VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

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DIOS NO HA DADO AL HOMBRE EL DERECHO DE TRIBUTARLE EL CULTO QUE LE PAREZCA


Mons. Joaquín Larraín Gandarillas
Obispo de Martyrópolis
1865

Pero Dios no ha dado al hombre el derecho de tributarle el culto que le parezca, desde que le ha impuesto la obligación de ofrecerle el único que ha declarado puro y digno de su infinita grandeza (el Católico). Mucho menos ha podido emanar semejante derecho de la sociedad, que podría en tal caso quitarlo o restringirlo, que es precisamente lo que se le niega.

Se habla también del derecho de adorar a la Divinidad, como de una de las más nobles formas de la libertad humana, que es por lo tanto inviolable y no puede tener otras limitaciones que las que exige el derecho ajeno. Indudablemente, la obligación de tributar culto externo a Dios envuelve el derecho de que la sociedad no estorbe su cumplimiento. Pero como todas las libertades, la religiosa está limitada por el derecho ajeno. Por derecho ajeno debe entenderse no solo el de los otros hombres, sino también el de Dios; pues si se dijera que el hombre tiene la libertad y derecho para hacer todo lo que no daña a sus semejantes, resultaría que tendría libertad y derecho para suicidarse y blasfemar de Dios. La sociedad entonces no se halla obligada a respetar otra libertad religiosa que la que es conforme con los derechos de la Divinidad, y como es incuestionable el que tiene para que los hombres solo le ofrezcan el culto católico, resulta que la ley humana no tiene por qué respetar los otros. Debe al contrario proteger al verdadero y prohibir el público ejercicio de los falsos, restringiendo por respeto a Dios la libertad humana, como por respeto a Él restringe la libertad del trabajo en los días consagrados a su culto, como restringe la libertad del matrimonio por haberlo revestido Dios de un carácter sagrado.


Pero aunque se prescinda en esta materia del derecho divino, no se puede prescindir del derecho de los hombres a buscar y profesar sin estorbos la verdad. Como la religión es el asunto de la más trascendental importancia para la vida presente y la venidera, no hay intereses sociales más dignos del amparo de la ley que los religiosos. Lo menos que debe hacer el legislador es dejar desembarazados los caminos para que los miembros de la sociedad lleguen al conocimiento de la fe verdadera. Para esto es necesario dejarle únicamente a ella el derecho de existir y propagarse; pues siendo una gran parte de la sociedad incapaz de discernir entre la verdad y la mentira, se extraviaría si se concediera a las sectas falsas plena libertad para difundir sus erróneas doctrinas. Tiene la ley que proteger por eso a los flacos y necesitados contra su ignorancia, contra sus pasiones, contra los halagos de doctrinas seductoras, contra los artificios de los que presentan revestidos con los atavíos de la verdad divina errores perniciosos. Derecho perfecto tienen para ello los asociados, como lo tienen para que no se permita proclamar la licitud del homicidio, del adulterio y del hurto; como lo tienen para que la autoridad no consienta en que se vendan alimentos nocivos y drogas venenosas; como lo tienen para pedir que se establezcan cordones sanitarios o lazaretos para los apestados. El error no tiene derecho para existir, de la misma manera que carece de él el vicio. Están en el suyo los católicos cuando piden que no le dé libertad la ley.

No podría tampoco concedérsela a las sectas falsas sin menoscabar en algo la de la religión verdadera, a la que habría que privar de no pocos de los derechos y privilegios que le pertenecen, para evitar desagradables conflictos y ser fieles a la lógica.

De lo que se infiere que la libertad de los disidentes para dar culto externo a Dios se halla justamente limitada por el derecho que tienen los católicos para que no se ponga en duda la bondad ni se menoscabe la libertad del suyo. Fórmese además la idea que se quiera sobre la libertad del hombre para adorar a Dios, es incuestionable que debe hallarse restringida por el derecho que tiene la sociedad para conservarse y promover su bien. Pero los errores en el dogma se oponen a la conservación y dicha de la sociedad, lo mismo que los errores en la moral: por lo que, ella puede impedir que se niegue la divinidad de Jesucristo o la libertad del alma humana, por ejemplo; de la misma manera que puede y debe impedir que se predique que la propiedad es el robo y que todo gobierno es tiranía. Si la sociedad no tuviera ese derecho o fuera ilimitado el del hombre para adorar a Dios como le pareciera, los chilenos tendrían el derecho de practicar la idolatría públicamente: lo que es un absurdo palmario.


***

Conciliábulo Vaticano II
Dignitatis humanae

2. Este Concilio Vaticano  II declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.

Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre, y enriquecidos por tanto con una responsabilidad personal, están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa. Por consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza. Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que NO cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.
[...]
4. La libertad o inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las comunidades religiosas.


