Thucistas siembran la duda sobre la ortodoxia de S.S. Pío XII, dando a entender que aceptaba el evolucionismo rígido materialista (sin intervención divina), renacido con fuerza en el siglo XIX, y de caer en herejía por supuestamente negar el Génesis II, 7 y aceptar el Darwinismo/Haeckelismo. Alegan que con ello S.S. Pío XII cierra la puerta a cualquier otra forma de evolucionismo que sí contemple la intervención divina. Para ello, intentan contrastar su postura citando a S.S. San Pelagio I, quien en el año 557, dirigiéndose al Rey Childeberto I, enseñó que Adán fue creado "de la tierra" y Eva "de su costilla", y que "no nacieron de otros padres" haciendo los acusadores hincapié en esta última frase. Esta confrontación busca implicar que S.S. Pío XII se desvió de la doctrina tradicional al abordar el origen del hombre.
Sin embargo, una lectura de los documentos de S.S. Pío XII –sus discursos de 1941 y 1953, y la encíclica Humani Generis de 1950, marca a los católicos la postura que han de adoptar respecto al evolucionismo teniendo como tope la Revelación, establece que el hombre supera al
reino animal por su alma espiritual, que el progenitor del hombre
no puedo ser un animal (1941), la creación directa del alma por Dios y el monogenismo (1950) – revela una postura de firmeza doctrinal y prudencia científica, lejos de cualquier herejía o aceptación acrítica del evolucionismo naturalista/materialista. "Si tales hipótesis se oponen directa o indirectamente a la doctrina revelada por Dios, entonces sus postulados no pueden admitirse en modo alguno."
La gravísima acusación o duda generada de los Thucistas, al aplicar una lectura heterodoxa y no hilemórfica de la frase "no nacieron de otros padres" de S.S. San Pelagio I, al acusar a S.S.Pío XII de evolucionismo rígido y Darwinismo/Haeckelismo, incurren en la falacia de pretender que un mono podría ser el padre de un ser humano, siendo el ser humano una unidad sustancial de cuerpo y alma racional. Por el contrario, S.S. Pío XII condena categóricamente todo evolucionismo materialista. No obstante, sí permite la discusión de aquellas hipótesis evolucionistas que salvaguarden la espiritualidad del alma humana y mantengan la diferencia específica entre el hombre y los demás animales. Bajo esta premisa, el hombre nunca podrá llamar "padre" al animal del que, hipotéticamente, se creyera proceder en cuanto al cuerpo. Esta clarísima distinción, señalada por el Padre Salvador Muñoz Iglesias, jefe de la Sección Bíblica del Instituto Francisco Suárez citando la frase de S.S.Pío XII "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor", subraya la profunda coherencia doctrinal de la Iglesia y la solidez de la enseñanza de S.S. Pío XII, destruyendo toda acusación Thucista al respecto desde el campo teológico y metafísico, obviando la gravísima acusación al dar a entender que S.S.Pío XII niega Génesis II, 7 y no comparte fe con S.S. San Pelagio I.
S.S.Pío XII al permitir la discusión académica (estas discusiones transformistas/evolucionistas se han mantenido desde mediados del siglo XIX) sobre la hipótesis de que el cuerpo humano pudiera tener su origen en una materia viva preexistente con aquellos que impugnan tal doctrina, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia; nos aclara que las múltiples investigaciones tanto de la paleontología como de la biología y de la morfología sobre otros problemas referentes a los orígenes del hombre no han aportado hasta ahora nada de positivamente claro y cierto. Él mismo subraya en 1953 que esta es una hipótesis no demostrada y que los propios investigadores han indicado claramente que aún no se sabe qué significan "evolución", "descendencia" o "tránsito" con exactitud, lo que dista mucho de una aceptación plena e indiscutible de cualquier teoría evolucionista.
Más aún, S.S. Pío XII establece límites teológicos inquebrantables: defiende la creación divina e inmediata de las almas humanas, un punto no negociable para la fe católica. Igualmente crucial es su categórico rechazo al poligenismo, es decir, la idea de que la humanidad provenga de múltiples primeros padres. Esta negación es indispensable para preservar la verdad del pecado original, que, según la Revelación, se transmite a todos los hombres a través del pecado de Adán.
