VACANTIS APOSTOLICAE SEDIS

"Quod si ex Ecclesiae voluntate et praescripto eadem aliquando fuerit necessaria ad valorem quoque." "Ipsum Suprema Nostra auctoritate nullum et irritum declaramus."

SALVO QUE SE HALLE DESVIADO DE LA FE


S.S. Gregorio XIII
"Decreto de Graciano enmendado e ilustrado con anotaciones. Editado por orden del Pontífice Máximo Gregorio XIII. Con permiso de la Sede Apostólica y la licencia del Pueblo Romano."


DECRETVM GRATIANI
Franciscus Gracianus
1140

“Si el Papa, descuidando la salvación propia y la de sus hermanos, es hallado inútil y remiso en sus obras, y además calla ante el bien, lo cual es perjudicial para él y para todos, y arrastra igualmente a innumerables pueblos en masa consigo, será entregado con ellos al infierno y recibirá muchos castigos por la eternidad.
Nadie presume aquí en este mundo reprender sus faltas, porque él, que ha de juzgar a todos, no debe ser juzgado por nadie, salvo que se halle desviado de la fe.”
Por cuyo estado perpetuo la totalidad de los fieles reza con tanta mayor insistencia, cuanto más advierte su propia salvación, después de Dios, en la incolumidad de aquel.

«Si papa suæ et fraternæ salutis negligens reprehenditur inutilis et remissus in operibus suis, et insuper a bono taciturnus, quod magis officit sibi et omnibus, nichilominus innumerabiles populos catervatim se cum ducit, primo mancipio gehennæ cum ipso plagis multis in eternum vapulaturus. Huius culpas istic redarguere presumit mortalium nullus, quia cunctos ipse iudicaturus a nemine est iudicandus, nisi deprehendatur a fide devius; pro cujus perpetuo statu universitas fidelium tanto instantius orat, quanto suam salutem Post Deum ex illius incolumitate animadvertit»




***
*Nota: "El Decreto Garaciano, no ha tenido nunca confirmación de la Santa Sede."
"No hay indicio alguno que la Curia Romana diera al monje Boloñes orden de compilar su Decreto."
Ver S.S.Pío XII Voluistis praeclari
29 de abril de 1952.

***

RELACIONADO

DECLARANDO LA ELECCIÓN
DE TAL HOMBRE 
COMO PAPA
NULA E INVÁLIDA

https://pioxiivacantisapostolicaesedis.blogspot.com/2024/01/declarando-la-eleccion-de-tal-hombre.html

***

THUCISTAS ACUSAN AL NUNCIO DE LA SEDE APOSTÓLICA EN ALEMANIA EN 1917, MONS.PACELLI, DE FOMENTAR Y AYUDAR AL CULTO JUDIO. OTRA FALACIA THUCISTA.

Algunos Thucistas quieren tratar de convencer a sus seguidores que Mons. Pacelli promocionó o hizo por promocionar o ayudar al culto judío en Alemania en 1917, y por tanto añadir que S.S. Pío XII es como poco un papa dudoso o no es papa.

Veamos si es verdad lo que dicen, que S.S. Pío XII dijo que era una necesidad puramente civil, como dice el Thucista (eliminando el "NO" que cita Mons. Pacelli), para ayudar al culto judío en Alemania.

Mons. Eugenio Pacelli
Nuncio de la Santa Sede en Alemania
(1917-1929)

MONS. PACELLI NUNCIO DE LA SANTA SEDE EN ALEMANIA AL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO PIETRO GASPARRI
4 de septiembre de 1917

«Su Reverendísima Eminencia, Las comunidades judías del Imperio Alemán, a través de la «Asociación Libre para los Intereses de los Judíos Ortodoxos» de Fráncfort y del Profesor Dr. Werner, Rabino de Múnich, han recurrido a esta Nunciatura con el siguiente propósito: Según la Biblia, las comunidades mencionadas necesitan palmas para la Laubenhüttenfeste [sic] o Fiesta de los Tabernáculos (que se celebra el primero de octubre), que suelen llegarles desde Italia. Ahora, inesperadamente y en contra de sus propios intereses, el Gobierno italiano ha prohibido repentinamente la exportación de las palmas ya preparadas en Como, y hasta el momento no ha sido posible obtenerlas, aunque no pueden utilizarse para la alimentación ni para ningún otro fin lucrativo. El tiempo apremia, ya que la exportación debe realizarse en pocos días, para que las palmas no lleguen demasiado tarde, sobre todo porque deben distribuirse por toda Alemania.

Por lo tanto, las comunidades judías confían en la intervención de Su Santidad ante el Gobierno italiano y solicitan a la Nunciatura Apostólica que intervenga a tal efecto, añadiendo que miles de miembros, fieles a su religión, sentirían la más profunda gratitud por un feliz resultado. Me pareció que NO se trataba de asistencia a las comunidades judías con fines puramente civiles ni para la protección de los derechos naturales comunes a todos los seres humanos (lo cual no causaría ningún inconveniente), SINO más bien de cooperación, material y remota, pero positiva y directa, para el ejercicio del culto judío. Por lo tanto, respondí amablemente al mencionado rabino que, aunque no podía telegrafiar sobre este asunto (que, al ser totalmente extraordinario, requería extensas explicaciones), enviaría de inmediato un informe urgente a la Santa Sede al respecto. Sin embargo, preví que, debido a la extensión de las comunicaciones, sería improbable que llegara a tiempo, y tampoco sabía qué medidas podría tomar el Santo Padre ante el Gobierno italiano al respecto.

Por tanto, sometiendo ahora el asunto al juicio superior de Vuestra Reverendísima Eminencia, me inclino al beso de la Santa Púrpura y con la más profunda veneración tengo el honor de resignarme.

a Vuestra Reverendísima Eminencia, Humilde, Devotísimo y Obligadísimo Siervo, + Eugenio, Arzobispo de Sardes, Nuncio Apostólico.»

***

Es evidente que el Nuncio Apostólico de Alemania, esto es, el representante diplomático de la Santa Sede ante Alemania, que era Eugenio Pacelli, tiene un problema con la petición del rabino alemán ante lo que el rabino considera un problema diplomático con Italia y el Nuncio lo considera cooperación para el culto judío que sabe que no es posible, para que mediara el Papa Pío XI con Italia (recordemos también que el Tratado de Letrán es de 1929 y esta carta es de 1917 y la Santa Sede tenía rota toda diplomacia con Italia desde 1870, cuestión que el Thucista desconoce o no cita).

El Nuncio Apostólico distingue entre dos tipos de ayuda una posible otra imposible:

  1. Asistencia civil o protección de derechos humanos: Esto sería perfectamente aceptable. Si la petición fuera para proteger a los judíos como ciudadanos o por derechos básicos, la Iglesia intervendría sin problema.

  2. Cooperación para el culto judío: Esta es la parte que le genera conflicto. El representante considera que la petición no es de ayuda civil, sino de "cooperación, material y remota, pero positiva y directa, para el ejercicio del culto judío". Es decir, la Iglesia estaría ayudando a otra religión a practicar sus ritos.

El Nuncio de la Santa Sede en Alemania lo hace saber al Cardenal Secretario de Estado, Gasparri, siguiendo el orden lógico jerárquico eclesiástico y diplomático.

***

Cardenal Pietro Gasparri
Cardenal Secretario de Estado
(1914-1930)

RESPONDE EL CARDENAL SECRETARIO DE ESTADO:
18 de septiembre de 1917

«Muy Ilustre y Reverendo Señor, El Informe de Vuestra Excelencia Ilustre nº 1258 del 4 de septiembre me llegó a su debido tiempo, relativo a la “solicitud de intervención de la Santa Sede en favor de las comunidades israelitas”.