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RELACIONADO
TOLERANCIA≠DERECHO Y LIBERTAD

LIBERTAD DE CULTO E INDIFERENTISMO

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EL HOMBRE NO ES LIBRE PARA HONRAR A DIOS COMO LE PLAZCA

Niceto Alonso Perujo
Lecciones sobre el Syllabus

Syllabus Prop. XV.
Todo hombre es libre de abrazar y profesar aquella religión que juzgue ser verdadera, guiado por la luz de la razón.

Ya tenemos refutada esta proposición con lo que dijimos en el cap. III de la insuficiencia de la razón para descubrir por sí sola la verdadera religión. Podemos, pues, negar el supuesto en que se apoya, y una vez negado, cae por su propio peso el error. Porque si el hombre no puede juzgar por sí mismo cuál es la verdadera religión, necesita aprenderla de Dios o de los hombres; y en cualquier caso no puede menos de someterse a su verdad: mas como esta verdad no depende de su propio juicio, es claro que no puede hallar ninguna razón o motivo suficiente para rechazarla. Desde el momento que sabe o entiende que Dios se ha dignado dar al hombre su revelación, solo tiene derecho de examinar si en efecto es así, si este hecho está bien probado, y convencido de ello por los numerosos argumentos que lo acreditan, está obligado a aceptar sin reserva la religión revelada. Porque ninguna persona de sano juicio se podrá persuadir de que, si Dios ha hablado, haya querido dejar al hombre en libertad de aceptar o no aceptar su enseñanza, y que en el mero hecho de hablar, no le ha impuesto el deber de creer en su palabra y obedecer sus mandamientos.

De lo cual resulta además que no hay ni puede haber religión verdadera, sino una, que es la que Dios se ha dignado enseñar.

A la manera que nadie es libre para fijar y escoger por sí mismo sus deberes, sino que de antemano los tiene señalados y prescritos en la ley, la cual no puede menos de acatar; así también no puede escoger la religión que le agrada, sino que necesariamente está obligado a profesar la verdadera, so pena de no cumplir este deber que es el primero y principal. Este deber nace de la misma naturaleza que nos liga a Dios como creador, causa de nuestro ser, Señor absoluto de nuestras potencias y voluntades, nuestro último fin. Es además el primero y principal de todos los deberes, porque Dios, como dice muy bien Amalario, es el primer anillo en la cadena de todos los seres, y exige el recto orden de que ocupen el primer lugar nuestros deberes hacia él, y el segundo lugar nuestros deberes con las criaturas, como anillos secundarios e inferiores. 

Luego el hombre no es libre para honrar a Dios como le plazca, sino que debe honrarle únicamente del modo que el mismo Dios ha querido.

Pero Dios indudablemente ha querido ser honrado y servido de un modo determinado, más bien que de otro, y por eso ha dado al hombre sus preceptos, cuya práctica constituye la religión. O lo que es lo mismo, la religión es un precepto divino que nadie está dispensado de cumplir y que, como todo precepto positivo, debe cumplirse precisamente como se manda, sin quedar libertad y menos indiferencia sobre este punto. Y téngase presente que la religión no solo propone preceptos morales que observar, sino también verdades especulativas que creer, y por lo tanto hay que someter el entendimiento lo mismo que la libertad. Esto se confirma considerando que el fin de la religión es que por medio de ella alcancemos la perfección moral en la vida presente, y la bienaventuranza sobrenatural y perfecta en la vida futura. De donde se deduce con toda claridad que es una regla que por su propio bien debe seguir la criatura racional, y que no depende del juicio o la elección del hombre, sino exclusivamente de la voluntad de Dios, que es el que nos ha ordenado para aquel fin, y el único que nos pone en posesión de él. Y por eso el hombre, responsable ante Dios de sus acciones y pensamientos, lleva grabado indeleblemente en su propia conciencia el código eterno de la ley moral.

En esta parte no cabe ni es posible la libertad: no hay términos de elección.

Las falsas religiones no merecen este nombre; pero es evidente que entre todas las que lo tienen, alguna no es falsa, alguna merece el nombre de religión y es necesariamente verdadera; por lo cual, el mundo entero tiene una obligación rigurosa de seguirla. De lo contrario, habría que admitir el absurdo de que alguno podría ser libre para vivir sin alguna religión, pues dependiendo la elección de su propio juicio, podría ser que a todas las juzgase falsas y se creyera dispensado de seguir ninguna. Y entonces este hombre merecería alabanza por vivir sin religión, al paso que pecaría practicando alguna, supuesto que, aunque erróneamente, la creía falsa.