Por consiguiente, la acusación de los Thucistas carece de fundamento. S.S. Pío XII mantuvo una escrupulosa fidelidad a las verdades fundamentales de la fe, incluyendo la singularidad de Adán y Eva como primeros padres de la humanidad y la creación directa del alma por Dios, reafirmando que "fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente". Al mismo tiempo, permitió la investigación científica y teológica legítima en campos donde la Revelación lo permita.
S.S. San Pelagio IDe la Fe de Pelagio, en la Carta Humani generis a Childeberto I, de abril de 557
Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra y la otra de la costilla del varón [Gen. 2, 7 y 22], confieso que entonces han de resucitar y presentarse ante el tribunal de Cristo [Rom. 14, 10], a fin de recibir cada uno lo propio de su cuerpo, según su comportamiento, ora bienes, ora males [2 Cor. 5, 10]; y que a los justos, por su liberalísima gracia, como vasos que son de misericordia preparados para la gloria [Rom. 9, 23], les dará los premios de la vida eterna, es decir, que vivirán sin fin en la compañía de los ángeles, sin miedo alguno a su caída; a los inicuos, empero, que por albedrío de su propia voluntad permanecen vasos de ira aptos para la ruina [Rom. 9, 22], que o no conocieron el camino del Señor o, conocido, lo abandonaron cautivos de diversas prevaricaciones, los entregará por justísimo juicio a las penas del fuego eterno e inextinguible, para que ardan sin fin. Esta es, pues, mi fe y esperanza, que está en mí por la misericordia de Dios....
S.S.Pío XII
Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias
(EXTRACTO)
El Señor, Dios omnisciente, creador del universo y del hombre.
Hacia Él se eleva Nuestro pensamiento y Nuestro corazón también en esta aula de las Ciencias; porque ese Dios, que rige el universo, el curso de los tiempos y las vicisitudes alegres y tristes de los pueblos, es también el Señor, Dios omnisciente: Deus scientiarum, Dominus (1 Reg., II, 3). Su sabiduría infinita lo hace Maestro del cielo y de la tierra, de los ángeles y de los hombres: en Él, creador del universo, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Cfr. Coloss., II, 3). En Él la inefable ciencia de sí mismo y de la infinita imitabilidad de Su vida y belleza; en Él la ciencia del nacer y del renacer, de la gracia y de la salud; en Él los arquetipos de las admirables danzas de los planetas revoloteando alrededor del sol, de los soles en las constelaciones, de las constelaciones en el laberinto del firmamento hasta los últimos confines del piélago del universo. Él se movió desde el centro de la inaccesible luz de Su trono eterno para crear el cielo y la tierra, y junto a Él estaba, cual arquitecto, Su Sabiduría que se deleitaba recreándose en cada momento en Su presencia (Prov., VIII, 30); habló a la nada desde el umbral de Su eternidad con la potencia de Su voz; y la nada fue sobrepasada y vencida por la aparición del cielo y de la tierra al trueno de aquel grito omnipotente. Ex nihilo nihil fit (Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale), es verdad, de la mano del hombre y de toda criatura, pero no de la voz de Dios: Ipse dixit, et facta sunt (Psal. XXXII, 9). Y como fueron hechos el cielo y la tierra, y la tierra era informe y vacía, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas (Gen., I, 1-2); así fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente (Gen., II, 7). He aquí el macrocosmos, cual es el universo de los mundos, frente al microcosmos, que es el hombre; el hombre pequeño, minúsculo mundo del espíritu, que circunda y cubre, como luminoso arco, el empíreo, el empíreo inmenso por mole material, menor que el hombre por inanidad de espíritu.
