obra de secularización que había de ser luego, desgraciadamente, norma en las relaciones entre el Estado y la Iglesia.
En 1653 condenó por medio de la bula Cum occasione las cinco proposiciones heréticas de Jansenio, sin que se dejara conmover por las luchas que los jansenistas desencadenaron en Francia.
En 1650 celebró con grandes fiestas el XIII jubileo; suprimió muchos conventos de Italia, donde por el corto número de componentes no era posible la exacta observancia de la disciplina monástica.
Ayudó a los venecianos y al rey de Hungría Vladislao en la lucha contra los turcos.
Fue un grave error de Inocencio el admitir en la corte pontificia a su cuñada Olimpia Maidelchina, mujer ambiciosa e intrigante, que junto con su nuera, llamada también Olimpia, y con el cardenal Astalli, pariente del papa, señoreaban en el Vaticano y manejaban los asuntos más importantes. Las acusaciones contra Inocencio por esta debilidad suya son definidas por Ranke: "una historia tejida de hechos apócrifos, de fábulas y quimeras".
Por lo demás, Inocencio X, aunque viejo, desplegó una gran actividad y opuso una amable sencillez a la rigidez severa de Urbano VIII.
Favoreció con largueza a los pobres y abasteció abundantemente de trigo la ciudad durante la carestía de 1649.
Fue uno de los pontífices que más contribuyeron al embellecimiento de Roma; San Pedro, San Juan de Letrán, Santa Inés en la Plaza Navona fueron objeto de su atento celo.
También hizo construir algunos edificios civiles, como las llamadas Cárceles Nuevas, en las cuales, por primera vez en Europa, se adoptó el sistema celular y donde por obra del arquitecto, Antonio del Grande, se supo mezclar a la vez higiene, seguridad, sencillez y arte.
Inocencio X murió el 5 de enero de 1655.
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
URBANO VIII (1623-1644)
MAFFEO BARBERINI
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
GREGORIO XV (1621-1623)
ALEJANDRO LUDOVISI
Durante su breve pontificado, este papa, de origen boloñés, se esforzó en sofocar los tumultos que agitaban nuevamente Valtellina, donde el pueblo se había rebelado contra los grisones. Su acción fue más eficaz en Alemania y Francia contra los progresos del protestantismo.
Para evitar las dificultades que especialmente en las últimas elecciones de los papas se habían presentado, habiéndose arrogado muchos Estados el derecho de exclusiva, ordenó que en los escrutinios los votos fuesen secretos (aun manteniendo la elección por acceso y por compromiso), que fuese elegido aquel que obtuviera los dos tercios de los votos de los cardenales presentes, y que cada cardenal, antes de poner la papeleta en el cáliz, jurase emitir el voto en conciencia. (La constitución de Gregorio XV con las modificaciones hechas posteriormente por Pio X y Pio XII es la que rige todavía en la elección del papa).
Pero su más grande obra fue la fundación de la Congregación "De Propaganda Fide", encaminada a coordinar y vigilar el trabajo en las misiones y fundar nuevas; está compuesta por diecioche cardenales y numerosos prelados.
Cuando Maximiliano de Baviera, durante la guerra contra los protestantes, tomó Heidelberg, Gregorió logró que la riquísima biblioteca de aquella ciudad, le fuese enviada, y él la unió a la ya famosa Biblioteca Vaticana, salvándola así de la dispersión.
Socorrió con largueza a los pobres y abasteció a Roma de abundante trigo en tiempos de grave escasez.
A él, apasionado del arte, se debe el edicto que prohibía demoler los antiguos edificios de la Roma imperial para las nuevas construcciones, como se acostumbraba a hacer.
Gregorio XV canonizó a muchos santos; entre ellos a Santa Teresa, San Felipe Neri, San Ignacio y San Francisco Javier.
Cuando fue elegido, a los setenta años, tenía ya quebrantada su salud, y murió el 8 de julio de 1623.
Prescindiendo de su excesivo amor a los parientes, fue un papa de gran mérito y de santas costumbres.
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
El nuevo Ordo de la Semana Santa, así como la simplificación de rúbricas, promulgado por Su Santidad Pío XII, es rechazado como espurio y no obligatorio por sectas de simuladores de Sacramentos, adheridas a la inválida línea thucista. Estas turbas afirman que Su Santidad Pío XII es el último Papa legítimo al que se debe obediencia, una obediencia que, paradójicamente, nunca han practicado estos herejes jansenistas y cismáticos. Desde sus espurias e inválidas ordenaciones episcopales, han evidenciado un desprecio constante por la autoridad legítima, contradiciendo con sus palabras y acciones la fe que dicen defender.
Decreto de la Sagrada Congregación de Ritos
simplificando las rúbricas de la misa y breviario
Dado que en estos tiempos los sacerdotes, especialmente los que tienen cura de almas, se ven sobrecargados cada día más con diversos y nuevos oficios de apostolado, de modo que apenas pueden atender al rezo del divino Oficio con la tranquilidad de espíritu que se requiere, algunos Ordinarios elevaron insistentes preces a la Santa Sede a fin de que proveyera benignamente a la remoción de esta dificultad, y que, al menos, se redujera a más simple forma el copioso cúmulo de rúbricas.
