PIO XI (1922-1939)
AQUILES RATTI
Nació en Desio (Brianza), en 1857. Hizo en Roma los estudios filosóficos, teológicos y de Derecho, demostrando sus dotes de inteligencia e intuición. En 1879 fue consagrado sacerdote. En 1888 fue nombrado doctor de la Biblioteca Ambrosiana de Milán, y prefecto de la misma en 1907. En 1914 Pío X le llamó a Roma como prefecto de la Biblioteca Vaticana. Fue luego (1918) visitador apostólico en Polonia, y, después de haber sido arzobispo titular de Lepanto, fue nombrado cardenal y arzobispo de Milán (1921).
Fue llamado a suceder a Benedicto XV el 6 de febrero de 1922.
Su primer acto fue (cosa que ningún otro papa había hecho después de Pio IX) enviar su bendición desde la galería exterior de San Pedro, al mundo, a Italia y a Roma.
La obra que Pio XI desarrolló durante los diecisiete años de su pontificado fue vastísima; pastor de almas y guía de pueblos, nada escapó a su cariñosa vigilancia.
En el campo religioso y social su actividad fue fecunda, y no fue menor en las relaciones con las diversas naciones.
Concedió y abrió tres Jubileos: en 1925, en 1929 (con ocasión de celebrarse el 40o aniversario de su ordenación sacerdotal) y en 1933, con motivo del 19° centenario de la Redención.
Hizo florecer la devoción eucarística, promoviendo numerosos Congresos nacionales e internacionales, a los que dio mayor prestigio con la asistencia de sus legados.
Celosísimo de las misiones, marcó uno de los más fecundos períodos de la actividad misional en el mundo; no fueron tampoco ajenos a su corazón paterno los hermanos descarriados de Oriente, a quienes dirigió repetidas veces la invitación a unirse con la Iglesia de Roma.
Se impuso particularmente la dirección de la Acción Católica, y despojándola de todo carácter político la quiso al lado de la jerarquía católica en la labor de renovación espiritual de la sociedad.
Papa docto, quiso que los estudios del clero fuesen adecuados a las necesidades modernas, y fue él quien dispuso la fundación de los Seminarios diocesanos y regionales donde los jóvenes debían ser educados con un método severo en la sagrada disciplina; siguiendo el ejemplo de los antiguos pontífices, protegió y favoreció los altos estudios, hizo florecer nuevamente las Universidades Católicas en varias naciones y creó otras nuevas; dio gran incremento a la Universidad Católica del Sagrado Corazón en Milán, y en Roma quiso que en los ya existentes Ateneos pontificios se creasen nuevas cátedras de enseñanza. Atendió a la formación religiosa del pueblo, especialmente de Roma, con la erección de nuevas iglesias.
Instituyó la fiesta de Cristo Rey y de la Maternidad de María; las beatificaciones y canonizaciones de nuevos santos llegaron a una cifra nunca alcanzada; iniciativa suya, acogida con gran simpatía, fueron las audiencias a los esposos noveles, a quienes dirigió siempre su palabra paternal.
No fue indiferente a las necesidades materiales del clero, y ordenó la instalación de habitaciones decorosas para los párrocos del Meridional y Cerdeña; asimismo fue munífico bienhechor en las catástrofes públicas.
Vista la importancia de la prensa y del cinematógrafo, dio normas inteligentes para que éstos fueran instrumentos del bien.
Dotó de magníficas aulas a su predilecta Biblioteca Vaticana, erigió una digna sede para la famosa Pinacoteca, trasladó a Castel Gandolfo el Observatorio astronómico, que enriqueció con nuevos instrumentos, y dotó a la Ciudad del Vaticano de todos los servicios más modernos, hasta la potente estación radiofónica, que inauguró en 1931 con un mensaje dirigido al mundo.
Pío XI escribió muchas encíclicas. La primera, del año 1922, Urbi arcano Dei, es la exposición de su programa de pontificado "la paz de Cristo en el reino de Cristo". Son de gran importancia las de 1923 y 1931, sobre Santo Tomás de Aquino y sobre los estudios eclesiásticos; las de 1925 y 1931, sobre la Realeza de Cristo y sobre la divina Maternidad de María; las de 1926 y 1928, sobre las misiones y sobre la unión de las Iglesias; la de 1929, sobre la educación cristiana de la juventud, la de 1930 sobre la santidad del matrimonio y la de 1937 sobre el comunismo ateo y sobre las aberraciones del neopaganismo.
No fue menos fecunda su obra en el campo político, y el acto que para siempre quedará en la historia de su pontificado fue la finalmente alcanzada reconciliación entre la Santa Sede e Italia, el 11 de febrero de 1929, que ponía fin a la triste disidencia y pacificaba la conciencia de los católicos y de los italianos.
Tuvo excelentes relaciones diplomáticas con las demás potencias, y durante su gobierno fueron aumentadas las representaciones diplomáticas cerca de la Santa Sede y las Nunciaturas. Recibió numerosas y cordiales visitas de reyes y de hombres de Estado. Hizo concordatos con varias naciones, y su intervención entre la república Dominicana y Haitiana sirvió para establecer entre ellas acuerdos amistosos. En 1937, con ocasión del 40º aniversario de las bodas de los soberanos de Italia, envió a la Reina emperatriz la Rosa de oro, acompañándola de palabras paternales.
Por desgracia, su pontificado, tan glorioso, no dejó de tener también sus desdichas: las persecuciones religiosas en Rusia (hacia la cual desde el principio de su pontificado había mandado tantos socorros, especialmente para los niños); en Méjico, en España y en Alemania.
Ni fue menos doloroso para Pío XI el momento angustioso por que pasó Europa cuando en 1938 surgió el peligro de una guerra por la cuestión germanochecoeslovaca; ¿Quién no recuerda el angustioso mensaje del 29 de septiembre, el generoso ofrecimiento a Dios de su vida por la paz de Europa? Ofrecimiento que renovó en el Consistorio de Navidad en presencia de los cardenales.
Pio XI murió santamente, después de un fecundo pontificado, el 10 de febrero de 1939, y su muerte fue llorada en el mundo entero.
Pío XI fue, además de Pastor de almas, cuya salud cuidó con amplia visión, pastor de pueblos, a los que hizo recordar, cuando fue necesario, con alta, libre y serena palabra por encima de todas las pasiones, el camino de la Verdad, de la Justicia y del Amor.
Los Papas, desde San Pedro hasta Pío XII
Giuseppe Arienti
Con Licencia Eclesiástica 1945
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