VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

✠✠ "Sede Vacante Nihil Innovetur" ✠ "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus" ✠ "Inferior non potest tollere legem superioris" ✠✠

LA INTRODUCCIÓN AL PENTATEUCO DE BOVER-CANTERA DEFIENDE LA AUTENTICIDAD MOSAICA FRENTE A LA TEORÍA DOCUMENTAL DE LOS PROTESTANTES GRAF Y WELLHAUSEN



El texto expone el conflicto entre la teoría documentaria y la autenticidad mosaica del Pentateuco. Esta teoría, que propone que la obra es una mezcla de cuatro fuentes tardías (J, E, D y P), se puso en voga durante los últimos sesenta años previos a mediados del siglo XX, impulsada por los críticos alemanes Graf y Wellhausen, ambos protestantes y pioneros de la crítica liberal. Frente a ellos, un grupo de estudiosos católicos como el P. J. Prado, Bea, Heinisch, Vaccari, Lagrange y Clamer sostiene que dicha tesis está en declive. Estos autores defienden que Moisés es el autor sustancial, aunque aceptan que pudo usar fuentes previas o redactores y que el texto recibió ajustes menores con el tiempo por parte de copistas.

Esta defensa se apoya en evidencias de investigadores como Speiser (arqueólogo de orientación secular/académica), quien demostró con las leyes de Nuzi que la legislación mosaica encaja perfectamente en el segundo milenio a.C. Asimismo, el papirólogo inglés sir Frederic G. Kenyon (Anglicana) y el investigador Robert (católico) confirmaron mediante los Chester Beatty Papyri y el Papiro Rylands que la escritura era común en la época de Moisés y que los manuscritos bíblicos tienen una antigüedad comprobada.

La conclusión del texto es que la autenticidad mosaica del Pentateuco sigue vigente, respaldada por los testimonios de la Escritura, la tradición constante del pueblo judío y de la Iglesia y los indicios internos del texto, tal como afirma el decreto de la Pontificia Comisión Bíblica de 1906, el cual reconoce a Moisés como autor fundamental, aunque admite que pudo servirse de fuentes, contar con colaboradores y que el texto haya experimentado algunas modificaciones posteriores sin afectar a su integridad esencial.


Bover-Cantera
1947

AUTENTICIDAD DEL PENTATEUCO

En cuanto al autor del Pentateuco, frente a la tradición judía y cristiana, que hasta el siglo XVIII atribuyó su total composición a Moisés, durante los últimos sesenta años ha prevalecido entre los críticos independientes la teoría documentaria, cuyos corifeos más destacados han sido los alemanes Graf y Wellhausen, de quienes también recibió el nombre.

Partiendo del variado empleo de los nombres divinos de Yahveh y Elohim en diferentes pasajes, y comprobando diferencias de estilo y léxico en los mismos, amén de manifiestas suturas, incoherencias y hasta duplicados, concluyen que el Pentateuco, lejos de ser obra de Moisés, es el resultado de fundir cuatro fuentes o documentos principales, posteriores al legislador, cada uno con características peculiares de estilo y doctrina. Tales documentos son: el Jahvista (J), compuesto en el reino de Judá hacia el año 850; el Elohista (E), publicado en el reino del norte antes del 750 y unido al anterior un siglo después por un redactor que llaman Jehovista (JE); el Deuteronomio (D), debido en su redacción definitiva a un mal llamado piadoso engaño de los sacerdotes de Jerusalén, que en 621 habrían amañado el hallazgo del códice de la Torá de Moisés para aprovechar a favor de la causa yahvista las buenas disposiciones del rey Josías; y, finalmente, el Priesterkodex (P), códice sacerdotal, producto del movimiento legalista de la época del destierro babilónico, entre 540 y 450, cuyo principal promotor habría sido el profeta Ezequiel. Hacia el año 445, con ocasión de la reforma emprendida por Esdras y Nehemías, se incorporaría tal documento a los restantes, quedando así integrado el Pentateuco por esos cuatro escritos fundamentales, JEDP, más las añadiduras, suturas y retoques introducidos por los diversos redactores que intervinieron en la compilación del Corpus histórico-jurídico, puesto bajo el nombre prestigioso de Moisés.

