P. Jules Jacques
Du pape et du concile Doctrina de
San Alfonso María de Ligorio
"Además, las cuestiones que conciernen al Papa son siempre vitales, siempre actuales, siempre fundamentales, porque tienen una importancia intrínseca para todas las épocas del mundo. En efecto, la infalibilidad del Papa, por ejemplo, no es tanto la prerrogativa de un hombre como la de la Iglesia, y siguiendo el ejemplo del famoso dicho de un potentado: "Yo soy el Estado", puede decirse en cierta proporción que "la Iglesia es el Papa", que es a la vez su cabeza y su fundamento. San Francisco de Sales lo dijo con estas breves pero expresivas palabras: "El Papa y la Iglesia son una misma cosa". Y ésta es una verdad manifiesta, ya que sin el Papa no hay cuerpo episcopal ni Iglesia docente, como tampoco hay colegio apostólico sin Pedro. Por eso el santo Obispo de Ginebra se dirigió al Soberano Pontífice en estos términos: "Vos sois el corazón y el SOL de todo el estado eclesiástico". - Es más, podría incluso decirse que "el Estado es el Papa" porque, como señalan los editores de Maistre, no tenemos suficientemente en cuenta "la influencia ejercida por el Sumo Pontífice en la formación y el mantenimiento del orden social, así como la importancia de este mismo poder para restablecer la civilización en sus verdaderos fundamentos, ahora que un genio maligno los ha destrozado o desplazado.....".
La necesidad de su acción es tan evidente que toda mente recta y religiosa es llevada a la conclusión: Sin el Papa, ya no hay cristianismo y, como consecuencia inevitable, el orden social está herido en lo más profundo. Esta reflexión ha sido nunca más acertada que hoy, cuando sufrimos las consecuencias del terrible cataclismo que sacudió a Europa a finales del siglo pasado, y que ha legado a la generación actual la triste herencia de las ideas modernas, deformando con ellas y a través de ellas las verdaderas nociones sobre las relaciones entre Iglesia y Estado, y sobre la libertad considerada en sus múltiples aplicaciones."

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El tratado * Sobre el Papa y el Concilio* se presenta como una exposición sistemática y rigurosa de la doctrina católica sobre la suprema autoridad en la Iglesia. El padre Jules Jacques, religioso de la Congregación del Santísimo Redentor, se basa principalmente en las enseñanzas de San Alfonso María de Ligorio para esclarecer las cuestiones fundamentales relativas al pontificado romano y a los concilios.
El libro comienza con un estudio sobre la necesidad de un líder visible en la Iglesia. El autor demuestra que la unidad de doctrina y gobierno requiere la existencia de una autoridad suprema, instituida por Cristo mismo en la persona de San Pedro. Esta primacía, transmitida a sus sucesores, establece el poder del Romano Pontífice y garantiza la cohesión de la Iglesia frente a las divisiones.
En el primer tratado, el padre Jacques examina en detalle la naturaleza de este poder. Demuestra que el Papa posee una autoridad superior a la de los concilios, que solo pueden ejercer su jurisdicción en conjunto con él. A continuación, aborda con precisión la cuestión de la infalibilidad papal: el autor expone sus fundamentos bíblicos, tradicionales y teológicos, a la vez que responde a las objeciones planteadas por los detractores de esta doctrina.
El segundo tratado constituye una refutación exhaustiva de las tesis de Febronio, que cuestionaban la monarquía papal. Basándose en las Sagradas Escrituras, las decisiones conciliares y los testimonios de los Padres de la Iglesia, el autor establece la legitimidad y la necesidad del poder supremo del Papa. Asimismo, subraya el carácter erróneo de la idea de que los obispos poseen una autoridad igual a la del Romano Pontífice.
El tercer tratado profundiza en la cuestión de la autoridad papal mediante el análisis de una proposición condenada por el Magisterio. Aclara la relación entre el Papa y los concilios, demostrando que la infalibilidad corresponde específicamente al Sumo Pontífice cuando define verdades de fe o moral.
Los dos últimos tratados abordan cuestiones más prácticas y disciplinarias. El autor expone las normas que deben seguirse en el uso de los decretos papales y examina la naturaleza de la autoridad de los concilios generales. Estos desarrollos complementan la obra al ofrecer una visión equilibrada del funcionamiento de la Iglesia, donde la primacía papal se ejerce en armonía con la tradición conciliar.
Por su claridad y rigor, este libro constituye una referencia fundamental para comprender la doctrina católica tradicional sobre el Papa y los concilios. Se sitúa en el contexto de los debates teológicos del siglo XIX, marcados por la oposición entre el ultramontanismo y el galicanismo, y anticipa las definiciones dogmáticas del Concilio Vaticano I.
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