(1 julio)
No hemos sido rescatados a precio de oro o de plata, dice San Pedro, sino con la sangre del Cordero Inmaculado. Esta sangre bendita derramada hasta la última gota, desde la Circuncisión hasta la lanzada del costado de Jesucristo, es el objeto de la fiesta de hoy.
Esta solemnidad, establecida por Pío IX como recuerdo por haberse visto Roma libre de la invasión revolucionaria en 1849, ha sido elevada a rito doble de primera clase por Pío XI, en memoria del Año Santo de la Redención.
Esta solemnidad, establecida por Pío IX como recuerdo por haberse visto Roma libre de la invasión revolucionaria en 1849, ha sido elevada a rito doble de primera clase por Pío XI, en memoria del Año Santo de la Redención.
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