Dios, maestro del hombre
Aquel día, en el que Dios plasmó al hombre y coronó su frente con el diadema de Su imagen y semejanza, constituyéndolo rey de todos los animales vivientes del mar, del cielo y de la tierra (Gen., I, 26), aquel día el Señor, Dios omnisciente, se hizo maestro de él. Le enseñó la agricultura, a cultivar y custodiar el delicioso jardín en el cual lo había puesto (Gen., II, 15); condujo a él todos los animales del campo y todos los pájaros del aire, para que viese cómo llamarlos; y él dio a cada uno su verdadero y conveniente nombre (Gen., II, 19-20); pero, aun en medio de aquella multitud de seres a él sometidos, se sentía tristemente solo y buscaba en vano una frente que se le pareciera y tuviera un rayo de aquella imagen divina, de la que resplandece el ojo de todo hijo de Adán.
Del hombre solamente podía venir otro hombre que lo llamara padre y progenitor; y la ayuda dada por Dios al primer hombre viene también de él y es carne de su carne, formada en compañera, que tiene nombre del hombre, porque de él fue sacada (Gen., II, 28).
En la cima de la escala de los vivientes, el hombre, dotado de un alma espiritual, fue por Dios colocado príncipe y soberano del reino animal.
Las múltiples investigaciones tanto de la paleontología como de la biología y de la morfología sobre otros problemas referentes a los orígenes del hombre no han aportado hasta ahora nada de positivamente claro y cierto.
No queda, por tanto, sino dejar al porvenir la respuesta a la cuestión, si un día la ciencia, iluminada y guiada por la revelación, podrá dar resultados seguros y definitivos sobre un tema tan importante (S. TH. , p. I, q. 91, art. 1 in corp.).
Grandeza del hombre
No os maravilléis si ante vosotros, que con tanta agudeza habéis estudiado, indagado, anatomizado, confrontado los cerebros de los hombres y de los animales irracionales, Nosotros exaltamos al hombre, el cual eleva la frente irradiada por esa inteligencia, que es herencia exclusiva de la especie humana. La verdadera ciencia no rebaja ni humilla al hombre en su origen, sino que lo eleva y exalta, porque ve, constata y admira en cada miembro de la gran familia humana la huella más o menos vasta impresa en él por la imagen y semejanza divina.
El hombre es grande. El progreso, que él hace y promueve en las ciencias físicas, naturales, matemáticas, industriales, ávido de siempre mejores y más amplios y seguros avances, ¿qué es sino efecto del dominio que todavía ejerce —aunque limitado y de fatigosa conquista— sobre la naturaleza inferior? ¿Y cuándo, como al presente, el ingenio humano buscó, estudió, escudriñó, penetró la naturaleza para conocer sus fuerzas y sus formas, para dominarlas, plegarlas a sus instrumentos y servirse de ellas a su antojo?
El hombre es grande, y fue más grande en su origen. Si él cayó de su primera grandeza, rebelándose al Creador, y anduvo exiliado y errante fuera del jardín de las delicias, regando con el sudor de su frente el pan que entre abrojos y espinas le daba la tierra (Gen., III , 18-19); si el cielo y el sol, si el frío y el calor, si los refugios y las selvas, si tantos otros usos y trabajos, incomodidades de lugares y condiciones de vida humillaron su rostro y su figura; si ese resto que le queda del imperio recibido sobre los animales no es más que un frágil recuerdo de su poder y un leve fragmento de su trono; también en la ruina surge grande, por esa imagen y semejanza divina que lleva en el espíritu, y por la cual Dios tanto se complació de la criatura humana, último trabajo de su mano creadora, que no la desamó ni abandonó caída, y para levantarla Él mismo «se hizo semejante al hombre, y por condición reconocido cual hombre, compadeciente de nuestras enfermedades, igualmente tentado en todo, excepto el pecado» (Phil., II , 7; Hebr., IV, 15).