Como otros muchos críticos católicos (Bea, Heinisch, Vaccari, Lagrange, Clamer), el P. J. Prado sometió a examen recientemente (Sefarad, 5 [1945], 186-195, y posteriormente Prael. Bibl. Compend., Vet Test., I, Matriti, 1947, n. 287, p. 279-282) la teoría wellhauseniana, triunfante primero, luego retocada y modificada por sus seguidores y hoy en franco desmoronamiento por los ataques que de los cuatro frentes principales de la investigación bíblica le han venido: el religioso, el arqueológico, el lingüístico y el literario; y concluye poderse afirmar que hoy los argumentos intrínsecos y extrínsecos (testimonios de ambos Testamentos, asentimiento unánime de la tradición...) que militan en pro de la autenticidad mosaica del Pentateuco siguen en pie, y cabe continuar afirmando que éste es obra sustancial de Moisés, ya directamente, ya mediante la colaboración de algunos redactores, que realizasen lo planeado por él y fuese luego confirmado por su autoridad.

Esto no impide que Moisés no pudiera muy bien utilizar documentos escritos o tradiciones orales, que él insertó en su obra, haciéndolos suyos. Y cabe asimismo que la ley mosaica, legislación viva y no muerta, una vez variadas las circunstancias en que se dió, recibiera algunas explicaciones y adaptaciones necesarias, las cuales luego se introdujeron en el texto sagrado, junto con correcciones de expresiones anticuadas o lecciones incorrectas, debidas a descuidos de amanuenses; como también se agregó el capítulo último del Deuteronomio, y quizás alguno de los precedentes, posterior a la muerte del gran caudillo de Israel, como conceden Bea y Clamer.

Parécenos interesante añadir, en punto a la crítica del Pentateuco, que la tesis de quienes sostenían que la legislación contenida en aquél es demasiado elaborada para atribuirse a Moisés o su época, ha venido a sufrir nuevo golpe —después del recibido con el estudio de las leyes de Hammurabi— merced a la interesante colección de documentos hurritas procedentes de las excavaciones de Kirkuk y Nuzi, al este del Tigris, dirigidas por Speiser y publicadas de 1925 a 1935. Sus datos, que son aproximadamente de la mitad del segundo milenio antes de Jesu-Cristo, comprenden una serie de leyes, algunas de las cuales tienen marcada semejanza o aun identidad absoluta con disposiciones que aparecen en la legislación del Pentateuco.

Tales hallazgos, ha escrito poco ha sir Frederic G. Kenyon, veterano papirólogo inglés, «demuestran: primero, que la escritura estaba bien divulgada y usada libremente en Siria y países adyacentes en tiempos de Moisés, y segundo, que códices detallados de leyes eran comunes entre las naciones de esta región por esta fecha, y aun antes de ellas», no pudiendo rechazarse la legislación recogida en el Pentateuco como proveniente de Moisés y su época, a base de que tales leyes no pudieron existir en fecha tan temprana o que no pudieran recogerse por escrito. Aunque luego «bien pudieron agregarse detalles del ritual de los templos.... está bien claro que la narración de esos libros... bien puede fundamentarse sobre documentos escritos en los tiempos contemporáneos».

Finalmente, no queremos dejar de recoger recientes descubrimientos papirológicos de excepcional importancia para la historia del texto del Pentateuco. Entre los once manuscritos hallados hace aún pocos años en los alrededores de Afitih (Afroditópolis), en la margen oriental del Nilo, frente al Fayum, dos de ellos (uno del s. III y otro del IV) contienen, sumados, casi las dos terceras partes del Génesis, y otro interesantísimo volumen contiene extractos de Números y Deuteronomio «maravillosamente escritos por una mano que debió pertenecer a la primera mitad del siglo II». Aparte de breves fragmentos a que inmediatamente nos referiremos, es el manuscrito bíblico más antiguo que existe, y todos estos manuscritos bíblicos, denominados Chester Beatty Papyri, han sido publicados por el citado papirólogo inglés entre 1933 y 1937.