He tomado nota de lo que me ha informado y APRUEBO PLENAMENTE SU GESTIÓN DE ESTE DELICADO ASUNTO, YA QUE LA SANTA SEDE, OBVIAMENTE, NO PUEDE RESPALDAR LA SOLICITUD DEL PROF. DR. WERNER. Por lo tanto, al dar una respuesta en ese sentido al mismo caballero —una respuesta que atribuyo a su reconocida destreza—, PODRÁ INSISTIR EN QUE LA SANTA SEDE NO MANTIENE RELACIONES DIPLOMÁTICAS CON EL GOBIERNO ITALIANO.

Aprovecho esta ocasión para confirmar además la recepción del Informe nº 1210 del 30 de agosto relativo al envío de un informe del Diputado Erzberger, y con sentimientos de distinta y sincera estima…» (mayúsculas nuestras)

https://galebachlaw.com/iet1800.html#9ae

***

Como se desprende el Cardenal Secretario de Estado basó su negativa en una doble justificación: de forma explícita en la esfera diplomática (la falta de relaciones con Italia) y de forma implícita en la esfera eclesiástica/jurídica. La naturaleza diplomática del encuentro dictaba que la respuesta se centrara en el argumento más adecuado para el contexto, el diplomático.

  1. Razón diplomática (explícita): El Cardenal Gasparri le dice explícitamente a Pacelli que "podrá insistir en que la Santa Sede no mantiene relaciones diplomáticas con el Gobierno italiano". Sin un canal de comunicación diplomático oficial (roto desde 1870 por usurpación de los Estados Pontificios), es imposible que la Santa Sede interceda ante el gobierno de Italia.

  2. Razón eclesiástica / jurídica (implícita): La carta menciona que la Santa Sede "obviamente, no puede respaldar la solicitud del Prof. Dr. Werner". Si bien no lo explica, este "obviamente" hace referencia a la doctrina que Mons. Pacelli conoce de sobra. La petición de los judíos era sobre el ejercicio de su culto, no sobre una ayuda puramente humanitaria.


Generar dudas con esto, con esto como hacen determinados Thucistas, es sin duda a mala fe. Se está buceando y buceando buscando cualquier cosa queriendo sembrar dudas sobre S.S. Pío XII al público, para llegado el momento pretender quitarle el Papado, como si pudieran.

***

MONS. RAMÓN MARTÍNEZ VIGIL, DISCUSIONES SOBRE EL EVOLUCIONISMO EN 1892

Nota: Cabe señalar que el autor de este blog no suscribe el evolucionismo. No obstante, esto no obsta para defender que la Santa Madre Iglesia siempre ha permitido el debate intelectual, científico y teológico sobre estos temas, siempre dentro de sus límites doctrinales establecidos.

Estas entradas y audios del canal de Youtube, tienen como único propósito defender el Magisterio de Su Santidad Pío XII de las graves acusaciones de los Thucistas, sin querer entrar en el debate sobre el evolucionismo.




En 1892, bajo el pontificado de Su Santidad León XIII, Monseñor Ramón Martínez Vigil, Obispo de Oviedo, publicó un ensayo en dos volúmenes titulado "La Creación, la Redención y la Iglesia ante la ciencia, la crítica y el racionalismo". Esta obra apologética defendía la fe católica y la autoridad de la Iglesia frente a los desafíos del siglo XIX, como los avances científicos, la crítica histórica y el racionalismo.

En su tratado, Monseñor Martínez Vigil citaba a San Agustín y Santo Tomás de Aquino, quienes ya habían explorado ideas que, en cierto modo, prefiguraron el transformismo moderno en sus explicaciones del Génesis. El obispo argumentaba que el transformismo no implicaba necesariamente materialismo o ateísmo, y planteaba la posibilidad de que Dios hubiese infundido el alma del primer hombre en un homínido primitivo, de manera similar a cómo lo hizo en un pedazo de barro o como lo hace diariamente en el feto humano. No obstante, Monseñor Martínez Vigil insistía en que, para abandonar el sentido literal de las Sagradas Escrituras, cualquier hipótesis debía ser bien fundamentada y haber superado un riguroso período de prueba científica, más allá de meras suposiciones.

Este ejemplo demuestra claramente que, medio siglo antes de la encíclica Humani Generis de Su Santidad Pío XII, la Iglesia Católica permitía y participaba en discusiones científicas y teológicas sobre la hipótesis evolucionista, desmintiendo así las afirmaciones de algunos sectarios thucistas/lefebvristas que sostienen lo contrario, acusando a Su Santidad de innovador y hereje por permitir dichas discusiones.

Los herejes y cismáticos Thucistas buscan por todos los medios despojar del papado a Su Santidad Pío XII, como si pudieran, con acusaciones falsas de herejía, pues el Magisterio de Su Santidad Pío XII es el obstáculo que impide sus impías intenciones y actos.

***

Mons. Ramón Martínez Vigil O.P.
Dominico, teólogo, filósofo, catedrático
Obispo de Oviedo
1892
El Hombre Según el Transformismo

1. Antropología Transformista

Las huellas más antiguas del hombre aparecen en las formaciones del sistema cuaternario, llamadas antrópicas o diluviales, anteriores a la inundación del tiempo de Noé. ¿Cómo apareció el hombre en ese teatro? La Biblia nos dice que por un acto de la divina voluntad: la ciencia atestigua su aparición súbita, y declara que carece de medios puramente científicos para determinar el cómo de esa aparición.

Mas interviene la antropología transformista, el monismo principalmente, suponiendo que el primer hombre tuvo padres, ya que todos los seres vivientes son el resultado de una evolución ascensional que desde la monera, organismo sin órganos, o desde las formas primitivas, llega hasta el primer hombre, mediante una serie de transformaciones específicas, de suaves transiciones efectuadas en un lapso incalculable de tiempo.

El pensamiento no es absolutamente original, pues había sido formulado por Empédocles y por Aristóteles en la antigüedad, y por San Agustín y Santo Tomás en sus explicaciones del primer capítulo del Génesis; pero el desarrollo científico y la boga que alcanzó en nuestros días, debidos son a las pacientes indagaciones de Lamarck, Darwin, Wallace, Huxley, Lyell, Haeckel y otros naturalistas contemporáneos.

2. El Transformismo no Incluye Necesariamente el Materialismo ateo

El transformismo no incluye necesariamente el materialismo ni el ateísmo, ya porque la producción del primer organismo reclama perentoriamente la intervención de un Dios personal, y ya también porque el Señor pudo infundir el alma del primer hombre en un piteco (un ser similar al mono o a un homínido primitivo), como la infundió en un pedazo de barro amasado, y como diariamente la infunde en el feto humano, que se forma en el seno materno.

Por eso Miwart, Philippi, Langel, Janet, Gaudry, Broun, y últimamente el P. Leroy, han creído que se podía aceptar la teoría darwiniana de la descendencia del hombre sin violentar el sentido del Génesis, aunque apartándose, como es manifiesto, de la interpretación literal del texto.

Mas aquí no se trata de indagar lo que Dios puede hacer, ni tampoco de probar que las especies orgánicas pudieran muy bien, salva su esencia y sus propiedades más salientes, desarrollarse de tal o cual manera; la ciencia ha de buscar lo que Dios hizo, partiendo de los hechos actuales, reales, no hipotéticos, que sean el hilo de Ariadna en la indagación de las causas.

Para abandonar el sentido literal, comúnmente aceptado en la serie de los siglos y por las eminencias del saber, han de presentarse, si no demostraciones científicas, hipótesis racionales y fundadas, que hayan salido del período de prueba y hecho su entrada solemne en el dominio de la ciencia, y ya veremos que no reúne estas condiciones la hipótesis transformista.