El hombre, escrutador del universo y sus conquistas
Dos donos, que lo elevan muy alto entre el mundo de los espíritus celestes y el mundo de los cuerpos, hacen grande al hombre, incluso después de la caída: el intelecto, cuyo ojo se extiende por el universo creado, que atraviesa los cielos (Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale), deseoso de contemplar a Dios; y la voluntad, dotada de libre albedrío, sierva y señora del intelecto, que nos hace en diverso grado dueños de nuestro pensamiento y de nuestra obra ante nosotros mismos, ante los demás y ante Dios. ¿No son acaso estas las dos grandes alas que os elevan al firmamento, oh escrutadores de la bóveda celeste, y a través de las tinieblas de la noche os despiertan del sueño para contar los soles y las estrellas, para medir sus movimientos, para interrogar sus colores, para descubrir sus fugas, sus encuentros y sus colisiones? Verdaderamente os eleváis gigantes: con la amplia vista de vuestros telescopios numeráis los astros y escindís sus espectros, perseguís los vórtices y los resplandores de las nebulosas y les dais un nombre; pero debéis inclinaros ante la ciencia de Dios, quien mejor que vosotros fija el número de las estrellas y a todas las llama por su nombre, numerat multitudinem stellarum, et omnibus eis nomina vocat (Psal. CXLVI, 4). Los cielos de cristal han desaparecido. Los genios de Kepler y de Newton reencontraron en los cielos la mecánica terrestre; vosotros en las llamas y en la luz de esos mundos rotatorios descubristeis los elementos congéneres de nuestro globo; y uniendo en connubio el cielo y la tierra, extendisteis el imperio de la física, ya rico en sus vías experimentales, teóricas, aplicadas y matemáticas de tantas otras ciencias, cuantas el ingenio, la investigación, la industria y la unión de los atrevimientos humanos han multiplicado y promovido hasta las victorias de la física atómica y nuclear.
TRADUCCIÓN DEL ITALIANO
Discurso de Pío XII a la Academia Pontificia de las Ciencias l 30 de noviembre de 1941
ORIGINAL PAG 505 Y SS
Actas Apostólicas 1941
https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-33-1941-ocr.pdf
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S.S.Pío XII
DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS PARTICIPANTES EN EL I SIMPOSIO INTERNACIONAL DE GENÉTICA MÉDICA
Lunes 7 de septiembre de 1953
Esto que la biología y la genética en particular enseñan sobre las células germinales, los factores de la herencia, las modificaciones, las mutaciones y la selección, rebasa a los individuos y a las diversas especies y se remonta a la cuestión del origen y de la evolución de la vida en general, incluso en el conjunto de todos los vivientes.
Y se presenta la cuestión: ¿Este fenómeno está constituido por el hecho de que todos los vivientes provienen de un ser único y su germen inagotable por vía de descendencia y de evolución según la manera y bajo las influencias que se han indicado? La cuestión de los grandes conjuntos explica por qué las obras de ciertos genetistas asocian la teoría de la herencia a las de la evolución y descendencia. La una invade las otras.
En las obras recientes de genética se lee que nada explica mejor la conexión de todos los seres vivos que la imagen de un árbol genealógico común. Pero al mismo tiempo se hace notar que no se trata más que de una imagen, de una hipótesis, y no de un hecho demostrado. Se cree también deber añadir que si la mayor parte de los investigadores presentan la doctrina de la descendencia como un «hecho», ello constituye un juicio prematuro. Se podrían muy bien formular igualmente otras hipótesis. Por otra parte, se dice que reputados sabios las hacen sin negar por ello que la vida ha evolucionado y que ciertos descubrimientos continúan.
Estos investigadores han subrayado de la manera más clara que a su entender no se sabe absolutamente todavía lo que significa real y exactamente las expresiones «evolución», «descendencia», «tránsito»; que, por lo demás, no se conoce ningún proceso natural por el que un ser produzca otro de naturaleza diferente; que el procedimiento por el que una especie engendra otra distinta permanece perfectamente impenetrable, a pesar de los numerosos estadios intermedios; que no se ha llegado todavía experimentalmente a derivar una especie de otra distinta; y, finalmente, que nosotros no sabríamos absolutamente a qué término de la evolución «la hombriedad» ha pasado de golpe el umbral de la humanidad.
Se señalan todavía dos singulares descubrimientos a propósito de los cuales la controversia no se ha calmado hasta el presente; no se trataría aquí de un avance regresivo de la evolución del material descubierto, sino de la datación o fijación de fecha de la capa geológica.
