VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠

PREVOST DA SU BENDICIÓN A LA SATÁNICA REVOLUCIÓN FRANCESA Y SU LEMA MASÓNICO


Bob Prevost
SUCESOR Vº DEL ANTICRISTO
Palacio del Elíseo (París)
Viernes 25 de septiembre de 2026

Francia aportó al mundo auténticos logros; entre ellos, el reconocimiento de los “Derechos Humanos” inscritos en la naturaleza de la persona humana, en particular el de la libertad religiosa.

Esta atención permanente a la dignidad inherente a toda persona humana encuentra eco en su lema nacional. La libertad, la igualdad y la fraternidad no son simples palabras grabadas en los frontones de sus edificios públicos, sino que remiten a exigencias éticas universales que encuentran también en el mensaje evangélico una fuente inagotable de inspiración y plenitud.


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Libertad, igualdad, fraternidad o la muerte
LIBERTÉ ,EGALITÉ, FRATERNITÉ, OU LA MORT

En 1792, durante la proclamación de la República, los revolucionarios adoptaron este lema y, en 1793, la Comuna de París impuso la inscripción de "esta cita" en la fachada del ayuntamiento de Lagny-sur-Marne, en todos los edificios públicos de la ciudad y también en los monumentos conmemorativos de guerra.

Inicialmente, se solicitó que se eliminara la última parte de la fórmula, que está asociada con el Terror y que entonces se consideraba un símbolo revolucionario; este lema no sobrevivió al período del Imperio.

En 1880, el lema se cambió a "Libertad, Igualdad, Fraternidad". Aparece en las constituciones de 1946 y 1958
  • 1789: La Revolución francesa proclama la libertad y la igualdad como principios fundamentales.
  • 1790: Robespierre propone inscribir «Libertad, Igualdad, Fraternidad» en los uniformes y banderas de la Guardia Nacional. La propuesta no se aprueba.
  • 1792-93: Se populariza la forma: «Libertad, Igualdad, Fraternidad o la Muerte» «Liberté, Égalité, Fraternité, ou la mort».
  • 1848: La Segunda República, mediante la revolución, adopta oficialmente el lema y lo incorpora a su Constitución.
  • 1880: Se consolida bajo la Tercera República y se inscribe en los edificios públicos.
  • 1958: La Constitución de la Quinta República lo establece en su artículo 2 como lema de la República francesa.



Ayuntamiento de la ciudad de Troyes



Ayuntamiento de la ciudad de Lagny-sur-Marne

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En Notre charge apostolique San Pío X refuta el ideal del filosofismo realizado por la célebre trilogía:
libertad, igualdad, fraternidad.


San Pío X
Notre charge apostolique
25 de agosto de 1910

Nuestro cargo apostólico nos obliga a velar por la pureza de la fe y por la integridad de la disciplina católica y a preservar a los fieles de los peligros del error y del mal, especialmente cuando éstos se presentan con un lenguaje atrayente, el cual, velando la vaguedad de las ideas y el equívoco de las expresiones con el ardor del sentimiento y la sonoridad de las palabras, puede inflamar los corazones hacia causas tan seductoras como funestas.

Tales fueron ayer las doctrinas de los pseudofilósofos del siglo XVIII, las de la revolución y las del liberalismo, tantas veces condenadas; y tales son todavía hoy las teorías de Le Sillon, las cuales, bajo sus apariencias brillantes y generosas, carecen con frecuencia de claridad, de lógica y de verdad, y, desde este punto de vista, no arrancan ciertamente del espíritu católico y francés.

[...]que tienen una concepción especial de la dignidad humana, de la libertad, de la justicia y de la fraternidad, y que, para justificar sus sueños sociales, apelan al Evangelio interpretado a su manera, y, lo que es más grave todavía, a un Cristo desfigurado y mermado.   

[...]Le Sillon tiene la noble preocupación de la dignidad humana. Pero esta dignidad la entiende a la manera de ciertos filósofos a quienes la Iglesia está muy lejos de poder alabar.[...]Y he aquí la grandeza y la nobleza humana, ideal realizado por la célebre trilogía: libertad, igualdad, fraternidad.