*Nota: La referencia a "Véase a Santo Tomás II de los Físicos, de Aristóteles, lec. XII, y también la Suma, y la obra De Genesi ad litteram, de San Agustín" se mantuvo en una línea aparte como en el original, ya que parece ser una nota al pie o una cita bibliográfica.



La Creación, la Redencion y la Iglesia ante la ciencia, la critica y del racionalismo, 1
Tomo 1
De Ramón Martínez Vigil, Obispo de Oviedo · 1892

***

RESPONDE EL REV. BERTRAND LOUIS CONWAY EN 1929 SOBRE EL EVOLUCIONISMO

Frente a las acusaciones de herejía proferidas por los sectarios neojansenistas thucistas contra Su Santidad Pío XII, por permitir discusiones entre los doctos en la hipótesis del evolucionismo, citamos al Rev. Bertrand Louis Conway en el año 1929 bajo el Pontificado de Su Santidad Pío XI respondiendo a la pregunta ¿Puede un católico creer en la evolución? Respondiendo sí, bajo el imprimatur del Cardenal Patrick Joseph Hayes.

La Santa Madre Iglesia siempre ha permitido tales debates dentro de los límites que ella misma establece.

Los herejes y cismáticos thucistas buscan por todos los medios despojar del papado a Su Santidad Pío XII, como si pudieran, pues el Magisterio de Su Santidad Pío XII es el obstáculo que impide sus impías intenciones y actos.

Rev. Bertrand Louis Conway
The Question Box
1929
IMPRIMATUR
Cardenal 
Patrick Joseph Hayes

¿Puede un católico creer en la evolución?

La Iglesia no ha hablado oficialmente acerca de la evolución. Los católicos, pues, somos libres para aceptar la evolución, bien como mera hipótesis científica, bien como especulación filosófica.

«Tomada como hipótesis científica —dice el P. Wasmann—, la evolución considera a las actuales especies animales y plantas, no como formas creadas directamente por Dios, sino como el resultado final de los cambios múltiples que experimentaron especies que existieron en períodos geológicos anteriores. Tampoco estudia la evolución el origen de la vida, sino que se contenta con investigar las relaciones genéticas que median entre las especies sistemáticas, géneros y familias, y se esfuerza por catalogarlas ordenadamente según su antigüedad. Es una de tantas teorías, y se basa en varias hipótesis que concuerdan entre sí y ofrecen una explicación muy probable sobre el origen de las especies orgánicas. Sería pueril negar la teoría de la evolución solo porque las especies no evolucionan a nuestra vista.»

Se trata, pues, de una hipótesis, y los sabios son libres para discutir los múltiples problemas que ha creado.

¿No es cierto que la evolución y la Biblia se contradicen?

Como la Biblia no es un libro de texto para estudiar ciencias, debe ser descartada como árbitro supremo que decida la cuestión en este punto. Oigamos a León XIII en su Encíclica Providentissimus Deus:

«Los escritores sagrados no se propusieron enseñarnos la esencia y la naturaleza de las cosas creadas, pues el saberlas o ignorarlas no tiene nada que ver con la salvación eterna. Como no intentaron escudriñar los secretos de la Naturaleza, nos hablaron de las cosas usando los términos que entonces estaban en boga y que aun hoy día son usados en gran parte por nuestros sabios. En el lenguaje ordinario se habla de las cosas según las perciben los sentidos.»

La narración que la Biblia hace de la Creación fue escrita para hombres de todas las edades, sin pararse a examinar las hipótesis de los sabios venideros.

¿Se pueden conciliar las enseñanzas de la evolución con las de la Iglesia en lo que se refiere a la vida?

La evolución no está en pugna con lo que los católicos opinamos sobre la vida. Dice el Padre von Hammerstein:

«Si el Creador, en vez de crear las especies animales en la forma que actualmente tienen, hizo que llegasen a ella por evolución lenta de unas especies en otras, no por eso han sufrido mengua ni su sabiduría ni su poder. Por tanto, aunque la evolución resultase cierta dentro de ciertos límites, la necesidad de un Creador se haría sentir lo mismo, pues siempre se necesitaría una primera Causa de la evolución de las especies orgánicas. Es como si un jugador de billar quisiera enviar cien bolas en diferentes y determinadas direcciones. ¿Cuál sería más de admirar, que golpe tras golpe fuese enviando las cien a la meta, o golpeando una, las demás, por choques sucesivos, llegasen exactamente al sitio prefijado?»

¿No es cierto que la evolución ha demostrado que venimos del animal?

Aquilatando, pues, conceptos, decimos que el alma no pudo venir por evolución, porque es un ser simple, espiritual, esencialmente distinta del alma de los brutos. Por tanto, solo puede venir al mundo por vía de creación. El cuerpo pudo venir por evolución de alguno de los organismos animales existentes. Pero, ¿vino de hecho? Ni la Zoología ni la Paleontología lo prueban. Y nadie ignora lo desprestigiada que está la teoría del mono y cómo se la va abandonando por ridícula. El Génesis dice que Dios creó al hombre del lodo de la tierra (Génesis, II, 7).

En conclusión, aunque en absoluto la evolución de que hablamos no sería intrínsecamente imposible y aunque la Iglesia no ha pronunciado el fallo definitivo, sin embargo, parece estar en contradicción con el sentir de los católicos en general.


Bibliografía:

Frank, Evolution in the Light of Facts; Gerard, The Old Riddle and the Newest Answer; Guibert, Whence and How of the Universe; LeBuffe, Human Evolution and Science; McWilliams, A Catechism on Evolution; O’Toole, The Case Against Evolution; Raschab, Neo-Scholastic Philosophy; Wasmann, The Problem of Evolution; Modern Biology and the Theory of Evolution; Windle, Evolution and Catholicity; The Evolutionary Problem as it is To-day. A. Q. 1893, 495, 762; 1894, 472—C. B. July, 1901; Jan., 1902.—C. G. Oct., 1926.—C. W. xl. 1453 cxii. 205.— M. Aug., 1926.







The Question Box
Rev. Bertrand L. Conway
1929

***
S.S.Pío XII
Humani Generis

1. El Evolucionismo
Por eso, el magisterio de la Iglesia no prohíbe que en investigaciones y disputas entre los hombres doctos de ambos campos se trate de la doctrina del evolucionismo, la cual busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente (pues la fe católica nos obliga a retener que las almas son creadas inmediatamente por Dios), según el estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada teología, de modo que las razones de una y otra opinión, es decir, de los que defienden o impugnan tal doctrina, sean sopesadas y juzgadas con la debida gravedad, moderación y templanza, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y de defender los dogmas de la fe (cfr. Allocut. pont. ad membra Academiae Scientiarum, 30 novembris 1941: A.A.S., vol. XXXIII, p. 506). Empero, algunos, con temeraria audacia, traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen mismo del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados, y cual si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija una máxima moderación y cautela en esta materia.


2. El Poligenismo
Mas, tratándose de otra hipótesis, a saber, del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, pues los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de los primeros padres, ya que no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del magisterio de la Iglesia enseñan acerca del pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y que, difundiéndose a todos los hombres por la generación, es propio de cada uno de ellos (cfr. Rom., V, 12-19; conc. Trid., sess, V, cans. 1-4).


