(11 octubre)
Esta festividad, recientemente elevada al rito doble de segunda clase, como recuerdo del XV centenario del Concilio de Efeso, honra a la Virgen María en el privilegio inefable de su divina Maternidad.
No habiendo en el Hombre-Dios más que una persona, y siendo ésta divina, la Madre de Jesucristo es verdadera Madre de Dios. Dignidad excelsa es, por consiguiente, la de María, pues confina con la del Verbo Encarnado, Hijo de Dios, e Hijo verdadero de María.
Profesemos y confesemos que María es verdadera «Dei Génitrix», «Engendradora de Dios», para que seamos ayudados con su poderosa intercesión en todos los momentos de nuestra vida.