[...]Lo mismo ocurre con la noción de la fraternidad, cuyo fundamento ponen en el amor de los intereses comunes ó por encima de todas las filosofías y de todas las religiones, en la simple noción de humanidad, englobando así en el mismo amor, y en una igual tolerancia, á todos los hombres con todas sus miserias, lo mismo intelectuales y morales que físicas y temporales. Pero la doctrina católica nos enseña que el primer deber de la caridad no está en la tolerancia de las doctrinas erróneas, por sinceras que sean, ni en la indiferencia teórica ó práctica para el error, ó el vicio en que vemos sumidos á nuestros hermanos, sino en el celo por su mejora intelectual y moral, no menos que por su bienestar material.

Esta misma doctrina católica nos enseña también que el origen del amor al prójimo se encuentra en el amor á Dios, padre común y fin común de toda la familia humana, y en el amor de Jesucristo, de quien somos los miembros, hasta el punto que consolar á un desgraciado es hacer bien al mismo Jesucristo. Todo otro amor es ilusión ó sentimiento estéril y pasajero. Seguramente ahí está la experiencia humana, en las sociedades paganas ó laicas de todos los tiempos, para probar que á ciertas horas la consideración de los intereses comunes ó de similitud de naturaleza pesa muy poco ante las pasiones y ambiciones del corazón. No, Venerables Hermanos, no hay verdadera fraternidad fuera de la caridad cristiana que por el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo, nuestro Salvador, abraza á todos los hombres para consolarlos y para llevarlos á todos á la misma fe y á la misma dicha del cielo. Al separar la fraternidad de la caridad cristiana así entendida, la democracia, lejos de ser su progreso, constituiría un retroceso desastroso para la civilización.

Porque si se quiere llegar, y Nos lo deseamos con toda nuestra alma, á la mayor suma de bienestar posible para la sociedad y para cada uno de sus miembros por la fraternidad, ó, como también se dice, por la solidaridad universal, es precisa la unión de los espíritus en la verdad, la unión de las voluntades en la moral, la unión de los corazones en el amor de Dios y de su Hijo Jesucristo. Pero esta unión no es realizable sino por la caridad católica, la cual, por consiguiente, es la única que puede conducir á los pueblos por el camino del progreso hacia el ideal de la civilización.

[...]la exaltación de sus sentimientos, la ciega bondad de su corazón, su misticismo filosófico, mezclado con una buena cantidad de iluminismo, les han arrastrado hacia un nuevo evangelio, en el cual han creído ver el verdadero Evangelio del Salvador, hasta el punto de atreverse á tratar á Nuestro Señor Jesucristo con una familiaridad soberanamente irrespetuosa, y de que, siendo su ideal muy parecido al de la Revolución, no temen establecer entre el Evangelio y la Revolución contactos blasfemos que no tienen siquiera la excusa de ser fruto de alguna improvisación tumultuosa.



https://archive.org/details/doctrinapontific02unse/page/400/mode/2up

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LIBERTAD DE CULTO DE LA REVOLUCIÓN
BENDECIDA POR PREVOST

ASAMBLEA FRANCESA
DE 1789


Se propone otra enmienda, la de decir, opiniones, incluso religiosas. Esta enmienda es apoyada.

Se procede a la votación de las enmiendas una por una. Son adoptadas a pesar de las vivas reclamaciones de una parte de la Asamblea. Finalmente, se adopta la primera parte de la moción del Sr. de Castellane; lo que formó el siguiente artículo:

«Nadie debe ser inquietado por sus opiniones, incluso religiosas, siempre que su manifestación no altere el orden público establecido por la Ley».


CONSTITUCIÓN REVOLUCIONARIA DE 1791

LA ASAMBLEA NACIONAL, queriendo establecer la Constitución francesa sobre los principios que acaba de reconocer y declarar....
La Constitución garantiza igualmente, como derechos naturales y civiles:

  • La libertad de todo hombre de ir, permanecer y partir, sin poder ser arrestado ni detenido, sino según las formas determinadas por la Constitución;

  • La libertad de todo hombre de hablar, escribir, imprimir y publicar sus pensamientos, sin que los escritos puedan ser sometidos a ninguna censura ni inspección antes de su publicación, y de ejercer el culto religioso al que está adscrito;
  • La libertad de los ciudadanos de reunirse pacíficamente y sin armas, cumpliendo con las leyes de policía;

  • La libertad de dirigir a las autoridades constituidas peticiones firmadas individualmente.


S.S. PÍO VI CONTRA LA ASAMBLEA DE 1789
Y LA CONSTITUCIÓN DE 1791,
QUE BENDICE EL JAMÁS PAPA, PREVOST


S.S.Pío VI
QUOD ALIQUANTUM
10 de marzo de 1791
«...nil aliud ab illa spectari, atque agi, quam ut aboleretur catholica Religio...»

