a los Padres de la Compañía de Jesús
17 de septiembre de 1946
(EXTRACTO)
At quod immutabile est, nemo turbet et moveat
De ello se desprende que, al exponer y hablar sobre los asuntos en cuestión, en la forma en que formulan sus argumentos y el estilo que eligen para hablar, necesitan adaptar sabiamente sus discursos al carácter y la disposición de la época en que viven. Pero lo inmutable, que nadie lo altere ni lo cambie. Mucho se ha dicho, pero no lo suficiente tras una debida reflexión, sobre la «Nouvelle Théologie» [«Nueva Teología»], que, debido a su característica de moverse con todo en un estado de perpetuo movimiento, siempre estará en camino hacia algún lugar, pero nunca llegará a ninguna parte. Si uno pensara que tiene que estar de acuerdo con una idea como esa, ¿qué sería de los dogmas católicos, que nunca deben cambiar? ¿Qué sucedería con la unidad y la estabilidad de la fe?
Al considerar la veneración de la Verdad indefectible como algo sagrado y solemne, dedíquense a examinar y resolver con celo los problemas que hacen que la gente de hoy vacile en sus creencias, sobre todo si estos problemas pueden generar obstáculos y dificultades para los eruditos cristianos. Al arrojar luz sobre estas dificultades y transformar con su esfuerzo lo que parecía ser un obstáculo, fortalezcan así su fe. Pero cuando se examinen cuestiones nuevas o audaces, que los principios de la doctrina católica brillen con esplendor ante la mente. Que lo que resuene con el sonido de algo totalmente nuevo en teología se sopese cuidadosamente con vigilante prudencia. Que lo cierto y firme se distinga de lo que se ofrece como conjetura, de aquello que una forma de pensar transitoria y no siempre loable es capaz de introducir e insertar incluso en la teología y la filosofía. A quien yerra, que se le extienda una mano amiga. Pero no se debe dar ninguna indulgencia a los errores contenidos en sus opiniones.
Ex quo id infertur, ut in proponendis et proferendis quaestionibus, in argumentationibus ducendis, in dicendi quoque genere deligendo, oporteat sui saeculi ingenio et propensioni sapienter orationem suam accommodent. At quod immutabile est, nemo turbet et moveat. Plura dicta sunt, at non satis explorata ratione, «de nova theologia» quae cum universis semper volventibus rebus, una volvatur, semper itura, numquam perventura. Si talis opinio amplectenda esse videatur, quid fiet de numquam immutandis catholicis dogmatibus, quid de fidei unitate et stabilitate?
Dum igitur inocciduam Veritatem vereri sanctum sollemneque habetis, operam date problemata, quae labens fert tempus, studiose investigare et exsolvere, praesertim si ea eruditis christifidelibus obstacula et difficultates progignere possint; quin etiam eadem illustrando, in auxilium convertentes impedimentum, illorum fidem inde confirmate. Verumtamen, cum novae vel liberae agitantur quaestiones, catholicae doctrinae principia semper mentibus praefulgeant; quod in re theologica omnino novum sonat, evigilanti cautione perpendatur; certum firmumque ab eo, quod coniectura ducitur, ab eo, quod labilis nec semper laudabilis mos etiam in theologiam et philosophiam introducere et invehere potest, secernatur; errantibus amica praebeatur manus, nihil autem indulgeatur opinionum erroribus.
***