La conclusión última que se deduce es esta: a medida que el futuro demuestre la exactitud de una u otra interpretación, la imagen usual de la evolución de la humanidad encontrará en ella una confirmación o será forzoso establecer o admitir una imagen totalmente nueva. Se cree que haya que decir que las investigaciones sobre el origen del hombre están todavía en sus comienzos; que la representación que de él tenemos actualmente no podría considerarse definitiva.
He aquí lo que se dice de las relaciones entre la teoría de la herencia y la de la evolución.
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S.S.Pío XII
Humani Generis
1950
Sobre Algunos Errores Modernos
1. El Evolucionismo
Por eso, el magisterio de la Iglesia no prohíbe que en investigaciones y disputas entre los hombres doctos de ambos campos se trate de la doctrina del evolucionismo, la cual busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente (pues la fe católica nos obliga a retener que las almas son creadas inmediatamente por Dios), según el estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada teología, de modo que las razones de una y otra opinión, es decir, de los que defienden o impugnan tal doctrina, sean sopesadas y juzgadas con la debida gravedad, moderación y templanza, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y de defender los dogmas de la fe (cfr. Allocut. pont. ad membra Academiae Scientiarum, 30 novembris 1941: A.A.S., vol. XXXIII, p. 506).
Empero, algunos, con temeraria audacia, traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen mismo del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados, y cual si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija una máxima moderación y cautela en esta materia.
2. El Poligenismo
Mas, tratándose de otra hipótesis, a saber, del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, pues los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de los primeros padres, ya que no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del magisterio de la Iglesia enseñan acerca del pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y que, difundiéndose a todos los hombres por la generación, es propio de cada uno de ellos (cfr. Rom., V, 12-19; conc. Trid., sess, V, cans. 1-4).
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P. Salvador Muñoz Iglesias
"Se ha especulado sobre la frase empleada por el Papa cuando habla más de la formación de la mujer: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor; la ayuda dada por Dios al primer hombre viene también de carne de su carne, formada como compañera, que tiene el nombre del hombre porque de él ha sido sacada". Y se ha querido ver en las primeras líneas la repulsa de todo transformismo. En rigor, lo único que el Papa rechaza es el transformismo materialista. En cualquiera otra hipótesis transformista que salve la espiritualidad del alma humana, y la diferencia específica entre el hombre y los demás animales, nunca podrá llamar el hombre padre al animal de quien se crea proceder en cuanto al cuerpo."
Doctrina Pontificia I
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La crítica thucista que intenta sembrar dudas sobre la ortodoxia de Su Santidad Pío XII, acusándolo de aceptar un evolucionismo rígido y materialista, y de negar el Génesis, capítulo 2, versículo 7, se desmorona ante un análisis riguroso de sus propios documentos. Al contrastarlo con Su Santidad San Pelagio I y su enseñanza sobre la creación de Adán y Eva, los acusadores buscan una contradicción que no existe en la doctrina papal.
Los discursos de Pío XII (1941, 1953) y su encíclica Humani Generis (1950) revelan una postura clara y coherente, que dista mucho de cualquier herejía o aceptación acrítica del Darwinismo/Haeckelismo. S.S.Pío XII establece límites infranqueables a la discusión científica:
Creación directa del alma: Reafirma categóricamente que el alma humana es creada inmediatamente por Dios, una verdad de fe innegociable.
Monogenismo: Condena de forma explícita el poligenismo (la idea de múltiples primeros padres), defendiendo la unidad de origen de la humanidad a partir de un solo Adán para preservar la verdad del pecado original.
Superioridad del hombre: Subraya que el hombre supera al reino animal por su alma espiritual y que su progenitor nunca pudo ser un animal. Como enfatizó el Padre Salvador Muñoz Iglesias citando a S.S.Pío XII: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor". Esto destruye cualquier insinuación de que el ser humano pueda llamar "padre" a un animal del que, hipotéticamente, se creyera proceder en cuanto al cuerpo.
Prudencia ante la hipótesis evolucionista: Si bien permite la discusión académica sobre la posibilidad de que el cuerpo humano pudiera tener su origen en una materia viva preexistente, S.S.Pío XII recalca que tales hipótesis aún no están demostradas ni ofrecen una claridad positiva y cierta. Condena rotundamente cualquier teoría que se oponga directa o indirectamente a la Revelación Divina.