Bajo otro punto de vista, como dice Peltier, esta proposición atribuye a cada hombre una doble independencia que jamás podría tener, y que en último resultado se reduciría a un doble ateísmo: la independencia de su razón y la independencia de su conciencia. Pero la razón particular de cada hombre no tiene esta independencia que solo puede ser atributo de una razón infalible; la conciencia individual tampoco tiene semejante independencia, puesto que la conciencia puede ser también errónea; y como el error es una esclavitud, la verdadera libertad del hombre consiste antes de todo en emanciparse del error.



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LA LIBERTAD DE CULTO, Y AUN LA SIMPLE TOLERANCIA DOGMÁTICA, ES IMPÍA, ES ABSURDA Y HERÉTICA

Ramiro Fernández Valbuena
CANONIGO PENITENCIARIO DE LA SANTA IGLESIA PRIMADA DE TOLEDO
RECTOR DEL SEMINARIO CONCILIAR CENTRAL DE SAN ILDEFONSO
Obispo Auxiliar de Santiago de Compostela
Senador Español

LA HEREJIA LIBERAL

Al liberalismo le parecía poco la permisión del mal, y aspiraba a sancionarlo en la ley; quería concederle iguales derechos que al bien, y se los concedió sobradamente.

La libertad civil de religión que defiende el liberalismo, está fundada en la libertad dogmática, en la suposición de igualdad entre confesiones é Iglesias distintas. Por eso asegura que en nuestra época no conviene la unidad religiosa dentro de la verdad, y extiende a todos los casos y a todas las naciones, aun las católicas, esa maldita libertad, y se enamora de aquellas leyes que la otorgan dentro de las sociedades cristianas y católicas. Pero la libertad, y aun la simple tolerancia dogmática en materias religiosas, es impía, es absurda y herética. Luego por esta parte tenemos otra vez la heterodoxia del liberalismo moderado. Es poco, puesto que tal principio de simple tolerancia, en el orden de las ideas, se resuelve en puro ateísmo, yendo a parar en último término el moderado al mismo abismo ateísta que el liberalismo radical.

Fácil es la demostración; por eso nos contentaremos con pocas palabras, en las cuales se verá el fondo oscuro, como de pozos negros, del liberalismo moderado. La tolerancia religiosa, en efecto, fuera de aquellos casos en que la teología católica la considera lícita, supone en el tolerante una de dos cosas: ó que para él todas las religiones son igualmente falsas, ó que todas son igualmente verdaderas. En ambos casos se explica que las tolere todas. Si falsas, por no luchar contra la humanidad, que es esencialmente religiosa; si verdaderas, porque todas serían agradables por igual modo a la divinidad.

Ahora bien; en el supuesto de considerar falsas todas las religiones, ya tenemos el ateísmo; porque, dada la existencia de Dios, no hay medio hábil de negarle el culto religioso. Y si se las admite a todas como verdaderas, siendo entre sí contradictorias, tendríamos verdadera la contradicción, el sí y el no al mismo tiempo. Mas, como dos términos contradictorios se destruyen, la religión quedaría destruída a la vez, y con ella el objeto de esta virtud, Dios, y henos otra vez en el ateísmo, robustecido con el absurdo.

A él va a parar con pasos de gigante la herejía liberal, que si no proclama el ateísmo especulativo, por temor a que los pueblos se levanten airados contra ella y la barran de la superficie de la tierra, establece y propaga eficazmente el ateísmo práctico, el indiferentismo, que no es más que un ateísmo vergonzante, apartando a los hombres de la religión, a la que veja y oprime de mil maneras, y sumergiéndole en las profundidades del naturalismo sensualista, que no reconoce otro Dios que el estómago: quorum Deus venter est.

Váyase pasando revista por los prohombres liberales, y se les verá prescindir en absoluto de las prácticas religiosas, como si a ellas no estuvieran obligados; y del primer deber del hombre racional, que es aquel Dominum Deum tuum adorabis, que tienen enteramente olvidado, efecto de su liberalismo más ó menos consciente. A los prohombres imita siempre la turba multa de vividores que les hacen la rueda, y que extendiéndose por todas partes, cual ramas de manzanillo, van infiltrando en la sociedad el veneno de la indiferencia ateísta.


LA HEREJIA LIBERAL
1894

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Conciliábulo Vaticano II
Dignitatis humanae

2. Este Concilio Vaticano  II declara que la persona humana tiene derecho a la libertad religiosa. Esta libertad consiste en que todos los hombres han de estar inmunes de coacción, tanto por parte de individuos como de grupos sociales y de cualquier potestad humana, y esto de tal manera que, en materia religiosa, ni se obligue a nadie a obrar contra su conciencia, ni se le impida que actúe conforme a ella en privado y en público, sólo o asociado con otros, dentro de los límites debidos. Declara, además, que el derecho a la libertad religiosa está realmente fundado en la dignidad misma de la persona humana, tal como se la conoce por la palabra revelada de Dios y por la misma razón natural . Este derecho de la persona humana a la libertad religiosa ha de ser reconocido en el ordenamiento jurídico de la sociedad, de tal manera que llegue a convertirse en un derecho civil.