***

RELACIONADO:
LA ORTODOXIA DE HUMANI GENERIS:
DESMINTIENDO LAS FALSAS ACUSACIONES DE HEREJÍA DE CIERTOS THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS

***
Nota: Es importante aclarar que el autor de este blog no es evolucionista. Sin embargo, esto no impide defender que la Santa Madre Iglesia siempre ha permitido tales debates intelectuales, siempre dentro de los límites doctrinales que ella misma establece.
Estas entradas de blog están dedicadas a defender el Magisterio de Su Santidad Pío XII de las gravísimas acusaciones planteadas por los Thucistas.


***

POR NUESTRA AUTORIDAD APÓSTOLICA CONCEDEMOS AL ABAD CONFERIR LAS ORDENES DE DIACONADO Y PRESBITERADO

Sacrae Religionis
S.S. Bonifacio IX

Para perpetua memoria del asunto.

La honestidad de la sagrada religión, bajo la cual nuestros dilectos hijos el Abad y el Convento del Monasterio de los Apóstoles Pedro y Pablo y de Santa Ositha, Virgen y Mártir, en Essex, de la Orden de San Agustín, Diócesis de Londres, muestran un devoto y diligente servicio al Altísimo, merece que a sus deseos, especialmente aquellos por los que se procura la utilidad de dicho Monasterio y el culto divino en el mismo se incrementa día a día, y el honor se dispensa más abundantemente a los abades del mismo Monasterio existentes en el tiempo presente, en el futuro, cuanto podamos con Dios, les concedamos favorablemente nuestro asentimiento.

Por lo cual, nosotros, inclinados a las súplicas del propio Abad y del Convento en este particular, por nuestra autoridad apostólica y por el tenor de las presentes, concedemos al mismo abad y a sus sucesores, abades del mismo Monasterio existentes en el tiempo presente, y a todos y cada uno de los canónigos, presentes y futuros, profesos de dicho Monasterio, que puedan libre y lícitamente conferir todas las órdenes menores así como las del subdiaconado, diaconado y presbiterado en los tiempos establecidos por el derecho; y que dichos Canónigos, así promovidos por dichos Abades, puedan lícita y libremente ministrar en las órdenes así recibidas, sin que obsten en modo alguno cualesquiera Constituciones Apostólicas y otras cualesquiera en contrario publicadas y con cualquier firmeza corroboradas.

Concedemos a los mismos Abad y Convento, por don de gracia más abundante, y por la misma autoridad decretamos, que si por casualidad en el futuro cualesquiera gracias o indulgencias o privilegios o cualesquiera otras concesiones o cartas apostólicas relativas a la conferición o recepción de tales órdenes o a cualquier otra materia que por la Sede Apostólica o la predicha autoridad hayan sido concedidas a perpetuidad o por un tiempo determinado al predicho abad y convento o a cualesquiera otros en las partes de Inglaterra o en cualquier otro lugar, fueran por la misma Sede revocadas, restringidas o disminuidas en general o en particular, por ello la presente indulgencia no sea en modo alguno revocada, restringida o disminuida de alguna manera. Sino que las presentes cartas, a menos que se haga mención plena y expresa de ellas palabra por palabra, permanezcan en toda la firmeza de su fuerza, sin obstar cualesquiera Constituciones y ordenaciones apostólicas y cualesquiera otras gracias, privilegios, indulgencias o cartas apostólicas concedidas a los mismos Abad y Convento o de cualquier otro modo concedidas en común o individualmente, y cualesquiera otras cosas en contrario.

Por tanto, a nadie [sea lícito], etc. infringir nuestra concesión y constitución, etc. Si alguien [lo hiciere], etc.

Dado en Roma, junto a San Pedro, el primer día de febrero del undécimo año [de nuestro pontificado].




Revista de investigación e información teológica y canónica,
ISSN 0210-1610, Vol. 4, Nº. 13, 1925, págs. 3-19
***

Dado que las interpretaciones a dicha Bula están abiertas, interpreto la Bula de Bonifacio IX , tal cual fue escrita, entendiendo que el Papa, por su Autoridad Apostólica, concedió un privilegio extraordinario; similar a cómo se otorga a los sacerdotes la facultad de Confirmar.

Para respaldar esta postura, me baso en un comentario bibliográfico de la Revista Española de Derecho Canónico (1947, volumen 2, n.º 6) sobre un artículo del canonista Guillaume Simenon. En dicho comentario, se señala que Simenon se inclina por la explicación de la disminución del poder restrictivo de la Santa Sede al poder radical de ordenar connatural al sacerdocio



CONCLUSIÓN DE
Guillaume Simenon (1947):

La delegación de la potestad de orden. 

En ella, después de distinguir la potestad de orden de derecho divino y la de derecho eclesiástico, se refiere concretamente a la delegación por la Santa Sede del poder de confirmar a simples presbíteros; y a la de ordenar aun de órdenes mayores, concedida también a simples presbíteros. Para la confirmación se refiere al Código y al reciente Decreto acerca de la Confirmación por parte de los párrocos en peligro de muerte. Para la potestad de ordenar aduce el privilegio de Inocencio VIII al Abad general de los cistercienses de 9 de abril de 1489 de conferir el diaconado, y al privilegio, que el autor tiene por incontestable, de Bonifacio IX de 1 de febrero de 1400 al Abad de San Osith, cerca de Londres, de conferir el presbiterado.

Para explicar la delegación de la potestad de orden propone el autor la teoría, fundada en el mismo Santo Tomás, de que el sacerdote tiene radicalmente el poder de confirmar, cuyo ejercicio suspende bajo pena de invalidez la Iglesia, siendo en este caso la delegación una simple remoción de óbice. Reconoce el autor que esta doctrina es de difícil aplicación a la potestad de ordenar, según el sentir de los teólogos, aun cuando no falta Vázquez, que la sostiene. Esta teoría explicaría muy bien el privilegio del Abad de San Osith. 

Otros han afirmado que el Papa Bonifacio IX se excedió a sus poderes, lo cual no perjudica la infalibilidad pontificia, ya que no se trata de una definición "ex cathedra". Otros han dicho que se trataba simplemente de la concesión del poder de dar dimisorias para ordenar a sus súbditos. Otros, finalmente, han afirmado que dicho Abad era Obispo consagrado.

El autor se inclina por la explicación de la disminución del poder restrictivo de la Santa Sede al poder radical de ordenar connatural al sacerdocio.



***

Dejamos otra explicación que también pretende solventar el supuesto problema, es curioso como el lenguaje se parece al usado por Dom Charles Chardon (1695-1771) respecto a la escuela teológica de Morinus y S.S.Inocencio IV, la cual dice que el Papa puede poner impedimentos o condicionantes para la validez del Sacramento del Orden (y otros Sacramentos), que Chardon considera como inaceptable: "En medio de esto en el siglo VIII se oscureció esta doctrina. Fuese ignorancia o fuese pasión, se esparcieron tinieblas sobre los principios en que antes no se ponía duda. Se comenzó a dudar de la validez de las ordenaciones hechas por intrusos, por excomulgados, y por aquellos cuya ordenación no había sido canónica, por más que en ella se hubiesen observado los ritos esenciales."

Personalmente, me inclino más por la Suprema Autoridad Papal de "atar y desatar" al interpretar este tipo de concesiones. Por tanto, me siento más afín a la interpretación de la Bula de Bonifacio IX de Guillaume Simenon que la propuesta por José Joaquín Puig de la Bellacasa.

