VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

EL MAL Y EL ERROR NO TIENEN DERECHOS, NI PUEDE CONCEDÉRSELOS NADIE

Vicente de la Fuente
La pluralidad de cultos y sus inconvenientes
1865


Pero ¿se halla en este caso la libertad de cultos? Nada dicen respecto a ella ni el derecho ni la moral, y sobre todo en España. Ya hemos visto lo que dicen la filosofía y la moral: luego veremos lo que dice Dios a todos los cristianos, aun protestantes, y lo que dice la Iglesia a los católicos. Veremos que el mal y el error no tienen derechos, ni puede concedérselos nadie; que los derechos emanan de Dios, fuente de toda verdad y de toda justicia, y que no se pueden conceder derechos al error y a la mentira, pues entonces Dios daría derechos contra sí mismo, daría derecho al error contra la Verdad, que es Dios. Seria además un Dios embustero, que diría una cosa en las palabras que grababa en el corazón del hombre por la ley natural, y otras distintas en los libros santos por la ley revelada.

LA PLURALIDAD DE CULTOS Y SUS INCONVENIENTES.
POR DON VICENTE DE LA FUENTE,
CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA.
AÑO 1865

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RECORDEMOS

S.S. León XIII
Libertas
1888

"...el derecho es una facultad moral que, como hemos dicho ya y conviene repetir con insistencia, no podemos suponer concedida por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la virtud y al vicio...es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos."

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S.S. Pío XII
Ci riesce
1953

lo que no responde a la verdad y a la norma moral no tiene objetivamente derecho alguno ni a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción...ninguna autoridad humana, ningún Estado, ninguna Comunidad de Estados, sea el que sea su carácter religioso, pueden dar un mandato positivo o una positiva autorización de enseñar o de hacer lo que sería contrario a la verdad religiosa o al bien moral.
Un mandato o una autorización de este género no tendrían fuerza obligatoria y quedarían sin valor.
Ninguna autoridad podría darlos, porque es contra la naturaleza obligar al espíritu y a la voluntad del hombre al error y al mal o a considerar al uno y al otro como indiferentes.
Ni siquiera Dios podría dar un mandato positivo o una positiva autorización de tal clase, porque estaría en contradicción con su absoluta veracidad y santidad.

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