Junto a ellos cabe destacar el notable hallazgo de fragmentos de cuatro columnas de un rollo de papiros del Deuteronomio, publicado por Robert en 1936. Este papiro Rylands, escrito por elegante mano en el siglo II antes de Cristo, es, con mucho, «el manuscrito más antiguo conocido de todas las partes de la Biblia».

Sobre el Pentateuco, la Pontificia Comisión Bíblica, en 27 de junio de 1906 (Denz. 1997-2000), dió un importante decreto, en que, asentados los fundamentos de la interpretación católica, concede amplio margen a la crítica bíblica. Consta de cuatro capítulos.

  1. En el primero afirma que los libros del Pentateuco no proceden de fuentes en su mayor parte posteriores a la edad mosaica, sino que tienen por autor a Moisés. Y apunta los motivos, que son: negativamente, la inconsistencia de los argumentos acumulados por los críticos; positivamente,
    • a) los testimonios de la misma Escritura;
    • b) el perpetuo consentimiento del pueblo judío;
    • c) la constante tradición de la Iglesia;
    • d) los indicios internos.

  2. En el segundo admite la hipótesis de que Moisés pudo tener colaboradores, en el sentido antes indicado.

  3. En el tercero admite que Moisés pudo haber utilizado diversas fuentes o documentos, así orales como escritos.

  4. En el cuarto, por último, admite igualmente que, salva la autenticidad e integridad sustancial del Pentateuco como obra de Moisés, pudieron con el tiempo añadírsele algunas modificaciones accidentales o adiciones, cuales son las anteriormente indicadas.


***

S.S. San Pío X
Sobre la autenticidad mosaica del Pentateuco
[De la Respuesta de la Comisión Bíblica de 27 de junio de 1906]
ASS 39 (1906-07) 377 s; AE 14 (1906) 305; EB 174 ss.

DZ 1997
Duda I: Si los argumentos, acumulados por los críticos para combatir la autenticidad mosaica de los libros sagrados que se designan con el nombre de Pentateuco son de tanto peso que, sin tener en cuenta los muchos testimonios de uno y de otro Testamento considerados en su conjunto, el perpetuo consentimiento del pueblo judío, la tradición constante de la Iglesia, así como los indicios internos que se sacan del texto mismo, den derecho a afirmar que tales libros no tienen a Moisés por autor, sino que fueron compuestos de fuentes en su mayor parte posteriores a la época mosaica.

  • Respuesta: Negativamente.

DZ 1998
Duda II: Si la autenticidad mosaica del Pentateuco exige necesariamente una redacción tal de toda la obra que haya de pensarse en absoluto que Moisés lo escribió todo con todos sus pormenores por su propia mano o lo dictó a sus amanuenses; o bien, puede permitirse la hipótesis de los que opinan que Moisés encomendó la escritura de la obra, por él concebida bajo la divina inspiración, a otro u otros; de suerte, sin embargo, que expresaran fielmente sus pensamientos, nada escribieran contra su voluntad, nada omitieran, y que finalmente, la obra así compuesta, aprobada por Moisés su principal e inspirado autor, se publicara bajo su nombre.

  • Respuesta: Negativamente a la primera parte; afirmativamente a la segunda.

DZ 1999
Duda III: Si puede concederse sin perjuicio de la autenticidad mosaica del Pentateuco que Moisés, para componer su obra, se valió de fuentes, es decir, de documentos escritos o de tradiciones orales, de las que, según el peculiar fin que se había propuesto y bajo el soplo de la inspiración divina, sacó algunas cosas y las insertó en su obra, ora literalmente, ora resumidas o ampliadas en cuanto al sentido. 

  • Respuesta: Afirmativamente.