Todos los hombres, conforme a su dignidad, por ser personas, es decir, dotados de razón y de voluntad libre, y enriquecidos por tanto con una responsabilidad personal, están impulsados por su misma naturaleza y están obligados además moralmente a buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión. Están obligados, asimismo, a aceptar la verdad conocida y a disponer toda su vida según sus exigencias. Pero los hombres no pueden satisfacer esta obligación de forma adecuada a su propia naturaleza, si no gozan de libertad psicológica al mismo tiempo que de inmunidad de coacción externa. Por consiguiente, el derecho a la libertad religiosa no se funda en la disposición subjetiva de la persona, sino en su misma naturaleza. Por lo cual, el derecho a esta inmunidad permanece también en aquellos que NO cumplen la obligación de buscar la verdad y de adherirse a ella, y su ejercicio, con tal de que se guarde el justo orden público, no puede ser impedido.
[...]
4. La liberta o inmunidad de coacción en materia religiosa, que compete a las personas individualmente, ha de serles reconocida también cuando actúan en común. Porque la naturaleza social, tanto del hombre como de la religión misma, exige las comunidades religiosas.

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DE NINGUNA MANERA PUEDE SER CONTRARIO A LOS LIBROS DEL VIEJO Y DEL NUEVO TESTAMENTO

SUMMA CONTRA GENTILES

"Lo que la verdad descubre, de ninguna manera puede ser contrario a los libros del Viejo
y del Nuevo Testamento".

También la autoridad de San Agustín está de acuerdo con lo dicho: "Lo que la verdad descubre, de ninguna manera puede ser contrario a los libros del Viejo y del Nuevo Testamento".

De todo esto se deduce claramente que cualesquiera argumentos que se esgriman contra los documentos de la fe no pueden rectamente proceder de los primeros principios innatos, conocidos por sí mismos. 

No tienen fuerza demostrativa, sino que son razones probables o sofisticas. Y esto sólo da lugar a deshacerlos.



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ES BLASFEMAR DE LA VERDAD Y BONDAD DEL CRIADOR

Jaime Balmes y Urpiá
EL CRITERIO

"Afirmar que...con todos los cultos el hombre llena bien sus deberes para con Dios,
es blasfemar de la verdad y bondad
del Criador."


§ IV. NO ES POSIBLE QUE TODAS LAS RELIGIONES SEAN VERDADERAS

Son muchas y muy varias las religiones que dominan en los diferentes puntos de la tierra; sería posible que todas fuesen verdaderas? El sí y el no, con respecto a una misma cosa, no puede ser verdadero a un mismo tiempo. Los judíos dicen que el Mesías no ha venido, los cristianos afirman que si; los musulmanes respetan a Mahoma como insigne profeta, los cristianos le miran como solemne impostor; los católicos sostienen que la Iglesia es infalible en puntos de dogma y de moral, los protestantes lo niegan; la verdad no puede estar por ambas partes, unos u otros se engañan. Luego es un absurdo el decir que todas las religiones son verdaderas.
Además, toda religión se dice bajada del cielo: la que lo sea será la verdadera, las restantes no serán otra cosa que ilusión o impostura.

§ V. ES IMPOSIBLE QUE TODAS LAS RELIGIONES SEAN IGUALMENTE AGRADABLES A DIOS

¿Es posible que todas las religiones sean igualmente agradables a Dios y que se dé igualmente por satisfecho con todo linaje de cultos? No. A la verdad infinita no puede serle acepto el error, a la bondad infinita no puede serle grato el mal; luego el afirmar que todas las religiones son igualmente buenas, que con todos los cultos el hombre llena bien sus deberes para con Dios, es blasfemar de la verdad y bondad del Criador.



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"Non dubium est haeresis et schisma a diabolo, qui caput est malitiae, processisse; et ideo, quicquid ab haereticis geritur, eius instinctu fieri, qui eorum sensus mentes cogitationesque possedit, nulla dubitatio est."
Constantino el Grande

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BerGOGlio
Sucesor del Anticristo Montini

"Todas las religiones son un camino para llegar a Dios. Y, hago una comparación, son como diferentes lenguas, como distintos idiomas, para llegar allí. Porque Dios es Dios para todos. Y por eso, porque es Dios para todos, todos somos hijos de Dios. “¡Pero mi Dios es más importante que el tuyo!” ¿Eso es cierto? Sólo hay un Dios, y nosotros, nuestras religiones son lenguas, caminos para llegar a Dios. Uno es sijs, otro, musulmán, hindú, cristiano; aunque son caminos diferentes. Understood?