El Sumo Pontífice Pío XII, según su pastoral celo y solicitud, designó para el examen de esta cuestión una comisión de especialistas, de los que se recabaron estudios sobre una restauración general litúrgica; dicha comisión, examinadas atentamente todas las circunstancias, llegó a la conclusión de que habían de reducirse a normas más expeditas las vigentes rúbricas, pero de tal forma que pudiesen seguirse utilizando los actuales libros litúrgicos tal y como hoy existen, en tanto no se provea otra cosa.
Sometido todo esto a nuestro Santísimo Señor por el eminentísimo Cardenal Prefecto de la Sagrada Congregación de Ritos, Su Santidad se dignó aprobar la siguiente disposición sobre rúbricas y mandó que se hiciera pública, prescribiendo que las normas establecidas por el presente Decreto entren en vigor el 1 de enero de 1956.Shoul
Cuiden, pues, los editores pontificios de libros litúrgicos de no innovar nada por ahora en las nuevas ediciones del breviario y misal que puedan preparar.
Sin que obste nada en contrario.
Dado en Roma, en la Sede de la Sagrada Congregación de Ritos, el día 23 de marzo de 1955.-C. CARD. CICOGNANI, Prefecto.-A. CARINCI, Arzobispo de Seleuc., secretario.
...Siguen los cambios.
La promulgación de las leyes eclesiásticas generales se realiza exclusivamente mediante la inserción de la ley en la publicación oficial de la Santa Sede, la “Acta Apostolical Sedis”, excepto en ciertos casos mencionados específicamente. La ley entra en vigencia y es vinculante para todos los miembros de la comunidad...
https://archive.org/details/07470918.9.emory.edu/page/63/mode/2up?q=
Siglo I. San Clemente Papa intervino en la iglesia de Corinto, donde algunos laicos malintencionados depusieron a los presbíteros y ordenaron el culto a su modo. El Papa les prescribió que reconocieran la autoridad y poder de los presbíteros y adoptasen la forma litúrgica que él mismo les dictaba, bajo pena de incurrir «en ofensa y peligro no pequeño», pues él interviene en nombre de Cristo: quae ille (Christus) per nos dixit (lo que Él —Cristo— dijo a través de nosotros).
Siglo II. El papa Víctor I intervino en las iglesias del Asia Menor, donde apareció cierta controversia acerca de la fecha en que había de celebrarse la Pascua. Amenazó el Papa con la misma excomunión, y otros obispos, entre ellos, el mismo San Ireneo de Lyón, intercedieron ante el Sumo Pontífice para rogarle que no lo llevase a efecto, pues se trataba de iglesias muy venerables, fundadas por los mismos apóstoles, a lo cual accedió el Papa, aunque es cierto que también dichas iglesias adoptaron el uso romano. El mismo Harnak ha reconocido este acto como un ejercicio del primado de San Pedro.
Siglo III. El papa San Esteban decretó que había de reconocerse el bautismo conferido por los herejes y que los penitentes podían y debían ser reconciliados.
Siglo IV. San Dámaso determinó que se cantasen los salmos de día y de noche en todas las iglesias, preceptuándolo a los presbíteros, obispos y monjes.
En el año 385, el papa San Siricio escribió una carta al obispo de Tarragona, Himerio, en la que le da algunas normas acerca de la administración del bautismo, que no había de ser administrado, fuera de caso de necesidad, sino en los días determinados, como Pascua, de tal modo que nunc praefatam regulam omnes teneant sacerdotes, qui nolunt ab apostolicae petrae, super quam Christus universalem construxit Ecclesiam, soliditate develli (ahora todos los sacerdotes deben observar la regla mencionada, si no quieren ser separados de la solidez de la roca apostólica sobre la cual Cristo construyó la Iglesia universal).
Siglo V. Inocencio I prescribió que el beso de la paz no se diese sino después de la celebración de los misterios sagrados y no antes (es decir, antes del canon), como se hacía en las Galias imitando a los orientales. Así lo hacía saber en su Epistola ad Decentium, añadiendo que hacía esto con la autoridad que le competía y que ab omnibus fuerit servari, nec superdici aut introduci aliquid quod auctoritatem non habeat (debe ser observado por todos, y no se debe añadir ni introducir nada que no tenga autoridad).
San León Magno manda a Dióscoro, obispo de Alejandría, que se celebren más misas en los días solemnes, en que la afluencia de fieles es numerosa y no cabe en el recinto sagrado. Y a los obispos de Sicilia les prohíbe que bauticen solemnemente en la fiesta de Epifanía sin extrema necesidad, porque si unde (Roma) consecrationem honoris accipitis, inde legem totius observantiae sumeretis (si de donde —Roma— recibís la consagración del honor, de allí mismo debéis tomar la ley de toda observancia).
Siglo VI. El papa Vigilio, en una carta al obispo de Braga, Profuturo, le indica el modo romano de administrar el bautismo, para que, al menos en las fórmulas esenciales, se observe una gran unidad.