CONCLUSIÓN DE
José Joaquín Puig de la Bellacasa (1925)

Si suponemos que la frase "conferre ordines, promovere ad ordines" de nuestra Bula, debe entenderse como administrar por sí mismo el sacramento del Orden, incluso el presbiterado, la historia se cubre de tinieblas densísimas, surgen por todas partes enigmas incomprensibles. Un Abad que solicita para sí un poder, cual ningún otro se había atrevido en el pasado, ni se atrevió jamás en veinte siglos, ni a soñar siquiera, y esto sin aducir otra razón que aparezca, más que la observancia regular de su monasterio. Un Sumo Pontífice que procede contra la doctrina común, y tenida por cierta, de los teólogos, y contra la práctica de todos los Sumos Pontífices que le habían precedido y después le han sucedido, los cuales, ni aun en los casos de extrema necesidad, han concedido jamás lo que él concedería sin necesidad alguna. Un Obispo, que para obtener la revocación del privilegio, se calla sigilosamente la razón, por muchos títulos principalísima y decisiva, de la potestad de orden concedida a un simple presbítero, e insiste en la de jurisdicción y sobre todo en el derecho de patronato, QUE DE NINGÚN MODO PRUEBA QUE DEBA EL PATRONO ADMINISTRAR POR SÍ MISMO EL SACRAMENTO; un Obispo cuya protesta se confunde con las de los demás Obispos, que en todos tiempos han existido, contra el poder otorgado a los regulares de hacer ordenar sus súbditos independientemente del diocesano. Cinco siglos, finalmente, de actividad teológica y canonística, que no solo desconocen por completo un privilegio tan extraordinario, sino que niegan indudablemente aun la posibilidad legítima de su existencia.

Por el contrario, si al oír «ordenar», entendemos «ser causa de la ordenación, independientemente del Obispo diocesano», «poder hacer ordenar sus súbditos por cualquier Obispo», las sombras se disipan, los enigmas se resuelven por sí mismos a la luz de la historia. La petición del Abad viene como anillo al dedo al momento histórico en que se realiza; ya que entonces era precisamente el período álgido de semejantes peticiones, después que el Sumo Pontífice Clemente IV, al conceder este privilegio a los frailes Menores, había excitado el deseo de conseguirlo, y el mismo Bonifacio VIII, al proclamar, casi medio siglo más tarde, el derecho común, exceptuando a los que hubiesen especialmente obtenido privilegio de la Sede Apostólica, había indicado la posibilidad de lograrlo, y no mucho antes de que, ya por concesión directa, ya por comunicación, pasara por fin a ser patrimonio común de todos los regulares.

La concesión del Sumo Pontífice, enteramente al contrario que en la anterior hipótesis, está de lleno en armonía con la doctrina y la práctica de la Iglesia. La protesta del Ordinario y aun la revocación de la Bula, corresponden con tanta exactitud a las reclamaciones de los Obispos y aun a las repetidas revocaciones del privilegio por la Santa Sede, que pueden justamente tomarse como un símbolo de aquella lucha pacífica y de elevados ideales, tan admirablemente descrita en su Bula Impositi por Benedicto XIV. Se explica, en fin, el silencio, cinco veces secular, de la teología y del derecho canónico, y la tesis tan firmemente por ambos defendida.

Apoyan, por lo demás, la significación moral de la palabra «ordenar», ya la naturaleza misma de la cuestión suscitada, en la cual SE SUPONÍA COMO DEL TODO INDUDABLE QUE LA CAUSA FÍSICA DEL RITO ORDINATORIO NO PODÍA SER SINO EL OBISPO, y se trataba tan solo de la causa moral (como lo prueba con evidencia la historia de las ordenaciones de los religiosos), ya el uso cotidiano que hacemos de dicha palabra en el sentido de hacer ordenar, ya, como creemos haber suficientemente manifestado, aun el mismo uso jurídico de la misma.

He aquí la interpretación que nos parece puede probablemente darse a nuestra Bula, mientras no arrojen más poderosa luz sobre ella, o los nuevos hallazgos de los eruditos, o las nuevas observaciones de los doctos, que serán siempre recibidas con agradecimiento.

TEXTO COMPLETO DE LA CONCLUSIÓN

***
Canon n.º 951: El Obispo consagrado es el ministro ordinario de la sagrada ordenación; lo es extraordinario aquel que, aun careciendo del carácter episcopal, tenga, o por derecho o por indulto peculiar de la Sede Apostólica, la potestad de conferir algunas órdenes.

Sacrae ordinationis minister ordinarius est Episcopus consecratus ; extraordinarius, qui, licet charactere episcopali careat, a iure vel a Sede Apostolica per peculiare indultum potestatem acceperit aliquos ordines conferendi.

***

THUCISTAS PRETENDEN ENFRENTAR A S.S.SAN PELAGIO I CON S.S.PÍO XII



Thucistas siembran la duda sobre la ortodoxia de S.S. Pío XII, dando a entender que aceptaba el evolucionismo rígido materialista (sin intervención divina), renacido con fuerza en el siglo XIX, y de caer en herejía por supuestamente negar el Génesis II, 7 y aceptar el Darwinismo/Haeckelismo. Alegan que con ello S.S. Pío XII cierra la puerta a cualquier otra forma de evolucionismo que sí contemple la intervención divina. Para ello, intentan contrastar su postura citando a S.S. San Pelagio I, quien en el año 557, dirigiéndose al Rey Childeberto I, enseñó que Adán fue creado "de la tierra" y Eva "de su costilla", y que "no nacieron de otros padres" haciendo los acusadores hincapié en esta última frase. Esta confrontación busca implicar que S.S. Pío XII se desvió de la doctrina tradicional al abordar el origen del hombre.

Sin embargo, una lectura de los documentos de S.S. Pío XII –sus discursos de 1941 y 1953, y la encíclica Humani Generis de 1950, marca a los católicos la postura que han de adoptar respecto al evolucionismo teniendo como tope la Revelación, establece que el hombre supera al reino animal por su alma espiritual, que el progenitor del hombre no puedo ser un animal (1941), la creación directa del alma por Dios y el monogenismo (1950) – revela una postura de firmeza doctrinal y prudencia científica, lejos de cualquier herejía o aceptación acrítica del evolucionismo naturalista/materialista. "Si tales hipótesis se oponen directa o indirectamente a la doctrina revelada por Dios, entonces sus postulados no pueden admitirse en modo alguno."

La gravísima acusación o duda generada de los Thucistas, al aplicar una lectura heterodoxa y no hilemórfica de la frase "no nacieron de otros padres" de S.S. San Pelagio I, al acusar a S.S.Pío XII de evolucionismo rígido y Darwinismo/Haeckelismo, incurren en la falacia de pretender que un mono podría ser el padre de un ser humano, siendo el ser humano una unidad sustancial de cuerpo y alma racional. Por el contrario, S.S. Pío XII condena categóricamente todo evolucionismo materialista. No obstante, sí permite la discusión de aquellas hipótesis evolucionistas que salvaguarden la espiritualidad del alma humana y mantengan la diferencia específica entre el hombre y los demás animales. Bajo esta premisa, el hombre nunca podrá llamar "padre" al animal del que, hipotéticamente, se creyera proceder en cuanto al cuerpo. Esta clarísima distinción, señalada por el Padre Salvador Muñoz Iglesias, jefe de la Sección Bíblica del Instituto Francisco Suárez citando la frase de S.S.Pío XII "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor", subraya la profunda coherencia doctrinal de la Iglesia y la solidez de la enseñanza de S.S. Pío XII, destruyendo toda acusación Thucista al respecto desde el campo teológico y metafísico, obviando la gravísima acusación al dar a entender que S.S.Pío XII niega Génesis II, 7 y no comparte fe con S.S. San Pelagio I.