La acusación thucista incurre en una falacia al malinterpretar la frase de San Pelagio I
("no nacieron de otros padres") al intentar forzar una incompatibilidad con S.S.Pío XII, sugiriendo una supuesta aceptación de un animal como progenitor humano. Esta interpretación es ajena a la enseñanza de S.S.Pío XII, quien, lejos de negar el Génesis, capítulo 2, versículo 7, lo reafirma al señalar que
"fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente"; así como la cita de 1941: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor". La inconsistencia reside en la propia lectura heterodoxa y no hilemórfica de los acusadores, quienes ignoran la unidad sustancial de cuerpo y alma racional del ser humano (Dz
295,
738) y la creación inmediata de esta por Dios.
La postura de Su Santidad Pío XII no solo es ortodoxa, sino que demuestra una profunda coherencia doctrinal y una prudencia intelectual ejemplar. Permitió la legítima investigación científica dentro de los límites de la fe y la Revelación, al tiempo que defendió firmemente las verdades fundamentales sobre la creación del hombre y el pecado original. Las acusaciones de los Thucistas carecen de fundamento teológico y metafísico, revelando una distorsión intencionada de la enseñanza papal.
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Enchiridion symbolorum definitionum
https://archive.org/details/374492858-el-magisterio-de-la-iglesia-denzinger/page/26/mode/2upEl hombre
a) NATURALEZA DEL HOMBRE. No es sustancia divina: 1701; sino creado: 241 s, 1783, 1801, 1806, 2123. Consta de dos sustancias: 295; el alma o espíritu y el cuerpo o carne (no formado por el diablo: 242), 295, 428, 481, 1783, 1914. Es, por consiguiente, carne animada intelectualmente: 255. El hombre es por naturaleza un ser social: 1856, 2270; por ende, no pueden ser todos iguales: 1849, 1851, cfr. XII. El fin del hombre consiste en que, viviendo en sociedad y bajo la autoridad ordenada por Dios, cultive plenamente todas sus facultades en alabanza del Creador y, cumpliendo fielmente los deberes de su profesión o de otra vocación, se depare la felicidad temporal y eterna conjuntamente: 2270.
b) EL ALMA.
Naturaleza del alma humana. Es racional e intelectual: 148, 216, 255, 290, 338, 344, 393, 422, 429, 480, 738. No es una parte de la divina sustancia ni forma una sola cosa con el Verbo: 20, 31, 235, 348, 511 ss. Es sustancia: 295. Se une al cuerpo no accidentalmente: 1911 s, 1914; sino que es forma del cuerpo verdaderamente, por sí misma y esencialmente: 480 s, 738, 1655. No es una sola para todos: 738; sino que cada uno tiene la suya: 338. No es buena o mala ya por naturaleza: 236, 243, 642. No es el único objeto de conocimiento evidente: 557.
Origen del alma humana. No es increada o increable: 527; sino que es creada por Dios: 20, 144*, 170, 527, 2327; de la nada: 348; sin que preexista a la infusión en el cuerpo: 203, 236. No es engendrada por los padres: 170, 533, 1910; ni evoluciona pasando de sensitiva a intelectual: 1910 ss. Es infundida ya antes del parto: 1185.
Propiedades. Es inmortal: 1 ss, 16, 40, 86, 738. Está dotada de libertad: 129 s, 133 ss, 140, 174, 181, 186, 316 s, 322, 325, 348, 373, 776, 793, 797, 1027 s, 1039, 1065 ss, 1093 ss, 1291, 1360 s, 1912, 1914; la cual libertad puede ser demostrada por la Escritura: 1041, y por la razón: 1650.
c) EL CUERPO. Su origen: 243, 2285, 2327.
d) ADÁN FUE EL PRIMER HOMBRE: 101, 228 a, 2123; del cual procede todo el género humano: 2280, 2328. No existieron antes del mismo hombres en otro mundo: 717 c.
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LA ORTODOXIA DE HUMANI GENERIS:
DESMINTIENDO LAS FALSAS ACUSACIONES DE HEREJÍA DE CIERTOS THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS
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