La Ciudad anticristiana
Dios llamó al hombre a un estado sobrenatural. Envió a su Hijo para enseñarle «a conocer a Dios, amarle y servirle, y por este medio alcanzar la vida eterna».
Jesucristo, en nombre de su Padre, promulgó una religión obligatoria para todo el género humano.
Desde entonces viene Dios reprobando todos los homenajes que no se le dirigen por medio de su Hijo, en la Iglesia, y bajo la forma divinamente establecida.
No se puede adorar a Dios sino en la religión católica. Es, pues, la única religión verdadera.