DZ 2000
Duda IV: Si puede admitirse, salva la autenticidad mosaica esencial y la integridad del Pentateuco, que hayan podido introducirse en él algunas modificaciones, en tan prolongado transcurso de siglos, como: adiciones después de la muerte de Moisés, o apostillas de un autor inspirado o glosas y explicaciones insertadas en el texto, ciertos vocablos y formas de la lengua antigua trasladadas a lenguaje más moderno, en fin, lecciones mendosas atribuibles a defecto de los amanuenses, acerca de las cuales es lícito discutir y juzgar de acuerdo con la crítica.

  • Respuesta: Afirmativamente, salvo el juicio de la Iglesia.



APÉNDICE

SOBRE LA FIDELIDAD TEXTUAL
DE LA BIBLIA BOVER-CANTERA

Se presentan autoridades eclesiásticas eruditas que defienden su fidelidad al texto de Bover-Cantera en su forma más antigua disponible y reconstruible de los manuscritos en lengua hebrea (hasta la fecha de 1944). Se trata de los Libros Sagrados redactados por Moisés y los profetas bajo la inspiración del Espíritu Santo, tercera Persona de la Santísima Trinidad.

Revista Salmaticensis U.P.S.A (1955)
y la Revista Estudios Bíblicos (1948)

"BIBLIA BOVER-CANTERA... SU NOTA CARACTERÍSTICA (DE LA TRADUCCIÓN DEL ANTIGUO TESTAMENTO) ES SU FIDELIDAD AL TEXTO". 

Sobre la versión Bover-Cantera, escribió Jesús Enciso (Doctor en Sagrada Teología por la Gregoriana, Licenciado en Sagrada Escritura por el Pontificio Instituto Bíblico y Obispo de Ciudad Rodrigo): «CREEMOS QUE SU NOTA CARACTERÍSTICA ES SU FIDELIDAD AL TEXTO... El Doctor Cantera, huyendo de todo servilismo exagerado a determinada forma textual, ha tomado como base de su traducción la Biblia Hebraica de Kittel-Kahle (edición de 1937), pero se ha reservado siempre la libertad de recurrir a las versiones antiguas o a los diversos manuscritos para establecer el texto en los casos difíciles o por lo menos dudosos».

Añade Enciso que «las notas arqueológicas revelan en su autor una gran competencia... Las del P. Bover, preferentemente exegéticas, denuncian la mano de quien ha pasado muchos años manejando a diario la exégesis del libro sagrado y ha adquirido en ella una innegable maestría». El Profesor Cantera tradujo todos los libros protocanónicos del A.T., el P. Bover los demás, y el P. Félix Puzo los Libros de los Macabeos (Estudios Bíblicos, 7, 1948, 122-127).

Respecto a la versión Nácar-Colunga, el mismo Jesús Enciso comentó: «...Decidieron lanzarse solos y dar cima sin más ayuda a la tan deseada y necesaria versión. Fue una verdadera carrera en que se trató de recuperar el tiempo perdido... Se podrán y deberán introducir en ella algunas mejoras, pero no es tarea fácil hacer una nueva versión que la supere. Hemos de confesar que estamos orgullosos de poseerla» (Estudios Bíblicos, 3, 1944, 462-463).

Los defectos de las primeras ediciones de Nácar-Colunga (versiones de ciertos textos y escasez de notas) fueron subsanados en ediciones posteriores, según se recoge en Salmanticensis (1955, vol. 2, n.º 2) en el artículo del P. Luis Arnaldich, O.F.M., titulado "Los estudios bíblicos de España desde 1900 hasta 1955".



http://summa.upsa.es/high.raw?id=0000006271&name=00000001.original.pdf&attachment=Salmanticensis.+1955%2C+volumen+2%2C+n.%C2%BA+2.+CONSPECTUS+BIBLIOGRAPHICI.+Los+estudios+b%C3%ADblicos+de+Espa%C3%B1a+desde+1900+hasta+1955.pdf

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Revista de Espiritualidad
Carmelitas Descalzos
1948

"Es característico de la presente versión (1947) ofrecer la primera traducción castellana del Eclesiástico, según el texto hebreo encontrado hasta el momento actual".

 https://archive.org/details/revista-de-espiritualidad_1948_7_26/page/120/mode/1up

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