GREGORIO A JUAN, SUBDIÁCONO.
Gregorio al subdiácono Juan. Cuánto consta que la sede apostólica (Grat. dist. 65, c. 10), por autor de Dios, está al frente de todas las Iglesias, tanto nos solicita fuertemente entre nuestras múltiples preocupaciones aquello en donde se espera nuestro juicio para consagrar a un obispo. Habiendo fallecido, por lo tanto, Lorenzo, obispo de la Iglesia de Milán, nos enteramos por el informe del clero que habían consentido unánimemente en la elección de nuestro hijo Constancio, su diácono. Pero dado que dicho informe no estaba firmado, para que no omitamos nada de lo que pertenece a la precaución, por eso es necesario que te dirijas a Génova apoyado por la autoridad de este precepto. Y puesto que muchos de los milaneses, obligados por la ferocidad bárbara, residen allí, conviene que convoques sus voluntades examinándolas en común. Y si conoces que ninguna diversidad los aparta de la unidad de la elección, puesto que en el predicho hijo nuestro Constancio perdura la voluntad y el consentimiento de todos, entonces haz que sea consagrado por sus propios obispos, como exige la costumbre de la antigüedad, con el asentimiento de nuestra autoridad y con el auxilio del Señor; a fin de que, conservada esta costumbre, la sede apostólica retenga su propio vigor y no disminuya con los derechos de otros los que han sido concedidos por ella misma. (Cf. Juan Diác. l. iv, c. 24. Ver más arriba ep. 29.)
GREGORIUS IOHANNI SUBDIACONO.
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