Pedro, pues, como primero y primado de los Apóstoles, podía mandar a los Apóstoles y, si erraban en la fe y en las costumbres, corregirlos, dirimir sus litigios, dividir las provincias, sustituir a otros si desfallecían, como sustituyó a Judas el traidor por Matías, Hech. I. Pues esta subordinación de los Apóstoles, de los obispos y de todos los fieles bajo una sola cabeza y Pontífice, era necesaria para la unión, concordia, estabilidad y buen régimen de la Iglesia, como enseña S. Cipriano, lib. De Unitate Ecclesiae: «El primado, dice, se da a Pedro para que se muestre una sola Iglesia de Cristo y una sola cátedra», etc.
https://archive.org/details/Commentaria-a-lapide/A%20Lapide%20Vol.%2015%20Matthaeum%2C%20Marcum/page/255/mode/2up
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