S.S.Pío XII al permitir la discusión académica (estas discusiones transformistas/evolucionistas se han mantenido desde mediados del siglo XIX) sobre la hipótesis de que el cuerpo humano pudiera tener su origen en una materia viva preexistente con aquellos que impugnan tal doctrina, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia; nos aclara que las múltiples investigaciones tanto de la paleontología como de la biología y de la morfología sobre otros problemas referentes a los orígenes del hombre no han aportado hasta ahora nada de positivamente claro y cierto. Él mismo subraya en 1953 que esta es una hipótesis no demostrada y que los propios investigadores han indicado claramente que aún no se sabe qué significan "evolución", "descendencia" o "tránsito" con exactitud, lo que dista mucho de una aceptación plena e indiscutible de cualquier teoría evolucionista.

Más aún, S.S. Pío XII establece límites teológicos inquebrantables: defiende la creación divina e inmediata de las almas humanas, un punto no negociable para la fe católica. Igualmente crucial es su categórico rechazo al poligenismo, es decir, la idea de que la humanidad provenga de múltiples primeros padres. Esta negación es indispensable para preservar la verdad del pecado original, que, según la Revelación, se transmite a todos los hombres a través del pecado de Adán.

Por consiguiente, la acusación de los Thucistas carece de fundamento. S.S. Pío XII mantuvo una escrupulosa fidelidad a las verdades fundamentales de la fe, incluyendo la singularidad de Adán y Eva como primeros padres de la humanidad y la creación directa del alma por Dios, reafirmando que "fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente". Al mismo tiempo, permitió la investigación científica y teológica legítima en campos donde la Revelación lo permita.


***

S.S. San Pelagio I
De la Fe de Pelagio, en la Carta Humani generis a Childeberto I, de abril de 557

Todos los hombres, en efecto, desde Adán hasta la consumación del tiempo, nacidos y muertos con el mismo Adán y su mujer, que no nacieron de otros padres, sino que el uno fue creado de la tierra y la otra de la costilla del varón [Gen. 2, 7 y 22], confieso que entonces han de resucitar y presentarse ante el tribunal de Cristo [Rom. 14, 10], a fin de recibir cada uno lo propio de su cuerpo, según su comportamiento, ora bienes, ora males [2 Cor. 5, 10]; y que a los justos, por su liberalísima gracia, como vasos que son de misericordia preparados para la gloria [Rom. 9, 23], les dará los premios de la vida eterna, es decir, que vivirán sin fin en la compañía de los ángeles, sin miedo alguno a su caída; a los inicuos, empero, que por albedrío de su propia voluntad permanecen vasos de ira aptos para la ruina [Rom. 9, 22], que o no conocieron el camino del Señor o, conocido, lo abandonaron cautivos de diversas prevaricaciones, los entregará por justísimo juicio a las penas del fuego eterno e inextinguible, para que ardan sin fin. Esta es, pues, mi fe y esperanza, que está en mí por la misericordia de Dios....

DENZINGER 228A
***

S.S.Pío XII
Discurso a la Academia Pontificia de las Ciencias 
30 de noviembre de 1941
Inauguración del VI curso de la Academia Pontificia de las Ciencias
(EXTRACTO)

El Señor, Dios omnisciente, creador del universo y del hombre.

Hacia Él se eleva Nuestro pensamiento y Nuestro corazón también en esta aula de las Ciencias; porque ese Dios, que rige el universo, el curso de los tiempos y las vicisitudes alegres y tristes de los pueblos, es también el Señor, Dios omnisciente: Deus scientiarum, Dominus (1 Reg., II, 3). Su sabiduría infinita lo hace Maestro del cielo y de la tierra, de los ángeles y de los hombres: en Él, creador del universo, están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia (Cfr. Coloss., II, 3). En Él la inefable ciencia de sí mismo y de la infinita imitabilidad de Su vida y belleza; en Él la ciencia del nacer y del renacer, de la gracia y de la salud; en Él los arquetipos de las admirables danzas de los planetas revoloteando alrededor del sol, de los soles en las constelaciones, de las constelaciones en el laberinto del firmamento hasta los últimos confines del piélago del universo. Él se movió desde el centro de la inaccesible luz de Su trono eterno para crear el cielo y la tierra, y junto a Él estaba, cual arquitecto, Su Sabiduría que se deleitaba recreándose en cada momento en Su presencia (Prov., VIII, 30); habló a la nada desde el umbral de Su eternidad con la potencia de Su voz; y la nada fue sobrepasada y vencida por la aparición del cielo y de la tierra al trueno de aquel grito omnipotente. Ex nihilo nihil fit (Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale), es verdad, de la mano del hombre y de toda criatura, pero no de la voz de Dios: Ipse dixit, et facta sunt (Psal. XXXII, 9). Y como fueron hechos el cielo y la tierra, y la tierra era informe y vacía, y el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas (Gen., I, 1-2); así fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente (Gen., II, 7). He aquí el macrocosmos, cual es el universo de los mundos, frente al microcosmos, que es el hombre; el hombre pequeño, minúsculo mundo del espíritu, que circunda y cubre, como luminoso arco, el empíreo, el empíreo inmenso por mole material, menor que el hombre por inanidad de espíritu.

Dios, maestro del hombre

Aquel día, en el que Dios plasmó al hombre y coronó su frente con el diadema de Su imagen y semejanza, constituyéndolo rey de todos los animales vivientes del mar, del cielo y de la tierra (Gen., I, 26), aquel día el Señor, Dios omnisciente, se hizo maestro de él. Le enseñó la agricultura, a cultivar y custodiar el delicioso jardín en el cual lo había puesto (Gen., II, 15); condujo a él todos los animales del campo y todos los pájaros del aire, para que viese cómo llamarlos; y él dio a cada uno su verdadero y conveniente nombre (Gen., II, 19-20); pero, aun en medio de aquella multitud de seres a él sometidos, se sentía tristemente solo y buscaba en vano una frente que se le pareciera y tuviera un rayo de aquella imagen divina, de la que resplandece el ojo de todo hijo de Adán.

Del hombre solamente podía venir otro hombre
que lo llamara padre y progenitor; y la ayuda dada por Dios al primer hombre viene también de él y es carne de su carne, formada en compañera, que tiene nombre del hombre, porque de él fue sacada (Gen., II, 28). 

En la cima de la escala de los vivientes, el hombre, dotado de un alma espiritual, fue por Dios colocado príncipe y soberano del reino animal.

Las múltiples investigaciones tanto de la paleontología como de la biología y de la morfología sobre otros problemas referentes a los orígenes del hombre no han aportado hasta ahora nada de positivamente claro y cierto.

No queda, por tanto, sino dejar al porvenir la respuesta a la cuestión, si un día la ciencia, iluminada y guiada por la revelación, podrá dar resultados seguros y definitivos sobre un tema tan importante (S. TH. , p. I, q. 91, art. 1 in corp.).

Grandeza del hombre

No os maravilléis si ante vosotros, que con tanta agudeza habéis estudiado, indagado, anatomizado, confrontado los cerebros de los hombres y de los animales irracionales, Nosotros exaltamos al hombre, el cual eleva la frente irradiada por esa inteligencia, que es herencia exclusiva de la especie humana. La verdadera ciencia no rebaja ni humilla al hombre en su origen, sino que lo eleva y exalta, porque ve, constata y admira en cada miembro de la gran familia humana la huella más o menos vasta impresa en él por la imagen y semejanza divina.

El hombre es grande. El progreso, que él hace y promueve en las ciencias físicas, naturales, matemáticas, industriales, ávido de siempre mejores y más amplios y seguros avances, ¿qué es sino efecto del dominio que todavía ejerce —aunque limitado y de fatigosa conquista— sobre la naturaleza inferior? ¿Y cuándo, como al presente, el ingenio humano buscó, estudió, escudriñó, penetró la naturaleza para conocer sus fuerzas y sus formas, para dominarlas, plegarlas a sus instrumentos y servirse de ellas a su antojo?