Tampoco debe sorprender a nadie que observe en la Constitución de la Asamblea (Asamblea Nacional Francesa) que NO PRETENDE OTRA COSA QUE LA ABOLICIÓN DE LA RELIGIÓN CATÓLICA, y con ella la abolición de la obediencia al Rey. 

Con tal designio se establece como principio de derecho natural que el hombre que vive en Sociedad debe ser plenamente libre, es decir, que en materia de Religión no debe ser molestado por nadie, y puede pensar libremente lo que le plazca, y puede escribir e incluso publicar en la prensa cualquier cosa en materia de Religión.


Que tales afirmaciones, ciertamente extrañas, desciendan propiamente y se deriven de la igualdad de los hombres entre sí y de la libertad natural, lo ha declarado la misma Asamblea (Asamblea Nacional  Francesa).

Pero, ¿qué mayor necedad puede imaginarse que considerar a todos los hombres iguales y libres de tal modo que nada se conceda a la razón, de la cual principalmente el hombre ha sido dotado por la naturaleza y por la cual se distingue de las bestias?

Cuando Dios creó al primer hombre y lo colocó en el Paraíso terrenal, ¿no le impuso al mismo tiempo la pena de muerte si probaba los frutos del árbol de la ciencia del bien y del mal? ¿Acaso no puso con este primer precepto un freno a la libertad? Y después de que el hombre, con su desobediencia, se había hecho culpable, ¿no añadió Dios muchos otros preceptos, que fueron promulgados por Moisés? «Aunque él había dejado al hombre en poder de sus propias decisiones, para que luego pudiera merecer premio o castigo, no obstante, le añadió leyes y mandamientos, para que, queriendo fielmente observarlos, le valieran para su salud».



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S.S. León XIII
HUMANUM GENUS

...por tanto, para extinguir el contagio de esas perversísimas sociedades. Auméntese, pues, cada día más esta Santa Hermandad, que, además de otros muchos frutos, puede esperarse de ella el insigne de que vuelvan los corazones a la libertad, fraternidad e igualdad, no como absurdamente las conciben los masones, sino como las alcanzó JESUCRISTO para el humano linaje y las siguió SAN FRANCISCO: esto es, la libertad de los hijos de Dios por la cual nos veamos libres de la servidumbre de Satanás y de las pasiones, nuestros perversísimos tiranos; la fraternidad que dimana del hecho de ser Dios Nuestro creador y Padre común de todos; la igualdad que, teniendo por fundamento la caridad y la justicia, no borra toda diferencia entre los hombres, sino que con la variedad de condiciones, deberes e inclinaciones forma aquella admirable y armoniosa concordia que pide la misma naturaleza para la utilidad y dignidad de la vida civil.

S.S. León XIII
SAPIENTAE CHRITIANAE

No permitir jamás que los derechos humanos sean antepuestos a los derechos de Dios


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S.S. León XIII
LIBERTAS

Esa libertad tan contraria a la virtud de la religión, la llamada libertad de cultos, libertad fundada en la tesis de que cada uno puede, a su arbitrio, profesar la religión que prefiera o no profesar ninguna. Esta tesis es contraria a la verdad.
... Y si se pregunta cuál es la religión que hay que seguir entre tantas religiones opuestas entre sí, la respuesta la dan al unísono la razón y naturaleza: la religión que Dios ha mandado, y que es fácilmente reconocible por medio de ciertas notas exteriores con las que la divina Providencia ha querido distinguirla, para evitar un error, que, en asunto de tanta trascendencia, implicaría desastrosas consecuencias. Por esto, conceder al hombre esta libertad de cultos de que estamos hablando equivale a concederle el derecho de desnaturalizar impunemente una obligación santísima y de ser infiel a ella, abandonando el bien para entregarse al mal. Esto, lo hemos dicho ya, no es libertad, es una depravación de la libertad y una esclavitud del alma entregada al pecado.

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S.S. Pío IX
ENCÍCLICA DOGMÁTICA
"QUANTA CURA" 


Y, contra la doctrina de la Sagrada Escritura, de la Iglesia y de los Santos Padres, estas personas no dudan en afirmar que ‘la mejor forma de gobierno es aquella en la que no se reconozca al poder civil la obligación de castigar, mediante determinadas penas, a los violadores de la religión católica, sino en cuanto la paz pública lo exija’.

