La Iglesia de Cristo
La sucesión en la Iglesia difiere de la de otras sociedades por el hecho de que hay un doble poder que transmitir: el poder de Orden y el poder de jurisdicción o gobierno.
El poder de Orden: Es puramente espiritual y se refiere directamente a la concesión de la gracia; se obtiene a través del Sacramento del Orden válidamente recibido y no puede ser revocado por ningún poder de la Iglesia. Por esta razón, el poder de Orden puede ser obtenido por fraude o conferido contra la voluntad de la Iglesia por cualquiera que posea él mismo Órdenes válidas (añadimos que también depende de si existen impedimentos para ello), y por lo tanto no depende de la sucesión legítima.
La jurisdicción: Es la autoridad para gobernar y debe ser transmitida en la Iglesia como en cualquier otra sociedad; solo puede ser conferida por un superior legítimo, de acuerdo con la constitución y las leyes de la sociedad, y puede ser revocada en cualquier momento.
En consecuencia, la jurisdicción en la Iglesia no puede obtenerse ni mantenerse contra la voluntad de su autoridad suprema; su transmisión depende enteramente de la sucesión legítima. No basta, por tanto, que una iglesia tenga Órdenes válidas; debe tener también una sucesión legítima de ministros que se remonte en una línea ininterrumpida hasta los Apóstoles, sobre quienes nuestro Señor confirió toda la autoridad para regir Su Iglesia.
Nadie puede ser un sucesor legítimo en ninguna sociedad a menos que reciba la debida autoridad en ella; se sigue, por tanto, que no puede haber sucesor legítimo en la Iglesia de Cristo que no haya recibido jurisdicción, ya sea directa o indirectamente, de su autoridad suprema.
Pero, como se demostrará en otra parte, la autoridad suprema en la Iglesia de Cristo fue encomendada a San Pedro y a sus legítimos sucesores, los obispos de Roma: por consiguiente, toda sucesión legítima, o apostolicidad de ministerio en la Iglesia, depende de la comunión con la cátedra de Pedro y se pierde en el momento en que dicha comunión se rompe.
Por lo tanto, ninguna parte particular de la Iglesia es indefectiblemente apostólica, salvo la Sede de Pedro, que es universalmente conocida por vía de eminencia como la Sede Apostólica.
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NO TIENEN APOSTOLICIDAD¿QUIÉN LOS HA ENVIADO? NADIE,
SON LADRONES
QUE NO HAN ENTRADO POR LA PUERTA DEL REDIL
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