Bonifacio Obispo, Siervo de los Siervos de Dios, a los amados hijos Tomás, Maestro, y a los Priores Provinciales de la Orden de Predicadores, Salud y Bendición Apostólica.
Movidos por los méritos de vuestra Religión, nos inclinamos favorablemente a vuestros deseos, especialmente aquellos que miran a la reconciliación de los que se han desviado de la unidad de la Santa Iglesia Romana y a la salvación de las almas, en cuanto podemos con la ayuda de Dios.
Por tanto, inclinados por vuestras devotas súplicas, os concedemos a vosotros y a cada uno de vuestros frailes —a quienes juzguéis aptos para ser delegados para este fin— plena y libre facultad por la autoridad de las presentes para absolver, según la forma de la Iglesia, por una sola vez y durante un trienio, a cualesquiera frailes de dicha Orden que se hayan adherido a Roberto [Clemente VII], de condenada memoria, antes presbítero cardenal de la basílica de los Doce Apóstoles, a quien entonces llamaban sacrílegamente Clemente VII, o a otros que se sustrajeron de nuestra obediencia y devoción por procesos apostólicos, y que ahora deseen regresar a nuestra obediencia y a la de la Iglesia.
Deben ser absueltos de todas y cada una de las excomuniones, suspensiones y sentencias, así como de las penas en las que incurrieron por adherirse y favorecer a dicho Roberto y a sus seguidores cismáticos y heréticos; y también de los procesos publicados solemnemente por nuestro predecesor de feliz memoria, el Papa Urbano VI, contra dicho Roberto y sus partidarios. Esto se hará siempre que primero abjuren del cisma y, tras recibir de ellos el debido juramento de fidelidad a Nosotros y a nuestros sucesores los Pontífices Romanos que entren canónicamente, se les imponga una penitencia saludable.
Forma del juramento para cada uno de los Frailes:
"Yo, [Nombre], de la Diócesis de [Lugar], habiendo comprendido que estaba retenido en el lazo de la división y el cisma por creer, favorecer y adherirme al alumno de la perdición Roberto, antes presbítero cardenal de la basílica de los Doce Apóstoles (quien se presumió llamar sacrílegamente Clemente VII), confieso públicamente que erré por mi libre voluntad.
Ahora, por la gracia divina regresando a la unidad de la Sede Apostólica, profeso sostener la fe católica y creer lo que cree la Santa Madre Iglesia y lo que enseña nuestro Señor, el Señor Bonifacio, por la divina providencia Papa IX, quien fue y es nuestro legítimo Pontífice y Vicario de Jesucristo, sucesor de Pedro, elegido canónicamente, entronizado y coronado por los Cardenales.
Asimismo, declaro que el mencionado Roberto no fue Papa, sino antipapa y apóstata, invasor y destructor de toda la cristiandad, separado de los límites de la Santa Madre Iglesia. Del mismo modo, declaro que Pedro de Luna [Antipapa Benedicto XIII], quien sucedió temerariamente a dicho Roberto, y todos sus cómplices, son cismáticos y excomulgados.
Abjuro de toda herejía y cisma, especialmente del mencionado cisma, del cual por la gracia de nuestro Redentor he sido librado para siempre. Prometo y juro sobre los Santos Evangelios que estaré y obedeceré a los mandatos de la Iglesia y de nuestro Señor el Papa Bonifacio IX y sus sucesores. No participaré en consejos o tratados para que pierdan la vida o el miembro, o para que sufran captura o daño. Si llegara a mi noticia cualquier trama contra la Majestad del Papa, la denunciaré lo antes posible.
Defenderé el Papado Romano, las Regalías de San Pedro y los derechos de la Iglesia Romana contra todos los hombres. Perseguiré y me opondré al mencionado Pedro el Antipapa y a sus seguidores de cualquier estado o condición que sean, incluso si son Cardenales o reyes. No prestaré auxilio, consejo o favor a los enemigos de la Iglesia. Así Dios me ayude y estos Santos Evangelios."
Dado en Roma, junto a San Pedro, el año de la Encarnación del Señor de 1392, el quinto día antes de las Calendas de mayo (el 27 de abril), en el tercer año de nuestro pontificado.
(Archivo Apostólico Lib. CXLVIII fol. 172.)