El siglo VI es también el siglo de San Gregorio Magno, que en la ordenación de la liturgia ha sido siempre considerado como uno de los papas más importantes, aunque, al querer fijar concretamente su actuación en este punto, existen grandes obstáculos por falta de documentos.
En una carta a San Leandro aprueba, a petición del santo obispo de Sevilla, que sólo se realice el bautismo con una sola inmersión, para distinguir el rito católico del de los herejes. Prohibió que los clérigos inferiores llevasen el manípulo en las celebraciones litúrgicas de la catedral de Ravena. En una carta al obispo de Calahorra, Genaro, prohíbe que los obispos signen dos veces la frente de los neófitos, y manda que los presbíteros unjan el pecho de los neófitos, y los obispos la frente.
Es interesante para la historia del ordinario de la misa la carta a Juan, obispo de Siracusa.
Desde esa época hasta los tiempos carolingios se va introduciendo cada vez más la liturgia romana, hasta quedar la única en Occidente siglos más tarde, salvo la excepción minúscula de la liturgia ambrosiana en Milán y la mozárabe en Toledo.
Siglo IX. León IV manda al abad Honorato que nada cambie de la melodía gregoriana bajo pena de excomunión.
Siglo XI. Gregorio VII, además de haber suprimido la liturgia mozárabe en España, prescribió la celebración de las témporas según el modo romano, especialmente las témporas de verano; extendió a la Iglesia universal las fiestas de los Sumos Pontífices mártires e hizo alguna reforma en el oficio divino.
Siglo XII. Alejandro III decretó que en adelante las causas de canonización se reservasen a la Santa Sede.
Siglo XIII. Gregorio IX corrige ciertos abusos en orden a la recitación del breviario por los clérigos: ut divinum officium nocturnum pariter et diurnum... studiose celebrent pariter et devote (para que celebren el oficio divino, tanto nocturno como diurno... con igual esmero y devoción).
Siglo XIV. Juan XXII, en su constitución Docta Sanctorum Patrum, reprobó los abusos de su tiempo respecto al canto eclesiástico y a la música sagrada en general.
Sin embargo, hasta el concilio de Trento podemos asegurar que la hegemonía litúrgica de los papas no era absoluta. Los obispos, incluso los abades, del medievo se desenvolvían en este aspecto con cierta independencia y libertad.
Con la reforma del Breviario en 1568 y del Misal en 1570 y la obligación de aceptarlos, excluidas las iglesias que tenían sus propios libros litúrgicos desde hacía doscientos años, se limitaron más las atribuciones de los obispos, pues en las bulas por las que se promulgaban estos libros litúrgicos se reserva expresamente a la Santa Sede el derecho de introducir algunos cambios en los mismos, y, por lo tanto, la misión de los obispos se redujo a vigilar para que las prescripciones pontificias fuesen observadas diligentemente en el territorio de su jurisdicción. El principio de estas intervenciones de los papas, cada vez más apremiantes, para unificar todo el culto de Occidente nos lo da Clemente VIII: Ut Deus in Ecclesia, per universum orbem diffusa, uno et eodem orandi et psallendi ordine a Christi fidelibus semper laudetur et invocetur (Para que Dios sea siempre alabado e invocado por los fieles de Cristo en la Iglesia, difundida por todo el mundo, con uno y el mismo orden de oración y de canto). Ya antes, en el mismo concilio de Trento, se había expresado el deseo de una mayor igualdad en la celebración litúrgica. Muy importante es, desde este punto de vista, el documento que los españoles enviaron al concilio, por medio de San Carlos Borromeo, el 7 de noviembre de 1562, en el que se decía: ... ut idipsum officium dicamus omnes, et non sint in nobis schismata officiorum et missalium (... para que todos decimos el mismo oficio, y no haya entre nosotros cismas de oficios y misales).
Veinte años más tarde de la promulgación del Breviario y del Misal, Sixto V instituyó la Sagrada Congregación de Ritos, para que con potestad ordinaria, en nombre del Sumo Pontífice, resolviese en el mundo latino las dudas acerca de la liturgia, para que suprimiese abusos y sancionase todo lo que se refería a la liturgia.
La revisión y publicación de los libros litúrgicos decretada en el concilio de Trento no tardó en aparecer. Además del Breviario y del Misal promulgados por San Pío V, Clemente VIII promulgó en 1596 el Ceremonial de los obispos; Paulo V hizo lo mismo con el Ritual en 1614. Más tarde, en 1785, Benedicto XIII mandó editar el Memoriale Rituum. Modernamente San Pío X mandó hacer una revisión de los libros de canto gregoriano y publicó una edición típica de los mismos entre los años 1905 y 1911. En el pontificado de Pío XII se hizo la reforma de los ritos de la Semana Santa y apareció el decreto de las nuevas rúbricas y la instrucción de la Sagrada Congregación de Ritos del 3 de septiembre de 1958 sobre liturgia y música sagrada, con una proyección pastoral muy grande, como también en los dos casos anteriores. A Pío XII se deben, además, otros muchos documentos de primer orden relativos a la liturgia, principalmente las encíclicas Mediator Dei y Musicae sacrae disciplina.