Francis Jeremiah Connell
C.Ss.R. C.SS.R., S.T.D.
FREEDOM OF WORSHIP
The Catholic Position
1944
Tal es, pues, el primer principio católico relevante para la libertad religiosa: que el hombre no tiene un derecho ilimitado a practicar cualquier religión que elija. Fue de acuerdo con este principio que el Papa Pío IX, en su Syllabus de 1864, condenó la proposición: "Todo hombre es libre de abrazar y profesar aquella religión que, guiado por la luz de la razón, juzga verdadera". (Denzinger, "Enchiridion," n. 1715).
Una objeción común al principio católico recién enunciado se centra en lo que se llama "el derecho de conciencia." Todo el mundo tiene derecho, se nos dice, a hacer lo que su propia conciencia le dicte como lo correcto; por lo tanto, una persona que cree honestamente que una determinada religión es verdadera tiene un derecho perfecto a profesarla y practicarla, cualquiera que sea.
Esta objeción se basa en una mala interpretación del "derecho de conciencia." Es cierto que a aquel que realiza una investigación sincera y suficiente para descubrir lo que es correcto, y luego está convencido de que puede adoptar un cierto modo de acción, se le permite actuar en consecuencia en lo que respecta a sus disposiciones subjetivas. Incluso en la suposición de que, sin culpa alguna por su parte, haya cometido un error y considerado buena alguna acción que en realidad es mala, no es culpable de pecado a los ojos de Dios. Se dice que una persona así está actuando con una conciencia invenciblemente errónea. Al mismo tiempo, no tiene un derecho real a realizar una acción que de hecho es pecaminosa, por muy sincero que sea al juzgarla lícita.
Pues un derecho genuino es algo objetivo, basado en hechos tal como existen en la realidad. En consecuencia, aquellos que saben que una persona está equivocada al creer que tiene derecho a hacer algo no necesariamente la están tratando injustamente si se niegan a reconocer su pretensión. El simple hecho de que un hombre honestamente crea que le debo cien dólares no le otorga un derecho real a obtener esa cantidad de mí, cuando yo sé que está equivocado.
Por lo tanto, el simple hecho de que una persona crea sinceramente que una determinada religión es verdadera no le otorga un derecho genuino a aceptar esa religión en oposición al mandato de Dios de que todos deben abrazar la única religión verdadera.
Tampoco obliga necesariamente a otros a permitirle la práctica irrestricta de sus creencias religiosas.
Si un creyente sincero en la curación por la fe se niega a llamar a un médico cuando padece una enfermedad contagiosa grave, es totalmente justificable obligarle a aceptar tratamiento médico, porque —por muy firme que sea su fe— no tiene derecho a perjudicarse a sí mismo y a otros con sus nociones equivocadas.
FREEDOM OF WORSHIP
The Catholic Position
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