El hombre es grande, y fue más grande en su origen. Si él cayó de su primera grandeza, rebelándose al Creador, y anduvo exiliado y errante fuera del jardín de las delicias, regando con el sudor de su frente el pan que entre abrojos y espinas le daba la tierra (Gen., III , 18-19); si el cielo y el sol, si el frío y el calor, si los refugios y las selvas, si tantos otros usos y trabajos, incomodidades de lugares y condiciones de vida humillaron su rostro y su figura; si ese resto que le queda del imperio recibido sobre los animales no es más que un frágil recuerdo de su poder y un leve fragmento de su trono; también en la ruina surge grande, por esa imagen y semejanza divina que lleva en el espíritu, y por la cual Dios tanto se complació de la criatura humana, último trabajo de su mano creadora, que no la desamó ni abandonó caída, y para levantarla Él mismo «se hizo semejante al hombre, y por condición reconocido cual hombre, compadeciente de nuestras enfermedades, igualmente tentado en todo, excepto el pecado» (Phil., II , 7; Hebr., IV, 15).

El hombre, escrutador del universo y sus conquistas

Dos donos, que lo elevan muy alto entre el mundo de los espíritus celestes y el mundo de los cuerpos, hacen grande al hombre, incluso después de la caída: el intelecto, cuyo ojo se extiende por el universo creado, que atraviesa los cielos (Acta Apostolicae Sedis - Commentarium Officiale), deseoso de contemplar a Dios; y la voluntad, dotada de libre albedrío, sierva y señora del intelecto, que nos hace en diverso grado dueños de nuestro pensamiento y de nuestra obra ante nosotros mismos, ante los demás y ante Dios. ¿No son acaso estas las dos grandes alas que os elevan al firmamento, oh escrutadores de la bóveda celeste, y a través de las tinieblas de la noche os despiertan del sueño para contar los soles y las estrellas, para medir sus movimientos, para interrogar sus colores, para descubrir sus fugas, sus encuentros y sus colisiones? Verdaderamente os eleváis gigantes: con la amplia vista de vuestros telescopios numeráis los astros y escindís sus espectros, perseguís los vórtices y los resplandores de las nebulosas y les dais un nombre; pero debéis inclinaros ante la ciencia de Dios, quien mejor que vosotros fija el número de las estrellas y a todas las llama por su nombre, numerat multitudinem stellarum, et omnibus eis nomina vocat (Psal. CXLVI, 4). Los cielos de cristal han desaparecido. Los genios de Kepler y de Newton reencontraron en los cielos la mecánica terrestre; vosotros en las llamas y en la luz de esos mundos rotatorios descubristeis los elementos congéneres de nuestro globo; y uniendo en connubio el cielo y la tierra, extendisteis el imperio de la física, ya rico en sus vías experimentales, teóricas, aplicadas y matemáticas de tantas otras ciencias, cuantas el ingenio, la investigación, la industria y la unión de los atrevimientos humanos han multiplicado y promovido hasta las victorias de la física atómica y nuclear.

TRADUCCIÓN DEL ITALIANO
Discurso de Pío XII a la Academia Pontificia de las Ciencias l 30 de noviembre de 1941
ORIGINAL PAG 505 Y SS
Actas Apostólicas 1941


https://www.vatican.va/archive/aas/documents/AAS-33-1941-ocr.pdf

***

S.S.Pío XII
DISCURSO DE SU SANTIDAD PÍO XII
A LOS PARTICIPANTES EN EL I SIMPOSIO INTERNACIONAL DE GENÉTICA MÉDICA

Lunes 7 de septiembre de 1953

Esto que la biología y la genética en particular enseñan sobre las células germinales, los factores de la herencia, las modificaciones, las mutaciones y la selección, rebasa a los individuos y a las diversas especies y se remonta a la cuestión del origen y de la evolución de la vida en general, incluso en el conjunto de todos los vivientes.

Y se presenta la cuestión: ¿Este fenómeno está constituido por el hecho de que todos los vivientes provienen de un ser único y su germen inagotable por vía de descendencia y de evolución según la manera y bajo las influencias que se han indicado? La cuestión de los grandes conjuntos explica por qué las obras de ciertos genetistas asocian la teoría de la herencia a las de la evolución y descendencia. La una invade las otras.

En las obras recientes de genética se lee que nada explica mejor la conexión de todos los seres vivos que la imagen de un árbol genealógico común. Pero al mismo tiempo se hace notar que no se trata más que de una imagen, de una hipótesis, y no de un hecho demostrado. Se cree también deber añadir que si la mayor parte de los investigadores presentan la doctrina de la descendencia como un «hecho», ello constituye un juicio prematuro. Se podrían muy bien formular igualmente otras hipótesis. Por otra parte, se dice que reputados sabios las hacen sin negar por ello que la vida ha evolucionado y que ciertos descubrimientos continúan.

Estos investigadores han subrayado de la manera más clara que a su entender no se sabe absolutamente todavía lo que significa real y exactamente las expresiones «evolución», «descendencia», «tránsito»; que, por lo demás, no se conoce ningún proceso natural por el que un ser produzca otro de naturaleza diferente; que el procedimiento por el que una especie engendra otra distinta permanece perfectamente impenetrable, a pesar de los numerosos estadios intermedios; que no se ha llegado todavía experimentalmente a derivar una especie de otra distinta; y, finalmente, que nosotros no sabríamos absolutamente a qué término de la evolución «la hombriedad» ha pasado de golpe el umbral de la humanidad.

Se señalan todavía dos singulares descubrimientos a propósito de los cuales la controversia no se ha calmado hasta el presente; no se trataría aquí de un avance regresivo de la evolución del material descubierto, sino de la datación o fijación de fecha de la capa geológica. 

La conclusión última que se deduce es esta: a medida que el futuro demuestre la exactitud de una u otra interpretación, la imagen usual de la evolución de la humanidad encontrará en ella una confirmación o será forzoso establecer o admitir una imagen totalmente nueva. Se cree que haya que decir que las investigaciones sobre el origen del hombre están todavía en sus comienzos; que la representación que de él tenemos actualmente no podría considerarse definitiva.

He aquí lo que se dice de las relaciones entre la teoría de la herencia y la de la evolución.




***
S.S.Pío XII
Humani Generis
1950
Sobre Algunos Errores Modernos


1. El Evolucionismo
Por eso, el magisterio de la Iglesia no prohíbe que en investigaciones y disputas entre los hombres doctos de ambos campos se trate de la doctrina del evolucionismo, la cual busca el origen del cuerpo humano en una materia viva preexistente (pues la fe católica nos obliga a retener que las almas son creadas inmediatamente por Dios), según el estado actual de las ciencias humanas y de la sagrada teología, de modo que las razones de una y otra opinión, es decir, de los que defienden o impugnan tal doctrina, sean sopesadas y juzgadas con la debida gravedad, moderación y templanza, con tal que todos estén dispuestos a obedecer al dictamen de la Iglesia, a quien Cristo confirió el encargo de interpretar auténticamente las Sagradas Escrituras y de defender los dogmas de la fe (cfr. Allocut. pont. ad membra Academiae Scientiarum, 30 novembris 1941: A.A.S., vol. XXXIII, p. 506).


Empero, algunos, con temeraria audacia, traspasan esta libertad de discusión, obrando como si el origen mismo del cuerpo humano de una materia viva preexistente fuese ya absolutamente cierto y demostrado por los indicios hasta el presente hallados y por los raciocinios en ellos fundados, y cual si nada hubiese en las fuentes de la revelación que exija una máxima moderación y cautela en esta materia.

