VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠
Mostrando entradas con la etiqueta Ángeles. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Ángeles. Mostrar todas las entradas

HABÍA HECHO DOS CRIATURAS CAPACES DE ENTENDER: LA ANGÉLICA Y LA HUMANA


S.S. San Gregorio el Grande
Libros morales, IV, 3, 8: BPa 42, 247-248


Dios omnipotente, así como pudo hacer de la nada cosas buenas, así también, cuando quiso, reparó los bienes perdidos gracias al misterio de la encarnación. Había hecho dos criaturas capaces de entender: la angélica y la humana, pero la soberbia abatió a ambas y las apartó del estado de rectitud congénita. Una tenía la envoltura de la carne, la otra no estaba sujeta a debilidad alguna carnal. El ángel, en efecto, es sólo espíritu, el hombre es espíritu y carne. El Creador, moviéndose a compasión, debía reconducir hacia Sí, para redimirla, a la criatura que al cometer la culpa se dejó llevar en parte de su propia debilidad, y debía rechazar al apóstata enviándolo a mayor profundidad, porque cuando escapó de su baluarte y se opuso a Dios, nada de la debilidad de la carne le afectaba. Por eso, el salmista, cuando dijo que el Redentor había tenido misericordia de los hombres, expresó también la causa de esa misericordia, diciendo: Y se acordó de que eran carne (Sal 78, 39). Como si claramente dijera: «porque vio su debilidad, no quiso castigar severamente sus culpas». Hay además otro motivo por el cual el hombre perdido debía ser redimido, y por el cual el espíritu soberbio no podía serlo: el ángel cayó por su propia maldad, el hombre, sin embargo, fue arrastrado por la maldad ajena. Por eso, como el género humano es llevado de nuevo a la luz del arrepentimiento con la venida del Redentor, mientras que el ángel apóstata no es llevado a ninguna luz de redención con esperanza de perdón ni a enmienda alguna de conversión, rectamente se dice: Que no lo busque Dios desde lo alto, que no brille en él la luz. Como si declarara abiertamente: «el mismo que trajo consigo las tinieblas aguante ahora sin fin lo que hizo, que no reciba nunca la luz de la condición originaria, porque ésta la ha perdido sin ser tentado».



***


INTELECTO HUMANO VS ANGÉLICO

Étienne Gilson
&
Santo Tomás de Aquino

La naturaleza del ser conferida a los ángeles por Dios entraña, así, un modo de conocimiento original. Éste no puede ser nada parecido a la abstracción que el hombre descubre lo inteligible escondido en lo sensible y tampoco puede ser parecido al acto por el que Dios es lo inteligible y, al mismo tiempo, lo aprehende, luego no puede ser más que un conocimiento adquirido por medios de especies, cuya recepción ilumina la inteligencia, pero también de especies puramente inteligibles, es decir, proporcionadas a un ser totalmente incorpóreo. 

Diremos, pues, para satisfacer estas exigencias, que los ángeles conocen las cosas por medio de especies que les son connaturales, o, si se prefiere, por medio de especies innatas. Todas las esencias inteligibles que preexistían eternamente en Dios en forma de ideas han procedido de él en el momento de la creación según los líneas a la vez distintas y paralelas. 

Por una parte, unas han llegado a individuarse en los seres materiales cuyas formas constituyen; por otra, han brotado en sustancias angélicas confiriéndoles así el conocimiento de las cosas. 

Se puede, pues, afirmar que el intelecto de los ángeles aventaja a nuestro intelecto humano, tanto como el ente acabado y dotado de su forma aventaja a la materia informe. 

Y si nuestro intelecto es comparable a la tabla rasa sobre la que nada está escrito, el del ángel se compararía más bien al cuadro recubierto de su pintura, mejor todavía, a algún espejo en el que se reflejasen las esencias luminosas de as cosas.



El tomismo
Introducción a la filosofía de santo Tomás de Aquino
https://archive.org/details/etienne-gilson-el-tomismo_202301

***