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Abbé Nicolas-Sylvestre Bergier
DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE TEOLOGÍA
Nadie discurre peor que los deístas cuando dicen, que la ley natural basta para que el hombre arregle sus acciones: que no necesita sino consultar a su razón y a su conciencia para saber lo que debe hacer ó evitar.
Esto pudiera ser cierto, si la razón de todos los hombres fuese siempre ilustrada, y su conciencia siempre recta.
Pero lo contrario se prueba demasiado por una esperiencia general y constante. Cuando un hombre nacido con un talento muy penetrante, con un corazón sensible y generoso, con un ingenio cultivado por una excelente educación, fuese de discernir con seguridad lo que es conforme ó contrario a la ley natural; no sucede así con el hombre salvaje, casi estúpido ó depravado por malas lecciones y peores ejemplos. ¿Habrá jamás un hombre de más talento, sagacidad y rectitud que Platón, Sócrates, Aristóteles y Cicerón? Todos se han engañado sobre deberes naturales, porque las costumbres públicas habían corrompido la moral.
Si se dice, como algunos deístas, que cuando el hombre es incapaz de conocer por sí mismo sus deberes naturales, está dispensado de cumplirlos; sería preciso sostener también no está obligado a dar oídos a las lecciones de educación, a los consejos de los sábios, y a la voz de las leyes humanas.
Si según los deistas hay derecho para resistir a las luces de la revelación, y a las instrucciones positivas de Dios, con más razón habrá fundamento para resistir a las de los hombres.
Si según los deistas hay derecho para resistir a las luces de la revelación, y a las instrucciones positivas de Dios, con más razón habrá fundamento para resistir a las de los hombres.
De estas reflexiones se infiere que la ley natural no se llama así, porque los hombres puedan conocerla con toda perfección con solo las luces de la naturaleza, sino porque se funda en la constitución de la naturaleza humana, según fue criada por Dios.
DICCIONARIO ENCICLOPÉDICO DE TEOLOGÍA
TOMO V
Nicolás Silvestre Bergier
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