El Cardenal Cesare Baronio sostiene que San Eusebio de Samosata actuó bajo una misión oficial delegada por el Sínodo de Antioquía, lo que legitimó su facultad para ordenar obispos y fortalecer las sedes vacantes. Según Baronio, esta autoridad no emanaba de una iniciativa propia, sino del decreto común de Melecio y los demás obispos ortodoxos reunidos en Antioquía, permitiéndole actuar legalmente en diócesis ajenas para preservar la sucesión apostólica frente a la crisis arriana. V.gr. el canon IV del Concilio de Nicea.
Anteriormente, durante la persecución de Valente, Eusebio recorría provincias como Siria y Palestina disfrazado de soldado, limitándose inicialmente a ordenar presbíteros, diáconos y órdenes menores de forma extraordinaria por la persecución. La distinción queda clara en el relato de Teodoreto, quien señala que en ese periodo Eusebio no consagraba nuevos obispos, sino que, si encontraba prelados, obispos, que compartieran la fe de Nicea (...quod si quando doctrina consentientes episcopos invenisset)*, se limitaba a instalarlos al frente de las iglesias que carecían de pastores.
(Theod. Hist. eccl. l. IV, c. xii. Cf. l. V, c. iv.)
Cardenal Cesare Baronio
Annales ecclesiastici
1596
...Por lo demás, los otros monumentos de su legación (Sínodo de Antiquía) han perecido totalmente; pero por lo que resta, podemos estimar las funciones de su colega San Eusebio, a saber, que el encargo de estos Legados en diversas provincias era este: que constituyeran como obispos de las Iglesias asediadas por los arrianos a sacerdotes católicos que conocieran; que ciertamente exhibió en su oficio de legación aquel gran varón de quien a menudo se ha hecho mención antes, Eusebio de Samósata, según enseña Teodoreto con estas palabras: Además, el gran Eusebio, regresado del exilio, ordenó a Acacio, quien gozaba de gran gloria entre todos los de Eusebio, como obispo de Berea; a Teodoto, obispo de Hierápolis, cuya severa disciplina de vida es celebrada por todos hasta el día de hoy; a Eusebio de Calcedonia, y constituyó a nuestro Isidoro como obispo de Antioquía de Chipre, habiendo adornado egregiamente a cada uno de ellos con el admirable y divino celo de la piedad (estos eran monjes excelentísimos, de quienes el mismo Teodoreto hace mención en otro lugar). Dicen también que él mismo creó a aquel Eulogio, que luchó denodadamente por la doctrina apostólica y que había sido relegado junto con Protógenes a Antinoe, como pastor de Edesa (pues ya el divino Barfes había partido de esta vida); y puso a Protógenes como compañero de sus combates en Carras, ciudad imbuida de una doctrina poco sana, para que, como un médico, curara sus errores; finalmente, que Marin fue ordenado obispo por el mismo divino varón, a quien puso al frente de Doliche, pequeña ciudad, entonces muy infestada por el contagio de la peste arriana. A este Marin, varón ciertamente excelente y de todas las virtudes..."