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EL MAL Y EL ERROR NO TIENEN DERECHOS, NI PUEDE CONCEDÉRSELOS NADIE

Vicente de la Fuente
La pluralidad de cultos y sus inconvenientes
1865


Pero ¿se halla en este caso la libertad de cultos? Nada dicen respecto a ella ni el derecho ni la moral, y sobre todo en España. Ya hemos visto lo que dicen la filosofía y la moral: luego veremos lo que dice Dios a todos los cristianos, aun protestantes, y lo que dice la Iglesia a los católicos. Veremos que el mal y el error no tienen derechos, ni puede concedérselos nadie; que los derechos emanan de Dios, fuente de toda verdad y de toda justicia, y que no se pueden conceder derechos al error y a la mentira, pues entonces Dios daría derechos contra sí mismo, daría derecho al error contra la Verdad, que es Dios. Seria además un Dios embustero, que diría una cosa en las palabras que grababa en el corazón del hombre por la ley natural, y otras distintas en los libros santos por la ley revelada.

LA PLURALIDAD DE CULTOS Y SUS INCONVENIENTES.
POR DON VICENTE DE LA FUENTE,
CON LICENCIA DE LA AUTORIDAD ECLESIÁSTICA.
AÑO 1865

***
RECORDEMOS

S.S. León XIII
Libertas
1888

"...el derecho es una facultad moral que, como hemos dicho ya y conviene repetir con insistencia, no podemos suponer concedida por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la virtud y al vicio...es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos."

***

S.S. Pío XII
Ci riesce
1953

lo que no responde a la verdad y a la norma moral no tiene objetivamente derecho alguno ni a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción...ninguna autoridad humana, ningún Estado, ninguna Comunidad de Estados, sea el que sea su carácter religioso, pueden dar un mandato positivo o una positiva autorización de enseñar o de hacer lo que sería contrario a la verdad religiosa o al bien moral.
Un mandato o una autorización de este género no tendrían fuerza obligatoria y quedarían sin valor.
Ninguna autoridad podría darlos, porque es contra la naturaleza obligar al espíritu y a la voluntad del hombre al error y al mal o a considerar al uno y al otro como indiferentes.
Ni siquiera Dios podría dar un mandato positivo o una positiva autorización de tal clase, porque estaría en contradicción con su absoluta veracidad y santidad.

***

ES ABSURDO SUPONER QUE A DIOS

14

Vicente de la Fuente
DOCTOR EN TEOLOGÍA Y JURISPRUDENCIA,
CATEDRÁTICO DE DISCIPLINA ECLESIÁSTICA EN LA UNIVERSIDAD CENTRAL
Y ACADÉMICO DE NÚMERO DE LA REAL DE LA HISTORIA
La pluralidad de cultos y sus inconvenientes

"Es absurdo suponer que a Dios,
que es la Verdad,
se le pueda dar culto agradable con el error."

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LA TOLERANCIA

TOLERANCIA ≠LIBERTAD


S.S.León XIII
LIBERTAS

...Si se busca el remedio, búsquese en el restablecimiento de los sanos principios, de los que sola y exclusivamente puede esperarse con confianza la conservación del orden y la garantía, por tanto, de la verdadera libertad. — Esto no obstante, la Iglesia se hace cargo maternalmente del grave peso de las debilidades humanas. No ignora la Iglesia la trayectoria que describe la historia espiritual y política de nuestros tiempos. Por esta causa, aun concediendo derechos sola y exclusivamente a la verdad y a la virtud, no se opone la Iglesia, sin embargo, a la tolerancia por parte de los poderes públicos de algunas situaciones contrarias a la verdad y a la justicia para evitar un mal mayor o para adquirir o conservar un mayor bien. Dios mismo, en su providencia, aun siendo infinitamente bueno y todopoderoso, permite, sin embargo, la existencia de algunos males en el mundo, en parte para que no se impidan mayores bienes y en parte para que no se sigan mayores males. Justo es imitar en el gobierno político al que gobierna el mundo. Más aún, no pudiendo la autoridad humana impedir todos los males, debe «permitir y dejar impunes muchas cosas que son, sin embargo, castigadas justamente por la divina Providencia» (San Agustín). 

Pero en tales circunstancias, si por causa del bien común, y únicamente por ella, puede y aun debe la ley humana tolerar el mal, no puede, sin embargo, ni debe jamás aprobarlo ni quererlo en sí mismo. Porque siendo el mal por su misma esencia privación de un bien, es contrario al bien común, el cual el legislador debe buscar y debe defender en la medida de todas sus posibilidades. 

