El Cardenal Primado, doctor Pla y Deniel, pronunció anoche, en el Diario Hablado de Radio Nacional, la siguiente alocución:
A las tres horas y cincuenta y dos minutos de la madrugada de hoy ha entregado su alma al Señor el Sumo Pontífice Pío XII, que durante casi veinte años ha ocupado la Cátedra de Pedro, ejerciendo un continuado magisterio, no sólo con encíclicas y cartas apostólicas, sino con frecuentísimos discursos en las principales lenguas que en el mundo se hablan, dirigidos a toda suerte de personas y profesiones, y con radiomensajes enviados a todas partes del orbe.
Católicos y no católicos han visto en Pío XII el principal propugnador de la paz y de la justicia, que según su lema es obra de la paz: «Opus Justitiae pax». Y esta justicia y esta paz las ha procurado y propugnado no sólo en el orden internacional, sino entre las clases sociales, instituyendo la fiesta de San José Obrero y recibiendo numerosísimas representaciones obreras de muchas naciones.
En el orden dogmático ha definido la «Asunción de la Santísima Virgen en cuerpo y alma a los cielos» y ha instituído la fiesta de la Realeza de María. Ha velado por la pureza tradicional del dogma en la «Humani Generis» y ha defendido enérgicamente la autoridad del magisterio de la Iglesia, no sólo del Romano Pontífice, sino en su grado de los obispos, a la vez que ha dado orientaciones seguras en la encíclica «Divino afflante Spiritu» sobre los estudios de la Sagrada Escritura y en la «Mediator Dei» sobre la Sagrada Liturgia.
No se ha extendido su magisterio sólo al dogma, sino que ha abordado los problemas y cuestiones morales más delicados y de más actualidad. Ha sido también el maestro de todos los estados y profesiones: el Papa de la «Menti Nostrae» y de la «Sacra Virginitas» para los sacerdotes y religiosos, pero también el Papa que a los nuevos esposos se ha complacido en explicarles en detalle lo que ha de ser un hogar cristiano; y si ha defendido la dignidad de la persona en los obreros cristianos, ha adoctrinado también a los empresarios y agricultores, a los médicos y farmacéuticos, y a los maestros y a los estudiantes, a los juristas y a los diputados.
Ha promovido un ferviente apostolado sacerdotal con la actualización de rúbricas del oficio divino y de la santa misa, de la moderación del ayuno eucarístico para facilitar la comunión frecuente, de las misas vespertinas para que aun cuando los agricultores trabajan intensamente en los tiempos de recolección en días festivos, puedan oír la santa misa; de la restauración de la antigua liturgia de la Semana Santa.
Es el Papa ardiente promotor de las Misiones en su «Evangelii Praecones» y «Fidei Domum»; se ha preocupado de los emigrantes y del apostolado del mar, de las naciones que de colonias han pasado a ser naciones independientes o aspiran a ello. Ha surgido el apostolado seglar anhelando un «mundo mejor» con la conjunción del apostolado sacerdotal y el seglar, encomendando a este último la «consecratio mundi». Pío XII se ha afanado por esta «consecratio mundi»; «Pastor Angelicus» con optimista mirada angélica, en cada profesión, en cada invento ha visto su parte buena y cómo debían servir para llevar a los hombres a Dios y a una verdadera fraternidad entre sí.
Por ello es el Papa de la «Mirada prosus» sobre la radio, el cine y la televisión; pero previene a la vez sobre los peligros y la mala utilización de estos progresos. Es el Papa del equilibrio mental y espiritual. Por ello, sobre todo en estos últimos años, ha compuesto oraciones para los padres y los hijos, las doncellas y los maestros, para los presos y los diputados y políticos.
Aprovechémonos todos, aun después de su muerte, del grande don que ha hecho a la Iglesia y a todo el mundo Dios Nuestro Señor con el altísimo y amplísimo magisterio de Pío XII; pero de todo su magisterio, tan tradicional como moderno y actualísimo, no tomando de él sólo fragmentos parciales sin el equilibrio ponderado de sus normas.
Y nosotros, los españoles, no olvidemos sus mensajes especiales para España: desde el que, recién elevado al Supremo Pontificado, en 1939, al fin de nuestra guerra de Liberación y Cruzada dirigió a todos los españoles, en el cual así se expresaba: «Con inmenso gozo nos dirigimos a vosotros, hijos queridísimos de la católica España, para expresaros nuestra paternal congratulación por la paz y la victoria con que Dios se ha dignado coronar el heroísmo cristiano de vuestra fe y de vuestra caridad, probadas en tantos y tan generosos sufrimientos», al mensaje que en 1948 dirigió a la peregrinación mundial de los jóvenes de Acción Católica a Santiago de Compostela; el mensaje que en 1951 dirigió a los empresarios, técnicos y trabajadores españoles; el que en 1952 nos dirigió con motivo del Congreso Eucarístico Internacional de Barcelona; el que en 1954 nos dirigió con motivo del Congreso Mariano Nacional de Zaragoza, y, por fin, el año último con motivo del Congreso Eucarístico Nacional de Granada.
Durante veinte años Pío XII ha hecho del Vaticano una Pentecostés viviente con la afluencia de gentes de todas las razas y naciones, y han oído casi todos al Sucesor de Pedro hablar en sus propias lenguas hasta que el Señor le ha llamado a recibir la corona de tan prolongados, tan esforzados y tan eficaces trabajos apostólicos.
Por si alguna reliquia de humana fragilidad quedase en su espíritu al abandonar este mundo, dediquémosle nuestras filiales plegarias y sufragios; pero encomendémonos también a él para que junto a Jesús, de quien ha sido Vicario, siga rogando por la Iglesia y por el mundo, tan falto de paz y de orientación salvadora.
—Arriba, 10-X-58, 11.