Y con esta idea de la gobernación social, absolutamente falsa, no dudan en consagrar aquella opinión errónea, en extremo perniciosa a la Iglesia católica y a la salud de las almas, nuestro predecesor de feliz memoria, GREGORIO XVI, llamaba delirio, a saber: "Que la libertad de conciencia y de cultos es un derecho libre de cada hombre, que debe ser proclamado y garantizado en toda sociedad bien constituida, y que los ciudadanos tengan libertad omnimoda de manifestar alta y públicamente sus opiniones, cualesquiera sean, de palabra, por escrito u de otro modo, sin que la autoridad eclesiástica o civil puedan limitar libertad tan funesta." 

Esta libertad es de perdición.

A
hora bien: al sostener estas afirmaciones temerarias, no piensan, ni consideran, que proclaman la libertad de la perdición**; y que si se permite siempre la plena manifestación de las opiniones humanas, nunca faltarán hombres, que se atrevan a resistir a la verdad,
y a poner su confianza en la verbosidad de la sabiduría humana; vanidad en extremo perjudicial, y que la fe y la sabiduría cristiana deben evitar cuidadosamente, con arreglo a la enseñanza de Nuestro Señor Jesucristo...

[...]En consecuencia, todas y cada una de las diversas opiniones y doctrinas, que van señaladas detalladamente en las presentes Letras, Nos las reprobamos por Nuestra autoridad apostólica, las proscribimos, las condenamos; y queremos y mandamos, que todos los hijos de la Iglesia Católica las tengan por reprobadas, proscritas y condenadas... 


*Gregorio XVI Encicl. Mirari vos, 15-VIII1832. en esta Colecc.: Encicl. 3, pág. 37-44. 
**S. Aquustin, Epist. 105 (alias 166) (Migne PL. 33 (Epist. 105 n. 9) col. 399).

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Syllabus
ERRORES CONDENADOS


XV. Todo hombre es libre para abrazar y profesar la religión que guiado de la luz de la razón juzgare por verdadera.
(Letras Apostólicas Multiplices inter, 10 junio 1851)
(Alocución Maxima quidem, 9 junio 1862)

XVI. En el culto de cualquiera religión pueden los hombres hallar el camino de la salud eterna y conseguir la eterna salvación.
(Encíclica Qui pluribus, 9 noviembre 1846)
(Alocución Ubi primum, 17 diciembre 1847)
(Encíclica Singulari quidem, 17 Marzo 1856)

XVII. Es bien por lo menos esperar la eterna salvación de todos aquellos que no están en la verdadera Iglesia de Cristo.
(Alocución Singulari quadam, 9 diciembre 1854)
(Encíclica Quanto conficiamur 17 agosto 1863)

XVIII. El protestantismo no es más que una forma diversa de la misma verdadera Religión cristiana, en la cual, lo mismo que en la Iglesia, es posible agradar a Dios.
(Encíclica Noscitis et Nobiscum 8 diciembre 1849)

LXXVII. En esta nuestra edad no conviene ya que la Religión católica sea tenida como la única religión del Estado, con exclusión de otros cualesquiera cultos.
(Alocución Nemo vestrum, 26 julio 1855)

LXXVIII. De aquí que laudablemente se ha establecido por la ley en algunos países católicos, que a los extranjeros que vayan allí, les sea lícito tener público ejercicio del culto propio de cada uno.
(Alocución Acerbissimum, 27 septiembre 1852)

LXXIX. Es sin duda falso que la libertad civil de cualquiera culto, y lo mismo la amplia facultad concedida a todos de manifestar abiertamente y en público cualesquiera opiniones y pensamientos, conduzca a corromper más fácilmente las costumbres y los ánimos, y a propagar la peste del indiferentismo.
(Alocución Nunquam fore, 15 diciembre 1856)


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Mons. Jean-Joseph Gaume

Cuestionad vuestros recuerdos. Sin el Papa, el mundo volverá a ser como era en Francia en 1795: Robespierre en la Convención, Fouquier-Tinville en el tribunal; Simon con su instrumento en la Place de la Révolution, Carrier en Nantes, Venus en Notre-Dame, la Bastilla por todas partes. A pesar de todos los certificados de probidad, honor y filantropía que nos gusta expedir en nuestro tiempo, no debemos jurar nada, excepto una cosa: sin el Papa no hay cristianismo. Y, sin el cristianismo, todo lo que se veía antes del cristianismo, todo lo que todavía se ve fuera del cristianismo, se puede volver a ver.



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TEXTOS DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CONTRA
LA PLURALIDAD
Y LIBERTAD DE CULTOS


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