También en este punto la ley humana debe proponerse la imitación de Dios, quien al permitir la existencia del mal en el mundo, «ni quiere que sé haga el mal ni quiere que no se haga ; lo que quiere es permitir que se haga, y esto es bueno» . Sentencia del Doctor Angélico, que encierra en pocas palabras toda la doctrina sobre la tolerancia del mal. 

Pero hay que reconocer, si queremos mantenernos dentro de la verdad, que cuanto mayor es el mal que a la fuerza debe ser tolerado en un Estado, tanto mayor es la distancia que separa a este Estado del mejor régimen político. 

De la misma manera, al ser la tolerancia del mal un postulado propio de la prudencia política, debe quedar estrictamente circunscrita a los límites requeridos por la razón de esa tolerancia, esto es, el bien público. 

Por este motivo, si la tolerancia daña al bien público o causa al Estado mayores males, la consecuencia es su ilicitud, porque en tales circunstancias la tolerancia deja de ser un bien. Y si por las condiciones particulares en que se encuentra la Iglesia permite ésta algunas de las libertades modernas, lo hace no porque las prefiera en sí mismas, sino porque juzga conveniente su tolerancia; y una vez que la situación haya mejorado, la Iglesia usará su libertad, y con la persuasión, las exhortaciones y la oración procurará, como debe, cumplir la misión que Dios le ha encomendado de procurar la salvación eterna de los hombres. 

Sin embargo, permanece siempre fija la verdad de este principio: la libertad concedida indistintamente a todos y para todo, nunca, como hemos repetido varias veces, debe ser buscada por sí misma, porque es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos. 

En lo tocante a la tolerancia, es sorprendente cuán lejos están de la prudencia y de la justicia de la Iglesia los seguidores del liberalismo. Porque al conceder al ciudadano en todas las materias que hemos señalado una libertad ilimitada, pierden por completo toda norma y llegan a colocar en un mismo plano de igualdad jurídica la verdad y la virtud con el error y el vicio.

Y cuando la Iglesia, columna y firmamento de la verdad, maestra incorrupta de la moral verdadera, juzga que es su obligación protestar sin descanso contra una tolerancia tan licenciosa y desordenada, es entonces acusada por los liberales de falta de paciencia y mansedumbre. No advierten que al hablar así califican de vicio lo que es precisamente una virtud de la Iglesia. Por otra parte, es muy frecuente que estos grandes predicadores de la tolerancia sean, en la práctica, estrechos e intolerantes cuando se trata del catolicismo. Los que son pródigos en repartir a todos libertades sin cuento, niegan continuamente a la Iglesia su libertad.

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S.S.León XIII
INMORTALE DEI

No hay tampoco razón justa para acusar a la Iglesia de ser demasiado estrecha en materia de tolerancia o de ser enemiga de la auténtica y legítima libertad. Porque, si bien la Iglesia juzga ilícito que las diversas clases de culto divino gocen del mismo derecho que tiene la religión verdadera, no por esto, sin embargo, condena a los gobernantes que para conseguir un bien importante o para evitar un grave mal toleran pacientemente en la práctica la existencia de dichos cultos en el Estado. Es, por otra parte, costumbre de la Iglesia vigilar con mucho cuidado para que nadie sea forzado a abrazar la fe católica contra su voluntad, porque, como observa acertadamente San Agustín, «el hombre no puede creer más que de buena voluntad».

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S.S. PÍO XII
SOBRE EL PROBLEMA DE LA TOLERANCIA RELIGIOSA
EN LA CRECIENTE COMUNIDAD DE NACIONES
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SANTO TOMÁS DE AQUINO
¿SE DEBEN PERMITIR LOS RITOS DE LOS INFIELES?
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LA RECTA RAZÓN, QUE ES LA NORMA DADA POR DIOS DICE QUE NO HAY MÁS QUE UN SOLO CULTO VERDADERO EL CATÓLICO

14

Miguel García Cuesta
Arzobispo de Santiago
EXPOSICIONES COLECTIVAS DEL EPISCOPADO ESPAÑOL AL SENADO
Y AL CONGRESO EN DEFENSA DE LA UNIDAD CATÓLICA 
Del metropolitano y sufragáneos de Compostela.

El arzobispo de Compostela y los demás Prelados de esta provincia eclesiástica que suscriben, acuden hey respetuosos al Congreso de señores diputados de la nación suplicando el restablecimiento integro de lo estipulado en los primeros artículos del Concordato de 1851, es á saber: que la Religión católica apostólica romana, única verdadera, es la que profesa la nación española, y que se prohíbe en su territorio el ejercicio de cualquier otro culto

"La ley no tiene fuerza de obligar si no es justa, y no es justa si es contraria a la recta razón, que es la norma dada por Dios al hombre para dirigir sus acciones al fin último...
Según ella, no hay más que un solo culto verdadero el católico apostólico romano."