2. El Poligenismo
Mas, tratándose de otra hipótesis, a saber, del poligenismo, los hijos de la Iglesia no gozan de la misma libertad, pues los fieles cristianos no pueden abrazar la teoría de que después de Adán hubo en la tierra verdaderos hombres no procedentes del mismo protoparente por natural generación, o bien de que Adán significa el conjunto de los primeros padres, ya que no se ve claro cómo tal sentencia pueda compaginarse con lo que las fuentes de la verdad revelada y los documentos del magisterio de la Iglesia enseñan acerca del pecado original, que procede del pecado verdaderamente cometido por un solo Adán y que, difundiéndose a todos los hombres por la generación, es propio de cada uno de ellos (cfr. Rom., V, 12-19; conc. Trid., sess, V, cans. 1-4).

***
P. Salvador Muñoz Iglesias

"Se ha especulado sobre la frase empleada por el Papa cuando habla más de la formación de la mujer: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor; la ayuda dada por Dios al primer hombre viene también de carne de su carne, formada como compañera, que tiene el nombre del hombre porque de él ha sido sacada". Y se ha querido ver en las primeras líneas la repulsa de todo transformismo. En rigor, lo único que el Papa rechaza es el transformismo materialista. En cualquiera otra hipótesis transformista que salve la espiritualidad del alma humana, y la diferencia específica entre el hombre y los demás animales, nunca podrá llamar el hombre padre al animal de quien se crea proceder en cuanto al cuerpo."

Doctrina Pontificia I


***
La crítica thucista que intenta sembrar dudas sobre la ortodoxia de Su Santidad Pío XII, acusándolo de aceptar un evolucionismo rígido y materialista, y de negar el Génesis, capítulo 2, versículo 7, se desmorona ante un análisis riguroso de sus propios documentos. Al contrastarlo con Su Santidad San Pelagio I y su enseñanza sobre la creación de Adán y Eva, los acusadores buscan una contradicción que no existe en la doctrina papal.


Los discursos de Pío XII (1941, 1953) y su encíclica Humani Generis (1950) revelan una postura clara y coherente, que dista mucho de cualquier herejía o aceptación acrítica del Darwinismo/Haeckelismo. S.S.Pío XII establece límites infranqueables a la discusión científica:

Creación directa del alma: Reafirma categóricamente que el alma humana es creada inmediatamente por Dios, una verdad de fe innegociable.

Monogenismo: Condena de forma explícita el poligenismo (la idea de múltiples primeros padres), defendiendo la unidad de origen de la humanidad a partir de un solo Adán para preservar la verdad del pecado original.

Superioridad del hombre: Subraya que el hombre supera al reino animal por su alma espiritual y que su progenitor nunca pudo ser un animal. Como enfatizó el Padre Salvador Muñoz Iglesias citando a S.S.Pío XII: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor". Esto destruye cualquier insinuación de que el ser humano pueda llamar "padre" a un animal del que, hipotéticamente, se creyera proceder en cuanto al cuerpo.

Prudencia ante la hipótesis evolucionista: Si bien permite la discusión académica sobre la posibilidad de que el cuerpo humano pudiera tener su origen en una materia viva preexistente, S.S.Pío XII recalca que tales hipótesis aún no están demostradas ni ofrecen una claridad positiva y cierta. Condena rotundamente cualquier teoría que se oponga directa o indirectamente a la Revelación Divina.


La acusación thucista incurre en una falacia al malinterpretar la frase de San Pelagio I ("no nacieron de otros padres") al intentar forzar una incompatibilidad con S.S.Pío XII, sugiriendo una supuesta aceptación de un animal como progenitor humano. Esta interpretación es ajena a la enseñanza de S.S.Pío XII, quien, lejos de negar el Génesis, capítulo 2, versículo 7, lo reafirma al señalar que "fue formado el hombre del fango de la tierra y Dios le inspiró en la faz el espíritu de la vida y el hombre se convirtió en persona viviente"; así como la cita de 1941: "Solamente del hombre ha de venir otro hombre que le llamase padre y progenitor". La inconsistencia reside en la propia lectura heterodoxa y no hilemórfica de los acusadores, quienes ignoran la unidad sustancial de cuerpo y alma racional del ser humano (Dz 295,738) y la creación inmediata de esta por Dios.


La postura de Su Santidad Pío XII no solo es ortodoxa, sino que demuestra una profunda coherencia doctrinal y una prudencia intelectual ejemplar. Permitió la legítima investigación científica dentro de los límites de la fe y la Revelación, al tiempo que defendió firmemente las verdades fundamentales sobre la creación del hombre y el pecado original. Las acusaciones de los Thucistas carecen de fundamento teológico y metafísico, revelando una distorsión intencionada de la enseñanza papal.

***


Enchiridion symbolorum definitionum
https://archive.org/details/374492858-el-magisterio-de-la-iglesia-denzinger/page/26/mode/2up

El hombre

a) NATURALEZA DEL HOMBRE. No es sustancia divina: 1701; sino creado: 241 s, 1783, 1801, 1806, 2123. Consta de dos sustancias: 295; el alma o espíritu y el cuerpo o carne (no formado por el diablo: 242), 295, 428, 481, 1783, 1914. Es, por consiguiente, carne animada intelectualmente: 255. El hombre es por naturaleza un ser social: 1856, 2270; por ende, no pueden ser todos iguales: 1849, 1851, cfr. XII. El fin del hombre consiste en que, viviendo en sociedad y bajo la autoridad ordenada por Dios, cultive plenamente todas sus facultades en alabanza del Creador y, cumpliendo fielmente los deberes de su profesión o de otra vocación, se depare la felicidad temporal y eterna conjuntamente: 2270.

b) EL ALMA.

  1. Naturaleza del alma humana. Es racional e intelectual: 148, 216, 255, 290, 338, 344, 393, 422, 429, 480, 738. No es una parte de la divina sustancia ni forma una sola cosa con el Verbo: 20, 31, 235, 348, 511 ss. Es sustancia: 295. Se une al cuerpo no accidentalmente: 1911 s, 1914; sino que es forma del cuerpo verdaderamente, por sí misma y esencialmente: 480 s, 738, 1655. No es una sola para todos: 738; sino que cada uno tiene la suya: 338. No es buena o mala ya por naturaleza: 236, 243, 642. No es el único objeto de conocimiento evidente: 557.

  2. Origen del alma humana. No es increada o increable: 527; sino que es creada por Dios: 20, 144*, 170, 527, 2327; de la nada: 348; sin que preexista a la infusión en el cuerpo: 203, 236. No es engendrada por los padres: 170, 533, 1910; ni evoluciona pasando de sensitiva a intelectual: 1910 ss. Es infundida ya antes del parto: 1185.

  3. Propiedades. Es inmortal: 1 ss, 16, 40, 86, 738. Está dotada de libertad: 129 s, 133 ss, 140, 174, 181, 186, 316 s, 322, 325, 348, 373, 776, 793, 797, 1027 s, 1039, 1065 ss, 1093 ss, 1291, 1360 s, 1912, 1914; la cual libertad puede ser demostrada por la Escritura: 1041, y por la razón: 1650.

c) EL CUERPO. Su origen: 243, 2285, 2327. 

d) ADÁN FUE EL PRIMER HOMBRE: 101, 228 a, 2123; del cual procede todo el género humano: 2280, 2328. No existieron antes del mismo hombres en otro mundo: 717 c.


***

LA ORTODOXIA DE HUMANI GENERIS:
DESMINTIENDO LAS FALSAS ACUSACIONES DE HEREJÍA DE CIERTOS THUCISTAS Y LEFEBVRISTAS

***