Fr. Francisco Pérez de Urbel OSB
Año Cristiano
Cuando Roma acabó de conquistar el mundo, quiso levantar un monumento imperecedero al poder de todos los dioses. El Panteón debía ser el testimonio perenne de su gratitud. Pero ella misma fué vencida por Cristo, y desde entonces la morada de los dioses se convirtió en templo de los mártires. Ya no sería el refugio de vanas sombras y leyendas sin alma, sino la casa de los santos de Dios, que harían verdadero el título que le diera el paganismo: Panteón, templo de todos los dioses. "Yo dije —clamaba el salmista—: vosotros sois dioses, y todos, hijos del Altísimo."
...Este hecho fué el primer paso en el nacimiento de la fiesta de Todos los Santos. Pronto la solicitud de la Iglesia se extiende más lejos. A los mártires de Roma se asocian los de toda la cristiandad; y a los que derramaron su sangre para dar testimonio de su fe, vienen a juntarse todos los justos que se santificaron día tras día en el cumplimiento cotidiano del deber, martirio lento y oscuro, mas no por eso menos difícil y heroico que el de la sangre.
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