Es doctrina corriente entre los filósofos en general, y entre los teólogos católicos en particular, que toda ley, según gráficamente expresa el Ángel de las Escuelas, ha de ser «ordenacion de la razón para el bien común» ordinatio rationis ad bonum commune; y esto porque la ley no tiene fuerza de obligar si no es justa, y no es justa si es contraria a la recta razón, que es la norma dada por Dios al hombre para dirigir sus acciones al fin último. Ahora bien: la libertad o tolerancia de cultos, ¿es conforme al dictamen de esta misma recta razón? De ninguna manera.

Según ella, no hay más que un solo culto verdadero, el católico apostólico romano; los innumerables antiguos y modernos que lo contradicen, todos son falsos; no es lícito apoyar el error, la mentira o la inmoralidad directa ni indirectamente; y por lo tanto, ni autorizarlo ni tolerarlo por medio de una ley que de uno ú otro modo les otorgue algún derecho. De donde se infiere que la que consignase la libertad ó tolerancia de cultos en España jamás llegaría a ser ley, porque nunca adquiriría el carácter de justa: jamás sería ordinatio rationis, sino ordinatio contra rationem; y siendo así, nunca merecería el acatamiento, la reverencia y la sumisión de un pueblo culto y civilizado como el español, que no ignora los fundamentos del derecho y del deber.

https://books.google.es/books?id=20gtAAAAYAAJ&pg=PA388&dq=EXPOSICIONES+COLECTIVAS+DEL+EPISCOPADO+ESPA%C3%91OL+AL+SENADO+Y+AL+CONGRESO+EN+DEFENSA+DE+LA+UNIDAD+CAT%C3%93LICA+(1).&hl=es&newbks=1&newbks_redir=1&sa=X&ved=2ahUKEwiAt4fBg6-LAxUURvEDHcxtAZwQ6AF6BAgHEAM

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DE SUYO ES ABSURDA E IMPÍA

Réginald Garrigou-Lagrange O.P.

"Nosotros podemos, pues, emplear la libertad de cultos como argumento ad hóminem contra aquellos que, mientras proclaman la libertad de cultos, persiguen a la Iglesia, o impiden directa o indirectamente su culto . Este argumento ad hóminem es correcto y la Iglesia no lo desdeña, sino que lo usa para defender eficazmente su derecho a la libertad. 

Pero no se sigue de esto que la libertad de cultos en sí misma pueda defenderse absolutamente por los católicos, porque de suyo es absurda e impía, pues la verdad y el error no pueden tener los mismos derechos. 

Ni tampoco se puede decir falsedad para defender la verdad, así como no se puede hacer el mal para que venga el bien. Por eso dice San Pablo en Romanos III, 7: “Pero si la fidelidad o verdad de Dios (añadirá alguno), con ocasión de mi infidelidad o malicia se ha manifestado más gloriosa, ¿por qué razón todavía soy yo condenado como pecador? ¿Y por qué (como con una insigne calumnia esparcen algunos que nosotros decimos) no hemos de hacer nosotros un mal, a fin de que de él resulte un bien? Los que dicen esto son justamente condenados”» 




 P.RÉGINALD GARRIGOU-LAGRANGE OP, 
Revelatióne, tomo II, libro segundo, cap. X 
“Del oficio de recibir la Divina Revelación”, art. 4.º, respuesta a la objeción 8.ª.
París, Pierre Lethielleux éditions, 1926, págs. 631-632.)
https://archive.org/details/garrigou-lagrange-de-revelatione-ii/page/n315/mode/1up

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ES CONTRARIO A LA RAZÓN QUE LA VERDAD Y EL ERROR TENGAN LOS MISMOS DERECHOS



S.S. León XIII
Libertas
"...el derecho es una facultad moral que, como hemos dicho ya y conviene repetir con insistencia, no podemos suponer concedida por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la virtud y al vicio...es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos."

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S.S. Pío XII
Ci riesce
lo que no responde a la verdad y a la norma moral no tiene objetivamente derecho alguno ni a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción...ninguna autoridad humana, ningún Estado, ninguna Comunidad de Estados, sea el que sea su carácter religioso, pueden dar un mandato positivo o una positiva autorización de enseñar o de hacer lo que sería contrario a la verdad religiosa o al bien moral.
Un mandato o una autorización de este género no tendrían fuerza obligatoria y quedarían sin valor.
Ninguna autoridad podría darlos, porque es contra la naturaleza obligar al espíritu y a la voluntad del hombre al error y al mal o a considerar al uno y al otro como indiferentes.
Ni siquiera Dios podría dar un mandato positivo o una positiva autorización de tal clase, porque estaría en contradicción con su absoluta veracidad y santidad.

