VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

UN MEDIO DE QUE SE VALE LA PROVIDENCIA PARA CASTIGAR A LAS NACIONES CULPABLES


Niceto Alonso Perujo
Lecciones sobre el Syllabus

...la Sagrada Escritura, en repetidos lugares nos presenta la guerra y sus consecuencias como un castigo de Dios.— Ahora bien, la sociedad, instituida para vivir en paz, no ha podido autorizar este derecho, que seria su propia destrucción: más lógico seria suponer, que si hubiera habido pacto, la guerra hubiera sido prohibida del modo mas terminante y absoluto. Sin embargo la historia nos enseña que la guerra ha sido en cierto modo el estado permanente de la humanidad. ¿Cómo, pues, se explica que alguna vez la guerra sea justa, y que el poder público tenga el derecho de declararla? Preciso es buscar para esto el mismo origen que para imponer la pena de muerte, y pedir su sanción al mismo Dios.

Esta doctrina parecerá tal vez una blasfemia a la escuela racionalista: a ella que es incapaz de explicar el derecho de la guerra sino por motivos humanos y terrenos, y empequeñece los mas grandes problemas, al presumir encerrarlos en la estrechez de su razón. Los católicos, dotada nuestra razón de la mirada de águila de la fe, hallamos en estas cuestiones profundidades insondables, y las vemos dilatarse por horizontes tan vastos como esplendorosos. La guerra es una consecuencia del primer pecado, es un castigo de la rebelión de los primeros padres, y existe en la naturaleza como una condición triste del estado en que aquel nos precipitó. Por eso la redención de Jesucristo es la paz, y esta palabra es el lema escrito en la bandera de nuestra religión. Pero la redención no produce todos los frutos que debiera, por culpa de los hombres, y por eso la guerra continúa en el mundo, y durará mientras los hombres no sean justos, es decir, buenos cristianos. Dura, pues, la guerra, como una pena, como una forma de expiación, como un medio de que se vale la Providencia para castigar a las naciones culpables. Los poderes públicos son los instrumentos de sus designios; la decretan sirviendo a sus fines; sus ejércitos y sus escuadras defienden, sin saberlo, la causa del cielo: la guerra es justa cuando se dirige a restablecer el imperio de la justicia, cuando los gobiernos obran como ministros de Dios.

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