R.P. Marie Albert Janvier O.P.
Tomo XVIII
R.P. Marie Albert Janvier O.P.
Líbreme Dios de gloriarme,
sino en la cruz de Nuestro Señor Jesucristo.
(Gálatas, 6,14).
San Andrés, pescador de Betsaida en Galilea, hermano de Simón Pedro y, primero, discípulo de San Bautista, fue, después de la Ascensión, a predicar el Evangelio en Tracia, en Escitia y, después, en Grecia. Fue apresado bajo Nerón, azotado varias veces y por fin, condenado a morir crucificado. Regaló sus vestiduras al verdugo y, en cuanto vio la cruz, la abrazó exclamando: «¡Oh buena cruz, cuánto tiempo hace que te deseo!» Desde lo alto de ella predicó durante dos días el Evangelio a la multitud que presenciaba su suplicio.
ORACIÓN
Oíd nuestras humildes plegarias y concedednos, Señor, que el Apóstol San Andrés, que instruyó y gobernó a vuestra Iglesia, interceda continuamente por nosotros ante el trono de vuestra divina Majestad. Por J. C. N. S. Amén.
MEDITACIÓN SOBRE LA CRUZ DE SAN ANDRÉS
I. San Andrés había deseado durante mucho tiempo la cruz, y había preparado su espíritu para recibirla. Imita esta santa previsión y prepárate para padecer valerosamente las más duras pruebas. Pide a Dios que te castigue según su beneplácito. Si te escucha, la cruz te será dulce; si no te escucha, no por eso quedarán sin recompensa tus buenos deseos. Di con San Andrés: Oh buena Cruz, oh Cruz por tanto tiempo deseada, sepárame de los hombres para devolverme a mi Maestro, a fin de que Aquél que me ha redimido por la cruz, me reciba por la cruz.
II. San Andrés se alegró a la vista de su cruz porque debía morir como su divino Maestro. Cuando veas tú que se te aproximan la cruz y los sufrimientos, que este pensamiento te fortifique. Jesús ha padecido todos estos tormentos y mucho más crueles aun, para endulzarme su amargura. En lugar de imitar a este santo Apóstol, ¿no tiemblas tú, acaso, a la vista de las cruces y de las aflicciones?
III. Considera que no es San Andrés quien lleva la cruz, sino la cruz la que lleva a San Andrés. Si llevas tú la cruz como él, ella te llevará, no te incomodará, te ayudará a evitar los peligros del mundo. Si no llevas tu cruz con alegría y buena voluntad, será preciso que la arrastres gimiendo. Nadie está exento de cruz en este mundo; siente menos su pesadez quien la lleva alegremente por amor a Dios. La cruz es un navío; nadie puede atravesar el mar del mundo si no es llevado por la cruz de Jesucristo. (San Agustín).
Fuentes: Martirologio Romano (1956), Santoral de Juan Esteban Grosez, S.J. – Tomo IV, Patron Saints Index.
*Comentario de Un discípulo amado de N.S.J.C.
Según la Constitución Civil del Clero (Jansenista), el nuevo obispo no debe recurrir al Papa para obtener de él la institución canónica, pero escribirle sólo como signo de unidad de fe y comunión con la cabeza de la Iglesia visible. Por eso sólo reconoce en el Soberano Pontífice un primacía de honor o más bien un simulacro de primacía, pero es una verdad de fe que el Soberano El Pontífice tiene en toda la Iglesia no sólo un primado de honor, sino un primado de autoridad y de jurisdicción. Esto surge de dos cánones, uno del IV Concilio de Letrán en 1215, el otro del Concilio de Florencia, que definen esta primacía. El Concilio de Florencia (1439-1442) declaró: “Ídem definimus, sanctam apostolicam Sedem et Romanum Pontificem in universum orbem tenere primatum et ipsum Romanum Pontificem sucesionm esse Petri, principis Apostolorum, verum Christi vicarium, totius Ecclesiae caput, et omnium Christianorum patrem et doctorem existente; Y ipsi in B. Petro pascendi, regendi et gubernandi universam Ecclesiam a Domino nostro Jesu Christo ordinariam potestatem traditam esse, quemadmodum etiam in gestis œcumenicorum Conciliorum et sacris canonibus continetur."
"Definimos lo mismo, que la Santa Sede Apostólica y el Romano Pontífice tienen la primacía en todo el mundo, y que el Romano Pontífice mismo es el sucesor de Pedro, el príncipe de los Apóstoles, el verdadero vicario de Cristo, la cabeza de toda la Iglesia. , y el padre y maestro de todos los cristianos que existen; Y ellos mismos en San Pedro tienen la potestad ordinaria de alimentar, gobernar y regir a toda la Iglesia que fue transmitida por nuestro Señor Jesucristo, como también está contenida en las actas de los concilios ecuménicos y en los sagrados cánones."
https://archive.org/details/un-jugement-severe-de-1819-sur-la-constitution-civile-du-clerge-rene-epp
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"Leyes, estatutos, costumbres sacadas de las razas vandálica, goda y longobarda, se pulieron é irradiaron en su derredor la mansedumbre, la discreción y la caridad, que con su palabra y con su ejemplo enseñó en todo tiempo la Silla de San Pedro. El Pontificado convirtió a los tiranos en padres de sus pueblos; templó el despotismo con la ley; animó la ley con la justicia, é hizo que la justicia se practicase con amor y se cumpliese con clemencia. Los Reyes hallaron en los Papas acción y consejo, pero también freno y castigo; los pueblos encontraron en ellos un estímulo a la obediencia, una represión a los tumultos, mas tambien unos protectores de sus derechos, unos promovedores de sus franquicias, y unos abogados de su libertad y de su justicia."
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S.S. Alejandro III
Es tenido comúnmente por el Autor de esta reservación. Se cita una de sus Decretales como la primera Ley solemne sobre esta materia.
26 de noviembre del Año del Señor
SAN PEDRO DE ALEJANDRÍA,
Obispo y Mártir