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SINO PORQUE JUZGA CONVENIENTE SU TOLERANCIA

160

S.S. León XIII
Libertas

...De la misma manera, al ser la tolerancia del mal un postulado propio de la prudencia política, debe quedar estrictamente circunscrita a los límites requeridos por la razón de esa tolerancia, esto es, el bien público. Por este motivo, si la tolerancia daña al bien público o causa al Estado mayores males, la consecuencia es su ilicitud, porque en tales circunstancias la tolerancia deja de ser un bien. Y si por las condiciones particulares en que se encuentra la Iglesia permite ésta algunas de las libertades modernas, lo hace no porque las prefiera en sí mismas, sino porque juzga conveniente su tolerancia; y una vez que la situación haya mejorado, la Iglesia usará su libertad, y con la persuasión, las exhortaciones y la oración procurará, como debe, cumplir la misión que Dios le ha encomendado de procurar la salvación eterna de los hombres.

Sin embargo, permanece siempre fija la verdad de este principio: la libertad concedida indistintamente a todos y para todo, nunca, como hemos repetido varias veces, debe ser buscada por sí misma, porque es contrario a la razón que la verdad y el error tengan los mismos derechos.

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AMAD A LOS HOMBRES Y DESTRUID LOS ERRORES

 158

San Agustín
Réplica a las Cartas de Petiliano
Libro I, capítulo XXIX

¡Ea!, hermanos, retened todo esto para llevarlo a la práctica y predicarlo con incansable mansedumbre:
Amad a los hombres, destruid los errores,
preciaos de la verdad sin soberbia, defended la verdad sin severidad,
orad por los que tratáis de desmentir y convencer.

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POR ALGO SE LE AMA Y POR ALGO SE LE ODIA

158


Santo Tomás de Aquino
Suma teológica - Parte Ia - Cuestión 20 - 2,4

Nada impide que a alguien por algo se le ame y por algo se le odie.
A los pecadores, por ser hombres, Dios los ama como seres que existen y que existen por Él. Pero, por ser pecadores, no existen, ya que les falla el ser, y esto no proviene de Dios. En este sentido se dice que son odiados por Dios.

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SER ANIMOSOS CONTRA EL ERROR Y CONSIDERADOS HACIA LOS QUE YERRAN

158

S.S. Pío XII
24 de Diciembre de 1942

Por falsos, condenables y peligrosos que hayan sido y sean los caminos que se han seguido, ¿quién, sobre todo siendo sacerdote o cristiano, podría permanecer sordo al grito que se alza de lo profundo, y que en el mundo de un Dios justo invoca justicia y espíritu de fraternidad? Sería un silencio culpable e injustificable ante Dios y contrario al iluminado sentir del apóstol, quien, si inculca que es necesario ser animosos contra el error, sabe también que es menester estar llenos de consideración hacia los que yerran y con ánimo abierto para escuchar sus aspiraciones, sus esperanzas y sus razones.

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ES CONTRARIO A LA VERDAD, LA RAZÓN Y LA MORAL

S.S.León XIII
Libertas

"El derecho es una facultad moral que, como hemos dicho y conviene repetir con insistencia,
es absurdo suponerla concedida por la naturaleza de igual modo a la verdad y al error, a la virtud y al vicio." 

"Es contrario a la razón que la verdad y el error
tengan los mismos derechos." 


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S.S. Pío XII
Ci Riesce

"Lo que no corresponde a la verdad y a la norma moral
no tiene objetivamente derecho alguno
ni a la existencia, ni a la propaganda, ni a la acción" 

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MERECE IGUALES ENCARECIMIENTOS EL ERROR CUANDO TALES CONDICIONES REUNIERE

Félix Sardá y Salvany

El liberalismo es pecado: Cuestiones candentes.
Capítulo VII 
"En qué consiste probablemente la esencia del llamado Catolicismo Liberal"

"...si admiran el culto, no es sino en atención a su brillo exterior y poesía ; [...] De este modo de encarecer las cosas católicas únicamente por su grandeza, belleza, utilidad o material excelencia, síguese en recta lógica que merece iguales encarecimientos el error cuando tales condiciones reuniere, como sin duda las reúne aparentemente en más de una ocasión alguno de los falsos cultos." 




Félix Sardá y Salvany 1887

El liberalismo es pecado: Cuestiones candentes.

https://archive.org/details/elliberalismoes00salvgoog/page/n31/mode/2up?q=

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