A LOS MIEMBROS DEL CUERPO DIPLOMÁTICO ADJUNTO A LA SANTA SEDE
25 de febrero de 1946
25 de febrero de 1946
Esta doble universalidad, la del Sacro Colegio y la del Cuerpo Diplomático, nos ofrece una imagen visible de la verdadera supranacionalidad de la Iglesia, que, lejos de eclipsar a naciones particulares y pretender fusionarlas todas en una oscura uniformidad, las favorece y realza, armonizando felizmente las características y los recursos de cada una de ellas, al tiempo que respeta su propia autonomía y originalidad.
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